Crónicas de los Uktena
En las noches más oscuras donde ni Selene podía iluminar nuestras siluetas,
aullidos sonaban como cánticos de guerra ordenando nuestras tropas para la
batalla. Únicamente cuando nuestras luchas contra el Wyrm eran mas duras, vimos
aparecer a alguno de ellos. Con la previa divisa de cinco, todo el mundo excepto
yo, sabia que el combate iba a ser duro. Tras mi larga infancia, muy superior a
la de cualquiera de mis hermanos, ya había conseguido la constitución de un
adulto y por fin podría asistir a una de las numerosos combates desarrollados
en Kam. Kam nuestro bosque, muchas veces era presa de las garras de unas
criaturas malignas que querían apropiarse de nuestras casas.
El lobo chaman y el mas sabio, y también mi abuelo, nos explicaba que la
destrucción no era culpa de los humanos (esas criaturas malignas), sino de unos
espíritus que corrompían hasta la última gota de su sangre y nos prohibía la
aniquilación descontrolada de estos. Pero esta vez era distinto , unos
monstruos verdes cargados de maldad cubrían la retaguardia de los humanos, la
sangre estalló deprisa y bajo el estruendo de los humanos al huir con sus
bestias mecánicas perseguidas por los dientes de lobeznos, unas pezuñas vedes
y deformes, mas grandes que las de los osos, empezaron a crear bajas en nuestro
bando.
Fue entonces cuando descendieron Ellos por primera vez de la colina, rumores corrían
de que Ellos eran los guardianes de Gaia (la naturaleza) también llamados
Garou, todo lo conocido al respecto era fruto de las leyendas, como su danza de
sueño eterno. Palabras de bendición salían de la retaguardia así como
criaturas de pesadilla que se unían a nuestras fuerzas. Pero el instinto me
mostraba que no todo seria tan fácil. Cuando las tropas enemigas ya parecían
totalmente destruidas, de la sangre verde desprendida por los monstruos enemigos
no-humanos, surgió una descomunal forma metamórfica que acabó uno a uno con
todos los Garou, muchos lobos se dieron a la huida pero un instinto irredimible
me hizo acercarme a lo que antes había sido nuestra vanguardia para ver al
moribundo guerrero que mas pelea había dado a la criatura del Wyrm.
Sus palabras aunque pastosa resultaron claras y ya en el primer momento reconocí
su aullido, estaba hablando con el lobezno chaman de la manada, mi abuelo. Me
ordenó que huyera, en los últimos suspiros me susurró que en mi figura se albergaban
los grandes héroes de antaño y que mi espíritu era tan puro como el de todos
ellos. Murió en un charco creado por su propia sangre como todos los otros. Las
lagrimas nublaban mi juicio pero no mi vista, aunque dañado la enorme bestia
hubiera sido claramente superior para cualquier espectador, para mi simplemente
era una bestia mas, cegado por la rabia vi que empezaba a crecer, algunos
afirman que una aura roja desprendía mi cuerpo, supongo que será parte de
leyenda, lo que si es cierto es que toda mi furia estalló una y otra vez en el
cuerpo de ese Horror que cayó una y otra vez impotente ante mi fuerza
in-lupinas, en el momento del golpe de gracia mis fuerzas decayeron, demasiada
tensión para un novato que soñaba con luchas.
Caí desplomado al suelo y solo después supe lo que pasó, Desperté en manos
de esos Garou, después de esa batalla era uno de ellos, ahora soy lo que antaño
fue mi abuelo. Mi hermano no ha tenido la misma suerte (el único que quedó
tras la devastadora guerra) Pero su valor fue superior al de cualquier otro, en
vez de huir como los demás lobos cuando se dieron mal dadas, se quedo mirando
impotente mi duelo contra la criatura del sub-mundo y después de mi decadencia
de fuerza, antes de que la criatura pudiera levantar, arrastró conmigo buscando
el amparo de alguien hasta encontrar los Hijos de Gaia.
Habiendo muerto el jefe de manda mi hermano ha conseguido el cargo con orgullo
aunque con pena por las almas perdidas, yo aún le debo mi vida y llegada la
hora del rito de iniciación, juro solemnemente defender a el y a su tribu,
vengar a mi abuelo y ayudar a Gaia hasta el fin de los días... el Apocalipsis
Crónicas
de los Uktena
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