El asombro de Damasco
  La obra

La zarzuela EL ASOMBRO DE DAMASCO fue estrenada el 20 de septiembre de 1910 en el Teatro Apolo de Madrid, siendo los principales int�rpretes de aquella noche Rosario Leon�s en Zobeida, Julia Castrillo en Fahima, Francisco Meana en Nhuredin, Casimiro Ortas en Ben-Ibhen, Valeriano Le�n en Al�-Mon y Carlos Rufart en Derviche 1�. El �xito fue tremendo, lleg�ndose a las 100 representaciones el 3 de diciembre siguiente, traduci�ndose al ingl�s y estren�ndose en el Teatro Oxford de Londres; los cupl�s de Al�-Mon, en tiempo de marcha, fueron muy interpretados por las bandas militares en los desfiles. El cronista Ruiz Alb�niz �Chispero� relat� as� el estreno: �EL ASOMBRO DE DAMASCO fue uno de los �xitos m�s claros que se recuerdan en el g�nero l�rico. No hay que decir c�mo estaba la sala de Apolo aquella noche. Cuando Pablo Luna empu�o la batuta, un rumor de mal contenido nerviosismo y general expectaci�n zumb� en el �mbito teatral. �Qu� ser� esto?, se preguntaban los estrenistas. Porque aun cuando en el cartel y programas se calificaba de zarzuela, hab�a transcendido al p�blico que EL ASOMBRO DE DAMASCO de zarzuela ten�a muy poco y s� mucho de otros g�neros, empezando por el ballet y acabando por la opereta. Pronto empez� a transformarse la nerviosa ansiedad en atenci�n o inter�s. La silueta de Casimiro Ortas, vestido a la otomana, ya provoc� las risas y prepar� el ambiente hilarante, que desat� y acab� en ovaci�n formidable con la presentaci�n del grotesco Al�-Mon, al que Valeriano Le�n daba toda la necesaria vis c�mica. El �xito estaba asegurado. Pero vino el d�o entre la tiple (Rosario Leon�s) y el bajo (Francisco Meana), p�gina magistral en la que cabe decir que culmin� la inspiraci�n del m�sico aragon�s. La ovaci�n que alcanz� este d�o habr� podido tener en dos o tres ocasiones, a lo sumo, su parigual, pero superarse no se super� jam�s. El maestro Luna recibi� el homenaje m�s efusivo del p�blico de Apolo, que sent�a por �l una extraordinaria simpat�a por estar habituado a verle dirigir temporada tras temporada la orquesta del teatro. No disminuy� el �xito en el segundo acto, y a los pocos d�as EL ASOMBRO DE DAMASCO era popular en Espa�a entera�.

El compositor

Pablo Luna y Carn� naci� en Alhama de Arag�n el 21 de mayo de 1880 y muri� en Madrid el 28 de enero de 1942. Era hijo de un teniente de la Guardia Civil. Estudi� composici�n y armon�a, pensionado por la Diputaci�n, en la Escuela de M�sica de Zaragoza y cuando termin� sus estudios dirigi� varias compa��as de zarzuela hasta que en 1908 fue nombrado Director del Teatro de la Zarzuela de Madrid (este teatro se incendi� el 8 de noviembre de 1909 y tard� cuatro a�os en reconstruirse), y desde 1914 fue adem�s empresario del mismo en donde emprendi�, junto con su socio Arturo Serrano, una campa�a a favor de la m�sica espa�ola, dando entrada a compositores noveles de tanto m�rito como Vives, Falla, Turina, Conrado del Campo, Guridi y especialmente Mill�n. Desde su primera zarzuela LA ESCALERA DE LOS DUENDES (1904), su actividad compositora fue fren�tica. De sus obras detallo casi exclusivamente las que han tenido trascendencia fonogr�fica, MUSSETA (1908), MOLINOS DE VIENTO (1910), LOS CADETES DE LA REINA (1913), EL ASOMBRO DE DAMASCO (1916), EL NI�O JUDIO y LOS CALABRESES (1918), BENAMOR (1923), SANGRE DE REYES en colaboraci�n con Balaguer (1925), LA PASTORELA en colaboraci�n con Moreno Torroba (1926), LA PICARA MOLINERA y LA CHULA DE PONTEVEDRA (1928), LAS CALATRAVAS (1941) y su obra p�stuma EL PILAR DE LA VICTORIA (1944), con libreto de Manuel Machado.

