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El Glaucoma, es ocasionado por una acumulación del líquido (humor acuoso) que circula en el interior del ojo, debido a que se forma demasiado líquido o a que se obstruye su paso hacia el conducto de Schlemm, por el que normalmente sale del ojo. Como sigue entrando líquido al ojo y se suma al que ya hay en él, la presión intraocular sigue aumentando. El Glaucoma puede dañar la vista si no es tratado, ya que la elevada presión intraocular puede comprimir los vasos sanguíneos, que nutren las sensibles estructuras visuales del fondo del ojo. Debido a la reducción del riego sanguíneo, las células nerviosas visuales mueren, por lo que van disminuyendo la visión. A medida que la enfermedad progresa, va dañando más células nerviosas y se va estrechando el campo visual; si no se trata oportunamente; este proceso puede llevar a la ceguera total. El Glaucoma es insidioso; en la gran mayoría de los casos, se desarrolla lentamente durante meses o años, sin causar ningún síntoma. El daño puede progresar tan lentamente, que el paciente no se da cuenta de la pérdida gradual de la vista. Generalmente, ésta va empeorando más y más y, finalmente, puede llegar a la ceguera irreversible. Algunos de los sintomas puede incluir la necesidad de cambiar con frecuencia la graduación de los lentes; dificultad para adaptarse a la obscuridad; pérdida de la visión lateral y visión borrosa. En raros casos, pueden ocurrir síntomas como ver halos o arco iris alrededor de las luces, dolores de cabeza intensos o dolor ocular. El riesgo de padecer Glaucoma aumenta con la edad; usualmente este afecta a personas mayores de 35 años. Una forma muy rara de Glaucoma puede ocurrir en niños. El riesgo de padecer Glaucoma es mayor en las personas diabéticas y en las que tienen parientes con Glaucoma. Hay varios tipos de Glaucoma. Los más comunes son: el crónico, el agudo, el secundario y el congénito. El que constituye la mayoría de los casos es el crónico (alrededor del 90%); progresa lentamente y causa un deterioro gradual de la vista. Este tipo de Glaucoma responde bien al tratamiento que, usualmente, debe continuar durante toda la vida para mantener controlada la presión intraocular y evitar así la disminución de la vista. En algunos casos, es necesaria una cirugía para que el líquido intraocular circule libremente. El diagnostico del Glaucoma es por medio de un examen cuidadoso de los ojos por un oftalmólogo, que incluye la medición de la presión intraocular por un procedimiento sencillo e indoloro. Aunque el Glaucoma no se puede curar, en la mayoría de los casos es controlable con el tratamiento adecuado. El Glaucoma es una enfermedad crónica que dura toda la vida y que requiere observación y tratamiento contínuos para mantener controlada la presión intraocular y evitar así, la pérdida de la visión. En algunas ocasiones, se requiere de un estudio especial llamado "campo visual", en el cual se apoya el médico para emitir un diagnóstico, para el tratamiento y control del padecimiento. La forma más común de tratamiento consiste en gotas oculares. A veces se usan también medicamentos orales, y en algunos casos, puede ser necesaria una operación. Se recomienda tener por lo menos una evaluación oftalmológica al año, con el fin de detectar enfermedades de los ojos que pudieran presentarse en forma silenciosa, como el Glaucoma. |
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