LEONEL PUENTE
ESCRITOR
MEXICANO
¿Cambiarías una noche
de amor,
con un ángel seductor,
por la amistad de toda una vida,
con un ser humano?
Domingo 5 de Enero. 11:59 P.M.
Hace 10 años, cuando tenía 23, escribí una carta que
todavía guardo entre mis libros. Es una carta extraña en la que intenté
describir a una bailarina tal como me gustaría para que fuese mi amante.
Dibujé, con palabras, su aspecto físico y su manera de vestir. Con su forma
de ser ni me metí, pues lo que busco no es una máquina sensual de un modelo
específico.
Ese día, me dije a mí mismo (y le juré a mi doble imagen
reflejada en el espejo), que si la encontraba y lograba hacer que me amara,
me suicidaría después de la primera noche de pasión porque no soportaría la
penosa marca de su ausencia ni un sólo instante. Estaba muy borracho, todo me
daba vueltas y todo me daba risa.
Pues bien ¡Hace tres días la encontré!. Quedamos en vernos
el Domingo de la Próxima Semana para ir al teatro "La Pálida
Sombra" a ver la famosa obra "Los 200 Leones Tiernos y una Zorra
con Piel de Oveja".
Las únicas diferencias que encontré, al compararla con el
retrato escrito, son sus ojos verdes (que imaginé color miel) y sus vestidos:
Todos blancos, según me dijo, y según mi imaginación debieran ser todos
negros.
La acompañe a su casa y, al volver a la mía, me puse a
pintarle un cuadro de cuerpo entero que me parece muy fiel a la realidad
aunque le haya dejado los ojos y la ropa del color que yo esperaba.
Ayer (Sábado), la pinté desnuda sobre un fondo negro: como
si estuviera flotando en el espacio, como saliendo de la nada, como dándole
sentido al vacío. Los ojos cerrados, los brazos abiertos, las piernas juntas
y el cabello al viento cual cascada. Al terminar el cuadro, puse un marco al
lienzo y lo colgué en la pared que está frente a mi cama.
,En la oscuridad, me quedé contemplándola un buen rato,
antes de dormirme. Su cuerpo resplandecía como si tuviera un sol interior que
enviara sus rayos al través de cada uno de los poros de su piel. La sentí
solitaria y triste, como una erguida fortaleza inexpugnable.
Hoy, me desperté en la madrugada sobresaltado por un sueño:
Iba ella caminando sobre una especie de desierto interminable. A lo lejos, en
el horizonte, se veía un enorme sol ocultándose. Era un sol de un rojo
intenso que, en vez de despedir rayos, parecía estar sangrando. La bailarina,
lloraba y lloraba lágrimas azules y caminaba y caminaba hacia adelante, con
desesperación, en dirección a aquél extraño astro. Al principio, no lo noté,
pero luego me di cuenta de que aquella arena desértica, de color morado,
consistía en una infinidad de diminutas brasas candentes que le estaban
quemando despiadadamente sus pies. Cuando una de sus lágrimas caía, se
apagaba una brasa, pero se hubiera necesitado un mar de lágrimas azules para
poder apagarlas todas.
Una infinita ternura siento (en éstos momentos en que
escribo) al recordar todo eso que no me explico.
Esta tarde dibujé una acuarela. Obviamente, no dibujé la
morada arena quemante, sino una arena normal, pensando ingenuamente que por
lo menos así dejarían de sufrir sus pies. ¿Porque no? Acaso sea verdad que,
sí el sueño esclaviza, el arte libera.
Domingo 12 de Enero 11:59 P.M.
Hoy fantásticamente estropeó los planes de ir al teatro
porque, al llegar tarde a la cita, en el café "El Espectro
Resplandeciente" en dónde nos conocimos, ya no encontramos boletos para
ninguna función, pero fue mejor así. Anduvimos un buen rato vagando por las
calles, platicando puras trivialidades y, sin embargo, nos divertimos mucho.
