| Maximiliano | General Tom�s Mej�a (1820?-1867) | ||||||||||||||
| El general imperialista Tom�s Mej�a naci� en un peque�o poblado de la Sierra Gorda Queretana llamdo Pinal de Amoles, alrededor de 1820, siendo sus padres Cristobal Mej�a y Mar�a Martina, ambos de raza india. Se dice que el joven Tom�s fue el �nico amigo de un soldado espa�ol que lleg� huyendo a la Sierra Gorda y ocultando su verdadera identidad bajo el nombre de Dar�o Bissarda. Se supone que ambos llevaron una estrecha amistad y no fue sino haste en su lecho de muerte que Bissarda revel� a Tom�s su verdadero nombre: Isidro Barradas, que hab�a sido enviado al Continente Americano a reconquistar el territorio mexicano para devolverlo a la Corona Espa�ola, pero habiendo fracasado su misi�n, se vio obligado a refugiarse en la Sierra bajo otra identidad. Desde muy joven Tom�s Mej�a abaraz� la milicia y ya para 1841 ten�a el grado de alf�rez, habi�ndose casado poco antes con Carlota Duran, de quien enviudar�a al poco tiempo. Algunos a�os despu�s contrajo matrimonio con una joven mujer de nombre Agustina Castro. Mej�a particip� en la guerra contra Estados Unidos y se distingui� en la defensa de Monterrey. Tuvo que resignarse a la derrota, enmascvarada tras el tratado en el que se ced�a a Estados Unidos los territoios de Texas, California y Nuevo Mexico. Particip� entonces en una sublevaci�n contra el gobierno del entonces presidente, que hab�a sustituido al general Santa Anna, Jos� Joaqu�n Herrera, responsable del tratado de Guadalupe. Al ver perdida su causa, Tom�s se volvi� al gobierno, ofreciendose a dirigir las tropas federales que combat�an a los rebeldes. Una vez vencida la rebeli�n, entreg� �l mismo a los que hab�aan sido sus compa�eros a las tropas del gobierno. Siguieron algunos a�os de paz durante los cuales Mej�a continu� su ascenso dentro del ej�rcito: en 1849 ascendi� a comandante de escuadr�n, en 1854 a teniente coronel, en 1858 a general de briagda y al a�o siguiente de divisi�n. En 1854 se inici� una revualta, la Revoluci�n de Ayutla, la cual iba encaminada a terminar con la dictadura de Santa Anna; pronto las tropas que apoyaban el plan dominaron el pa�s y Santa Anna se vio obligado a huir rumbo al exilio. El gobierno qued� en manos del viejo caudillo insurgente, Don Juan Alvarez y tras su renunica en las de Ignacio Comonfort. Las tendencias liberales y anticlericales del nuevo gobierno no fueron bien recibidas en muchas partes del pa�s; en Quer�taro, el general Jos� L�pez Uraga inici� una sublevaci�n contra el Plan de Ayutla, apoder�ndose del poblado de Tolim�n el 19 de enero de 1856. Como la ciudad de Quer�taro se encontraba sin guarnici�n el Gobierno envi� al general Luis Ghilardi a controlar a los rebeldes. Tom�s Mej�a, que era profundamente religioso, hab�a apoyado en un principio la rebeli�n, pero d�ndose cuenta de la superioridad de las fuerzas del gobierno, public� un manifiesto ofreciendo sus servicios al Gobierno y comprometi�ndose a mantener la paz en la Sierra Gorda. Esto le proporcion� una momentanea tranquilidad para seguir conspirando. El 14 de octubre de 1856 Mej�a asalt� la ciudad de Quer�taro, logrando apoderarse de ella; una semana despu�s se vio obligado a abandonar la plaza para escapar de las tropas del general Vicente Rosas Landa, enviado por el Presidente Comonfort. Despu�s de varios enfrentamientos Mej�a y Rosas Landa firmaron un convenio mediante el cual los rebeldes ser�an perdonados a