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| Napole�n III (1809-1873) y Eugenia de Montijo (1826-1920) | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| por Jesus Ibarra | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Napole�n III y Eugenia de Montijo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| La primera es�sa de Napole�n Bonaparte, la Emperatriz Josefina, hab�a tenido dos hijos de su primer matrimonio con Alejandro de Beauharnais, que muri� en la gullotina en 1794, Eugenio y Hortensia. Como Josefina no le hab�a dado herederos y con la esperanza de perpetuar la dinast�a Bonaparte, Napol�on cas� a su hijastra Hortensia con su propio hermano, Luis Bonaparte, con disgusto de ambas partes. Josefina, quiz� con el prop�sito de estrechar�a�n m�s los lazos que la un�an a Napole�n y temiendo perderlo ante la falta de herederos, apoy� gustosa el matrimonio. El matrimonio no fe feliz. Hortensia era bella, espiritual, ro�ntica y aficonada a las artes, mientras que Luis Bonaparte era petulante, tedioso, hipocondr+iaco y apanoico, adem�s de f�sicamente repulsivo para Hortensia pu�s ten�a una mano escrofulosa, lo que provocaba que ella rehuyera de todo contacto. A pesar de todo Hortensia dio a luz un hijo en 1802 , al que dieron el nombre de Carlos Napole�n. Dos a�os m�s tarde naci� otro ni�o, Napol�on Luis. En 1806 Napole�n convirti� a su hermano Luis en rey de Holanda. Luis o hac�a nada para vencer la repulsi�n que provocaba en su esposa y s�lo se quejaba de las infidelidades de Hortensia. En el mes de mayo de 1807, muri� el peque�o Carlos Napole�n y Hortensia desconsolada fue a hacerse una cura de descanso en cauterets, en los Pirineos. Luis se le uni� el 23 de junio. El reencuentro de la pareja no fue muy agradable y �l la dej� el 6 de julio. Hortensia realiz� entonces una gira por los Pirineos acomp��ada de su s�quito. Pasaron varias niches en posadas en medio de la monta�a y el 12 de agosto, a su regreso, Hortensia se reuni� con su marido en Toulouse, permiti�ndole ejercer sus deberes conyugales, lo que exrta�� pero temabi�n agrad� a Luis. El 21 de abril de 1808, nueve meses despu�s de la excursi�n�por las monta�as, Hortensia dio a luz un tercer hijo llamado Luis Napol�n. La paternidad del peque�o era dudosa ya que aunque Luis estuvo con ella a principios de julio, la fecha m�s probable de la concepci�n de Luis Napole�n fue durante la gira de los Pirineos. Se mencion� como probable padre a un almirante holand�s llamado Verhuell, pero hay constancias de que el almirante no estuvo en los Pirineos sino que se encontraba en otor lugar en ese momento. Mucho m�s probable es que el canciller de Hortensia, Ren� de Villeneuve, que s� formaba parte de su s�quito, haya sido el responsable. El acercamiento que Hortensia permiti� a su marido en agosto fue probablemente para disimular lo evidente. Luis Bonaparte dud� siempre de la paternidad del ni�o y manifest� hacia Luis Napol�on cierto rechazo. Cuando se separ� de Hortensia solamente pidi� la custodia de su hijo mayor Napole�n Luis y se refiri� al menor como "vuestro hijo" aunque nunca lo repudi� oficialmente, quiz� porque no deseaba mostrarse p�blicamente enga�ado. Cuando sobrevino la ca�da de Napole�n, Hortensia, ya separada de su marido, se fue a vivir con sus hijos a una villa en Suiza. Educ� a los ni�os inculc�ndoles el deber de sostener la dinast�a Bonaparte. Su t�o el Emperador los hab�a considerado siempre como herederos. El hijo mayor, Npaol�on Luis, que era segundo