Fue quiz�s el compositor espa�ol que m�s destac� en el cultivo de la opereta espa�ola, a la que aport� originalidad de estilo, elegancia mel�dica, fantas�a para la expresi�n y un cierto exotismo que hicieron decir al maestro Vives que Pablo Luna escrib�a �m�sica rubia�. Al hablar de Luna como cultivador de la opereta considero de inter�s releer los comentarios que introduje en la Rese�a de KATIUSKA y cuyas generalidades, son tambi�n aqu� de utilidad. Sobre este tema gen�rico hubo hace alg�n tiempo un esbozo de debate en el Foro Nueva Zarzuela a ra�z de la pregunta de alg�n aficionado y no me acuerdo si fue El Pichi el que explicaba la diferencia entre opereta y zarzuela, pero el tema no fue acotado con rotundidad, yo dir�a que porque es tema menor que no afecta a la esencia del g�nero y quiz�s se ha utilizado esa denominaci�n para obras cuyo argumento no se ha desarrollado en el ambiente castizo o regional espa�ol, como ocurre por ejemplo MOLINOS DE VIENTO, LA GENERALA, KATIUSKA, EL ASOMBRO DE DAMASCO, etc..... En resumen podr�amos decir que, aunque la opereta vienesa se asentaba en dos pilares fundamentales: la ambientaci�n ex�tica y distante sobre la base de una ingenua trama amorosa y las edulcoradas melod�as a ritmo de vals y ambos elementos se detectan en algunas obras de Luna seg�n lo cual su opereta est� todav�a m�s cercana al esp�ritu vien�s que lo estuvo luego la de Sorozabal, no es menos cierto que tambi�n se vislumbran ya en el compositor aragon�s los caracteres que el Padre Sope�a advirti� en el m�sico vasco: alejamiento de la procacidad arrevistada dotando de una elegancia a sus partituras que impuls� a Vives a denominarla �m�sica rubia� y observar que, bajo el ropaje de la forma opereta, se esconde la verdadera zarzuela: el acento sobre la romanza, sobre lo emotivo.

Los libretistas

Antonio Paso Cano, naci� en Granada el 9 de septiembre de 1870 y muri� en Madrid el 11 de julio de 1958. Estudi� Derecho pero se dedic� al periodismo y al teatro, como autor y como director de escena. Muchas de sus obras fueron en colaboraci�n con otros autores. En el campo de la zarzuela destacan EL BATEO y LA ALEGRIA DE LA HUERTA, de Chueca, EL ASOMBRO DE DAMASCO, EL NI�O JUDIO y BENAMOR, de Luna y LA LEYENDA DEL BESO, de los maestros Soutullo y Vert.

Joaqu�n Abati D�az. Naci� en Madrid el 29 de junio de 1865 y all� muri� el 30 de julio de 1936, de padre italiano y madre espa�ola, curs� Derecho obteniendo sobresaliente en todas las asignaturas y varias matr�culas de honor; cuenta el Espasa que al tiempo que preparaba oposiciones a Abogados del Estado escribi� y public� �Respuestas a los temas�..� de dicha oposici�n, d�ndose la paradoja que todos los que obtuvieron plaza en la misma hab�an estudiado su libro, pero el autor no logr� plaza, decidiendo no ejercer su profesi�n y dedicarse a la literatura, llegando a ser de los m�s fecundos y graciosos autores espa�oles. Fue miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislaci�n y tres veces Presidente de la Sociedad General de Autores de Espa�a. Escribi� m�s de cien obras, muchas de ellas pertenecientes al g�nero l�rico y en bastantes ocasiones en colaboraci�n, con Arniches, Mart�nez Sierra, Jardiel Poncela y, sobre todo, Antonio Paso. En el campo de la zarzuela triunf� con EL TREBOL de Serrano y Valverde, TIERRA POR MEDIO de Chap� y algunas m�s pero sobre todo con EL ASOMBRO DE DAMASCO de Luna. Hizo incluso sus pinitos como compositor con LAS VENECIANAS.

