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" Aprender a Vivir "(SaberVivir.htm)
Aspectos del proceso de la Naturaleza humana, inspirados en un
curso impartido por Félix Gracia, en Ayna (Albacete),
del 6 al 10 de julio del 2004, con aportaciones de mi propia experiencia.
(página actualizada el 24-Nov.-2004)

        Todos los “roles” (modos de ser o de expresión) vividos por la humanidad a lo largo de la historia, se constituyen en “arquetipos” o "estructuras vivas" (a modo de seres vivos de naturaleza energética muy sutil) que tienden a repetirse en lo viviente (seguir buscando ser expresados). Cada modo de sentir, pensar, hablar o actuar, es un factor "vital" tan real (tan viviente) como nosotros mismos, como los individuos que los expresan; los individuos lo generan, y esos arquetipos se encargan luego de recurrir a los individuos que son capaces de darles vida (de seguir expresándolos). Como estructuras o realidades vivientes que son, tienden a ser manifestadas a través de los individuos que elaboran estados latentes (ver "Efectos Latentes") de vibración análoga a la de dichos arquetipos. Es así como se tiende a crear un círculo cerrado entre la energía ya estructurada como tal sentimiento o acción desarrollada y los individuos que pueden tender a seguir expresándola cuando no somos observadores de lo que realmente vamos deseando expresar en cada momento de nuestra vida y permitimos que las inercias "ambientales" o de nuestro propio instinto subconsciente vayan interviniendo.
        La vida evoluciona gracias a esa dualidad de interacción de factores vivientes; por un lado los individuos y por otro las creaciones de éstos desde sus modos de ser (pensar, sentir, etc.). El individuo encuentra su razón de ser en la modulación de los factores mentales que alcanza a canalizar; y esos factores mentales, buscando individuos que puedan darles expresión materializada; y ambos consiguen ir evolucionando o trascendiendo desde sus niveles de expresión de baja vibración hacia los de mayor sutileza o de más elevada vibración. Los individuos no son, pues, lo que canalizan en sí mismos de esos roles o modos elaborados de ser (distintos modos de ser internos y externos de la condición humana), pero sí han de sentirse responsables de lo que consienten en mantener de aquellos en ellos como modos de expresión de su condición personal (tanto en sus fueros internos o áreas del simple pensamiento y sentimiento, como en sus acciones externas). Los roles pertenecen a la colectividad de individuos, pues es de donde surgen, de la constante interacción de esos roles en la diversidad de individuos; diversidad que posibilita la mezcla de posibilidades de expresión (de modos de ser), en la combinación de matices que a través de cada individuo diferente pueden alcanzar.
        Nuestros juicios y sensaciones (positivas y negativas) acerca de todo aquello que nos llega de nuestro entorno o situación externa (nuestro cuerpo, nuestras circunstancias, los demás, lo demás, etc.), generan una inercia de respuesta que se almacena en nuestra potencialidad intrínseca (en nuestra estructura interna subconsciente). Estas inercias almacenadas en nuestro interior reciben el nombre de Efectos Latentes, y son los efectos inmediatos que generamos en nuestro interior potencial (nuestras posibilidades futuras de comportamiento), como causa inherente (nacida en nosotros mismos) por los juicios (pensamientos, palabras, sentimientos y emociones) que elaboramos.
        Nuestras Reacciones o generación de juicios, pueden ser de Aceptación o de Rechazo sobre lo que nos llega o impacta del Entorno, traducibles a estados de Agrado o de Desagrado, que marcarán la cualidad Positiva o Negativa del Efecto Latente a generar. Debemos concebir como "Entorno" todo cuanto envuelve nuestra persona, incluido nuestro propio Cuerpo; los demás individuos y cosas son "el marco más externo" que nos posibilita expresarnos como individuos, y nuestro cuerpo orgánico o celular es "el marco más próximo" a través del cual también se expresa nuestro ser; ambos marcos vienen a mostrarnos los aspectos de nuestra personalidad que debemos ir sabiendo tener en cuenta en el proceso evolutivo de nuestro ser encarnado; de la personalidad humana que estamos elaborando.