En el camino a su casa, se durmió en mis brazos y el joven
taxista que conducía me dijo que con gusto daría la vida que le quedaba a
cambio de pasar una noche de amor con un ángel tan seductor como ella. No lo
contradije: En verdad creo que manos divinas la hicieron con la misma materia
con la que están confeccionados los sueños. Esos 20 ó 30 minutos representan,
para mí, una burbuja de tiempo impermeable al olvido. Me pareció un
sacrilegio tener que despertar la pero, tarde o temprano, teníamos que llegar
a nuestro destino. Quiso pagar la cuenta, pero el taxista le dijo que, a los
ángeles se les lleva gratis a dónde sea que quieran ir y a sus acompañantes
también. (Lo cierto es que ya antes le había yo dado lo doble del dinero que
nos iba a cobrar). Ella sonrió halagada y besó en la mejilla al taxista.
Al despedirnos, frente a su casa, me dio una copia de las
llaves de las puertas y me dijo con dulzura:
-El Domingo que quieras, a la hora que quieras, te estaré
esperando Cerró la puerta, prendió la luz, y yo me quedé ahí parado unos
minutos sin ser capaz de entender nada con claridad. Hay sorpresas, que de
alguna manera se esperan y, otras, totalmente inesperadas: Esta fue una de
las últimas.
Regresé, hasta éste lugar en dónde habito, caminando bajo
una fuerte e inesperada lluvia mientras reflexionaba:
¿Cómo se me ocurrió pensar siquiera en la idea del
suicidio? iSólo loco aniquilaría yo mismo todas esas atractivas
posibilidades!
Ahora tengo las puertas abiertas o, más bien, las llaves
que abren las puertas. ¿A qué? En lo físico, no hay problema, pues me ha
dicho que le gusto, ¿pero somos el uno para el otro?
Dios quiera.
Sábado l8 de Enero 11:59 P.M.
Toda ésta semana no he estado un sólo minuto en paz. Al
despertar el Lunes, sólo pensaba en encontrar la forma de hacer desaparecer
todos los días y que sólo quedasen los Domingos en el calendario. Después, a
partir del Miércoles por la tarde, me invadió una angustia inmensa.
Mi cabeza se ha convertido en una cueva de ecos dónde, una
y otra vez, rebotan las palabras juradas ante el espejo hace 10 años. Me
siento como un autotraidor y no quisiera sentirme así. Ya no sonrió, ¡y es
enloquecedor el ya no poder sonreír!
Esta mañana, busqué aquella carta y la quemé. Muy alterado,
me puse a dibujar en mi cuaderno con un lápiz. Plasmé, sobre una hoja, la
imagen de un buque grisáceo navegando en medio de un mar tempestuoso y, al
acabar lo, me dio por quererle dar una explicación: O es una proyección de mi
temerosa alma melancólica luchando contra su oscuro Destino; o ese mar
tempestuoso me presagia el cuerpo en movimiento de esa mujer y cada ola será
uno de sus besos. De ser esto último, ¡qué hermoso andar a la
deriva en medio de una tormenta de pasión así! (Quizá hasta
naufragar sea delicioso). Sin embargo, me inclino más por la primer
explicación y, a fin de cuentas, ambas explicaciones son sólo lindas frases
absurdas.
He tenido insomnio todos éstos días y estoy muy cansado.
Ojalá hoy pueda dormir bien y sueñe con ella.
Domingo 19 de Enero 12:00 A.M.
Después de bañarme, me he puesto mi mejor traje y me he
fumado el último cigarro.
Dijo que a cualquier hora de cualquier Domingo, iré esta
noche. Mientras tanto afilaré el cuchillo que visitará mis entrañas mañana
temprano para acallar esa implacable voz interna que me llama traidor.
Esta casa, y todos los fantasmas del recuerdo que la
pueblan, mis pinceles, mis pinturas, todo éste pequeño mundo que durante años
ha sido mi más tierno refugio, todo desaparecerá, porque no lo volveré a ver.
Supongo que los grandes amantes llevan en el corazón un ave
fénix y, por eso, cuando hacen el amor, se entregan como si fuera la primera,
única y última vez. Para ellos, la pasión ha de ser como una tierra siempre
virgen en dónde las caricias florecen y, al secarse, pueden renacer en otras
nuevas si no han sido rociadas por la mortal lluvia de la costumbre.
Yo he de tener un corazón demasiado pequeño o demasiado
cerrado, que alucina: en el mundo sólo existe una Monalisa, una Torre Eiffel,
sólo hay una bailarina como la que deseo, una vez debe suceder todo para que
cada cosa, sea una obra de arte única, un instante dura el Paraíso y todo lo
demás es repetición.
