El vaso

 ALONSO MARROQUÍN IBARRA

ESCRITOR MEXICANO


 

  ¡Malditas ansias de beber! El vaso me jala, trata de romper mi voluntad y ríe burlón, con carcajadas cristalinas. Me provoca. Se parece a las prostitutas elegantes, sin peros, perfectas, glamorosas, dueñas de una paciencia fabricada por las fuerzas del dinero, perseverantes y sabedoras de su belleza.

 

El esbelto cilindro de vidrio se ve esplendoroso. Me conoce bien y me observa con sus ojos de hielo caleidoscópico; me lanza sus brillos adictivos, sus destellos retadores. Espera romper mi voluntad, sabiéndome esclavo, espera mi mano, y más ufano se muestra, como un señor prepotente y jactancioso. Me llena la vista y el cerebro con los tonos sensuales de sus contenidos. El calor del día se convierte en su cínico cómplice. Siento la garganta seca. Me deshidrato.

 

¡No has de vencerme, maldito! ¿Me engaño? ¿Podré con él? Debo ignorarlo. No puede influir en mí. Lo romperé. ¡Sí, eso es!

 

Me armo de valor, paso la lengua ansiosa por mis labios, mi mano se acerca temblorosa a él, lo alcanzo. Está frío, sudado; siento un inmenso alivio, y lo paseo por mi rostro. ¡Ah… qué placer!

 

Un traguito nada más y te irás al mundo de la basura. No creas que… Tomo una segunda vez, juego con los hielos en mi boca y el ron va resbalando por mis caminos interiores. Mis nervios se calman, mi frenesí empieza a ceder. Escucho el alegre tintineo del conjunto que baila al compás de mis manos. Otro trago, otro más.

 

Esta fue la última vez que ganaste. He apurado lo que tenías. No habrá próxima ocasión. Se acabaron las tentaciones.

 

El vaso viaja con la curva furiosa de mi brazo estrellándose en la mesa de centro. Me irrito más que nunca. ¡Carajo! Me dejo caer en el sofá. Estoy sudando. El síndrome de abstinencia, pienso. La vista se me nubla, siento como si estuviera a las puertas de una gran borrachera. Intento levantarme, recuperarme… no puedo. ¡No me puedo mover! ¡No puedo gritar! ¡Ahhgggg… siento que me m…!

 

«Se lo advertí claramente –llora entre gritos la viuda-. Pensé que esta vez si dejaría de tomar. Tal vez no me creyó. Y, sí, señor ministerio público, le puse veneno al ron. Pensé que se daría cuenta».

 

Alonso Marroquín Ibarra

año 2007 y corriendo

 

 

* Un click para enviar un correo al Chobojo Master

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1