|
Construyendo
liderazgos de mujeres en la política |
|
Esta página
es un foro sin censura para la expresión de todas las ideas.En
esta ocasión, Gloria Young hace llegar a este Master, para su publicación, su
ponencia presentada en Buenos Aires ante un grupo de puras Chobojas
Parlamentarias, que luchan de modo sostenido por la famosa equidad de género.
Las opiniones pueden ser remitidas al Grupo
de los Chobojos Chobojo Master dixit
|
Construyendo Liderazgos de
Mujeres en la Política
Ponencia presentada por Gloria Young Presidenta
de Segundo Foro
Regional del Grupo de Mujeres Parlamentarias de las Américas (FIPA) Buenos Aires, Argentina. 6 al 8 de abril, 2005 Índice del Contenido Construyendo Liderazgos de Mujeres en la Política Las mujeres somos inclusivas Las mujeres atraen a otras mujeres y también a los
jóvenes Las mujeres somos percibidas como trabajadoras Las mujeres se preocupan más por la cotidianeidad Las mujeres priorizan la educación Las mujeres se preocupan por la salud Las mujeres trabajan de forma más transparente Las mujeres se preocupan por el medio ambiente Las mujeres no somos el status quo Las mujeres escuchan más Las mujeres van ocupando los primeros lugares en las
distintas profesiones Las mujeres hacen mejores alianzas con la sociedad
civil organizada Algunas sugerencias en el camino a la construcción de
liderazgos de mujeres en la política Construyendo Liderazgos
de Mujeres en la Política
Una nueva cultura política se impone. Si durante años los
protagonistas masculinos del poder político han impuesto una política cautiva
de la economía; una política autoritaria; centralista, que ha vaciado de
contenido a los sistemas democráticos, ahora, las poblaciones necesitan un
nuevo estilo de liderazgo. Para que en nuestros países la democracia
realmente se profundice y logre extenderse, hace falta otro tipo de
políticos/as. A las mujeres se nos posibilita una gran oportunidad en ese
campo. Hoy día se hace obligante recobrar la dignidad en la política y
desplazar a los sistemas autoritarios y corruptos. Cualquier esfuerzo en esa
vía, será recompensada por los electores. Frente a este reto, la presencia de
la mujer refresca las esperanzas individuales y colectivas de cualquier
sociedad. Las mujeres deben participar donde se toman las decisiones
políticas porque el efecto de estas decisiones es fundamental para cambiar
las cosas. Y como bien dice la dirigenta Mary Sánchez en la entrevista que le hiciera Isabel Rauber: “Cambiar
las cosas significa estar en lo que tiene que ver con las decisiones
políticas. (…) …en la mujer esta es una tarea fundamental. Y es importante
que no le tengan miedo, que no piensen que no pueden, y tampoco es fácil. Es
un desafío.” [1]Para los hombres
que alientan temor al acceso de las mujeres al complejo terreno del poder
y las decisiones políticas, es preciso
recordarles que cuando se entiende bien nuestro oficio (la política), perder
es siempre algo transitorio y que fortalece y dignifica cuando ello ocurre en
buena lid y ante un buen adversario. No es raro el caso de políticos de alto
nivel, que terminan admitiendo el valor en aprendizaje que les significó
contender –y perder electoralmente- ante un candidato notable (inteligente,
empeñoso, visionario, leal a sus ideas y a las leyes y las instituciones de
su país). Al punto que entonces se admite que es mejor aprender de un buen
adversario que de un mediano correligionario, más allá del género al que
pertenezca. Claro que es un desafío y por esa razón, para construir un liderazgo
fuerte y decidido desde las mujeres, no es suficiente luchar, sino sobre
todo, involucrarnos en un proceso de formación y de concientización
desde dentro de los partidos, desde las organizaciones cívicas y desde
nosotras mismas. Vamos a explicar algunas de las razones por las cuales estamos
convencidas que las mujeres son necesarias en la política, pero sobre todo,
vamos a rescatar las cualidades que en general las mujeres tenemos y que podemos partir de
allí, con el fin de desarrollar adecuados liderazgos que posibiliten un mayor
acceso de calidad de las mujeres a los puestos de decisión. Las mujeres somos
inclusivas. Como buenas madres, hermanas, hijas, esposas, enseñadas por la
cultura patriarcal a ser “dulces y tiernas”, a buscar la unidad en el seno
familiar, a lograr la concordia entre padres e hijos/as; entre hermanos/as y
también, a ser el espíritu festivo y solidario en la vecindad, tenemos todas
las cualidades para sumar, sumar, “barrer para adentro” y lograr la unidad. Hace tiempo entendí que hay rasgos de nuestra conducta aprendida en
la sociedad machista, que debemos preservar en la política. Ganamos mucho más
utilizando esas cualidades clásicas de la mujer sumisa (sin para nada ser
sumisas), que enfrentando y polemizando cuando estamos en franca minoría en
los distintos espacios de la política. Nosotras, más que nadie, sabemos llamar al diálogo y escuchar.[2] Sumamos a las
personas a nuestros proyectos y por lo general, tratamos de no guardar
resentimientos. Nosotras, más que nadie, sabemos llamar al diálogo y escuchar.