en la sucesi�n Bonaparte, despu�s del hijo de Napole�n que viv�a en Austria, muri� en 1831 en Italia en un movimiento revolucionario. Al a�o siguiente con la muerte del hijo de Napol�on, el hijo menor de Hortensia, Luis Napole�n, se convirti� en pretendiente al trono Bonaparte. Despu�s de Waterloo, en 1815, los Borbones hab�an sido restaurados en el trono de Francia en la persona de los hermanos del rey decapitado Luis XVI, primero Luis XVIII y luego Carlos X, quien fue derrocado por la revoluci�n julio de 1830 y que coloc� en el trono a Luis Felipe de Orl�ans. En 1836 hubo un intento por parte de los bonapartistas de derrocar al Rey Luis Felipe y proclamarse a favor del sobrino del antiguo Emperador, el pr�ncipe Luis Napole�n. El intento fracas� y Luis Napole�n fue exiliado a Am�rica. Regres� a Suiza para presenciar la muerte de su madre. En 1840 Luis Napole�n oragniz� otro asalto al gobierno de Luis Felipe. Nuevamente fracas� y esta vez el pr�ncipe fue condenado a prsisi�n perpetua en la fortaleza de Ham en Picardia. Durante los seis a�os que dur� su cautiverio, Luis Napole�n se dedic� a escribir su obra "La extinci�n de la Pobreza" en la que mexcalaba ideas bonapartistas con un socialismo humanitario en el que figuraba el bienestar del pueblo. En 1846, estando a�n preso, recibi� la notica de que su padre, Luis Bonaparte, se estaba muriendo. Deseoso de obtener alguna muestra de cari�o de aquel quien siempre lo hab�a despreciado, solicit� permiso para dejar la prisi�n y acudir junto a �l. Le negaron el permiso y decidi� organizar su fuga. El 25 de mayo de 1846, con ayuda de su m�dico, el Dr.Conneau, Luis Napole�n abandon� la prisi�n disfrazado de obrero y se dirigi� a Londres, v�a Ostende y Dover. A finales de julio muri� su padre.. No se sabe si en su lecho de muerte logr� convencerse de que Luis Napole�n era o no su hijo, pero durante sus �ltimas semanas ambos intercambiaron una afectuosa correspondencia; adem�s Luis Napolp�on recibi� como herencia tres millones de francos, un castillo en Florencia y otra propiedad en Civita Nuova, sin embargo no hab�a podido estar al lado de su padre cuando �ste exhal� el �ltimo suspiro. El Pr�ncipe fij� su residencia en Londres, en donde gracias a la herencia de su padre, ocup� su tiempo cenando y jugando en clubes londinenses, galanteando a mujeres respetables y meti�ndose en la cama de otras no tan respetables. Una noche, en el verano de 1846, en una velada en casa de Lady Blessington, Luis Napole�n conci� a una cortesana inglesa, Harriet Howard, con quien vivi� la relaci�n amorosa m�s duradera de su vida. Al poco tiempo de haberla recibido, Luis Napol�on ya se hab�a gastado la herencia de su padre,. quiz� porque perdi� grandes sumas de dinero apostando. Harriet Howard hubo de financiarlo para que saliera a flote. |
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| Mientras tanto, hacia 1848, en Francia, de donde Luis Napole�n no partaba su mente, la monarqu�a de Luis Felipe estaba muy desacreditada. Hab�a rezagho en la agricultura, la clases bajas malviv�an y protestaban y desde 1846 se viv�a una crisis econ�mica. El 22 de febrero de 1848 surgi� una revuelta en las calles de Par�s ( que m�s tarde se extender�a a otros pa�ses europeos como Austria, en donde propiciar�a la caida del Pr�ncipe Metternich), que oblig� al Rey Luis Felipe a huir de Francia, refugi�ndose en Inglaterra. Al enterarse de la hu�da del Rey, Luis Napol�on, nuvamente financiado por Miss Howard, viaj� a Par�s y se puso a las �rdenes del gobierno provisional al que le hizo algunas propuestas que fueron rechazadas. Regres� a Londres, pero en septiembre del mismo a�o fue llamado nuevamente a Par�s para invitarlo a formar parte de la Asamblea Nacional. Para finales de ese a�o, Luis Napole�n estaba establecido en la Plaza Vendome. