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JOSÉ
STEINSLEGER El dictamen viene de arriba: no hay alternativa. "Y de
haberla -añaden bajito los modernos- nos ocuparemos de que no la haya."
Que la añeja y vetusta noción de "patria" sea erradicada del
lenguaje. Que no exista más. ¿Creías que la patria tenía un valor?
La patria, es decir el mercado, ya no tiene valor. El mercado, es decir la
patria, tiene precio: a la una, a las dos... ¿quién da más? Las cosas tienen precio cuando dejan de tener valor. Tu madre
te dejó un relicario de oro a condición de que siempre lo conserves en tu
poder. Pero como no supiste o no pudiste transmitir a tu hijo que la prenda
encerraba una memoria y un sentimiento, un pensamiento y una conciencia, se
rehusó a estimar el valor que le dabas y tasó el precio del oro. Así con la
patria. En 1989 la empresa Lund International Inc. solicitó al
gobierno de Puerto Príncipe permiso para alquilar La Tortuga, isla de 198
kilómetros frente a la costa norte de Haití, para convertirla en paraíso
tropical y otras partes del territorio para "industrias"
(maquiladoras). Ambos, la isla y los territorios, formarían parte de la
República de La Tortue, con leyes propias, ciudadanos y bandera y todos los
adelantos de la modernidad. La corporación ofreció al Estado haitiano 250 millones de
dólares y planeaba invertir entre 14 mil y 20 mil millones en la construcción
de casas y hoteles de lujo, campos de golf, fábricas farmacéuticas, plantas
eléctricas, hospitales, autopistas y un aeropuerto internacional. En Haití Progrés, Norman Lund aclaró que los haitianos que
viven en la isla no serían ciudadanos del nuevo país: "...estarían allí
con permisos de trabajo". Felizmente valores "premodernos",
como la conciencia nacional y de indignación de un pueblo pobre, pionero de
las causas libertarias de América y atrasado en el mundo como pocos, fueron
superiores al precio ofrecido por la empresa. ¿Es que los haitianos se oponían a la "globalización"
y a un proyecto benéfico para su patria? A esta conclusión arribaría
cualquier vendedor de pizza empeñado en confundir pan con tulipanes y creído
de que la impotencia de los países en el conventillo global depende de
"...súbitos desamores financieros". La razón es más simple: los haitianos rechazaron la oferta
porque a más de verse obligados a vender parte de su patria debían visitarla
"...con pasaporte o un permiso de trabajo". Es decir, como mano de
obra barata de Lund y en calidad de súbditos del extranjero. Pero tales aspectos son los que justamente tienen sin cuidado
a charlatanes como David DeRosa, quien podrá ser un "prestigiado
profesor de Yale" pero también de quienes ahora nos dicen que
"...los desastres se hacen en casa" (Ugo Pipitone, "Bulbos de
tulipán", La Jornada, 28/05/02). ¡Como si estos desastres no fuesen impuestos por el FMI y el
Banco Mundial, y estimulados a los agentes criollos que responden al crimen
organizado de los mercados financieros, la Casa Blanca y el Pentágono,
interesados, en el caso de La Tortue, en instalar una base militar en el
canal de aguas profundas entre Cuba y Haití! Actualmente Argentina es el camino: deuda por territorio.
"It' time for change" (es hora del cambio), sugería un aviso de una
ignota Unión Patriótica 2003, escrito en inglés y publicado en enero pasado
en el diario Buenos Aires Herald ([email protected]).
"Es tiempo de que la humildad (sic) remplace al nacionalismo." El aviso ponía como ejemplo a la generación de argentinos que
hace 130 años unificó a las provincias constitutivas del Estado moderno.
"Para atraer nuevos inversores e 'inmigrantes educados' " (leáse
blancos pero no pobres). "La Argentina debe encabezar una 'Unión Americana' con el
estatus de protectorado (sic). Después de un periodo inicial de 25 años el
país podrá renovar el contrato, volver a su situación anterior o aspirar a
convertirse en un Estado más de su protector. Una pérdida de soberanía
temporaria es preferible a un futuro económicamente inmovilizado." El desplegado propuso que Argentina entregue
"temporariamente" su soberanía a Estados Unidos para salir de la
crisis económica. Dos meses después otro par de "genios", Rudiger
Dornsbusch y Ricardo Caballero, economista chileno del Massachusetts
Institute of Technology (MIT), publicaron el artículo "Argentina: un
plan de rescate que funcionaría", en el que estipulan que el país
rioplatense tiene que "renunciar a la soberanía sobre todos los aspectos
financieros, monetarios, fiscales, regulatorios y de gerencia por un periodo
extendido". El tuyo es un hijo moderno y "progresista": da
precio a lo que no tiene valor y da valor a lo que debería merecer mucho
precio. Por eso estima lo que debería darle vergüenza. La honra, la justicia,
los principios eran tus motivos de tu valor. Para él, todo esto tiene un
precio. Así con la patria. Nuestras patrias anegadas en océanos de... (siga
usted) que nuestros hijos recibirán de herencia. FUENTE: La Jornada |