Sumamos a las personas a nuestros proyectos y por lo general, tratamos de no
guardar resentimiento, Somos inclusivas y esa actitud es necesaria en el ejercicio de la
política de hoy. Los políticos tradicionales son muy dados a “pasar la
factura” y a “serruchar el piso” del adversario interno o externo e incluso,
de grupos de presión. Las mujeres tenemos mayor grado de tolerancia, por esa
razón podemos hacer llamados con mayor facilidad, antes que rechazar
opiniones o acciones que no provengan de nuestra propia iniciativa. Las mujeres somos necesarias en la política, porque tendemos
naturalmente a ser inclusivas. Las mujeres atraen a otras
mujeres y también a los jóvenes. Las mujeres trascendemos la denuncia..
Nuestra presencia en el quehacer político es por sí misma una propuesta de
transformación de nuestra realidad de discriminación y marginación. En la
acción comunitaria, las mujeres rompemos el aislamiento que la sociedad
machista, patriarcal, nos impone. Nos buscamos, contamos historias, somos
solidarias con los hijos e hijas pequeños/as de la que trabaja fuera del
hogar. Vigilamos la casa de la vecina que salió para el interior (a veces,
vigilamos de más…), en fin, nos cuidamos, nos protegemos, en medio de los
chismes de cada día. Ese afán de construir un nosotras en medio de una sociedad tan
individualizada nos hace particularmente idóneas para tener acceso a la
contienda electoral y, en su caso, alcanzar el poder político. Estamos más
sensibilizadas para sumar a otras de nuestro mismo género. Ya sea convocándolas en tareas domésticas
dentro de la política o sumándolas a través de grupos de apoyo de
reivindicación personal o tal vez, atendiendo a la capacidad específica de
cada una, las mujeres en política, sumamos
a mujeres. Siempre está presente la proyección de la otra en nuestras propias acciones. Por ejemplo, es muy común
que las mujeres nos compartan sus dudas, inquietudes, sueños y aspiraciones
cuando tienen un contacto personal con nosotras. Se sienten identificadas con
aquélla que tiene la voz fuerte, que no calla ante las injusticias, que dice su verdad sin importar el precio que
tenga que pagar. Aunque la mayoría de las mujeres no se atrevan, se sienten
identificadas con la que sí se atreve y es muy probable que la siga y se
sume, ante una invitación personal. Este instinto maternal que tenemos las mujeres, nos hace comprender a
los jóvenes y también nos impulsa a apoyarlos, protegerlos y orientarlos. En
este sentido, las mujeres impulsamos proyectos deportivos, culturales,
educativos que atraigan a los jóvenes y éstos a su vez, se sienten confiados
de participar en programas que impulsan las mujeres. Mujeres que pueden
parecerse a sus madres, hermanas, abuelas, tías… mujeres en las cuales pueden
confiar mucho más que en la figura de un hombre político, que puede ser su
padre autoritario, que no respeta sus ideas, su padre ausente e
irresponsable, su padre padrastro maltratador o su
padre competitivo y egoísta. Es menester que las mujeres tomemos conciencia de nuestro poder de
convencimiento hacia estos sectores. Tomemos conciencia de nuestras
cualidades, que en política, aún son muchas más, que nuestros defectos y
pasemos a la etapa de sumar y organizar, construyendo de esta manera, nuestro
liderazgo. Las mujeres somos
percibidas como trabajadoras. No podría ser de otra forma. La cultura
patriarcal-machista, portadora de conductas discriminatorias nos ha relegado
a la doble y a veces triple jornada de trabajo. Trabajamos fuera del hogar y
en ocasiones, en dobles jornadas laborales y trabajamos dentro del hogar, sin
recibir remuneración alguna. El que las mujeres podamos llegar a nuestros
hogares después de una extenuante jornada de trabajo y nos podamos sentar en
un sofá o al menos, en una silla más o menos cómoda a esperar que nuestra
pareja nos sirva la cena, nos prenda la televisión, para ver las noticias de
la noche, es casi una utopía, aún en nuestros días. Estamos acostumbradas a lavar la ropa en la lavadora, mientras
hacemos el desayuno o la cena, calentamos el biberón del bebé al mismo tiempo,
damos instrucciones al resto de la familia, discutimos con el marido (cuando
