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En 1592 fray Diego de la Magdalena, que acompañaba al capitán Caldera,
logró reunir a algunos indígenas guachichiles en un lugar cercano a una zona
de manantiales, aspecto que se ha considerado como un asentamiento primitivo,
ya que en el mismo año, en el cerro de San Pedro, fueron descubiertos
yacimientos minerales por Francisco Franco, guardián del convento de
Mexquitic, Gregorio de León, Juan de la Torre y Pedro de Anda. Este último
dio al sitio el nombre de San Pedro del Potosí. Por la falta de agua, los
mineros volvieron al valle y reubicaron a los indios que lo ocupaban,
llamándolo entonces San Luis Minas del Potosí. El capitán Caldera y Juan de Oñate legalizaron la fundación el 1592.
El título de ciudad le fue concedido en 1656 por el virrey duque de
Albuquerque, aunque fue confirmado por el rey Felipe IV hasta dos años
después. La traza urbana respondió al esquema reticular del tipo de tablero
de ajedrez, ya que al estar instalado en el llano, no presentaba dificultad
para ejecutarlo, por lo que se dispuso la plaza principal a cuyos lados se
levantarían la Catedral y las casas reales, inicialmente rodeada por doce
manzanas. Al norte de la plaza se observa la casa más antigua de la ciudad, que
perteneció al alférez don Manuel de la Gándara, tío de la única virreina
mexicana, con un bello patio interior de típico sabor colonial. Al oriente se
ubica el edificio que aloja al Palacio de Gobierno; aunque éste es de estilo
neoclásico, posiblemente de los primeros años, se levanta en donde estuviera
el Palacio Consistorial del siglo XVIII. En contra esquina de este inmueble
se localiza la plaza Fundadores o plazuela de la Compañía y en su costado
norte la actual Universidad Potosina, que fuera el antiguo colegio de
jesuitas construido en 1653, aún mostrando su sencilla portada barroca y su
hermosa capilla de Loreto, con portada barroca y columnas salomónicas. El convento es una edificación del siglo XVII que aloja al Museo
Regional Potosino. En el interior del recinto es posible admirar la famosa
capilla de Aránzazu de mediados del siglo XVIII, que representa un claro
ejemplo del barroco potosino involucrando en su estilo notables elementos
churriguerescos a base de profusas decoraciones; anexos al convento se
encuentran los templos de Tercera Orden y del Sagrado Corazón que formaban
parte de éste. La plaza del Carmen es otro hermoso conjunto que enseñorea a esta
ciudad colonial; en su entorno está el templo del Carmen, cuya construcción
fue ordenada por don Nicolás Fernando de Torres. Bendecido en 1764, su
arquitectura es un testimonio del estilo que se denomina ultrabarroco, evidenciado
en su puerta lateral de rica y exquisita ornamentación, al igual que en el
pórtico de la sacristía y el retablo de la capilla del Camarín de la Virgen,
esta última comparada en belleza con las capillas de la Virgen del Rosario y
de Santa María Tonantzintla de Puebla. Cabe mencionar además el templo de San Cristóbal, construido entre
1730 y 1747, que a pesar de sus modificaciones aún conserva su fachada
original, que se puede observar en su parte posterior; el templo de San
Agustín, con sus barrocas torres, construido entre los siglos XVII y XVIII por
fray Pedro de Castroverde y la modesta iglesia de San Miguelito en el barrio
del mismo nombre, también de estilo barroco. En los alrededores de esta magnífica ciudad, pueden encontrarse
algunas localidades coloniales con bellos ejemplos arquitectónicos, entre las
que destaca el poblado conocido como Real de Catorce, un antiguo y abandonado
centro minero en el que existe un bello y modesto templo del siglo XVIII
dedicado a la Purísima Concepción, en cuyo interior se conserva una milagrosa
imagen de San Francisco de Asís. Fuente: Correo recibido por el Master |