Mañana... esa palabra me aterra. Pero como dijo aquel
taxista: Lo que me queda de vida por una noche de amor con un ángel tan
seductor como ella... y luego morir, crucificado en el dolor de no volverla a
ver, pero en cuerpo y alma perfumado con su sutil aroma.
Lunes 20 de Enero 2:00 P.M
Anoche, me llevé el puñal afilado envuelto en una manta
púrpura y me arranqué el miedo para hablarle. Le conté todo lo que había sido
mi vida hasta antes de conocerla . Todo: La extraña carta, las pinturas, mi
absurdo juramento ante el espejo, mis oscuras angustias, mi perpetua
contradicción interna Le llevé mis
libros y mis discos más queridos aunque no sé, ni me interesa, si los leerá o
los escuchará.
Juntos preparamos una cena sencilla y comimos en silencio.
Cuando nos levantamos del comedor y fuimos a la sala, ella puso una música
propia muy alegre y bailó para mí, durante algunos minutos, mientras me
platicaba acerca de sus intensas ganas de vivir.
Yo me tendí sobre un tapete y, cuando me pidió que me
levantara para bailar conmigo, le confesé no saber hacerlo. Prometió,
entonces, que iba a enseñarme a bailar, pero otro día, apagó la luz y fue a
tenderse a mi lado.
Me sentía como un gusano de terciopelo negro ascendiendo por
el tallo de una rosa blanca, tiñéndola de rojo con su sangre, al no poder
esquivar sus espinas.
No recuerdo las palabras exactas que cruzamos pero, en la
oscuridad, tendimos un puente de comunicación, de corazón a corazón, entre
ambos. Hicimos un trato muy peculiar y, estrechados en un fuerte abrazo, nos
quedamos dormidos.
Fue una de las contadísimas ocasiones en las que no soñé
con nada. Me parece lógico: Estaba abrazando un sueño.
Al despertarme, ella seguía durmiendo. Dejé sobre su
vientre la manta púrpura. Nunca había llorado. Dejé sobre sus labios las dos
únicas lágrimas de mi vida. Luego regresé a casa.
Hoy viene ella sin duda. La estoy esperando. Viene a
devolverme las llaves o a estrechar me entre sus brazos con el mango del
puñal sobre su pecho y la punta afilada sobre el mío. En cualquier momento,
entrará por la puerta con la promesa de volver a consumar esa comunión
espiritual a través de la unión carnal, o con el abrazo del adiós.
Aunque existe la esperanza espero lo peor Ya no resuenan
los ecos en mi cabeza, los cuadros los tiré todos al fuego. (Los pintaría de
nuevo, si fuese necesario, o haría otros). Estas hojas son, lo único hecho
por mí, que le dejaré como recuerdo y, más que por eso, como prueba de peso,
en relación con su inocencia, ante el Honorable Tribunal de los Amantes,
cuyas leyes, claramente, estipulan que el amor no es la simple búsqueda de
una persona sobre quien descargar y satisfacer los impulsos amorosos, sino
que es todo un arte, una orientación del carácter, una preocupación activa y
global por la vida¡ por uno mismo y por todos nuestros semejantes.
A mí me tiene sin cuidado el mundo entero, sólo ella me
interesa.
No tengo fotos suyas y, aunque me gustaría tenerlas , en
éstos momentos, para quemarlas, tengo algo muy dentro, que es mucho mejor y
que, quizás, ni el tiempo ni la muerte podrían destruir: Su perfume de fuego.
Estoy de nuevo ante el espejo, pero ahora no es el alcohol
el que me tiene borracho, sino esa extraña sensación de no estar y, sin
embargo, ser. Me miro en silencio y una especie de amarga sonrisa se dibuja
en mis labios al recordar unas palabras de la Biblia (del Eclesiastés):
"Si la serpiente muerde antes de ser encantada, de nada sirve el
encantador".
Tocan la puerta. Esta abierta...
La alada respuesta, a una infinidad de preguntas de mi loca
vida, se acerca lenta y suavemente sobre un par de caprichosos zapatos de
tacón alto. ¿Los pétalos o las espinas de la rosa? ¿Las noches de bálsamo o
el beso afilado?
Escrita entre Enero y
Febrero del 92.
Ultima Carta a la
Ingrata Mayor.
Dedicada a ella aunque
sé que a lo mejor ni leyó el original.
© copyright 1998
Leonel Puente
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