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Luis Bonaparte, Rey de Holanda, hermano de Napole�n Bonaparte y padre de Napole�n III | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Luis Napole�n se halaba ante una Francia que sent�a la necesidad de un cambio.El pueblo franc�s, en su gran mayor�a, aceptaba los princpios de la Revoluci�n y quer�a un r�gimen republicano y democr�tico. No quer�an el extremismo de izquierda ni de derecha, por lo que en el momento en que hubo que elegir un presidente, se busc� un hombre que pudiera actuar en un punto medio. Luis Napole�n emprendi� su campa�a como republicano bajo las consignas de paz y prosperidad, y no quer�a tolerar "ninguna opresi�n que procediera de derecha o de izquierda". "La nueva Unidad Nacional se forjar� en torno a l�a tradici�n napole�nica que ahondar� sus ra�ces en los principios de la Gran Revoluci�n". El pueblo franc�s no ovdaba la obra que Luis Napol�on escribi� durante su cautiverio en la fortaleza Ham, "La extinci�n de la pobreza"#, y este hecho le atra�a muchos adeptos. Al momento de las elecciones obtuvo cinco millones de votos contra un mill�n y medio que obtuvo su adversario pol�tic, el general Cavaignac, quien era impopular entre los obreros. As� fue como Luis Napole�n, sobrino de Napol�on Bonaparte, se convirti� en presidente de Francia. La Constituci�n vigente en Francia solamente le conced�a al presidente un mandato de cuatro a�os, al t�rmno del cual no ser�a reelegible, por lo que Luis Napol�on deb�a retirarse en 1852. Pero el nuevo Presidente no estaba dispuesto a conservar tan s�lo cuatro a�os el poder que tanto trabajo le hab�a costado conquistar. Jug� sus cartas con habilidad; dej� actuar libremente a los conservadores en contra de los radicales, pero dio a entender al pueblo que sus simpat�as estaban con estos �ltimos, y permiti� que los primeros se hicieran impopulares. El 1� de diciembre de 1851, Luis Napol�on prepar� un golpe de estado, apoyado por su medio hermano, el duque de Morny (hijo ileg�timo de Hortensia y del conde August de Flahaut, hijo natural a su vez del pr�ncipe Talleyrand, ministro de Napole�n Bonaprte) Se pretend�a disolver la Asamblea Nacional y el pueblo deberpia escoger entre el Presidente y la Constituci�n cuyo fracaso era inminente. Se estableci� el sufragio universal, mediante el cual, el pueblo pod�a manifestar su volntad soberana. El pueblo franc�s acudi� denuevo a las urnas para elegir entre mantener en el poder a Luis Napol�on y elaborar una nueva Constituci�n o mantener la anterior. De ocho millones de votos, siete y medio se manifestaron a favor de Luis Napole�n. La nueva Constituci�n otorgaba a Luis Napole�n un mandato de diez a�os, el poder ejecutivo y el derecho exclusivo de promulgar leyes. En noviembre de ese a�o, el Senado propuso que se concediese al Presidente el t�tulo de Emperador hereditario, propuesta que fue sometida a voto popular. Nuevamente Luis Napol�on triunf� or mayor�a. El 2 de diciembre de 1852, Luis Napole�n se convert�a en Napole�n III, Emperador de los Franceses. |