        Nuestra Realidad vivencial surge como consecuencia de los efectos latentes que hemos ido elaborando y guardando o almacenando en nuestro interior o estado potencial, es decir, en nuestro “vacío cuántico” personal.
        Nuestra Realidad podemos considerarla como las circunstancias que atraen "nuestras potencialidades latentes" para que puedan éstas cobrar vida en los estados de materialización (en la vida física), como estructuras vivas (nuevos roles creados en los campos sutiles de la energía) que buscan su manifestación (su materialización). Más tarde, los modos anímicos y de reacción externa e interna con los que vivamos dichas realidades o manifestaciones (nuestras circunstancias vivenciales), generarán la condición de los nuevos Efectos Latentes que iremos almacenando. Nuestras emociones internas "crean" en los Niveles Potenciales lo que luego la vida nos presentará aparentemente como venido de fuera de nosotros.
        El Vacío Cuántico es el estado potencial de todo cuanto está en la posibilidad de manifestarse. Existe uno por cada individualidad y uno por cada ámbito o nivel de colectividad.
        Ante las circunstancias externas que “nos llegan” (que llegan a nuestra sensibilidad o a nuestra conciencia), procuremos no desarrollar juicios de valoración, que se basan en nuestra “identificación egoica”. Esta Identificación Egoica está constituida por el conjunto de criterios personales en los que basamos nuestra generación de juicios; criterios diferentes en cada individuo, pues se basan en el cúmulo de experiencias vividas por cada cual y a raíz de la muy diferente sensibilidad, motivación y expectativas de cada personalidad. La Identificación Egoica, junto con el contenido de los Efectos Latentes que vamos constantemente generando hacia nuestro estado interno o potencialidad, es lo que constituye nuestro Yo personal o Personalidad egoica, de la cual surgirán las reacciones externas que la caracterizarán en los niveles de expresión humana (en los comportamientos). Del conjunto de nuestra personalidad egoica surgen las características de nuestra Realidad vivencial. Para cambiar los efectos latentes hay que cambiar los juicios, y para cambiar los juicios hay que cambiar las creencias acerca de todo cuanto es y cuanto somos, que es en donde se establece nuestra identificación egoica.
        La Identificación Egoica considera al individuo "separado y diferente de los demás", de donde va a surgir la confrontación (enfrentamientos) de verdades personales. En cada verdad personal el individuo basa su estructuración (la realidad personal que concibe) y permanencia (su existencia), capaces de generar pugnas y enfrentamientos constantes. No considera la realidad de unicidad que constituye todo cuanto es, ni la misma naturaleza que todo comparte.
        Así como el Cuerpo es "la expresión orgánica de la estructura de nuestra Mente", la Realidad vivencial es la respuesta o expresión de la Causa Inherente de cada individuo (identificación egoica + efectos latentes) o de cada colectividad. Es decir: Que así como la Mente es la causa inherente del Cuerpo (pues el Cuerpo es el modo orgánico con el que se expresa o manifiesta la estructura de nuestra Mente, condicionando ésta los modos de lo corporal), la Personalidad egoica es la causa inherente (inseparable) de la Realidad que nos envuelve.

        Nuestra Mente es un factor vital, generador constante de un producto (producto mental) que podemos percibir en diversidad de planos y que evoluciona de unos a otros. Su producto más ordinario es en el modo de Pensamiento; éste puede evolucionar hacia una Emoción, con percepción en lo corporal. Si surge ésta, observarla y sentirla, sin juicios; con esta actitud de simple observación, la emoción termina yéndose sin más efectos. Pero si la mantenemos en nosotros, haciéndola nuestra o sumergiéndonos en ella, se convertirá en un Estado de Ánimo, ya sensible en algo más que lo mero corporal. Si deseamos no sentirnos atrapados por él, debemos trabajarlo igual que la emoción, observándolo y sintiéndolo, percibiendo qué podemos llegar a sentir y pensar cuando está en nosotros, pero sin implicarnos en las reacciones que tienda a provocar en nosotros, para que nos sirva su experiencia pero que se nos vaya, dejando en nosotros el conocimiento de lo que un individuo afectado por tal estado de ánimo tiende a hacer. Si consentimos en que permanezca, evolucionará hacia un Temperamento o modo de ser, de mayor dificultad de erradicación en el contexto de nuestra identificación egoica, y no dejará de ser un Arquetipo o Rol humano instalado en nuestro comportamiento. Debemos saber que nuestra estructura física o Cuerpo se constituye en canal vital para la posibilidad de materialización de los arquetipos, mas sin olvidar que lo canalizado no es algo de nuestra propiedad o intrínseco de nuestro ser, sino tomado "prestado" de la atmósfera colectiva.