cambio de una grant�a de paz. Sin mebargo Comonfort no estuvo de acuerdo con este convenio por considerar a Mej�a un constante conspirador contra el Gobierno, "sin principios pol�ticos y capaz de implorar la proteccci�n del gobierno cuando se halla impotente, sin dejar por esto de seguir maquinando para volver a sublevarse, burlando sus m�s sagrados compromisos y traincionando a los que habn seguido su suerte"; mand� comparecer a Rosas Landa y le retir� el mando de la tropa, por lo que Mej�a permaneci� con sus rebeldes en la Sierra. En 1857 el general Jos� Mar�a Arteaga fue elegido gobernador costitucional de Quer�taro y se dio a la tarea de poner en vigor en el estado la Constituci�n de 1857. Mej�a con sus rebeldes se apoder� de los distritos de Jalpan, Tolim�n y Cadereyta, as� como las poblaciones de San Juan del R�o, Tequisquiapan y su propio pueblo natal, Pinal de Amoles. El gobernador Arteaga, alarmado, decret� la ciudad de Quer�taro en estado de sitio y pidi� ayuda al gobernandor de Guanajuato, Manuel Doblado; sin embargo no pudo evitar que Mej�a atacara la ciudad el 2 de noviembre de 1857, en una lucha larga y desesperada; Arteaga contab solamente con trescientos soldados y s�lo pudo defendee el Palacio de Gobierno y el Convento de San Francisco, donde situ� su cuartel general. Los queretanos en general apoyaban a Mej�a y se unieron a sus tropas en gran n�mero. Arteaga fue herido y logro salvarse s�lo gracias a la ayuda de un fraile que lo ocult� en su celda. Varios oficiales federales fueron hechos prisioneros, quedando la ciudad en manos de Mej�a, cuyas tropas saquearon la ciudad, incluso una biblioteca reci�n fundada por Arteaga fue devorada por el fuego. Para estabelcer el orden Mej�a nombr� gobenador a Manuel Montes Navarrete, quien pronto pudo controlar la situaci�n. Su gobierno duro solamente una semana, ya que ante la proximidad del ej�rcito de Manuel Doblado, Mej�a tuvo que dejar la ciudad. Mientras Arteaga era restaurado en el gobierno, Mej�a sufri� una grave derrota en Sombrerete de donde huy� herido, seguido solamente por treinta hombres. El Presidente Comonfort prest� juramento como Presidente Constitucional el 1 de diciembre de 1857; sin embargo el 17 de diciembre, los conservadores proclamaron el Plan de Tacubaya, desconociendo la Constituci�n. Comonfort, que hab�a apoyado el golpe de estado, se vio obligado a dejar la Presidencia y huir del pa�s. La Presidencia qued� en manos del general conservador F�lix Mar�a Zuloaga, pero constitucionalmente el sustituto de Comonfort era Benito Ju�rez, por ocupar el cargo de Presidente de la Suprema Corte de Justicia. Ju�rez huy� de la capital, estableciendo su gobierno en Guanjuato primero y despu�s en Guadalajara. Se inici� entonces en M�xico una guerra civil que durar�a tres a�os, y Mej�a, naturalmente, se integr� al Ej�rcito Conservador y ocup� la ciudad de Quer�taro el 11 de febrero de 1858; poco despu�s, el 28 de marzo, fue nombrado comandante general del territorio de la Sierra Gorda. Pocos meses despu�s, gracias a sus servicios prestados a la causa conservadora, Tom�s Mej�a se convirti� en Gobernador de Quer�taro, el 13 de agosto de 1858. El gobierno de Mej�a estuvo dominado por las urgencias de la guerra. No bien hubo tomado el cargo, recibi� la visita del general Miguel Miram�n que preparaba un ataque contra el Ej�rcito del Norte, comandado por el liberal Santiago Vidaurri; en esta entrevista se acord� que las tropas