hay); recordamos que debemos tender la ropa recién lavada y en fin… Cualquier percepción que las mujeres somos trabajadoras, no es mera
coincidencia. Es una percepción totalmente apegada a la realidad. Cuando
incursionamos en la política, por lo general trabajamos el doble para apoyar
a algún hombre candidato y cuando tomamos la decisión de escalar por nuestra
cuenta, de acceder a algún puesto de elección popular, el hombre candidato a
cualquier puesto de elección popular,
nos sigue solicitando apoyo intenso y comprometido, que muchas veces
nos resta energía y tiempo, para nuestras propias aspiraciones. ¡Pero ahí
vamos! Nos cuesta trabajo decir que no tenemos tiempo, que no podemos, etc.
¡Porque somos trabajadoras! Y por lo regular, también más organizadas. De esta manera, somos muy capaces de lidiar una campaña electoral y
de generar confianza en el electorado por nuestra capacidad de trabajo y de
organización. Los/as electores/as podrán sentir que estarán votando por una
persona que sí trabaja y que tiene reales deseos de sacar a su comunidad
adelante. Después de todo, cuando una mujer se compromete en política, lo
hace con una sensación profunda que está trabajando en beneficio de otra
familia, más grande, pero finalmente también entrañable: la de su barrio, su
comunidad o se país. Las mujeres se preocupan
más por la cotidianeidad. La política tradicional se ha distanciado de la
vida cotidiana. Los hombres se han dedicado a la política de Estado, a las
proyecciones macroeconómicas, a las tareas pendientes de los Estados
Nacionales. También se han dedicado a los múltiples macro negocios cuando
están en el poder. Tienen un olfato especial para detectar dónde está el
billete y cómo conseguirlo. Las mujeres nos preocupamos más por las respuestas inmediatas, porque
esa es nuestra práctica.. Si por siglos hemos estado al frente de los asuntos
domésticos; preocupadas por el diario vivir, tenemos la sensibilidad
necesaria para resolver problemas sin complicarnos tanto la vida. Además,
está comprobado que somos las mejores administradoras. Ese sentido práctico
de las cosas, es nuestra especialidad. Y es ese sentido práctico, el que ha
estado ausente de la política electoral. Los electores exigen respuestas
rápidas y sencillas, sin mucha complicación. Las mujeres podemos darlas y
alcanzar mejores niveles de confiabilidad por parte de ellos/as. El camino de las mujeres es el camino de los laberintos y de las pruebas. Por medio de esas pruebas,
descubrimos nuestras fuerzas y capacidades; vencemos nuestras debilidades.
Esta experiencia constituye para nosotras la cotidianeidad. Es precisamente
en las pruebas por las que atravesamos en la vida diaria donde encontramos la
solución a los problemas con los que se enfrentan la mayoría de las personas.
Aquellas/os que buscan en nosotras otra mirada; la mirada de confianza que
les impulse a creer en otra opción de liderazgo; una opción distinta, la
opción de las mujeres. Las mujeres priorizan la educación. Las estadísticas demuestran con claridad
que muchas más mujeres se gradúan en todos los niveles educativos: básica
general, pre-media, media, técnica y educación superior.
Incluso en las carreras clásicas (derecho, medicina, economía) y en las
carreras técnicas tradicionalmente masculinas (ingeniería,
arquitectura), las mujeres han
incursionado exitosamente. ¿Por qué las mujeres priorizamos la educación? La idea romántica del
hogar seguro y cómodo ha dejado de ser una realidad. Las niñas ya no están
seguras ni protegidas en sus hogares. Los adultos abusivos están a la vuelta
de cada esquina del hogar. Para muchas niñas, el hogar se ha tornado casi en
una pesadilla. Salir del hogar se transforma en una meta a alcanzar. Unas lo
harán uniéndose a la edad que sea, con el primer hombre que atraviese su camino. Otras muchas, en estos tiempos, se
refugiarán en los estudios. Estudiar se ha convertido para las mujeres, en la
oportunidad para ensanchar sus horizontes. Es la oportunidad para observar y practicar
sus cualidades positivas. Ya no tendrá sentido culpar a los familiares de sus
frustraciones, de sus miedos, de la impotencia para realizar sus sueños.
