Las semillas de la yerba mate se plantan en almácigos, donde permanecerán hasta que la altura de 7 cm permita a las plántulas migrar hacia el vivero. Allí deberán madurar por un lapso de tiempo de entre 9 y 12 meses antes de ser plantadas en su sitio definitivo. Una vez en la tierra, la planta es protegida mediante pantallas de las inclemencias del tiempo durante unos 4 años. Entonces estará lista para ser aprovechada. La cosecha consiste en cortar las hojas de la planta y se realiza a mano. Una vez cosechada, la yerba se somete a tres operaciones: sapecado, secado y canchado. El sapecado consiste en exponer las hojas al calor para destruir fermentos y evitar su oxidación y pérdida de color. En este proceso la yerba pierde el 20% de su peso. El proceso de secado se realiza por medio de corrientes de aire indirectas, con lo que nuevamente se reduce el peso, en un tercio aproximadamente. El último paso es el canchado, que consiste en triturar las hojas. De allí se pasa a un proceso de selección y se embolsa la yerba. La yerba mate embolsada debe estacionarse durante 9 meses para que adquiera sabor y cuerpo. Recién entonces se efectúa la molienda y la mezcla para dar a cada marca su sabor característico. El último paso es su empaque y comercialización. |
Plantas de yerba mate en el vivero
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