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| La noticia del nuevo Imperio en Francia no fue bien recibida en las dem�s cortes europeas. Se tem�a que el nuevo Napole�n pudiese causar problemas al igual que lo hab�a hecho su t�o del mismo nombre. Adem�s, se le consideraba un advenedizo y su trono inestable, raz�n por lacual, cuando Napole�n III se dio a la tarea de uscar esposa entre las casas reales de Europa, sus peticiones fueron rechazadas en Asutria, Inglaterra y Prusia. Por los d�as en que Luis Napole�n era todav�a presidente de Francia, lleg� a Paris una dama espa�ola, de ascendencia escosesa, que no gozaba de muy buena reputaci�n. La dama en cuesti�n se llamaba Do�a Mar�a Manuela Kirkpatrick, y era viuda de Don Cipriano Guzm�n Palafox y Portocarrero, Conde de Teba y de Montijo, con quien hab�aa tenido dos hijas: Francisca y Eugenia. Do�a Mar�a Manuela era hija de un escoc�s de nombre William Kirkpatrick, quien habpia tenido una taberna en M�laga, a donde asist�a frecuentemente el conde de Montijo, feerviente partidario de Napole�n Bonaparte, en cuyo ej�rcito hab�a perdido el ojo derecho. La ambiciosa hija del escoc�s cautiv� al viejo conde y logr� casarse con �l. En enero de 1825 naci� Francisca y el 5 de mayo de 1826 naci� la segunda hioja del matrimonio, Eugenia. |
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| La Emperatriz Eugenia de Montijo | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Cuando el duque muri� en 1839, la condesa se traslad� con sus dos hijas, que hab�an sido educadas en el Sacre-Coeur de Par�s, a la ciudad de Madrid, en donde contrajo deudas y se dej� cortejar por una infinidad de admiradores, entre los que se encontraban el autor Pr�spero Merim� y el duqaue de Clarendon (con el que ten�a relaciones desde antes de enviudar y del que se lleg� a decir que era el verdadero padre de Eugenia, aunque esto es poco probable ya que Clarendon estaba en Par�s y Do�a Mar�a Manuela en Granada cuando la ni�a fue concebida; adem�s Eugenia ten�a el cabello rojo como el Conde de Montijo). Era tambi�n amigo y admirador de Do�a Mar�a Manuela, un joven mexicano llamado Jos� Manuel Hidalgo y Esnaurr�zar, del que se hablar� m�s adelante. A pesar de su mala reputaci�n, la Condesa de Montijo logr� que su hija mayor, Francisca, hiciera un buen matrimonio. Se cas� con el duque de Alba, no sin cierto despecho de su hermana menor, que estaba enamorada del duque. Pero Eugenia tendr�a oportunidad muy pronto de hacer un buen matrimoio. Estando en Par�s ella y su madre, en una visita en casa de la Princesa Matilde Bonaparte, les fue presentado el primo de la Princesa, el entonces presidente de Francia, Luis Napole�n, quien al d�a siguiente las invit� a almorzar. Luis Napol�on qued� prendado de la joven hija de la condesa de Montijo y se propuso conquistarla. Eugenia puso un poco de resistencia, pero al fin cedi� y el 29 de enero de 1853 contrajeron matrimonio en el palacio de las Tuller�as, un mes depu�s de que Luis Napole�n se convirtiera en Emperador. |
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| El matrimonio no fue feliz; Eugenia era nerviosa, inquieta, altanera y vengativa, adem�s de obsesivamente perfeccionista y sol�a gritarle a su mrido en p�blico. Napole�n III, por su parte, no se alteraba jam�s ante el car�cter explosivo de su esposa, sin emabrgo, no le guardaba fidelidad. A pesar de todo, Eugenia pronto qued� embarazada. Cuando dio a luz un var�n el 16 de marzo de 1856, napole�n qued� encantado, pues el nacimiento del Pr�ncipe Imperial Luis Napol�on, significaba la consolidaci�n de la dinast�a Bonaparte. A prncipios