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Por aquí
estuvo el que te invitaba a salir a tomar café o a cenar y a quien tantas
veces pretextaste por la causa del cansancio y el trabajo.
Por aquí pasó el que rompió un mundo, de por sí carcomido por la abulia y la
cotidianidad, para hacer otro para ti, sin lograrlo jamás.
Por aquí anduvo el platicador, el de las ironías extremas, el hombre ácido y
punzante, regalándote también pedazos de poemas, que algunas veces apenas
leíste, sin que dejaran recuerdo.
Aquí dejó su olor el cuerpo de ese viajero de los extraños modos, en las
telas de las sábanas, en las paredes, en la madera, en los mosaicos del baño
y en la almohada, junto a la tuya.
Por aquí pasó un soñador que vendía ideas de realidades fantásticas que
podían ser traídas a este mundo y que se quedó con su mercancía, trocando sus
ansias hacia otros rumbos.
Por aquí, algunas veces, rasgó las cuerdas de la guitarra queriendo traer sus
antiguas historias de amor para compartirlas contigo y que fueras sonido
amplificado de esas hermosas leyendas.
Por aquí pasó el que se volvió esclavo de la sensualidad que le refrescaste y
se quedó en la condena de no volverla a repetir porque lo alejaste de tu
cuerpo.
Por aquí pasó con sus vicisitudes y congojas, sus tristezas y deberes mal
cumplidos, con sus lisonjas y su sonrisa vuelta humo al paso de los meses, un
paseante de la vida, que quería compartir y construir contigo.
Por aquí estuvo intentando siempre, en su medida, hacerte ganadora del mayor premio,
la felicidad, y sembró con su corazón y paciencia, recogiendo diariamente un
gesto serio y tus eternas dudas.
Por aquí escribió unas líneas, con el corazón zozobrando, como un testimonio
más de la inutilidad de sus sentimientos y la brillantez de su fracaso.
Por aquí estuvo esperando una respuesta, mala espera tratándose de tanto
orgullo, reserva y resentimiento, a sus reclamos y necesidades; tenías
cansancio, nuevas dolencias cuando se acercaba y mucho trabajo.
Por aquí estuvo el que cerró sus puertas después de tantos pesares y
desilusiones y se lanzó al deseo de vivir en soledad, buscándola con
serenidad y sin prisas, de cualquier manera iba a llegar.
Por aquí pasó ese hombre que te amaba y quería amarte hasta el cansancio,
pero se venció primero por tu indiferencia y lejanía, hechos encontrados con
lo que esperaba de ti y que tanto le decías.
Por aquí pasó, a veces luz, luego sombra larga, casi amenazante, ese
desvelado que tecleaba por su propia resurrección y que engarzaba letras y
palabras para narrar un cuento mayor.
Por aquí dejó un gran trozo de vida y amargura, llevándose consigo la última
sonrisa, el compás de un son, de esos
abajeños de mucho color y lo que le mostraste de tu alma, intentando para
otra cuenta un camino más, que ya irá abriendo, que ya caminará hasta que se
acabe el corazón.
Por aquí pasó un hombre que no quiso darte una tristeza eterna, ni cubrir tu
vida con igual moneda, no más caras largas, no más noches que estando juntos
estén llenas de ausencias, no más mortificaciones ni cosas inciertas, no más
días sin caricias plenas, ni sueños con noches que nunca amanezcan…
Alonso Marroquín Ibarra
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