Estudiar será como mirarse a sí misma y ver de lo que es capaz. Las mujeres se preocupan
por la salud. Sobre todo, por la salud de los/as demás. La mujer es la que lleva a
los/as niños/as al doctor; maneja el
control de las vacunas; está al día con las vitaminas y los medicamentos… Es
la enfermera permanente de todos los miembros de la familia, empezando por la
pareja. Porque como bien sabemos, cuando los hombres se enferman… ¡Dios nos
libre! En las actividades comunitarias las mujeres se caracterizan por
realizar un voluntariado dinámico en el área de la salud. Las giras
médicas, las vacunaciones a niños y
niñas, es una preocupación permanente. Sabemos bien que los temas de salud y
educación, se delegan con regularidad, en los niveles políticos, a las
mujeres. Porque la salud y la educación, justamente, pertenecen al área
social, donde las mujeres por tradición
y por cultura, han sido relegadas a lo largo de los años. Hacer de la marginación social y política en que hemos estado, una
fortaleza para la construcción de nuestro liderazgo es un deber. Es como
recoger del papel de víctima, todo lo tierno y dulce que hay en ese rol, para
usarlo adecuadamente, transformándolo en una de nuestras fortalezas
políticas. “Ella será diferente”. “Ella es más humana”. “Se preocupa por
nuestra salud, porque seamos mejores personas, sanas y educadas”. Las mujeres trabajan de
forma más transparente. Siempre hay sus excepciones como todo en la vida.
En Panamá, al gobierno de la primera mujer presidenta de A las mujeres, administrar y decidir bien, nos viene de la práctica,
naturalmente. Años de ver cómo nos la jugamos con el presupuesto que sea, en
el hogar. No por pequeño el manejo de ese presupuesto debe ser visto con
desdén, pues con mayor razón quienes cuentan con poco dinero, suelen hacer de
su administración un acto casi milagroso de sobrevivencia. Tiene que alcanzar
para la comida, la escuela de los niños, la luz, el agua, el teléfono, el
alquiler o el banco y en fin, tantos compromisos que hay en el hogar. Hacemos
magia con el presupuesto y nos manejamos para hacer algún ahorro. Esa
experiencia de la vida cotidiana la extendemos a los presupuestos de un
distrito electoral, de un proyecto comunitario, etc. Además, hablamos claro.
No hay para este gasto, para esto otro, podemos conseguirlo de tal lugar, con
esto puedo cumplir, con esto otro no y así nos vamos. Por lo general, tampoco prometemos lo que no podemos cumplir. Y
también en términos generales (porque también hay sus excepciones), el
electorado está cansado de tantas mentiras y demagogias. Si el candidato a
todo le dice que sí, ya se proyecta falsa la política. Se termina prometiendo
un puente donde jamás hubo un río (luego ya se prometerá el río) y todo el proyecto electoral se cae por sí
mismo. Las mujeres somos más realistas. Puede parecer ante la política
criolla, un defecto de carácter para quien aspira a un puesto de elección
popular. Decir las cosas con sinceridad y transparencia, de hecho no se
estila en la política de demagogia. Pero las mujeres somos una propuesta
diferente; tenemos la obligación de serlo. Porque sería una lástima que la
política tuviera rostros diferentes, sexo diferente, con las mismas
actitudes, las mismas falsas promesas, las mismas decepciones. Si las mujeres
estamos incursionando en la política, construyendo un nuevo liderazgo, el
mismo debe ser diferente; más humano, más digno. Somos transparentes en
nuestro trabajo de sobrevivencia, podemos entonces, ser transparentes en
nuestra gestión política y ofrecerle un liderazgo alternativo y renovado a la
sociedad. Las mujeres se preocupan
por el medio ambiente. Esta actitud nos viene de nuestros hogares
también. No importa de qué tamaño tengamos el patio de la casa, no importa si
vivimos en un apartamento estrecho; rara es la mujer que no organice un
jardín en su casa. En el rinconcito más increíble, allí están las plantas.