        Nuestra Personalidad egoica es la Causa Real de la Realidad que cada cual contempla. Sus nuevas motivaciones hacia los factores externos que constituyen para ella esa Realidad, van modificando o alimentando las características de ésta, con la posibilidad de ir creando nuevos arquetipos, en función de cómo permitimos que vivan en nosotros los pensamientos, las emociones y los estados de ánimo. En esto consiste el proceso evolutivo humano, en lo individual y en las posibilidades de los componentes del colectivo.
        La evolución de nuestra Personalidad hacia estructuras internas (del cuerpo y de la mente) de mayor complejidad (mayor ampliación de las posibilidades de ser o combinación de posibilidades), irán ampliando nuestro nivel de conciencia y posibilitando la creación de arquetipos de mayor contenido cuántico energético (energías de mayor complejidad), que equivale a arquetipos de mayor complejidad, que posibilitan mayor consideración de la realidad subyacente (de mayor panorámica de los contenidos inmersos en los procesos de la vida), posibilitando estados de conciencia (y materializaciones) de mayor percepción o identificación de los contenidos intrínsecos de la Potencialidad suprema o del Yo Real que somos o que todo Es.
        De esta manera, las posibilidades de vida (de cobrar materialización) de cada arquetipo ya existente en la atmósfera humana, va a depender de la cualidad de la estructura cuántica o estado de complejidad alcanzado por el proceso social y personal en el que nos encontremos. Es decir, de la cualidad de la atmósfera psíquica elaborada por el colectivo donde estemos inmersos. Los estados de complejidad alcanzados, tanto en lo personal como en lo colectivo o sociedad, son las distintas estructuras intrínsecas (de la personalidad individual o de la personalidad del colectivo) desarrolladas, de donde van a surgir los diferentes estados de conciencia que podrán ir siendo canalizados o expresados. A mayor complejidad, mayor estado.
        Todo surge desde el estado de Potencialidad máxima (plena), llamado de Vacío Cuántico o lo Absoluto, donde se sitúa la Esencia de todo cuanto Es, a la que llamamos Dios o el Padre en su estado de inmanifestación por su sutileza plena.
        De Él ( Vacío cuántico, Absoluto, Esencia, Dios) va surgiendo todo, en órdenes de complejidad creciente, para ir adquiriendo los diferentes modos que caracterizan a los diferentes estados de partículas, elementos y moléculas, ... individuos, ..., que terminarán dando lugar a los diferentes estados de densidad (y de conciencia) de las manifestaciones que expresa el Universo (en la dimensión que podemos conocer de él desde nuestra conciencia física ordinaria), en cuya representación Global alcanzaremos a ver el contenido de la Personalidad manifestada de Dios, de la misma manera que en la complejidad manifiesta de nuestro Cuerpo físico podemos observar la potencialidad expresada en él por nuestro Ser personal o Dios de dicha manifestación estructural orgánica.

        Todos los estados o niveles de manifestación, desde el Vacío absoluto (de plena sutileza) hasta lo de mayor densificación (de densa materialización), comparten la misma Naturaleza. Lo de mayor sutileza está contenido "en estado manifiesto" en lo de mayor densificación, y esto último (lo de mayor densidad) está contenido "en estado latente o potencial" en lo de mayor sutileza.