de 1856 hizo su aparici�n en la corte de Par�s, una hermosa mujer, florentina de nacimiento, llamada Virginia Oldioni, Condesa de Catsiglioni, cuya misi�n era seducir a Napole�n III, como agente del Itallianismo, movimiento para la unificaci�n de Italia, encabezado por el Rey V�ctor Manuel de Cerde�a y el Primer Ministro Camilo Cavour. La condesa deb�a persduadir a Napole�n de apoyar a los italianos para expulsar a los astriacos de la pen�nsula. Virginia Oldioni logr� entrar en la vida del Emperador y en unas cuantas semanas hizo que Napol�on la visitara noche tras noche, convirti�nose en su amante. |
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| Napole�n III, Eugenia y el Pr�ncpe Imperial | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Napole�n III se dej� seducir por la Condesa de Castiglioni, pero esperaba sacar alguna ventaja de la ayuda que pudiera prestar a Italia. El Rey V�ctor Manuel II y su ministro Camilo Cavour anhelaban la unidad Italiana desde hac�a mucho tiempo, querendo desde luego, que Cerde�a Piamonte quedara como cabeza del nuevo reino, y estaban muy interesados en obtener la ayuda de Napole�n, quien sab�a que si prestaba su ayuda para lograr la unidad, Cerde�a-Piamonte quedar�a en deuda con Francia. Adem�s el Emperador estaba interesado en casar a su primo Napol�on Jos�, apodado Plon-Plon (hijo de su t�o Jer�nimo Bonaparte) con la hija de V�ctor Manuel. Decidi� mandar al doctor Coneau a Cerde�a con la msi�n secreta de iniciar conversaciones con V�ctor Manuel y Cavour. Napole�n y cavour se entgrevistaron secretamient en Plombieres en julio de 1858, con el fin de llegar a un acuerdo. La idea era provocar a Austria a la guerra y entonces Francia enviar�a un ej�rcito para ayudar a Cerde�a Piamonte y expulsar a los austriacos de Lombard�a y Venecia, y de esta manera incorporar los territorios a Cerde�a. Tambi�n se incorporar�an los ducados de Toscana, Parma, M�dena y Luca y las provincias papales de Roma�a y Las Marcas. Napole�n recibir�a como pago la provicnia de Saboya y el condado de Niza, ambos, por el momento, en poder de Cerde�a. Recibir�a tambi�n la mono de la hija del rey para su primo Plon-Plon. Cerde�a-Pimaonte reforz� sus tropas en al frontera de Lombard�a. A Austria no le pareci� y mand� un ultim�tum exigiando a V�ctor Manuel el desarme. Cerde�a rechaz� el utlim�tum. Francia, por su parte, advirti� a los austriacos que si invad�an Cerde�a, los frances tendr�an que intervenir. Austria hizo caso omiso y moviliz� sus tropas. Napole�n III march� a Italia al frente de sus tropas, dejando a Eugenia como regente. El 4 de junio, el ej�rcito austriaco se enfrent� a las tropas francesas en al ciudad de Magenta. Fue una batalla implacable y sangrienta que termin� con una p�rdida de seis mil hombres para Austria y cuatro mil quinietnos para Francia. Magenta cay� en manos de los franceses hacia las seis de la tarde de aquel caluroso d�a. Los piamonteses, para disgusto de Napol�on, no participaron en esa batalla. El Emperador, nervioso desde su tienda, fumando cigarro tras cigarro, observaba a los heridos y murmuraba: "Esto se pone mal,muy mal" Los austriacos se retiraron hacia su suguiente linea de defensa y el 8 de junio Napol�on y V�ctor Manuel entraron triunfantes en Mil�n. Los austriacos no se deron por vencidos y el 24 de junio los ej�rcitos volvieron a enfrentarse , esa vez en la aldea monta�osa de Solferino. Los austriacos ocupaban las tierras altas. Nuevmanete fue una tremenda carnicer�a y ambos