Allí se crea un ambiente especial, donde el oxígeno será más puro; el aire
más transparente. Escogemos los abonos más naturales aunque el comercio nos
imponga una variedad infinita de abonos químicos, la mayoría de las veces,
altamente tóxicos. Somos más conscientes del daño que producen los aerosoles, aunque
tantas veces no haya opción en los supermercados. Porque estamos directamente
en contacto con nuestros hijos e hijas y conocemos en carne propia el
problema de las alergias. Este producto no lo podemos utilizar porque deja
sin respiración a los niños, este otro, provoca estornudos y el de más allá,
podrá matar insectos, pero es irritante para la piel. Las mujeres protegemos nuestro pequeño medio ambiente. ¿Qué nos
cuesta extenderlo a la comunidad, a nuestra provincia, al país? No en vano,
los organismos internacionales, en los últimos años, han priorizado
financiamientos importantes a proyectos de protección al medio ambiente
dirigidos por mujeres. Este es otro de los puntos fuertes de nuestro género,
el ser protectoras de tantas personas, de tantas cosas, de la naturaleza que
nos rodea. Un liderazgo ambientalista es una opción interesante y también
altamente redituable. Los organismos internacionales nos verán con más
simpatía y confianza, lo que nos llevará con
facilidad a obtener financiamiento para proyectos ecológicos y
sociales, que puedan dar respuesta a sectores importantes de la sociedad. Un
liderazgo con proyección financiera: no está nada mal. Las mujeres no somos el status quo. Es común que por ser las
primeras educadoras (de nuestros hijos e hijas), se nos asocie con posturas
conservadoras, de transmisión de los valores del status quo. Para ser realistas, debemos reconocer que esto es una
gran ventaja y también, una desventaja. Depende de cómo le saquemos el filo a
la situación, es como utilizaremos esta realidad a nuestro favor en política. El status quo son los
hombres, o, mejor dicho, las convenciones y valores que permiten la sobrevivencia
de los hombres autoritarios, conocedores de todo, verticalistas,
machistas, que no necesitan consultar las decisiones…. en fin… Por ser
mayoría, y por mantener aún el control del poder público, el régimen que
deriva de ese enorme sector de hombres da como resultado una sociedad
igualmente verticalista, donde en lugar de dialogar
y acordar, sólo se ordena y se obedece. Las mujeres somos las aparentemente pasivas, porque todo lo
consultamos. Al ser mucho más amplias y democráticas, dulces y tiernas, tal
vez proyectamos un poco de…¿debilidad?
Bueno, esa no es una muy buena imagen para adentrarse a este mundo del
poder por el poder, ¿no es así? Lamentablemente a la tolerancia y a la
actitud de comprender y apoyar al otro se le identifica aún con la debilidad.
Nuestro liderazgo deberá conservar las cualidades femeninas positivas y
deberá fortalecerse con firmeza y convicción. Que no nos vean débiles.
¿Femeninas? Sí, no hay inconveniente. Pero débiles, ¡jamás! Por más que no representemos el status quo, no podemos reaccionar
toda dulzura y amor ante los ataques y los vilipendios. Manteniendo nuestras
características básicas y lo diferente que llevamos a la política cruel y
desarticuladora de todos los esquemas que hemos aprendido, actuar con firmeza
y decisión es fundamental. Debemos estar conscientes que precisamente por no representar ese status quo en la política, nos
corresponderá pagar un precio, incluso muchas veces personal. Pero no podemos
paralizarnos y es precisamente a ese no representar el status quo que debemos sacarle provecho y con serenidad decir
cosas como las siguientes: “No soy lo
mismo a lo que han estado acostumbrados”. “No voy a contestar ataques ni a
estar a la defensiva, voy a presentarles mis propuestas, ustedes deciden”. Es
