Poemas
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AUGUSTO
MONTERROSO JAIME SABINES POETA
MEXICANO |
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EL PEATÓN Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o
algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran
poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O
simplemente, pero realmente, un poeta. Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un
poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta! Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la
calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por
qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible,
o un rayo que les salga de las orejas? ¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la
fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón. ¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón. Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y
tranquila. LA LUNA La luna se puede tomar a
cucharadas o como una cápsula cada dos
horas. Es buena como hipnótico y
sedante y también alivia a los que se han intoxicado
de filosofía Un pedazo de luna en el
bolsillo es el mejor amuleto que la
pata de conejo: sirve para encontrar a quien
se ama, y para alejar a los médicos y
las clínicas. Se puede dar de postre a los
niños cuando no se han
dormido, y unas gotas de luna en los
ojos de los ancianos ayudan a bien morir Pon una hoja tierna de la
luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras
ver. Lleva siempre un frasquito
del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la
luna a los presos y a los
desencantados. Para los condenados a
muerte y para los condenados a
vida no hay mejor estimulante que
la luna en dosis precisas y controladas TU NOMBRE Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te
amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que nadie
me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón
amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y
estoy seguro que habrá de amanecer. SÍSIFO Voló desde su vida apacible hacia la luz recién encendida y su cadáver
minúsculo cayó sobre esta hoja de papel en que escribo. Retiré la taza de café pensando que su contacto en mis labios sería
molesto, y que una lluvia de meteoritos invisibles podría empezar a descender
desde el foco, por los espacios siderales, hasta la mesa. De pronto el cadáver se agitó, dio vueltas torpemente, movió las alas
cada vez más ligeras, y emprendió el vuelo de retorno. ¡Qué alivio y qué
alegría! Sísifo de la luz, lo vi ascender en giros
concentrados, veloz y decidido, hacia la gloria abundante de un nuevo
encuentro con la muerte. ¿NOCTURNO? Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un
brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a
la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como
una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió
de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo,
ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello,
crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te
levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el
suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido. Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe
encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua.
Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su
silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue
depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se
evaporara. Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se
despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es
de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus
tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata. Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que
te dijo «yo soy tu harén». Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el
rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando
en su cajón la dulce, la pensativa Rosario? Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la
fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las
imágenes. Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al
abordaje, pues: las sábanas! TODO ME LO HAS DADO, SEÑOR TODO ME LO HAS DADO, SEÑOR Me diste a mi padre y a la
muerte de mi padre, a mi madre y su muerte, a mi hermano Juan y su
destino, a Jorge, el verdadero y el
fantasma, a mi mujer; Chepita, y a mis hijos, a mi cama me diste y a mis
huesos que reclaman más tiempo. me diste todo, sí, y me he entregado a vivir y a morir con
calendario. sólo te pido que me dejes
solo a punto de las ocho porque es
hora de dormir. ESTOY METIDO EN POLÍTICA ESTOY METIDO EN LA POLÍTICA
otra vez. Sé que no sirvo para nada,
pero me utilizan Y me exhiben “Poeta, de la familia
mariposa-circense, atravesado por un alfiler,
vitrina 5”. (Voy, con ustedes, a verme) ME ENCANTA DIOS Me encanta Dios. es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él
le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o
nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y
bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o
Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos
portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se
traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la
vida -no tú ni yo- la vida, sea para
siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big
Bang... Pero ¿que importa si el universo se expande
interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de
viajes. A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye
bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso
que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos-
¡bacterias mutantes! Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos
de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera
increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y
cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su
aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas,
caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres.
Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia- y se agita y crece- cuando
Dios se aleja. Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis
padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer mas
amada, el perrito y la pulga, la piedra mas antigua, el pétalo mas tierno, el
aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que
soy. A mi me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios. A ESTAS HORAS, AQUÍ Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o
algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran
poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O
simplemente, pero realmente, un poeta. Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un
poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta! Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la
calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¡Por
qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible,
o un rayo que les salga de las orejas? ¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la
fábrica como otro cualquier, o andar, como cualquiera, de peatón. ¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón. Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y
tranquila. |
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