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Rubén Hernández Grupo Reforma |
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En los años 20 la cerveza le ganó terreno a este fermentado
debido a una campaña de desprestigio Ciudad de México (18 septiembre 2003).- A la llegada del siglo
20 era común encontrar en la Ciudad de México y en los pueblos aledaños las
tradicionales pulquerías, casi siempre pintadas con murales de autores
anónimos y con el piso cubierto de aserrín o con tierra apisonada, ya que uno
de los rituales de los bebedores era derramar un poco del fermentado en honor
de los muertos. Hasta la década de los 20, el pulque de Apan, Hidalgo, era
sumamente elogiado y requerido en las mesas de los políticos y militares
triunfadores de la Revolución, e incluso en las de antiguas familias
porfirianas. El tren llegaba cada mañana a la Ciudad de México con pulque
fresco, dispuesto para saciar el gusto de las distintas clases sociales. El investigador Mario Ramírez Rancaño, del Instituto de
Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM y autor del libro Ignacio Torres
Adalid y la Industria Pulquera, asegura que es una pena que el pulque se haya
eliminado de la dieta de los mexicanos. Explica que prácticamente a partir de los años 20 y en
especial durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), se lanzaron
campañas antialcohólicas, subrayando su condición inmunda, catalogándolo
asimismo como una bebida de las clases menesterosas. Fue precisamente en esta década cuando las compañías
cerveceras comenzaron a cobrar auge al absorber en los bares y las cantinas
el costo de las botanas, servidas a los clientes a cambio del consumo de al
menos una cerveza, cotizada entonces en 20 centavos. Se calificó al pulque de "embrutecedor",
"antihigiénico" y "causa de degeneración"; mientras que
se anunciaba la cerveza como una "bebida familiar",
"rigurosamente higiénica" y "moderna". Se incitó a tomarla con fines "alimenticios" y
"terapéuticos", como "diurético", para aumentar la
presión sanguínea, estimular la circulación, lavar el riñón e ideal para las
mujeres en periodo de lactancia. Pero el pulque siempre fue parte de la dieta básica de los
mexicanos y elogiado por su valor alimenticio, en combinación con la trilogía
nacional del maíz, el chile y el fríjol. Incluso, el barón Alexander von
Humboldt, resaltaba esta combinación que a su entender había mantenido a los
indígenas mexicanos con perfecta salud. Debby Blachman Braun, ingeniera en alimentos, comenta que hay
que ponderar su valor nutricional que por décadas ha sido menospreciado ante
el embate de nuevas modas en bebidas y alimentos. "Por cada 100 gramos se obtienen 43 calorías, 4 gramos de
proteínas y 6.1 gramos de carbohidratos. No contiene grasa, ni fibra y mucho
menos colesterol", explica. Un estudio realizado en una comunidad indígena, con una dieta
basada en el maíz y en la que el pulque es una bebida habitual, se encontró
que su presencia moderada en la dieta materna, tuvo una correlación positiva
con la condición del niño al nacer, probablemente por la energía o el
contenido de vitamina C o de complejo B en el pulque. "A pesar de su escaso contenido de proteínas, al poseer
mucho triptofano, aminoácido necesario para el crecimiento normal en los
bebés y el balance de nitrógeno en los adultos, podría ser un buen
complemento del maíz, que es muy pobre en este elemento. "Por otra parte, se ha mencionado que el triptofano es
muy importante para el desarrollo cerebral dado que es un antecedente químico
de varias neurohormonas", destaca el ensayo "Nutrición y Desarrollo
Psicomotor durante los Primeros Seis Meses de Vida", publicado por un
grupo de investigadores mexicanos en la revista especializada Salud Pública. El mito de la muñeca La campaña de desprestigio iniciada en los 20 contra el
pulque, dice Ramírez Rancaño, rindió frutos, marcando la caída paulatina de
la industria pulquera, que tocó fondo en los 70. Antonio Rivas, productor de la zona de Apan, Hidalgo, subraya
que a lo largo de los años se han alimentado mitos que sólo han conseguido
deprimir aún más la industria y favorecer la imagen de insalubridad que rodea
a la bebida. "Uno de los más conocidos es el de la famosa 'muñeca'; es
decir, la presencia de heces fecales con el propósito de favorecer la
fermentación. El hecho de que la gente crea esta historia es precisamente a
raíz de la falta de conocimiento que existe sobre la preparación. "El proceso debe ser muy higiénico. Al tinacal deben
entrar sólo las personas indispensables y para manejar el pulque es
importante andar limpio desde las manos hasta la ropa, sin elementos
contaminantes. Incluso los barriles se tienen que lavar cada dos días, ya que
pueden darse severos problemas con la fermentación", destaca Rivas. Añade que un problema más grave es la adulteración en la etapa
de distribución y venta, lo que además de poner en riesgo la salud de los
consumidores, perjudica más a la industria. Son pura picardía Los famosos curados; pulque y frutas o verduras, siguen siendo
uno de los principales atractivos de las pulquerías. Hay de apio, avena y cacahuate; de guayaba, jerez, jitomate y
limón, y más imaginativos con ostión, o los pico de gallo, con chile verde,
cilantro, cebolla, naranja, sal y azúcar. El lapú o charape es el hecho con tepache. El antiquísimo
sangre de conejo o Isabel dormida, está preparado con tuna roja. |
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Fuente: Periódico Reforma de Grupo Reforma |