claro que a nadie que representa el status
quo le interesa ni le es posible las más de las veces discutir problemas
de fondo, pues le resulta más a su nivel recurrir a la explotación de los
prejuicios (entre ellos, el temor o la paranoia a las mujeres activas) y asegurar
el voto de los electores hombres que no desean que las cosas cambien (en el
nivel doméstico, mantener el status quo
consiste en evitar que las mujeres
se hagan conscientes y participativas). Por supuesto que nos va a costar un poco más el trabajo. Pero la
verdad, siempre nos ha costado un poco más todo, ¿cuál es la sorpresa? Las mujeres escuchan más. En este aspecto,
también tenemos mucha práctica. Una práctica ancestral. La práctica del
silencio forzado, de ser la testigo mudo de grandes dramas familiares, de ser
la que escucha, comprende, atiende, solloza ante el dolor de los demás, nos
viene de tantos años de opresión. Escuchar nos ha dejado a lo largo de los
siglos, un vacío en nuestro ser, porque tan sólo escuchábamos. Hoy se trata de seguir escuchando para no imponer nuestra propia voz,
para no ser las portadoras de la verdad absoluta (que al fin al cabo, no existe), para no decidir por
otros/as, sino que cada cual sea responsable de lo que dice, de lo que hace. Pero en política, para una lidereza, escuchar a los demás hace la
diferencia. Significa que tenemos la capacidad de escuchar a los miembros de
las comunidades y buscar soluciones de las mismas ideas que quienes sufren
los problemas, nos plantean. Significa también, que tenemos la sensibilidad
de escuchar a los miembros de nuestro equipo de trabajo y retomar aportes que
nos ayuden a mejorar nuestro trabajo. Significa que escucharemos a los
jóvenes, a las mujeres, a los grupos marginados y no les traeremos soluciones
de paquete, pensadas y diseñadas por nosotras. Las soluciones provendrán de las aspiraciones de estos grupos
sociales unidas a la realidad inmediata que la misma sociedad, que las
instituciones, que el gobierno, nos ofrezcan. No seremos magas para sacar del
sombrero conejero las soluciones. Escucharemos como siempre lo hemos hecho,
con la diferencia que no seremos pasivas ante la escucha, sino participativas
y actuantes; como debe ser nuestro liderazgo. Las mujeres van ocupando
los primeros lugares en las distintas profesiones. Esto es un hecho gradual
pero comprobado, ya lo mencionamos anteriormente. Ahora se trata de sacar
partido a esta realidad que bastante nos ha costado. Para las mujeres que
seguimos rompiendo la tradición de la mujer circunscrita a la vida hogareña y
que decidimos romper el molde de femineidad impuesto –sin abandonar
irresponsablemente a nuestra familia-, nos corresponde proponer un nuevo
modelo de mujer. El modelo que empezaron a esbozar las mujeres en las dos
primeras décadas del siglo XX en nuestras sociedades latinoamericanas.
Mujeres que estudiaron becadas en el viejo Continente y que se atrevieron a
traer ideas y prácticas de avanzada para la época. Mujeres que fundaron
movimientos y partidos feministas, cuando a los hombres no se les cuestionaba
porque representaban un status quo
aún más rígido que el actual. Mujeres que fundaron revistas y que compartían
sus opiniones en un mundo donde sólo se escuchaba las opiniones de los
hombres. De aquella época a la actual, muchos eventos se han suscitado y ya
sabemos que el carácter de una mujer define su presente y su futuro, la
mayoría de las ocasiones. Una gran cantidad de profesionales lo representan
las mujeres. Si hacemos un muestreo rápido de los integrantes de los
parlamentos latinoamericanos, vamos a encontrar que la inmensa mayoría de las
mujeres son profesionales, pero una cantidad importante de hombres –la
mayoría aún en nuestros parlamentos- no poseen una carrera universitaria.
