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Antonio Saldívar Entre los nativos, que viven principalmente dentro del pueblo
propiamente dicho, y los que han llegado después a pasar los fines de semana
o a vivir permanentemente, que habitan el valle, se establecen relaciones
amistosas, pero hasta cierto punto distantes. Con buen sentido del humor, se
diferencian llamándose “tepoztecos” a los primeros y “tepoztizos” a los
segundos. Desde la tarde muchas personas portando antorchas suben a la
pirámide; llevan también atole y tamales para pasar la noche, durante la cual
se hace sonar el teponaxtle, antiguo tambor azteca hecho de un tronco hueco,
que constituye uno de los tesoros históricos del pueblo. Al día siguiente
construyen una pirámide de madera en la plaza principal y ahí representan en
náhuatl la historia de este dios precolombino. Otra fiesta importante para todo el pueblo es el carnaval, que
se inicia el sábado anterior al inicio de la cuaresma y termina el martes de
carnaval. En la fiesta se ejecuta una danza llamada “El Brinco del Chinelo”,
que consiste en realizar pequeños saltos. Los chinelos van vestidos con una
larga túnica de terciopelo de colores, una máscara y un gorro o sombrero en
forma de cono truncado invertido. En cada barrio de Tepoztlán hay un grupo encabezado por un
“mayordomo”. Los mayordomos se hacen cargo de organizar las fiestas, es decir
de reunir los fondos para comprar el castillo y las flores, así como de
cuidar la iglesia durante todo el año. Ellos coordinan también los trabajos
que se aportan para realizar obras de beneficio comunitario mediante el
tradicional sistema del “tequio”. El mercado popular o tianguis que se instala los miércoles y
los fines de semana en la plaza principal y en sus alrededores, es uno de los
principales atractivos para los visitantes. Lleno de colorido y animación por
los miles de comerciantes y compradores que acuden a él, este mercado ofrece
una gran variedad de alimentos y productos artesanales, tanto locales como de
otras partes de México e incluso de países como la India y Guatemala. Un atractivo más de Tepoztlán es la buena comida, pues hay
muchísimas opciones para desayunar, comer o cenar, desde los puestos del
mercado que ofrecen deliciosa comida tradicional a precios muy económicos,
hasta restaurantes de categoría internacional. El secreto mejor guardado de Tepoztlán, sin embargo, son las
montañas que rodean el valle, a las que se tiene acceso por sinuosas veredas
que trepan a las rocas y las cañadas. En opinión de muchos montañistas, estas
rocas se encuentran entre las más bellas de México. Si dispone usted de
tiempo y le gustan las caminatas, no deje de visitarlas, pues le permitirán
tener un maravilloso encuentro con la naturaleza, si bien le recomendamos lo
haga con la mayor precaución y de preferencia con una persona que las conozca.
Únicamente la subida a la pirámide del Tepozteco puede hacerla sin necesidad
de guía. Fuente: Tips de Aeroméxico No. 23 Morelos / primavera 2002 |