        Si bien todo surge desde lo sutil hacia lo denso (nada es nacido en el mundo natural -éste es sólo un extremo existencial-, sino en el extremo del vacío cuántico), el objetivo de la Vida manifiesta es desarrollar en la densidad la conciencia de la sutileza (cristalizar o materializar lo celestial en lo terrenal), siendo así como surge el sentimiento (que no la realidad intrínseca) de abandono de la casa del Padre y la necesidad o tendencia de regreso a ella. Es decir, desde sentirnos fuera de Dios, hasta sabernos en Él; camino que podemos expresar a modo de círculo, sin separación real alguna en sus diferentes tramos, pues se trata sólo de crecer en la conciencia de que todo está ya dentro de nosotros (en nuestra realidad potencial o esencial), hasta que alcancemos a saber ser (sentirnos y expresarnos) desde lo que nos permite la conciencia de Totalidad dentro y fuera de nosotros. Conciencia de totalidad que vamos adquiriendo (despertando o desarrollando) a medida que ampliamos o engrandecemos nuestra complejidad.
        Y es de esta manera como a partir de determinados desarrollos de la complejidad estructural de la densidad, se alcanza el camino de la manifestación de la Conciencia Crística o Estado de Buda, donde la complejidad se sabe ser el Vacío o sutileza plena, actuando ya con voluntariedad externa desde la realidad intrínseca, alcanzando la expresión consciente manifiesta de Hijo de Dios. Con ello, el círculo inicial se continúa en una espiral creciente de desarrollos de conciencia y creatividad a partir de éstos.
        Los infinitos diferentes estados de conciencia pueden ser representados por los Diez Mundos que concretó Nichiren Daishonin (1222 - 1282). Representan diferentes modalidades de vida que coexisten en nosotros en estado latente, al igual que en el espacio coexisten las diferentes ondas sonoras. Tenemos la potestad de manifestar uno u otro, al igual que sintonizamos una u otra emisora de radio. Y es así como cada cual es la causa de su propia realidad.
        La cualidad de nuestra personalidad egoica será la responsable de nuestras limitaciones y condicionantes de nuestra capacidad de acción y nuestra realidad. El juicio que establecemos sobre cualquier elemento o circunstancia externos influye y determina nuestra realidad o experiencia a vivir. La identificación egoica da lugar a la formación de juicios, que a su vez son la causa de tu modalidad de vida. Mientras mantengas la identificación egoica (que te hace concebirte como ser separado y sustancialmente diferente de los demás), seguirás experimentando alguna modalidad de vida marcada por la dificultad y el sufrimiento. Sólo la superación de dicha identificación te proporciona el bienestar y la alegría, y te abre las puertas a la experiencia de la realización plena.

        Los Diez Mundos o estados mencionados son los siguientes, expresados en orden de menor a mayor vibración o sutileza:
        * Infierno.- Identificable con los estados de Depresión, caracterizados por el dolor y el sufrimiento, el tormento sin fin, la desesperanza y el impulso hacia la destrucción.
        * Hambre.- Expresión de los estados de Ansiedad o “hambre” de algo que jamás se satisface, como la codicia, el deseo permanente, insaciable.
        * Animalidad.- Lo constituyen los Deseos básicos y surgen desde el instinto y la lucha por la supervivencia. Son saciables. Tanto el Hambre como la Animalidad surgen de los Deseos, que mueven a una acción.
        * Enojo (Ira).- Son los productos de la Identificación egoica, generada por el sentimiento y creencia de separación y diferencia entre el individuo y los demás, entre el yo personal y el Yo real o Absoluto. Pueden expresar el odio, la animosidad, la envidia, la agresividad, la soberbia y la perversidad, fruto del estado de competitividad por la permanencia del ego personal.
        * Humanidad.- Es el estado natural del ser humano, caracterizado por la condición de Calma y de Paz.
        * Exaltación.- Es el estado de Júbilo, de sensación de vida plena, de felicidad y alegría de vivir. Hemos de tener en cuenta que este estado es “caduco”, para saber quedarnos satisfechos con experimentarlo y no caer luego en el sentimiento de su carencia que nos lleve a estados o mundos de baja vibración.
        * Aprendizaje.- Estado de mirada hacia el interior, la Autorreflexión, de búsqueda del sentido de la vida y el deseo de transformación.
        * Comprensión y Revelación.- Es el estado de la sabiduría alcanzada por la experiencia directa, por la apertura y confianza a la Autorrevelación. La cumbre de este estado o mundo es la meta de la Iluminación, sinónima de Conocimiento, aunque no de santidad, por lo que cabe en ella el “orgullo espiritual”, posible generador de estados de condicionamientos inferiores o de baja vibración.
