|
|
|
SARA SEFCHOVICH Editorial de El Universal Jueves
26 de diciembre de 2002
Primera sección
TERMINA UN AÑO más en el calendario. Es una buena época para
hacer recuentos y por eso están a la orden del día, para la economía, para la
cultura, para la política. En mi revisión personal, lo que define al año que
pasó es el incremento exponencial en la capacidad de mentir de nuestras
personalidades públicas. En un desplegado aparecido en un diario capitalino,
el eminente abogado Ignacio Burgoa reclama al jefe de gobierno Andrés Manuel
López Obrador por asegurar que no está construyendo un distribuidor vial.
¿Cómo es posible decir eso si todos los ciudadanos lo vemos? En sus
declaraciones, la señora Marta Sahagún de Fox afirma que el gobierno que
encabeza su marido ha dejado atrás las políticas asistencialistas y
paternalistas pero al mismo tiempo monta una enorme ONG que es precisamente
eso, asistencialista y maternalista. Desde el Presidente de la República y
sus colaboradores hasta los diputados e incluso los académicos cobran sueldos
nominales que son mucho menores de lo que realmente reciben como pago por su
trabajo, porque todo lo demás (que es la mayor parte) se les paga bajo otros
rubros, llamados compensaciones, bonos, etcétera. Todo con tal de ocultar la
verdad sobre sus gigantescas ganancias, porque de otra manera no se explica
uno que cobrando lo poco que cobran, puedan construir y mantener mansiones y
adquirir autos y joyas y viajes. Los escritores y artistas de más fama en el
país se la pasan declarando que son independientes del poder porque este
corrompe y limita, pero no sólo están alegremente presentes en todos los
actos gubernamentales sino que corren sin falta a las cenas a las que los
convidan los políticos. El gobierno asegura que va a devolver el dinero que
los ciudadanos cumplidos pagamos por el Renave o lo que pagamos de más en
impuestos a la Secretaría de Hacienda, pero no se reciben jamás esos pagos y
nadie investiga eso que ya se puede calificar de fraude. El gobierno presenta
ante el mundo cifras magníficas de crecimiento económico cuando el país se
está cayendo a pedazos, el campo es un desastre total, la pequeña y mediana
industria y comercio se han ido al caño por las políticas públicas
equivocadas y los dueños de las empresas prefieren parar sus fábricas y
prestar su dinero a réditos, porque eso les garantiza ganancias sin
problemas. Sólo en un país sin ley y si autoridad podemos ver lo que cobran
estas personas, porcentajes que avergonzarían a los usureros más avezados, y
no contentos con eso, obligan a los deudores a firmar un contrato en el que
renuncian a sus derechos ciudadanos, esos mismos que nuestras eminentes leyes
consideran como absolutamente irrenunciables. Las autoridades anuncian
millones de pesos destinados a la protección al campo o al apoyo a la ciencia
y la cultura, nada de lo cual es cierto, son puros juegos retóricos y trampas
con los números. Sin duda la mentira que más escandaliza es la que tiene que
ver con las cifras de supuesta disminución de la delincuencia cuando todos
sufrimos en carne propia lo contrario. Y sin duda la mentira que más risa da
es cuando nos aseguran que no permitirán desórdenes sociales, cuando estamos
viendo que diariamente los hay y que en el país entero se pueden tomar
carreteras, calles y edificios generando terribles problemas sociales y
pérdidas económicas sin que nadie lo contenga. En México siempre se han creado
instituciones y leyes que aseguran proteger a los derechos humanos o a la
gente pobre o a los jóvenes, pero nada de eso es verdad. Un ejemplo basta: ¿dónde están las construcciones que
según los directivos del deporte del IMSS se hicieron en los últimos años? ¿cómo es posible que informen lo que
no existe, siendo eso algo tan visible y tangible? Sólo en un país como este
se pone con bombo y platillos toda una Secretaría de Estado para combatir la
corrupción, que luego no se atreve a entrarle en serio contra los poderosos o
se elige a un presidente para dirigir la República que luego dice que el
asunto de la inseguridad en la capital no le corresponde. Y suma y sigue: la ley obliga a
pagar aguinaldos y muchísimos empresarios no cumplen con eso o los pagan en
especie, como si fuera tienda de raya de la época porfiriana. Existen leyes
como la de Justicia Cívica que impide hacer demasiado ruido, pero nadie logra
que la respete el vecino del taller mecánico que pone el radio a todo volumen
día y noche o el dueño de un jardín que sábado tras sábado lo renta para
fiestas o quienes convierten las calles en antros. Hay una ley que prohíbe quemar
basura, otra que impide poner negocios en la vía pública, y muchas más que
son pura palabra vacía. ¿De qué se trata? De la
esquizofrenia total: vivimos en una cultura en la que lo que se dice no tiene
nada que ver con lo que se hace. Todo es engaño, ocultamiento, doble moral,
mentira. Pero nos hemos acostumbrado tanto que ya ni lo notamos, por eso las
actricitas de televisión aseguran que nunca beben alcohol y los predicadores
de la humildad tienen casas de fin de semana. A los mexicanos ya nada nos
sorprende. Así que ahora cuando se ha puesto de moda hablar de la
transparencia, sabemos que es otra vez una burocracia carísima y nada más.
Sería más fácil que simplemente se dijera la verdad y se llamara a las cosas
por su nombre, por ejemplo que no se le diga "el gobierno del
cambio" al que no lo es, ni feliz Navidad a una época que lejos está de
ser de paz, amor y felicidad para todos. FUENTE: El Universal |