conservadoras destinadas a combatir a Vidaurri, se concetrar�an en Quer�taro, para salir rumbo a San Luis Pot�s�, que estaba en poder de los liberales. El Ej�rcito Conservador sali� de Quer�taro el 28 de agosto, y Tom�s Mej�a se uni� a la campa�a, dejando el gobierno del estado en manos del general Cayetano Montoya. Las tropas de Vidaurri fueron derrotadas, y los conservadores tomaron San Luis. Mej�a fue herido durante una batalla y permaneci� en San Luis para recuperarse. Cuando san�, regres� a Quer�taro el 13 de noviembre de 1858, siendo recibido calurosamente por la poblaci�n. El 23 de diciembre de 1858 hubo una divisi�n dentro del mismo partido conservador. Se proclam� en M�xico el Plan de Navidad desconociendo el gobierno de Zuloaga, quedando como president eprovisional el general Manuel Robles Pezuela; Miram�n, que se estaba en Jalisco, regres� a M�xico y fue proclamado prsedente sustituto. En febrero de 1859, el nuevo Presidente decidi� llevar a cabo una idea que ven�a madurando desde hac�a unos meses: atacar Veracruz, sede del gobierno de Ju�rez desde mayo del a�o anterior. Aprovevchando que Miram�n hab�a dejado la Ciudad de M�xico, y en una tentativa para obligarlo a abandonar el sitio de Veracruz, los liberales decidieron atacar la capital con las tropas del general Santos Degollado. Antes de atacar la capital, las tropas liberales se reunieron cerca de Quer�taro; Tom�s Mej�a dio aviso de inmedaito al gobernador de San Luis Potos� , Gregorio del Callejo, y le notific� que abndonar�a Quer�taro, al frente de sus tropas, con el prop�sito de reunirse con �l en San Miguel Allende. Los ej�rcitos liberal y conservador se enfrentaron en la Hacienda de Calamanda el 14 de marzo de 1859 resultando en una derrota para los liebrales, que apesar de todo, continuaron su avance hacia la Ciudad de M�xico. MIram�n regres� a la capital y los liberales continuaron su asedio a la ciudad, pero fueron obligados a retirarse sufriendo cuantiosas p�rdidas. Mej�a obtuvo el grado de general de divisi�n en esta campa�a. El 9 de mayo regres� Tom�s a Quer�taro, reuniendo en sus manos los gobiernos de los estados de Quer�taro y Guanjuato. No ocup� el cargo por mucho tiempo pues el gobierno de Guanajuato lo dej� en manos de Francisco A. V�lez y el de Quer�taro en las de Manuel Mar�a Escobar el 6 de julio de 1859. El 13 de noviembre los ej�rcitos de Mej�a se enfrentaron nuevamente a los de Santos Degollado en un sitio llamado Estancia de las Vacas, cerca de Quer�taro, obteniendo el triunfo nuevamente los conservadores. Al inicio del a�o 1860, la situaci�n era gobernada por los conservadores, sin embargo hacia el final del a�o las cosas se invirtieron y los liberales comenzaron a ganar terreno; el 12 de noviembre ocuparon Quer�taro y al poco tiempo el general Arteaga retomo la gobernatura del Estado, por lo que Mej�a tuvo que volver a la acci�n guerrillera en la Sierra Gorda, mientras Miram�n hu�a del pa�s y Ju�rez se instalaba nuevamente en la Ciudad de M�xico.. Las constantes provocaciones de Tom�s Mej�a hacia el gobierno liberal convencieron al Presidente Ju�rez de la necesidad de emprender una campa�a para suprimirlo definitivamente. Mej�a, mientras tanto habpia renido en Jalpa a los generales Leonardo M�rquez, Ram�n M�ndex y Francisco A. V�lez, con el af�n de combatir al gobierno liberal. Ju�rez envi� tropas para sofocar a los rebeldes. El 7 de febrero de 1861, en R�o Verde, San Luis Potos�, Tom�s Mej�a se enfrent� a