¿CÓMO SE LLEGA A SER SANTO?
Veneración a los santos y a sus reliquias
La práctica de celebrar la liturgia sobre las tumbas de los mártires en las catacumbas de Roma, fue instituida por el Papa San Félix en el año 269.
En Africa del Norte, desde el siglo IV, las reliquias de los mártires eran objeto de culto privado, los fieles las llevaban sobre sí, encerradas en relicarios o en cajas de hierro.
En el siglo VI, los Papas decidieron que debían incluirse restos de mártires en los altares destinados a la celebración de la misa, en la llamada piedra de ara.

Las iglesias de Occidente enviaban a Roma peregrinos entre los siglos VI y IX, para que adquirieran huesos de mártires sepultados en las catacumbas.
En la época de la Contrarreforma, la Santa Sede se inclinó a “depurar” el santoral, cuando se encontraron actas apócrifas o dudosas, santos cuya existencia histórica no estaba comprobada y hechos controvertidos y disputados.
El 10 de mayo de 1969, Pablo VI, hizo una exclusión de 33 santos que nunca se comprobó que existieran, y que no deben ser nombrados en oraciones especiales en sus fiestas, fueron además borrados del catálogo oficial y del calendario litúrgico.
En el pontificado de Juan Pablo II ha proclamado más beatos, que en cuatro siglos todos sus predecesores juntos; y ha canonizado a más santos, de todos los que se contaban desde el siglo XVI.
El promedio de espera de la mayoría de los santos proclamados bajo el pontificado de Juan Pablo II es de 300 a 400 años. Los beatos elevados a este rango en este mismo periodo no han pasado de 50 a 100 años.
En conjunto los Papas venerados como santos por la Iglesia son ochenta, muchos de los cuales fueron martirizados en los primeros cuatro siglos del cristianismo; de éstos solo tres fueron canonizados después de un proceso: Celestino V, Pío V y Pío X. Los Pontífices beatos son en cambio ocho, incluyendo a los dos últimos: Pío IX y Juan XXIII.
En la actualidad hay pendientes cerca de 2000 procesos de beatificación y canonización en la Congregación para la Causa de los Santos.
La corona (o semicírculo) que se les coloca en las imágenes y cuadros en la cabeza de los santos recibe el nombre de nimbo. En el siglo V empezó a usarse para los ángeles, y en el siglo VII aparece sobre la cabeza de los apóstoles, evangelistas, y santos; generalizándose la costumbre.
Durante el siglo I el Papa Clemente I ordenó que siete notarios escribieran todo lo referente al martirio de los cristianos.
Desde el siglo XVII, los “Acta Sanctorum” reúnen una serie de documentos en los que se relatan por épocas, las anécdotas y testimonios de todos aquellos que son canonizados por la iglesia Católica.
La devoción a San José empezó sólo a partir del siglo XI y lentamente se fue extendiendo. El Papa Gregorio V, en 1621, decretó la fiesta de San José, esposo de la Virgen María para el día 19 de marzo. Posteriormente, Pío IX, en 1847, lo declaró patrono de la Iglesia Católica. En 1898, León XIII, aprobó y permitió repartir los escapularios de San José. Ya en 1909 la Santa Congregación de Ritos, formuló las letanías para que fueran rezadas por los creyentes; en 1917, Benedicto XV lo llamó como el “patrono de la buena muerte”. Pío XII, en 1955, agregó la celebración del 1 de mayo a San José obrero. Juan XXIII resaltó más su culto al colocar su nombre en el canon (parte central de la misa), y también lo nombró custodio del concilio Vaticano II (1962-1965)
El día de la fiesta de todos los Santos, nació en las catacumbas de Roma, al honrar de forma general a muchos mártires que en tiempos de Diocleciano fueron inmolados. Este día comenzó a celebrase en el siglo IV, en Antioquía se realizaba una fiesta para todos los mártires el primer domingo después de Pentecostés. El Papa Bonifacio IV en el siglo VII, estableció la fecha el 13 de mayo, día que También se celebraba del panteón a la Virgen y a todos los mártires; durante la misa se dejaban caer los pétalos de rosas rojas en forma de lluvia como señal de júbilo y esperanza. Posteriormente, El Papa Gregorio IV, fue quien después de trasladar gran número de mártires desde las catacumbas a un panteón Romano, lo denominó Iglesia de Santa María de los Mártires, y consagró su fiesta el primero de noviembre del año 835. Esta fecha fue escogida, por coincidir con la terminación de la cosecha, cuando no faltarían los víveres para la gran muchedumbre que ese día se reunía. Hoy se honra en ella a todos los ángeles y santos

Santa Clara de Asís, fue proclamada la patrona de la televisión por el Papa Pío XII, debido a su facultad de ver cosas desde otros lugares (clarividente).
Hay varios candidatos en la Santa Sede para ocupar este mismo lugar en el Internet, los más opcionales son:
a. San Isidoro de Sevilla, un estudioso sacerdote español, del siglo VII, a quien se le atribuye haber escrito la primera enciclopedia del mundo; una colección de 20 volúmenes de diferentes temas.
b. San Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano polaco, y destacado periodista, creó varias imprentas y periódicos católicos en el siglo XX.
c. El Arcángel San Gabriel, mensajero de Dios en la Tierra, y patrono de las telecomunicaciones.
d. Santo Tomás de Aquino, consagrado escritor dominico de la Edad Media.

Los santos(as) llamados “místicos” que tuvieron dones o privilegios especiales, tales como: revelaciones particulares, profecías, glossolalia (don de lenguas) o xenoglosia (hablar en lenguas extranjeras); estigmas, visiones y sueños de Jesús, María, los ángeles u otro santo; bilocación (estar en dos lugares al mismo tiempo), clarividencia, levitación (levantarse del suelo) y demás; no merecen un trato especial cuando se estudia sus casos para ser elevado a los altares de la Iglesia.
Hay que aclarar que ningún santo(a) incluyendo a la virgen María pueden hacer un milagro.
Fotos: www.oremosjuntos.com/reliquias
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