        * Naturaleza de Bodhisattva.- Estado caracterizado por la actitud de ayuda a los demás, desde una opción de Altruismo (sin motivaciones hacia el propio ego; sólo porque “es bueno para los demás”), contrario a finalidades egoicas (egoístas). Es el puente entre el mundo más sutil o Estado de Buda y los anteriores expresados.
        * Estado de Buda.- Estado de conciencia de totalidad, de Hijo de Dios, conciencia crística, de ser en Dios y que Dios es nuestro estado real.

        La experiencia del estado de Buda no es de naturaleza diferente de las otras inferiores (de menor sutileza o vibración), ni depende de factores temporales o de futuro alguno; es tanto de la potencialidad del presente como cualquier otra experiencia de estado. Si la ubicamos en lo potencial del futuro (si la relacionamos con otros logros aún por alcanzar), nunca será alcanzable como meta; siempre estará “en el futuro”. Es una “latencia viva” (está dentro de todo cuanto es) y hay que posibilitarle que se manifieste y se haga “realidad”. Hemos de practicar latencias que generen la expresión de ese estado, que la hagan real o presente.
        Las acciones que refuerzan la actitud para abrir esa latencia son las siguientes:
        1) Acepta el presente.- Aceptación de que todo presente (cada momento y cada circunstancia actual) es apropiado para la expresión de ese estado. Ninguna modalidad de nuestras circunstancias (considerada positiva o negativa) constituirá obstáculo para la experiencia de tal estado. Situar la experiencia fuera o a posteriori de ciertas circunstancias (de lo que podamos considerar negativo), es situarla en factores de “futuro”. Acepta que el conjunto de tus circunstancias personales, sean cuales sean (buenas o malas, favorables o desfavorables, etc.), constituyen el entorno idóneo para tu realización; que nada sobra ni falta; que todo es adecuado y preciso. Agradece la sagrada presencia de cada cosa (todo te llega de Dios para que te sea posible tu realización) y afirma tu reconocimiento y aceptación diciendo:
        “En cada instante de mi vida yo soy pleno y total, pues yo soy el Hijo de Dios”
        Repítelo al menos tres veces al levantarte por la mañana y cuando te acuestes.
        2) Desarrolla tus capacidades de concentración y atención partiendo de la conciencia de tu propio cuerpo que, siendo la parte más alejada del Padre o Vacío cuántico, aunque dentro de su misma Naturaleza y sin separación o ruptura entre ambos extremos, permite a nuestra conciencia situarse con fuerza en la percepción de un elemento de expresión de la estructura manifiesta de nuestra alma (percibir lo que el cuerpo viene a ser como elemento de expresión de nuestra alma)
        Después de la concentración en la atención a algún factor corporal, ejercitar el distanciamiento de la conciencia respecto del cuerpo, como algo (el cuerpo) distinto de ella, para después distanciarnos de la propia mente (pensamientos, etc.), como algo distinto de la conciencia que contempla las sensaciones y los pensamientos, con el fin de salirnos de la identidad egoica (mente + cuerpo) y acercarnos a “ser” más allá de todo ello, hasta ir alcanzando la conciencia de “Soy”, de eternidad, etc., para llegar a la de Vacío cuántico o conciencia búdica, es decir, hasta alcanzar la conciencia del YO REAL, del 0% de conciencia egoica.
        Para este ejercicio de ampliar o liberar la conciencia partiendo del cuerpo, Félix propone se parta de la “sensación corporal” que aporta el efecto del aire sobre las fosas nasales al respirar, manteniendo bien fija la atención en ellas. [CD-ROM "Aprender a Vivir -Concentración y Desarrollo de la Atención"-]

[[        Y a propósito de las fosas nasales, aprovecho para dejar constancia aquí de algo muy importante a conocer de ellas:
        Las fosas nasales tienen la circunstancia de contener las células sensoriales (las olfatorias) que han dado lugar al surgimiento de toda la estructura de la corteza cerebral, y se precisa de su constante activación (estimulación) para el funcionamiento de dicha corteza cerebral, donde se encuentran los factores cerebrales de desarrollo de la toma de conciencia, distintos de aquellos otros factores o elementos cerebrales que nos permiten actuar desde la mera inercia instintiva alcanzada por nuestro ser personal y que nos permiten actuar inconscientemente (sin necesidad de atención especial). La resultante de la intervención de esos factores de conciencia es lo que nos permite la posibilidad de ir modificando y creciendo en la estructura de nuestros criterios y creencias (ver más allá de nuestros propios criterios), necesario para la reconducción de nuestras actitudes con las que tendemos a generar los efectos latentes que más tarde dan lugar a nuestras circunstancias vitales.