las tropas del liberal Mariano Escobedo, siendo este �ltimo capturado, sin embargo Mej�a le perdon� la vida. A mediados de 1861 Ju�rez decret� la suspensi�n del pago de la deuda externa contra�da por el gobierno de Miram�n, lo cual dio pie a que Inglaterra, Francia y Espa�a, pa�se con los cuales se ten�a la deuda decidieran comenzar una intervenci�n armada en M�xico. Ante la amenaza de una posible intervenci�n extranjera se estableci� una tregua entre los guerrilleros conservadores y las autoridades liberales. En diciembre del mismo a�o desembarcaron en Veracurz los representantes de dichas naciones europeas. El 10 de enero las naciones aliadas lanzaron una proclama diciendo que su presencia en tierras mexicanas se deb�a a la "fe de los tratados quebrantados por diversos gobiernos que se han sucedido y a la seguridad individual de nuestros compatriotas, constantemente amenzada". La reacci�n de Ju�rez ni se hizo esperar; el 25 de enero de 1862 promulg� una ley seg�n la cual todo aquel mexicano que prestase ayuda econ�mica, militar o pol�tica a los invasores extranjeros, ser�a castigado con la muerte. Pronto comenzaron a surgir divergencias con respecto a las pretensiones de cada una de las potencias; los espa�oles e ingleses, d�ndose cuenta de que no lograr�an nada en M�xico, entraron en conversaciones con el gobierno mexicano, representado por Manuel Doblado y firmaron el tratado de La Soledad el 19 de febrero, mediante el cual Espa�a e Inglaterra reconoc�an el gobierno constitucional de Ju�rez. El 11 de abril Ju�rez recibi� un comunicado de los aliados, avis�ndole que ingleses y espa�oles se retiraban. Francia, en cambio ten�a otras intenciones. Un grupo de conservadores mexicanos exiliados en Europa, encabezados por Jos� Mar�a Guti�rrez de Estrada y por Jos� Manuel Hidalgo y Esnaurr�zar, hab�an propuesto al emperador franc�s, Napole�n III, el establecimiento de una monarq�a en M�xico, como �nica forma de gobierno para acabar con la anarqu�a existente. Napole�n, �vido de obtener la grandeza de su t�o, el gran emperador, acept� la idea, y se propuso como candidato al Archiduque Maximiliano de Austria. Este era el motivo por el cual las tropas frnacesas desembarcadas en Veracruz se negaron a retrarse de M�xico y comenzaron su avance hacia el interior del pa�s. Mientras tanto en Quer�taro, el gobernador Arteaga se dedic� a reunir fuerzas para resitir la intervenci�n extranjera, mientras Mej�a si deb�a seguir luchando al lado de sus aliados de siempre, los conservadores y as� convertirse en aliado de la intervenci�n. Se refugi� en su pueblo natal, Pinal de Amoles, y se abstuvo de participar en cualquier combate, aunque patrocin� la publicaci�n de un peri�dico llamado El Eco de la Opini�n, discutiendo los sucesos de los �ltimos meses. Pero sus ideales eran contrarias a los conceptos liberales anticlericales. Mej�a era sumamente cat�lico y pose�a una f� inmensa, por lo que en marzo de 1862 decidi� colaborar con los franceses, y lo hizo amagando continuamente los distintos poblados de la Sierra de Quer�taro. A mediados de junio fue descubierta una conspiraci�n cuyo objetivo era entregar a Mej�a la ciudad de Quer�taro. A pesar de los porblemas que le causaba Mej�a, el general Arteaga pudo reunir una tropa para mandarla a ayudar a la defensa de Puebla del ataque franc�s. Pronto Mej�a dej� las guerrillas, que sostuvo con el dinero enviado popr los franceses, para unirse al Ej�rcito Imperialista. El 