ej�rcitos sufrieron grandes bajas. Napol�on s�lo acertaba a decir: "Pobre pueblo, pobre gente. �Que terrible es la guerra! Para media tarde, los franceses hab�an tomado ya las tierras altas de Solferino. Una hora despu�s los austriacos comenzaron a retirarse, dejando en el campo de batalla alrededor de 23,000 muertos frente a doce mil bajas francesas y quinietos cincuenta piamontesas. Napole�n, con los nervios destrozados, decidi� que hab�a que terminar la guerra a como diera lugar. El pretexto le lleg� cuando recibi� noticias de Eugenia, inform�ndole que el ej�rcito prusiano se estaba concentrando en el Rhin, quiz� con la intenci�n de atacar Francia y salvar a Austria de una total derrota en Italia. Era apremiante que el ej�rcto regresara a Francia para evitar el posible ataque prusiano. Hab�a que terminar la guerra. Napole�n estableci�n contacto con el Emperador de Austria, Francisco Jos�, y suguiri� firmar un tratado que pusiese fin a las hostilidades. Ambos monarcas se reunieron en Villafranca. Las condicones fueron desfavorables para Austria, ya que eran los perdedores, y tendr�a que ceder Lombard�a a Cerde�a Piamonte; Venecia seguir�a permaneciendo bajo soberan�a austriaca, con cierta autonom�a local, pero se incorporar�a a la Confeeraci�n Italiana. Los pr�ncipe Habsburgo que gobernaban en Parma, Luca, M�dena y Toscana, quienes hab�an hu�do, recuperaron sus tronos, pero quedaron unidos a la Confederaci�n. Cierto d�a del verano de 1857, Eugenia de Montijo sali� de Biarritz a Bayona con el prop�sito de asistir a una corrida de toros. En la calle vio a un hombre que le salud� cort�smente, alz�ndose el sombrero. Le pareci� reconocer a un antiguo amigo de su madre, el mexicano Jos� Manuel Hidalgo y Esnaurr�zar. La Emperatriz orden� detener el carruaje para saludar a su antiguo conocido, y lo incit� a visitarla en su yate al d�a siguiente. Eugenia encontr� a Hidalgo tan encantador que a partir de entonces el mexicano se convirti� en un asiduo visitante de las Tuller�as, Saint Cloud, Biarrtiz o cualquier lugar donde la Emperatriz se encontrara. Hidalgo, nacido en 1826, pertenec�a a una familia espa�ola originaria de Andaluc�a. Su padre hab�a sido coronel del ej�rcito realista al mando de Agust�n de Iturbide, que luch� contra los partidarios de la Independencia de M�xico. A pesar de su apellido, no ten�a nada que ver con el cura Hidalgo, iniciador del movimiento independentista mexicano. El coronel se pas� al lado de Iturbide cuando �ste se uni� a los insurgente para consumar la Independencia y nombrarse emperador. Cuando Iturbide cay�, el coronel permaneci� en M�xico en dodne se hizo de algunos bienes. Su hijo Jos� Manuel sirvi� en la Guardia Nacional en 1847 durante la guerra contra Estados Unidos. Despu�s, gracias a ciertas influencias fue enviado como secretario de legaci�n a Londres y tambi�n a Roma en donde conoci� al Papa P�o IX y se hizo acreedor de su simpat�a. Era Jos� Manuel Hidalgo un joven atractivo y delgado, elegante y de trato agardable, que cuando encontr� a Eugenia en Biarritz ten�a treinta y un a�os. En 1854, Hidalgo hab�a recibido la �rden del gobierno mexicano de trasladarse de Londres a Washington como primer secretario de la Embajada, cuando repentinamente recibi� el nombramiento para el mismo cargo en Madrid y una carta secreta del ministro de Relaciones Exeriores de M�xico, con la orden de ayudar a un tal Jos� Mar�a Guti�rrez de Estrada, en las gestiones que �ste tuviera que realizar en Madrid. Era este Guti�rrez