Esto no es más que una proyección de la realidad social que vivimos. No es el título lo que nos hace liderezas. Es el proceso que hemos
vivido para alcanzar ese título; las experiencias por las que hemos tenido
que pasar, los obstáculos que hemos enfrentado y la satisfacción de las metas
que hemos alcanzado. Las mujeres hacen mejores
alianzas con la sociedad civil organizada. Una cosa que sí tenemos
que aceptar de la primera mujer presidenta de Panamá, es su capacidad
demostrada de concertación. En temas álgidos de Estado, la presidenta Moscoso
proyectó una habilidad especial para estructurar alianzas entre sectores
sociales y económicos altamente antagónicos. La historia de nuestros países también recoge las experiencias de
concertación de distintos sectores de la sociedad civil liderizado
por mujeres, en aras de alcanzar reivindicaciones propias de las mujeres,
como es el sufragio y otras aspiraciones. Esa capacidad de escuchar, de trascender de las aspiraciones
particulares del género a las de otros sectores de la sociedad, de
preocuparnos por la salud y la educación, genera en los diversos grupos de la
sociedad civil, una confianza tal, que se nos hace mucho más fácil crear
alianzas entre sectores. Quien tiene capacidad de crear alianzas, posee
liderazgo. Las mujeres tenemos, por el aprendizaje social al que hemos sido expuestas,
más posibilidades de desarrollar nuestro liderazgo en forma natural, que los
propios hombres. Las mujeres hemos pagado un precio por nuestra superación. En
ocasiones, el precio ha sido alto; ha representado nuestra soledad y alguno
que otro vacío en el alma. Pero cada precio tiene su recompensa, sobre todo
si socializamos lo aprendido, lo ganado. ¿Por qué las mujeres en la política? Porque la política necesita ser
más humana. Necesita sensibilizarse con los verdaderos problemas de nuestro
pueblo. Porque la política necesita urgentemente de nuestra mirada, que es
una mirada diferente, donde el engaño y la demagogia deben ser apartadas y
donde la transparencia, la verdad aunque duela y la valentía, van recobrando
un espacio precioso. Por eso las mujeres en la política. En nuestros países hemos avanzado en el proceso de inclusión de las
mujeres a más espacios de decisión. Independientemente que se siga
cuestionando la calidad de la representación femenina en estos espacios de
decisión, Pero el tema de la calidad es importante. Por calidad se puede
entender “el hecho de que la mujer trabaje activamente para promover los que
suelen denominarse asuntos femeninos, pero que en realidad lo son de toda la
sociedad.”[3] No nos interesa tan sólo sumar la cantidad de mujeres en los
diferentes espacios de decisión políticos. Nos interesa que esas mujeres sean
verdaderas liderezas. Que no lleguen tan sólo por efecto del sistema de
cuotas o por amiguismos personales o por influencias políticas. Que lleguen
para actuar como mujeres, que es decir, actuar bien. Que lleguen mujeres de
los sectores marginados de la sociedad tradicionalmente ausentes de la
política: las negras, las indígenas, las pobres, las que tienen
discapacidades. Que lleguen porque son liderezas reconocidas en su área, en
sus comunidades. Y que lleguen para hacer la diferencia. En este sentido, “Destinar un mínimo del
25% de la suma del subsidio estatal para el área de capacitación, del cual
deberá garantizar un porcentaje mínimo del 10% de éste, para la capacitación
de las mujeres”.[4] Uniendo el tema de la construcción de liderazgos femeninos en la
política, se encuentra el de la capacitación política y en nuestro país, el
mismo se encuentra entrelazado al del financiamiento de las acciones de
capacitación. El Partido Panameñista, que llevó a la
primera mujer a “ Artículo 70. Se respetará la
igualdad de la mujer dentro de la organización política y los puestos
elegibles. Se destinará un 30% de la financiación del Estado para promover la
formación y la participación política de la mujer, en cumplimiento a lo que
establece La participación de la mujer dentro de la agrupación política se
cumplirá mediante el siguiente mecanismo: la realización de foros,
seminarios, congresos y cualquiera otra actividad de cualquier naturaleza que
resulte idónea al propósito adecuado.”[5] Estructurada de la siguiente forma: “UN COMITÉ
DE FORMACIÓN, CAPACITACIÓN Y
LIDERAZGO, el cual se encargará de diseñar un Plan Anual de Formación
Política para las panameñistas y de entregarlo a Presentará
informes de cada uno de estos eventos y diseñará un plan de seguimiento a los
mismos con el fin de garantizar que las copartidarias beneficiadas impulsen
acciones políticas que beneficien a las mujeres en cada una de sus
circunscripciones electorales. Velará,
conjuntamente con el Comité de Relaciones Internacionales, para que en cada
participación internacional de capacitación donde se invite al Partido, esté
representado el mismo, al menos en su 30% de participación, por mujeres panameñistas. El Comité
de Formación, Capacitación y Liderazgo trabajará muy de cerca con
1. Participación y equidad
de género.
2. Las Cuotas electorales..
3. Formación de
instructoras/es para la capacitación política de la mujer.
4. Situación de
5. Derechos Humanos de
6. Proyectos parlamentarios
con perspectiva de género.
7. Ética política.
8. Reformas
Constitucionales.
9. Modernización de los
sistemas electorales.
10.
Partidos Políticos en Panamá.
11.
Liderazgo Y Autoestima.
12.
Las técnicas de oratoria.
13.
Mujer y participación política.
14.
Mujer y Familia.
15.