17 de noviembre de 1863 encabez� una avnazada contra la ciudad de Quer�taro, con el prop�sito de abrir paso a los imperialistas. El gobernador interino, Jos� Linares, abandon� la ciudad por no enontrarse habilitado para defenderla, lo que facilit� para Mej�a la toma de la ciudad. Don Tom�s permaneci� al mando de la ciudad hasta el d�a 26 cuando llegaron las tropas del generla Douay e instalaaron a don Desiderio Samaniego en la prefectura del Estado. El 12 de junio de 1864 el nuevo Emperador Maximiliano y su esposa, la princesa Carlota de B�lgica hicieron su entrada solemne a la ciudad de M�xico. El general Tom�s Mej�a estaba entre las tropas que acudieron a darles la bienvenida, y fue invitado a dirigirle al Emperador unas palabras de bienvenida a Palacio Nacional. Mej�a estaba tan emocionad, que no acert� m�s que a murmurar "Majestad, Majestad..." Maximiliano, d�ndole un abrazo le dijo: "Las palabras no significan nada, pero yo s� que su coraz�n me pertenece". Tom�s, que era sumamente religioso, humilde y fiel, jam�s olvid� estas palabras. Pensaba que el Emperador era la respuesta a las plegarias de quienes deseaban dar paz a M�xico; su nacionalidad no importaba, pues un s�lo extranjero no pod�a atentar contra la Independencia de M�xico y menos cuando este extranjero deseaba amar a M�xico como a su propia patria. Posteriormente Mej�a logr� dar varios triunfos a la causa imperilista y en noviembre de 1864, tras tomar la ciudad de Matamoros, recibi� la felicitaci�n de Maximiliano, quien lo nombr� comandante militar de Tamaulipas. Al poco tiempo la situaci�n del Imperio comenz� a ser apremiante, tanto econ�mica como militarmente. Los liberales cobraban cada vez m�s fuerza y el naufragio del Imperio fue inminente cuando Napole�n III decidi� retirar sus tropas de M�xico en enero de 1866. En su calidad de comandante militar de Tamaulipas, Tom�s Mej�a resguardaba el puerto de Matamoros, el cual se hayaba saturado de mercancias, as cuales no pod�an salir a otras ciudades por encontrarse los caminos saturados de guerrillas liberales. Sin embargo, la necesidad era apremiante de enviar mercancias a Monterrey, y de acuerdo con el general franc�s Pierre Jenningros, Mej�a decidi� enviar un convoy formado por doscientos carros cargados de mercancias, valuadas en dos millones de pesos. Pero el convoy fue emboscado en el paraje de Santa Gertrudis por las tropas de Mariano Escobedo y muchos mexicanos imperialistas qe escoltaban el convoy se pasaron al bando republicano y los voluntarios austriacos fueron hechos prisioneros. Este golpe debilit� tanto a los imperilistas, que Mej�a, vinedo sitiada la ciudad de Matamoros por las tropas de Escobedo, se vio obligado a entrgar la plaza, logrando huir hacia el sur, conservando sus tropas y sus armas. Se refugi� por un tiempo en San Luis Potos� y finalmente volvi� a Quer�taro, donde se estaban concentrando las fuerzas imperialistas. El 13 de febrero de 1867, el Emperadro Maximiliano, en un �timo intento de salvar su Imperio, se hab�a puesto al frente de sus tropas y se dirigi� tambi�n a Quer�taro. Una vez concetradas las tropas imperilistas en esta ciudad, las tropas liberales, encabezadas por Mariano Escobedo sitiaron la capital queretana en los primeros d�as de marzo. Sin embargo el primer ataque lo realiz� Escobedo hasta el 14 de marzo, tomando el cerro de San Gregorio. Maximiliano, que apreciaba mucho a Mej�a, lo hab�a nombrado jefe del tercer cuerpo de su