No Has Sentido en la Noche...

        No has sentido en la noche,
        cuando reina la sombra
        una voz apagada que canta
        y una inmensa tristeza que llora?
 
        �No sentiste en tu o�do de virgen
        las silentes y tr�gicas notas
        que mis dedos de muerto arrancaban
        a la lira rota?

  

        �No sentiste una l�grima m�a
        deslizarse en tu boca,
        ni sentiste mi mano de nieve
        estrechar a la tuya de rosa?
 

        �No viste entre sue�os
        por el aire vagar una sombra,
        ni sintieron tus labios un beso
        que estall� misterioso en la alcoba?
 

        Pues yo juro por ti, vida m�a,
        que te vi entre mis brazos, miedosa;
        que sent� tu aliento de jazm�n y nardo
        y tu boca pegada a mi boca.
 

Rima 
Hoy la tierra y los cielos me sonr�en;
        hoy llega al fondo de mi alma el sol;
        hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
              �Hoy creo en Dios!
 


Rima 
    Despierta, tiemblo al mirarte:
    dormida, me atrevo a verte;
    por eso, alma de mi alma,
    yo velo cuando t� duermes.   
 
    Despierta, r�es y al re�r tus labios
        inquietos me parecen
    rel�mpagos de grana que serpean
        sobre un cielo de nieve.
 
    Dormida, los extremos de tu boca
        pliega sonrisa leve,
    suave como el rastro luminoso
        que deja en sol que muere.
        �Duerme!�
   
    Despierta miras y al mirar tus ojos
        h�medos resplandecen,
    como la onda azul en cuya cresta 
        chispeando el sol hiere.

    Al trav�s de tus p�rpados, dormida;
        tranquilo fulgor vierten
    cual derrama de luz templado rayo
        l�mpara transparente.
        �Duerme!�
 
    Despierta hablas, y al hablar vibrantes
        tus palabras parecen
    lluvia de perlas que en dorada copa
        se derrama a torrentes.
 
    Dormida, en el murmullo de tu aliento
        acompasado y tenue,
    escucho yo un poema que mi alma
        enamorada entiende.
        �Duerme!�
 
    Sobre el coraz�n la mano
    me he puesto porque no suene
    su latido y en la noche
    turbe la calma solemne:
    
    De tu balc�n las persianas
    cerr� ya porque no entre
    el resplandor enojoso
    de la aurora y te despierte.

        �Duerme!�

Gustavo Adolfo Becquer   

       

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