de Estrada, un mexicano expatriado, partidario de establecer un r�gimen mon�rquico en M�xico para acabar con la anrqu�a que en este pa�s imperaba. En 1840 hab�a p�blicado un folleto con tendencias netamente mon�rquicas titulado "Cartas al Excelent�simo Se�or Presidente de la Rep�blica" en donde propon�a el sistema mon�rquico como medida para acabar con la anarqu�a que se hab�a "entronizado en M�xico a la sombra de la Rep�blica". La reacci�n que provoc� dicho folleto en el pa�s, lo hizo emigrar a Europa, por donde anduvo rondando en todas las cortes promoviendo sus ideas de establecer la moanrqu�a en M�xico, con un pr�ncipe europeo a la cabeza. En 1854, Guti�rrez de Estrada recibi� noticias de M�xico. El general Antonio L�pez de Santa Anna.que se hab�a convertido en dictador, se hab�a dado cuenta que no pod�a mantanerse por m�s tiempo en el poder sin alguna ayuda exterior. Concibi� la idea de establecer en M�xico una monarqu�a, con un pr�ncipe europeo al que, ignorante de los asuntos mexicanos, le fuera indispensable mantener a Santa Anna a su lado. El dictador se acord� del mon�rquico Guti�rrez de Estrada y le escribi� le 1 de julio de 1854, concedi�ndole plenos poderes para gestionar en Europa lo que el expatriado anhelaba desde hac�a a�os: el establecimiento de una monarqupia en su pa�s. Guti�rres de Estrada necesitaba un ayudante para llevar a cabo su misi�n, ahora oficialmente reconocida. Eligi� a Jos� Manuel Hidalgo, y por intervenci�n suya, HIdalgo recibi� la �ren de trsaladarse a Madrid. Ambos mexicanos comenzaron sus gestiones en Espa�a, ya que en esta pa�s, aun no se consolaban por la p�rdida de su hermosa colonia. Trataron en vano de entusiasmar con el proyecto a la Reina Isabel II y al presidente del Consejo, el conde de San Luis. Un a�o despu�s, Santa Anna fue derrocado del gobierno mexicano y Guti�rrez de Estrada e Hidalgo se quedaron sin apoyo oficial, perdiendo incluso �ste �ltimo su puesto diplom�tico, ya que el nuevo gobierno, al mando de Ignacio Comonfort, era liberal. Sin embargo, los dos mexicanos siguieron adelante con sus gestiones mon�rquicas. Poco despu�s, deconociendo las gestiones mon�rquicas de Hidalgo, el presidente Comonfort lo nombr� encargado de negocios en Madrid. En 1857, se rompieron relaciones diplomp�ticas entre M�xico y Espa�a y los representantes del gobierno mexicano en Madrid tuvieron que retirarse a Par�s. Fue en estos momentos cuando Hidalgo se encontr� con Eugenia y tuvo la idea de exponerle la triste situacion de su pa�s y sus ideas mon�rquicas. Eugenia, por su parte, encontr� en la compa��a y las cahrl�as de Hidalgo, un consuelo al constante abandono en que la ten�a Napole�n. Escuchaba con horror acerca delas atrocidades que le relataba el mexicano, sobre la vida en el Mexico repubicano. Le hablaba sobre la penosa situacipon de la Iglesia, cuyos buenes hab�an sido confiscados por el gobierno liberal y le hizo ver que si Francia apoyaba la idea dena monarqupia mexicana, ella Eugenia, se convertir�a enuna segunda Isabel la Cat�lica. Adem�s estaba el amenazante peligro de los Estados Unidos , bajo cuya influencia caer�a Mexico si Francia no le ayudaba. Eugenia se entusiasm� y decidi� hablar al Emperador del proyecto de Hidalgo. En 1858, Jos� Hidalgo, invirtado por Eugenia a Compiegne, tuvo la oporutnidad de hablarle de M�xico personalmente a Napol�on III, quien no se mostr� desinteresado. |
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| Continuar� | ||||||||||||||||||||||||||||||||||