ej�rcito, y fue comisionado para resguardar Casa Blanca, una zona al sur de la ciudad. Al mediod�a del 24 de marzo, Escobedo lanz� un ataque contra Casa Blanca y la Alameda, que era defendida por Miguel Miram�n, quien junto con Mej�a, permiteron que las tropas enemigas se acercaran y cuando estuvieron a punto de tiro dispararon sobre ellas casi a quemarropa. El triunfo de Miram�n fue instant�neo pero la caballer�a de Mej�a dud� por un instante ante el fuego enemigo. Mej�a, espoleando su caballo, avanz� solo gritando "�Muchachos, as� muere un hombre!" Animada por su her�ico general la tropa lo sigui�. Aquel d�a se lograron m�s de cuatrocientos prisioneros liberales. Sin embargo, la situaci�n de los imperialistas sitiados no tard� en volverse desesperada. Escaseaba la comida, el parque se agotaba y el agua que llegaba a la ciudad hab�a sido contaminada por los cad�veres que arrojaban en ella los liberales. Las heridas, el tifo, el hambre y el calor acababan con los heridos y se hab�a perdido toda esperanza de recibir auxilio exterior. Los oficiales aconsejaban a Maximiliano que lo mejor era uir, pero �l se resist�a pues consideraba que no hab�a hecho lo suficiente para cumplir con su deber. Tom�s Mej�a aseguraba que la salvaci�n estaba en la Sierra Gorda de Quer�taro, por la cual estaba el camino abierto hacia el Golfo de M�xico. Adem�s los indios de la Sierra le eran fieles al general a quienes llamaban "Don Tomasito", y eran excelentes defensores de sus territorios; s�lo necesitaban un jefe que los conociese para dirigirlos. Maximiliano al fin cedi� y acept� huir a trav�s de la Sierra. Tom�s hab�a estado enfermo en d�as pasados, m�s sin embargo se levant� para reclutar entre la poblaci�n de Quer�taro, entre la cual era muy popular, una guardia que portegiese la salida del Emperador y se encargarse de la defensa de la ciudad. La hu�da se fij� para le d�a 14 de mayo en la madrugada. El d�a 13 se celebr� en el cual se decidi� que la salida se retrasar�a veinticuatro horas debido a la falta de tiempo de Mej�a para organizar la gran cantidad de voluntarios que se hab�an apuntado (Hay una discrepancia en lo que afirman dos testigos presenciales del sitio de Quer�taro: el doctor Samuel Basch asegura que fueron muchos, no dice cuantos, los voluntarios que reclut� Mej�a, mientras que Alberto Hans, oficila austriaco del ej�rcito imperial, expresa que Mej�a s�lo reuni� unos cuantos centenares de hombres). La hu�da no se llev� a cabo; el reteraso de veinticuatro horas fue fatal, pues en la madrugada del d�a 15 de mayo, el coronel imperilalista Miguel L�pez condujo a las tropas republicanas hasta el cuartel general de maximiliano, el Convento de la Cruz y entreg� el sitio. Al enterarse de que el convento hab�a sido tomado por el enemigo, el Emperador sali� caminando, d�dole paso libre el cronel republicano Rinc�n Gallardo, y se diriigi� por su propio pie hasta el Cerro de las Campanas, a donde lleg� casi al amanecer y en donde encontr� ya reunidos a gran parte de sus oficiales, entre ellos a Mej�a. Al darse cuenta de que las tropas imperiales se hab�an reunido en el Cerro, los republicanos abrieron sobre ellas un vivo fuego de artiller�a. En medio del ca�oneo Maximiliano pregunt� a Mej�a si cre�a que fuese posible pasar. El general le respondi� que era imposible, pero que si el Emperador as� lo quer�a, �l lo pod�a intentar. "En cuanto a m�, declar� Mej�a, estoy dispuesto a morir". Maximiliano decidi� rendirse