Sinopsis

La acci�n se inicia en una plaza p�blica en Damasco. Fahima, tiene una tienda de esencias m�gicas, y est� vendiendo a un grupo de mujeres; en la tienda de medicamentos, que hay a su lado, el m�dico Ben-Ibhen atiende a varios enfermos y heridos. Al marcharse todos los clientes y quedar vac�a la plaza llegan dos hombres, que piden hospitalidad a Fahima, y luego una mujer lujosamente ataviada que, con el rostro oculto a la usanza musulmana, se aproxima a la tienda de la vendedora. Se descubre al llegar junto a Fahima, y �sta, con alegr�a, descubre en ella a su amiga Zobeida, casada con Omar, un comerciante de Mosul. Zobeida, muy consternada, refiere a su amiga la enfermedad de su esposo y sobre todo la ruina a que han llegado debido a su mal negocio. Zobeida dice a la amiga, que su viaje a Damasco se debe a que un vendedor llamado Ben-Ibhen tiene una antigua deuda de mil dinares de oro con su marido, y hoy este dinero se necesita urgentemente para la enfermedad de Omar, y aunque no existe ning�n documento para confirmarlo, espera que Ben-Ibhen reaccione como corresponde a su honradez y amistad con Omar. Fahima lleva a Zobeida ante Ben-Ibhen, y �ste recuerda la deuda y est� dispuesto a pagarla; pero curioso, pide que antes le sea mostrado el rostro de la mujer que deber� llevar el dinero. Zobeida se descubre, y Ben-Ibhen queda maravillado ante su belleza. Dice a la mujer que le entregar� el dinero si consiente en acudir por la noche a su trastienda. Al desaparecer el m�dico, las dos mujeres, maldiciendo la suerte de Zobeida, se van a la tienda de Fahima. Entonces aparece el cad� de Damasco, Al�-Mon, con varios soldados, y lee un decreto del Gran Visir en el que se pide, vivo o muerto, la captura del terrible corsario Ka-Fur. Zobeida piensa que el cad� podr� hacer justicia, y sale a su encuentro, explic�ndole lo ocurrido; pero Al�-Mon, lo mismo que el m�dico, queda prendado de la belleza de ella, y sugiere, a cambio de la obtenci�n del dinero, la misma exigencia que Ben-Ibhen. Nuevamente desalentada, y neg�ndose, Zobeida se retira con su amiga, y �sta le dice que el �nico que puede hacerle justicia es el Visir en persona. Mientras, el cad� se ha acercado a la tienda del m�dico para hablar con �l, y cuando va a reprocharle su conducta con la esposa de Omar, le distrae un ruido de tumultuosa gente y, ante sus propios ojos aparece, portado en un lujoso palanqu�n, el Gran Visir Nhuredin. La muchedumbre le rodea y aclama reverenciosa. Zobeida piensa que es aquel el mejor momento para pedir justicia, y se acerca al Visir refiri�ndole su desgracia. Pero al descubrirse ante �l, el Visir queda tambi�n trastornado por su belleza. Zobeida, otra vez desazonada, se aparta de �l, y entonces, uno de los hombres que pidieron la hospitalidad de Fahima, le aconseja que cite separadamente a los tres hombres, aquella misma noche, en la casa de Fahima, que se halla en las afueras de la ciudad. As� lo hace la mujer.

