¿ Por qué buscamos que nos quieran ?
Porque no nos amamos a nosotros mismos.
Y esto ocurre porque no nos aceptamos.
Y esto otro ocurre porque no conocemos la realidad que somos y actuamos desconcertados hacia lo que creemos ser.De esta manera, ocurre que esa falta de aprecio, cariño o consideración de nosotros hacia nosotros mismos, buscamos compensarla con la consideración positiva de otros hacia nosotros.
Mas conociendo el que nuestro entorno es un espejo de lo que ocurre dentro de nosotros, podemos alcanzar a comprender lo absurdo de buscar fuera lo que no somos capaces de generar dentro.
Sólo podemos recibir de fuera lo que ya somos de alguna manera por dentro; de otra forma, nuestra sensibilidad no lo apreciaría y siempre estaríamos en el sentimiento de su carencia. Para alcanzar a amar, hay que pasar por la experiencia de "saber amarse" a uno mismo, y esto requiere de "saber estar" en ti mismo. De otro modo, nuestro amor no será tal ni hacia los demás ni hacia uno mismo.
Acostumbramos a achacar a que no fuimos aceptados en nuestra primera infancia o ya en el vientre materno, la razón de nuestra necesidad de ser queridos o aceptados por los demás, pero la realidad intrínseca (el hecho primero) ocurrió en nosotros mismos en primer lugar, antes que en aquello otro. Pero esto (la no aceptación de nosotros mismos) quedó tan escondido en los estados emocionales de nuestra mente, que resulta muy difícil abordarlo incluso en las regresiones, pues aparecerá antes la causa externa (la aparente; la basada en los modos de los demás hacia nosotros), pues es muy fuerte inculparnos a nosotros mismos de aquella razón.
Todo cuanto surge a la vida manifiesta (lo materializado, lo encarnado), posee una fase "embrionaria" que generalmente pasa desapercibida a la razón (que se mueve en peldaños de considerable densidad), donde se hallan los pasos con los cuales se ha dado origen a lo que aparece de alguna forma concreta. Prescindir del conocimiento de esa vertiginosa faceta del proceso de aparición de todo cuanto se manifiesta, es la causa de muchos desaciertos de la propia Ciencia y, en este caso, de la propia Psicología, que pretende dejar plasmados los orígenes del comportamiento humano. Ocurre con el surgimiento del Universo, con el surgimiento del Arco Iris (y colores de la luz), con el proceso de gestación (embarazo) de la personalidad humana, etc. Y lo que nos ocupa no iba a ser menos.
Es preciso afinar bien nuestra búsqueda de lo que somos, pues a partir de lo que concretemos así será lo que busquemos para darnos y para cultivar hacia nosotros, lo cual generará la base de nuestra autoestima, sobre la que construiremos el grado de necesidad o de no necesidad de la estima de los demás hacia nosotros, de necesitar o no el ser amado por los demás y si nos bastará con sentir nuestro propio amor y consideración. Lo que concibamos o aceptemos ser, irá moviendo las circunstancias externas que vengan a reafirmar o consolidar tal criterio ante nosotros mismos.
En todo esto juega un papel importante la cualidad de aquello con lo que nos identifiquemos, es decir, la cualidad del Ego que generemos, que podrá sustentarse en factores de materialidad, corporalidad, intelectualidad, profesionalidad, etc., hasta poder contemplar identificaciones tan sutiles como: alma, paz, hijo de Dios, etc.
Con esto anterior vemos que no hay que plantearse carecer de ego o trascender su necesidad, pues siempre habrá algo en donde situarse para abordar el crecimiento de nuestra conciencia, aunque, eso sí, deberemos saber que esa plataforma o ego irá siendo modificado a medida que alcancemos mayor complejidad en nuestra conciencia (a medida que ampliemos nuestros valores), y que siempre será algo que nos ayude a caminar, pero nunca una realidad de propiedad personal. Es decir, que sin que seamos realmente aquello que decidimos aceptar o creer que somos, nos servirá para caminar en el desarrollo de nuestro ser, por lo cual resultará valiosa aquella consideración, pero siempre dispuestos a trascenderla o superarla cuando nuestra conciencia perciba con claridad que somos "algo más" de lo que creimos ser, lo cual ocurrirá en una progresión de crecimiento constante, aunque, eso sí, sin prisas, pero sin pausas, a fin de permitir a toda nuestra estructura emocional, física e intelectual ir encajando los cambios oportunos.
Nuestra realidad es tanto de entidad colectiva como de personalidad individual, y será preciso ir aprendiendo a situarnos en un ego cada vez más sutil o elevado, así como también a sabernos fuera de él y existentes en la Unicidad (todos somos Uno), donde no se precisa del sentimiento de los demás, sino que formamos parte indisoluble e inseparable de Todo, y de que somos tan en nosotros como tan en ellos.
[ inicio ] ( 21 de Julio del 2004 ) (última revisión: 17 octubre 2004)