¡Ánimas, que no amanezca!

 

ALONSO MARROQUÍN IBARRA

ESCRITOR MEXICANO


 

Muchas veces a la media mañana me siento nostálgico. Cuántas medias mañanas. Ventaneo o me voy con la letra y tonada de alguna canción; me voy lejos, como queriendo asir algo que no quiero identificar. Me llena esa nostalgia grata y pegajosa que me acaricia a veces todo el día, se adhiere a mi piel, me rasguña también. Me agrada y me duele. Es a media mañana cuando paso revista a mis recuerdos, a mis vivencias, a lo que tengo ahora. Me rasgo por dentro cuando miro la distancia recorrida en mi vida, y es que tanto kilometraje me sorprende a mí mismo.

 

“Cuando me platicas lo que has hecho, pareciera que el tiempo no coincidiera”. Y a mi mismo me lo parece, aunque reconozco que siempre he sido un caso de alarma para recordar las fechas, me cuesta acomodarlas en el antes o después de. Y aunque el calendario se me dificulte, todo ha sido espantosamente secuencial.

 

Mi nostalgia implica mi fatal y contrastante falta de acción. La nevada que traigo en la cabeza, cabellera pintada de experiencia y desgaste; los terrenos agrestes vueltos surcos en mi frente  y esa actitud de severidad en mi gesto, que hasta a los adultos muy adultos impone cautela, han influido para imaginarme en varios terrenos. Si deseo aprender más, que siempre faltará demasiado, los demás piensan que debo dedicarme a enseñar; si me urge trabajar en lo que sea y casi por lo que sea, otros opinan que tal o cual puesto, no está a mi nivel. “¿Cómo tú ahí?”

 

Los tiempos de flirtear ya han pasado, los de conversar escasean, los del trabajo remunerador desaparecieron, los de embeleso y promesas eternas ya no existen. He ahí un conjunto de traviesas circunstancias y de caminos demasiado conocidos, de experiencias repetidas hasta en las telenovelas.

 

Sin embargo en esas mañanas, algunas nubladas y lluviosas, la nostalgia es mayor por aquello que vendrá y todavía espero: por una vejez sosegada tal vez; por un libro que no ha podido parirse; por canciones de nuevas cuadraturas y tonos; por rostros alegres de algarabía esencial; por la tristeza de lo irremediablemente perdido, de lo anhelado de manera imposible; por los sentimientos prófugos carentes de arraigo, que bueno fuera que se enfermaran de permanencia.

 

Cuántas nostalgias en esas mañanas que están apenas pasando el amanecer, después de la hermosa curva de la noche; a veces duelen demasiado, son como la carga sutil que poco a poco va pesándole más al burro, hasta que lo tumba.

 

1

¡Ánimas, que no amanezca!

que no haya mañanas, no más.

¿Por qué pienso en ti, tanto en ti?

¿Por lo que me has dado o por lo que perdí?

 

2

Tiempo de mis veinte años

tiempo de sueño y tiempo de ave

donde quise tener alas

que me llevaran a cualquier parte.

 

3

Tiempo de mis veinte años

donde nació la poesía

donde a cambio de tus besos

daba un trozo de mi vida

 

4

No se entristece el cuervo

por los maíces robados

hiere con su graznido

porque ya no han sembrado

 

5

En un rincón un arpa rota

y en mis recuerdos

el sonido de sus cuerdas.

De mi nadie se acuerda,

ni de tantos revoleos;

pero de eso estoy hecho

de música, palabra y tiempo.

 

6

¿Dónde te encontraría

si el mundo era tan grande?

Bueno que al paso del tiempo

caminé tanto por él;

compartimos la alegría y el dolor

y la balanza se equilibró.

 

He ahí seis nostalgias, que como los conejos bien podrían volverse mil. Alimentan y vacían, llenan y matan. Amor, deseo, angustia, esperanza, querencia. ¡Ánimas, que no amanezca!

 


 

* Un click para enviar un correo al autor

 

Hosted by www.Geocities.ws

1