El acto segundo transcurre en una habitaci�n de la casa de Fahima, donde varias esclavas se esmeran en adornar y acicalar a Zobeida. Un gran banquete aguarda a los tres citados. El primero en llegar es Ben-Ibhen. Zobeida, muy sol�cita, sale a su encuentro, pero nada m�s empezar a hablar se hace anunciar Al�-Mon. Consternado, Ben-Ibhen finge que se halla all� para reconocer a Zobeida, que sufre una repentina dolencia. Al�-Mon lo cree as�, pero no finge su mal humor. Entonces aparece el tercer citado, el Visir, que se encuentra sorprendido ante la presencia de los dos hombres. Nada m�s empezar a pedir explicaciones, llega corriendo un esclavo para avisar que en las proximidades de la casa se halla el corsario Ka-Fur y sus hombres, cuyo �nico deseo es cenar y descansar all�. Zobeida, r�pidamente, ordena a los tres hombres que se disfracen de esclavos, para no ser reconocidos y capturados por el bandido. As� lo hacen, y entra Ka-Fur, muy cubierto, con sus hombres. Se inicia el banquete que Zobeida prepara para los tres citados, y una vez finalizado, Ka-Fur demuestra que, a pesar de los disfraces ha reconocido al m�dico, al Cad� y al Gran Visir. Ben-Ibhen, intentando salvarse, dice que no tiene inconveniente alguno en pasar a engrosar las huestes del corsario, puesto que, en realidad, es tan deshonrado en su profesi�n de m�dico como el propio corsario. Siguiendo su ejemplo, Al�-Mon confiesa que �l tampoco hace justicia si no es a cambio de un favor, y finalmente el Visir revela que hace todo lo posible por extraer el dinero del pueblo, ya que el Califa no est� enterado de nada de aquello. Zobeida, mientras tanto, ha reconocido en Ka-Fur a uno de los hombres que le aconsejara aquella ma�ana, pero la sorpresa es general cuando Ka-Fur, despoj�ndose de su siniestra indumentaria, resulta ser el Califa en persona, cuya costumbre de ir peregrinando disfrazado por el pa�s, a fin de conocer la verdad, le ha salvado esta vez de tres hombres indeseables. El m�dico, el Cad� y el Gran Visir son despojados de todos sus bienes, y �stos entregados a Zobeida.

En narraci�n de �El libro de la Zarzuela� leemos que EL ASOMBRO DE DAMASCO empieza con un curioso solo de clarinete que presenta el tema con que se inicia el canto del coro en la primera escena. No puede decirse que la m�sica sea oriental en este primer tema, pero no tarda en aparecer el �color local� que nos traslade al Damasco de opereta que fue el marco de esta obra de Luna. Un generoso uso del tri�ngulo y de la percusi�n contribuye a crear este ambiente, as� como las melod�as serpenteantes de los distintos grupos instrumentales. Sigue ahora una p�gina orquestal bien instrumentada y un tanto meditativa. De pronto surge, de mano de la trompeta, una p�gina mucho m�s agitada y convencional, propia del mundo de la opereta, que incluye el canto del coro con el tenor c�mico. M�s serio resulta el n�mero que viene a continuaci�n, con el canto de la perfumista primero con el coro y luego en forma de canci�n �Yo he descubierto un perfume�, en la que el coro tambi�n interviene. Es una p�gina bastante lograda. Ben-Ibhen, el tenor c�mico, vuelve a intervenir con sus chistes sin inter�s, con las dos sopranos en un tr�o bastante variado. El clima de opereta reaparece en el gracioso n�mero del cad� �Soy Al�-Mon, soy el cad�, con abundantes intervenciones del metal y decorativas frases del clarinete. M�s hier�tica resulta la presentaci�n del visir, su d�o con la soprano adquiere un car�cter sumamente atractivo cuando el visir empieza a intentar la seducci�n y prorrumpe en una romanza de gran belleza �Esto que pides aqu� y que esperas de mi�, con un delicado acompa�amiento de arpa y cuerda en pizzicato. Es una p�gina exquisita que nos compensa de tantas otras malogradas por una comicidad trasnochada. Entra tras la romanza la soprano con un tema emparentado con el del visir que este repite nuevamente en su forma original. Cuando la soprano cae en la cuenta de la seducci�n el d�o contin�a en un clima de agitaci�n hasta el final, en que la orquesta toma el tema amoroso de la romanza y lo va repitiendo como fondo de las suplicas de la protagonista, que modifica levemente el tema. El acto termina con la �zambra de las almeas� que vuelve a permitir la presencia de la danza, fundamental en el g�nero, y concluye con la presencia del coro para cerrar el tel�n con la orquesta recordando el tema del d�o de la seducci�n.