y enarbolar la bandera blanca; �l y todos los oficiales que con e�e se hallaban, incluido Mej�a fueron hechos prisoneros. Maximiliano, Miram�n y Mej�a fueron conducidos al Convento de la Cruz, que les servir�a de prisi�n;. alguunos d�as m�s tarde fueron trasladados al Convento de Teresitas y por �ltimo al de Capuchinas. El Presidente Ju�rez decidi� que los tres fueran juzgados de acuerdo a la ley que �l mismo promulg� el 25 de enero de 1862, que condenaba a muerte a todo aquel que prestara ayuda a la intervenci�n extranjera. Fueron juzgados en el Teatro Iturbide de Quer�taro, hoy Teatro Ju�rez, y Tom�s Mej�a fue defendido por el licenciado Pr�spero C. Vega. Los tres reos fueron condenados a muerte. Las esposas de Miram�n y Mej�a hicieron vanos intentos ante Ju�rez, que estaba en San Luis Potos�, para salvar a sus esposos y al Emperador. Agustina de Mej�a estaba embarazada y la acometieron los de parto en el camino entre San Luis y Quer�taro. Dio a luz en una hacienda a la una de la ma�ana, reanudando su viaje a Quer�taro al amanecer. Mientras su mujer daba a a luz, Tom�s Mej�a, en su celda del Convento de las Capuchinas, recib�a la visita de Mariano Escobedo. Escobedo recordaba a�n la ocasi�n en R�o Verde cuando Mej�a le perdon� la vida y quer�a recompensarlo, por lo que le propuso dejarlo escapar. Mej�a pregunt� si el Emperador y Miram�n ser�an tambi�n salvados. Ante la negativa de Escobedo, Mej�a le respondi� que entonces �l morir�a tambi�n junto a su soberano. El d�a 19 de junio de 1867 amaneci� con un sol resplandeciente en el cielo que luc�a un azul intenso, sin una sola nube. A las seis y media de la ma�ana los tres prisioneros fueron escoltados por la tropa del coronel Palacios hasta tres coches que los aguardaban. Tom�s Mej�a subi� al segundo de ellos acompa�ado de los sacerdotes Jes�s Mar�a Ochoa y Jos� Francisco Figueroa. El cortejo emprendi� la marcha a trav�s de las solitarias calles de Quer�taro hacia el Cerro de las Campanas donde los prisioneros ser�an ejecutados; al final del cortejo caminaban unos hombres llevando a cuestas tres ata�des negros y tres curces tambi�n negras. Detr�s de los carruajes solozaba una mujer con un ni�o reci�n nacido en brazos; era Agustina de Mej�a. La joven madre trat� de agarrarse del carruaje que conduc�a a su marido, pero las bayonetas de los soldados se lo impidieron. Cuando llegaron al Cerro de las Campanas, los tres prisioneros bajaron de sus respectivos coches. Mej�a lo hizo abrazando un crucifijo, habi�ndole obsequiado previamente su sombrero al padre Figueroa. Los tres hombres fueron colocados frente a una barda de adobe, levantado expreso para la ejecuci�n. Maximiliano iba enmedio de los dos generales, pero le cedi� su lugar de honor a Mirmam�n. A Mej�a le dijo: "General, lo que no es compensado en la Tierra lo ser� en el Cielo". Momentos antes de ser ejecutado, Mej�a exclam� "�Virgen santa!" y apart� de su pecho el crucifijo con la mano derecha. Se oy� la orden de "preparen, apunten �fuego! y los tres hombres, Maximiliano y sus fieles generales Miram�n y Tom�s Mej�a, cayeron al suelo sin vida. |
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| Bibliograf�a | |||||||||||||||
| Moreno, Daniel, El Sitio de Quer�taro | |||||||||||||||
| Smith, Gene: Maximiliano y Carlota | |||||||||||||||
| Rivera Cambas, Manuel: Historia de la Intervenci�n Europea y Norteamericana en M�xico y del Imperio de Maximiliano de Habsburgo | |||||||||||||||