        Cuando respiramos, posibilitamos la interacción de nuestro ser encarnado con todos los elementos de la Creación. Al no respirar, cortamos ese fluido interactivo, y de aquí la necesidad tan apremiante de la acción respiratoria para mantenernos en el estado de manifestación corporal. Si respiramos por la boca, nos abrimos a vivencias emocionales, ya que la boca es el foco de estimulación de ese tipo de valores vitales; mas si usamos las fosas nasales, abrimos la posibilidad de que en aquella interacción intervengan las estructuras de toma de conciencia (lóbulos temporales cerebrales especialmente), generadores o canalizadores de contenido mental cognoscitivo y no mero vivencial emotivo. Y si queremos reforzar ese factor conciencial, es preciso que el aire sea fresco (no viciado y quemante o caluroso -atmósferas caldeadas o aire de cigarrillos-), para que nos suministre el suficiente aporte de nitrógeno atmosférico que precisan tales estructuras cerebrales.
        De lo anterior podemos conocer la trascendencia de la cualidad del aire que respiremos si andamos en el camino de la toma de conciencia de nuestro ser Real y trascender los estados emocionales que con tanta facilidad atrapan a la conciencia en los mundos o estados de baja vibración.
        Y de la misma manera, podemos inferir la importancia de la modalidad de alimentos que ingiramos, que llevarán a nuestro interior personal la cualidad de los contenidos de los efectos latentes de angustia, dolor, sufrimiento, miedo, rabia, agresividad, etc., inmersos en la estructura atómica y molecular de las criaturas del reino de sensibilidad animal que tanto aún utilizamos para la nutrición humana. No expreso posibles criterios de razonamiento bioquímico o fisiológico orgánico, ya que están fuera del contenido de estos textos, sino aquello que sabemos queda impreso como estados latentes con necesidad de hallar situaciones vivenciales donde tomar vida manifiesta o Realidad a través de nuestras vivencias personales.]]

        3) Ayuda a los demás.- La ayuda a los demás eleva a éstos y te engrandece a ti. Hay diversas maneras de llevarles tu apoyo: Una, la más básica, consiste en alegrarte del bien ajeno; otra, en desearles el bien. Y la última y más elevada, en realizar acciones concretas de ayuda para liberarles del sufrimiento. Elige tu manera de contribuir y, sea cual sea ésta, afirma tu voluntad cada día diciendo:
        “Que todos los seres del universo disfruten de salud, alegría y bienestar”.
        4) ¡Dalo por hecho!.- Pase lo que pase y veas lo que veas ..., recuerda. Cuando te caigas, cuando vueles, cuando rías ..., recuerda. Si aparece el dolor, o la suerte, o la tristeza ..., recuerda. Cuando el viento tense tus velas en mar abierto y sientas la proximidad de tu destino, o cuando la tormenta amenace con hundir tu barca ..., recuerda. Pase lo que pase, recuerda que en la experiencia del vivir, todo es pasajero, pero que tú eres la roca firme de la Verdad y la Vida eternamente manifestada; que eres el Hijo de Dios en cada instante de tu vida.

        Para ti, que has despertado, el hacer real tu naturaleza verdadera no es un acontecimiento relacionado con el tiempo por venir (futuro), sino un estado eternamente presente; no es algo que llegará un día, sino algo que existe en estado potencial en cada instante de tu vida. En consecuencia, todo cuanto has de hacer consiste sencillamente en facilitar su manifestación; en crear el espacio para que lo que ya es, aparezca y se haga real.