Mujer y Violencia.”[6] Este ejemplo nos ilustra acerca de la convicción que tienen
muchas mujeres de ligar necesariamente el sistema de cuotas a la capacitación
permanente de las mujeres, ya que la misma implica una de sus mayores
fortalezas y oportunidades para lograr la construcción de un verdadero
liderazgo. Aún así, los temas de capacitación a las mujeres de los partidos
políticos y a las mujeres interesadas en el tema, deben incluir siempre, la
aplicación de los instrumentos legales internacionales que tenemos a mano. Por otra parte, las
mujeres deben exigir la visibilización del manejo
de los fondos de sus partidos, sobre todo, en lo concerniente al presupuesto
destinado a capacitación, para garantizar que se utilice el porcentaje que la
ley exige, a la capacitación de las mujeres. Algunas sugerencias en el camino a la construcción de
liderazgos de mujeres en la política. ·
Además
del esfuerzo personal que realizan las mujeres, se tiene que incentivar a los
partidos políticos, a las organizaciones y al propio Estado a brindarles
oportunidades para que participen activamente en la vida política del país. ·
Incluir
en los ordenamientos jurídicos de los países los instrumentos internacionales,
pero exigir una efectiva y correcta aplicación de los mismos. ·
Supervisar
el uso del subsidio electoral estatal y verificar que efectivamente el
porcentaje destinado a la capacitación de las mujeres que conforman los
partidos políticos sea designado para esas actividades. ·
Fortalecer
los sectores femeninos de los partidos políticos, mediante la asignación de
recursos bajo la responsabilidad de las mujeres, los organismos electorales
de cada país y los Partidos Políticos. ·
Incentivar
a los partidos políticos que no han incluído en sus
Estatutos la obligatoriedad de una cuota electoral mínima del 30%. ·
Efectuar
campañas de divulgación de derechos políticos, participación política y de
los instrumentos jurídicos nacionales e internacionales que consagran esos
derechos. ·
Estimular
la autoestima y el liderazgo personal y político de las mujeres. ·
Crear
Asociaciones de Parlamentarias y Exparlamentarias; lo mismo que de Alcaldesas y Ex
Alcaldesas; Gobernadoras y ExGobernadoras (cuando
sean de elección popular); Representantes
y Ex Representantes, para diseñar una estrategia de empoderamiento y capacitación política permanente de las
mujeres que aspiren a estos distintos cargos de elección, desde ellas mismas,
desde sus propios éxitos y derrotas, desde sus invaluables experiencias y
sobre todo, para no perder el caudal político de las mujeres que no alcanzan
el triunfo electoral, pero sí alcanzan experiencia valiosa. ·
Aprovechar
los medios de comunicación para dar una mayor visibilidad a las mujeres. ·
Desafiar
lo cultural, denunciando el discurso sexista y aprender técnicas de oratoria
y debate para acallarlo. ·
Desarrollar
políticas para promover el espíritu de cuerpo y la vocación de poder de las
mujeres. ·
Lograr
que las mujeres que accedan a puestos de decisión sean solidarias y sororarias con las demás y propongan políticas públicas
que incidan en el mejoramiento y bienestar de la mayoría de las mujeres. ·
Crear
redes femeninas con otras colegas de espacios de decisión parecidos en otros
países; con el movimiento de mujeres de sus países y formar alianzas interpartidarias en torno a temas específicos de la
mujer. ·
Crear y
fortalecer los sectores femeninos a lo interno de los partidos políticos para
que sean los garantes de los derechos de las mujeres en sus propios partidos
y luchar por la conquista de elecciones primarias y de la cuota electoral
mínima del 30% de su participación en todas las listas electorales y en
aquellas donde tan solo existan dos espacios de elección, que la
participación sea del 50%. Bibliografía ·
Young,
Gloria; ¿Cómo ganar mi primera elección siendo mujer?; libro inédito, Panamá,
2005; pp. 42 – 56. ·
Young,
Gloria; “ ·
OEA;
Promoviendo el Artículo 28 – Carta Democrática Interamericana; Unidad para |
[1] Rauber, Isabel; Género y Poder; Ensayo – Testimonio, Ediciones Pasado y Presente, Serie:
Pensamiento Siglo XXI, Unión de Mujeres de
[3] Sesión Extraordinaria del Consejo Permanente de
[4] Código Electoral de Panamá, consultado en www.tribunal-electoral.gob.pa
[5] Estatutos del Partido Arnulfista (hoy Panameñista); año 2004.
[6] Estatutos del Partido Panameñista, aprobados
en