En el segundo acto una especie de marcha, m�s occidental que oriental reemplaza al coro, y despu�s de ella se inicia otro n�mero instrumental, en el que el oboe evolucionar� de modo similar al de un instrumento oriental. El protagonismo pasar� despu�s al clarinete y perder� su car�cter oriental al pasar a la cuerda, convirti�ndose en exponente de un hermoso tema de ritmo pausado, sobre un fondo de oboe pla�idero. Entra ahora la voz de las sopranos �Por esta noche nada de velos� mientras al fondo se arrastra misteriosamente el clarinete. Un ritmo agitado de aspecto orientaloide presenta a un coro femenino �Sultana de los amores� muy zarzuelero en su forma. Sigue presente en muchos instantes el clarinete. La p�gina resulta, en general, �gil y graciosa. Una p�gina de tenor c�mico y soprano �Musulmana apetitosa� viene a formar un d�o cuya m�sica es m�s interesante que el texto. Sigue lo que el propio tenor anuncia como �la danza de la Meca� con lo que volvemos a estar en pleno pseudos-orientalismo. Sigue otro d�o c�mico �All� van los preceptos que ordena el Cor�n� de tema fr�volo y chistes de poca gracia. La m�sica, amable, rescata la escena en lo que cabe.

�ndice de escenas

Zarzuela en dos actos con los siguientes n�meros musicales:

Acto I 1. Preludio, voz lejana �Ya el sol por el oriente su luz asoma� y escena ��Alto! Dejad ya de gritar y atentos escuchad�..Yo he descubierto un perfume�. 2. Terceto �Danos pronto algo�..Merezco tus rencores merezco tus enojos��Bien mirado estoy quedando como un gran sinvergonz�n�. 3. Cupl�s de Al�-Mon �Soy Al�-Mon, soy el Cad�, lo �nico bueno que entre la turba de funcionarios existe aqu�.Soy el ser m�s inflexible�. 4. Presentaci�n de Nhuredin �Viva, viva Nhuredin�, d�o �Esto que pides aqu�....Ven a mis brazos mujer� y zambra de las almeas �Que bailen las almeas�.Baila odalisca hermosa�.Baila, baila musulmana�.

Acto II: 5. Escena �Por esta noche nada de velo� y cantadoras de Palmira �Sultana de los amores�..Tus ojos tienen Zobeida�. 6. D�o c�mico de Ben-Ibhem y Zobeida �Musulmana apetitosa�..A la Meca te llevo mi vida montada en camello�.La joroba molesta un poquito pero hay que aguantarse�. 7. Cupl�s del Cor�n �All� van los preceptos que ordena el Cor�n�. 8. Final.

Personajes

Los principales son:

Zobeida: Esposa de Omar, de extraordinaria belleza, acosada por todos. Soprano.
Fahima: Perfumista y amiga de Zobeida. Soprano.
Ben-�bhen: M�dico algo �sinvergonz�n�. Tenor c�mico
Al�-Mon: Cad� con una vara justiciera muy peculiar. Bar�tono.
Nhured�n: Gran Visir que quiso �hacer justicia� a Zobeida. Bar�tono.

Discograf�a

Basado sobre todo en la secci�n discogr�fica de esta p�gina web detallo las versiones siguientes:

Zafiro 1954 - Dirige Enrique Navarro y cantan Dolores P�rez, Luis Sagi-Vela, Antonio Martelo y Santiago Ramalle.

Alhambra 1955 - Dirige Ataulfo Argenta y cantan Lina Huarte, To�y Rosado, Manuel Ausensi, Gerardo Monreal, Arturo D�az Martos y Carlos Mungu�a.

Entre las versiones hist�ricas, todas ellas del d�o de Zobeida y Nhured�n, cita el Diccionario de la Zarzuela, la de Rosario Leon�s y Francisco Meana (int�rpretes del estreno) y la de Emilio Sagi-Barba y Luisa Vela para La voz de su amo en 1916 que, a juicio de Mart�n de Sagarm�naga, es �decididamente inferior� a la que Ofelia Nieto y un impresionante Marcos Redondo grabaron para Ode�n en 1931, digitalizada hace unos a�os por Blue-Moon.

Videograbaciones

No figura ninguna en el cat�logo de la Biblioteca Nacional, como tampoco ninguna pel�cula en la base de datos del Ministerio de Cultura.

Bibliograf�a

He utilizado la siguiente:

�Diccionario de la Zarzuela�, coordinado por Emilio Casares Rodicio.
�El libro de la zarzuela�, de editorial Daimon.
�Historia de la zarzuela�, vol�men II, de Juan Arnau (Zacosa).
�Enciclopedia Espasa�, �Luna� obra de Angel Sagard�a Sagard�a publicado en 1978 por Espasa Calpe.

Marbella, 8 de diciembre de 2007

Firmado: Diego Emilio Fern�ndez �lvarez
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