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La Diabetes Mellitus es una enfermedad en la cual el organismo no puede utilizar adecuadamente el azúcar (glucosa) de los alimentos. El daño ocasionado por esta enfermedad es, básicamente, sobre vasos sanguíneos, por lo que puede haber alteraciones en todos los niveles del organismo. En el ojo, el daño se produce en arterias y venas de la retina, que es la capa nerviosa del fondo del ojo que capta la imagen luminosa y la envía al cerebro a través del nervio óptico. La Retinopatía Diabética se presenta, más frecuentemente, en diabetes de tipo juvenil (Tipo I) o en diabéticos adultos (Tipo II) que tengan mayor tiempo de padecer diabetes. Alrededor del 80% de las personas con 5 o más años de padecer diabetes, tienen algún grado de Retinopatía Diabética. Al inicio de este padecimiento no hay síntomas importantes; es una enfermedad "silenciosa" hasta que empieza a disminuir la visión, lo que puede ocurrir por tres causas: hemorragias en la retina secundarias a los vasos anormales que origina la diabetes; "encharcamiento" del área central de la retina (mácula), o por desprendimiento de retina. El médico oftalmólogo es el único capacitado para realizar un diagnóstico adecuado. Para ello se revisa la agudeza visual, la presión intraocular y el estado de la retina; esto último, dilatando la pupila. Frecuentemente, es necesario también, un examen complementario inyectando un medio de contraste en la vena, con lo que se obtiene una imagen detallada de la circulación de la retina; este estudio se llama Fluorangiografía. El examen del fondo del ojo debe realizarse en todos los pacientes diabéticos al diagnosticarse la enfermedad y, posteriormente, una vez al año. Pueden ser necesarias revisiones más frecuentes en mujeres diabéticas embarazadas, diabéticos juveniles o diabéticos adultos, con mal control de su glucosa. El tratamiento oportuno de la Retinopatía Diabética permite evitar la pérdida irreversible de la visión y se realiza con fotocoagulación, que es la aplicación de rayo láser en la retina. En etapas más avanzadas del padecimiento puede requerirse cirugía. La aplicación de láser disminuye en un 50% la pérdida visual grave; sin embargo, es un procedimiento para intentar detener la progresión y no con la finalidad de mejorar la visión.
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