        Debes saber además que toda vivencia de algún aspecto de la vida, hará que venga a ti después su aspecto o polaridad contrapuesta, para darte la posibilidad de un crecimiento constante en todo aquello que experimentes vivir. Así, junto a la presencia de Eros, estimulador de la atracción sexual y exponente del factor o Principio de creatividad vital, encontrarás a Tanatos, estimulador de la ruptura o disolución. Y junto a Filos, exponente de la atracción por afinidad, hallarás a Fobos, estimulador de la repulsión. En el "Apéndice" de esta página se comenta algo más al respecto.
        La aparición del polo negativo en toda relación y situación vital, posibilita el trabajarnos el crecimiento o aumento de nuestra complejidad estructural, para alcanzar mayor grado de conciencia y transformar los apegos en modos más coherentes de nuestras relaciones interpersonales respecto a la realidad intrínseca que Somos, hasta alcanzar el modo de relación del amor incondicional, expresado por el amor de Ágape que, por la aceptación total de la realidad del otro, carece de polo contrapuesto en sus manifestaciones.
        Con la energía o presencia de Ágape, la necesidad de cambio del elemento de nuestro amor (por ejemplo cambiar de pareja), tiende a ser sustituida con facilidad por un cambio en el modo de la relación, en la que se va originando una transformación de las estructuras internas de ambos. Y esto es aplicable no solo a las relaciones interpersonales de pareja, sino también a lo familiar, laboral y todo tipo de relación con nuestro entorno físico y psíquico, dando vida así al camino de la conciencia de Hijos de Dios y sabiéndonos todos copartícipes de una misma Naturaleza y sin real separación de nuestros estados y expresiones.

Apéndice:

Aparición del Polo negativo.-

        ¿Cómo se presenta Tanatos o Fobos tras Eros o Filo? (la Ruptura o la Repulsión tras la Atracción o la Afinidad)
         Tras una vivencia de situaciones con emociones positivas o de agrado, hemos generado también en nuestro interior Efectos Latentes complementarios (cada vivencia da lugar a la necesidad de otra vivencia de algún valor contrapuesto, que más tarde o temprano habremos de experimentar, como ley de justicia y armonización universal), que generarán o buscarán elementos de nuestro entorno (del contexto de donde nos llegó lo positivo) para que, inflados con la misma carga de la energía (emocional) con la que fue vivida con positividad o aceptación, pero ahora de negatividad (para neutralizar en nuestro interior las cargas emocionales vivenciadas), den lugar en nuestra sensibilidad emocional a la sensación, pensamiento o sentimiento de que aquello de donde nos vino la vivencia positiva (nuestro propio cuerpo, o una persona, cosa o circunstancia más externa) posee en sí factor suficiente de negatividad para nosotros (para "algún otro aspecto" de nosotros), como para cuestionar la validez de la aceptación o vivencia de aquello otro.
        No se trata de que lo que nos hace percibir Tanatos o Fobos, como elemento que nos aporta o contiene negatividad hacia nosotros, contenga realmente tanta capacidad o energía de negatividad, sino que puede tratarse tan solo de un pequeño detalle, sin contundencia real de carga negativa respecto de lo positivo vivido, pero ese elemento o factor negativo es "inflado" de tal manera como para que nuestra sensibilidad emotiva lo perciba de tanta envergadura, y de esta forma poder neutralizar la carga positiva vivida, como ley de contraprestación polar. No hay que olvidar que en los aspectos "débiles" o mal estructurados de nuestra personalidad, cualquier contradicción llega con más contundencia que en nuestros aspectos "fuertes", y es en algo de nuestras debilidades o "incoherencias" de nuestra estructura donde Tanatos o Fobos tratará de incidir.
        A ese efecto de inflación del pequeño factor negativo, lo podemos llamar "efecto globo". Puede ser un pequeño granito, pero nos llegará a "una parte de nosotros" que lo apreciará como una gran piedra. No es nuestra estructura personal global la que analiza o vive nuestros acontecimientos, sino que en cada ocasión y circunstancia es tan sólo un aspecto parcial de nuestra estructura global la que interviene (uno de los muy diversos aspectos de nuestra personalidad). Así, contemplando cada circunstancia de nuestra vida desde la globalidad más elevada de nuestro ser, contemplaremos que todo encaja en procesos de armonización y coherencia (enriquecimiento evolutivo) con la realidad global personal que vamos alcanzando, aunque observado desde las parcelas donde se sitúan cada punto de vista de la personalidad egoica, no veremos más que aspectos desarmónicos polares.
