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Ángeles González Gamio Consciente
de ello, el gobierno de Porfirio Díaz mandó construir un soberbio palacio que
lo albergara, logrando simultáneamente una mejoría en el servicio y mostrando
al mundo la prosperidad de México. El sitio seleccionado fue el que había
ocupado el Hospital de Terceros, perteneciente a la orden de San Francisco. El
diseño se le encargó al arquitecto italiano Adamo Boari, autor también del
Palacio de Bellas Artes. La construcción la realizó el excelente ingeniero
mexicano Gonzalo Garita. La
Dirección de Correos formuló el proyecto con todas sus necesidades, lo que
llevó a Boari a diseñar un edificio de cuatro pisos, en cuya fachada expresó
extravagante creatividad, ya que le imprimió formas moriscas, como las que
podemos ver en los arcos polilobulados y en los alfices (las repisas de las
ventanas), formas góticas en las cresterías (son los adornos calados hasta
arriba de la fachada) y renacentistas, en los arcos de medio punto, loggias y
diversos adornos. Hay quienes lo comparan con un palacio veneciano. La
puerta principal, en chaflán, tiene vista a dos calles y resalta por la
presencia de una marquesina de hierro sostenida por cadenas. A eje con la
puerta se sobreponen grandes ventanas ricamente adornadas por pomas
isabelinas, elementos vegetales, roleos y cartelas. En el último piso se
instaló un reloj, sobre el que remata la crestería que corre a lo largo de
todo el edificio Es
interesante notar que las fachadas son distintas entre sí; las unifican los
elementos decorativos dispuestos alrededor de puertas y ventanas. Destaca el
último piso con su loggia o galería abierta por arcos de medio punto, cuyas
columnas y arquivueltas están adornadas con pomas, culminando con la
magnifíca crestería. Hay
que destacar que para que un edificio de tan enorme peso no se hundiera en el
suelo fangoso de la ciudad de México, que como sabemos era un lago, se diseñó
una estructura con base en columnas y viguetas de acero que distribuyen el
peso del edificio, le dan estabilidad y resistencia al fuego, un sistema de
gran avanzada para la época y que ha probado ser muy efectivo. Desde
sus inicios el edificio contó con las instalaciones más modernas en lo que se
refiere a teléfonos, alumbrado eléctrico y elevadores, cuestión notable, ya
que estamos hablando de los primeros años del siglo XX. En
el interior tiene un amplio vestíbulo, de donde parte la majestuosa escalera
que divide las áreas de oficinas de las de servicio al público. Deslumbra el
lujo y la belleza de formas y materiales: mármoles, escayolas, granitos y una
impresionante herrería, que realizó la fondería de Pignone en la ciudad
italiana de Florencia. Tiene
la ventaja adicional de encontrarse a la vuelta del restaurante L'Heritage,
ubicado en la avenida 5 de Mayo 10, que ya se está convirtiendo en los de
tradición de la zona al cumplir un cuarto de siglo de vida, sobrellevando las
crisis y vicisitudes del Centro Histórico, que incluyen los arreglos de las
calles, que dejan a los negocios prácticamente inaccesibles por un tiempo.
Pero todo lo bueno tiene su premio; ahora, con pavimento y banquetas nuevas, es
fácil y agradable acceder para degustar sus platillos de la cocina mexicana y
uno que otro francés. ¿Qué le parece botanear con unas sesadillas y una
cerveza bien fría que mitigue la sed? Para iniciar la comida, cae muy bien
una crema de aguacate fría, que puede ser seguida por unas albóndigas al
chipotle y concluir con unas rebanadas de mango como postre, o si se quiere
sentir muy galo, unas cerezas jubilee. Fuente:
La Jornada 9 de marzo 2003 |