        Ante la sensación de daño o negatividad, aplicando tan sólo nuestra mente discernidora lo podremos desinflar planteándonos ver que realmente es un elemento sin tanta trascendencia del otro hacia nosotros (de la otra persona o situación hacia nosotros) y que sólo pretende situarnos en un estado de equilibrio emocional (tanto en nuestra vivencia como en nuestra consideración de los valores del otro). En todo caso, podría ser considerado como algo pequeño para nuestra estructura personal global, pero de mayor impacto (y por eso de la inflación) en "alguno de los aspectos de nuestra estructura desde el cual lo percibimos" cuando aparece como intervención de Tanatos o de Fobos.
        Comprendiendo también que gracias a esa aparición conocemos más facetas existentes en la otra persona (persona, circunstancia o en algún aspecto de nosotros mismos), si estamos realmente en la actitud de amarla (o de amarnos) podremos aplicarnos a la búsqueda o percepción de la razón que desde nosotros motiva la presencia de aquella faceta "negativa" ante nuestra sensibilidad, lo cual servirá para trabajarnos algún aspecto escondido de nuestra personalidad (aquella donde es capaz de impactar Tanatos o Fobos) y, al mismo tiempo, reforzar el vínculo de aceptación hacia la otra persona, comprendiendo con esto cómo los principios vitales de disolución o muerte (Tanatos) y de repulsión o distanciamiento (Fobos) son colaboradores del proceso de evolución, crecimiento y complejidad cuántica.
        Cuando observamos esa posibilidad de contradicción que surge en nuestro sentir hacia situaciones vivenciales, estaremos dados a pensar que hay en nosotros dos personalidades (o más), pero no se trata de "división" de la personalidad, sino de "dos aspectos diferentes y con posibilidad de contraposición" dentro de los elementos que estructuran toda personalidad, que demandan de factores vitales diferentes. Hemos de sabernos distanciar de cada uno de ellos, viéndolos como "roles" que tienen capacidad para actuar dentro de nosotros, y situarnos en la conciencia de totalidad que hayamos alcanzado a desarrollar (en lo que creamos ser por encima de todos esos roles), para desde ahí y con el mayor amor y consideración posible, ir sabiendo someter a una vivencia compartida a ambos aspectos enfrentados, como partes necesarias al equilibrio de la personalidad global que deseamos alimentar.
        Ejemplo de esto último puede ser lo que nos infunde la disciplina de un estudio o trabajo prolongado y el cultivo de vivencia "libre" de cada instante (estar en una responsabilidad y, al mismo tiempo, sentirnos plenamente libres); vivencias de desarrollo sexual y el deseo de adquirir energía de fuerte concentración mental o física (relajar nuestra concentración, y, al mismo tiempo, precisar estar concentrados); lo que en nuestro estado de enamoramiento del otro percibimos de no aceptación de algún aspecto de nuestra personalidad (concebir que nos agrada todo del otro y, al mismo tiempo, darnos cuenta que el otro no acepta aspectos nuestros); lo que al aplicarnos a otro trae como consecuencia una disminución de nuestra capacidad o estado cuando nos aplicamos a otra situación (darnos al otro y percibir después que precisamos de aquellos en que nos dimos); situaciones que debemos admitir, contrarias a nuestros hábitos o gustos, para acceder a vivencias de alguna manera deseadas; etc. Todo debe servirnos para alcanzar a experimentar una conciencia de Integridad, percibiendo lo que cada situación viene a aportarnos desde su lateralidad positiva o enriquecedora de nuestra capacidad de amor y comprensión, y desde ella ir discerniendo el Camino a vivenciar en la mayor coherencia con lo que buscamos alcanzar en nuestra experiencia, plataforma de nuestra capacidad de Conciencia.

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