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Ataráxicos
del mundo, uníos |
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El
presente texto parece que tendrá vigencia durante mucho tiempo. Chobojo
Master |
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Armando
Labra M. ¿Padece usted de ataraxia? No
es difícil que así sea, aunque todavía no lo sepa. Ataraxia comenzaron a
sufrir millones de mexicanos no hace mucho y, como los síntomas son benignos,
nadie se ha preocupado de averiguar las causas y consecuencias del mal;
incluso ha habido quienes lo han confundido con un bien. Pero sus efectos son
devastadores. Como sea, es menester que se despreocupe porque, por más
ataráxico que se sienta, y así sea que registre todos los síntomas del mal en
su fase más aguda, está usted a punto de ser curado de raíz y para siempre
con sólo seguir leyendo este artículo. Tome usted cualquier
diccionario de nuestra lengua y encontrará la definición: consiste en
ausencia de inquietud, tranquilidad de ánimo, imperturbabilidad. Si decide
profundizar averiguará que los epicúreos, los estoicos y los escépticos de la
antigua Grecia hicieron de la ataraxia un medio idóneo para alcanzar la
felicidad. Por fortuna y grandes esfuerzos, quedan muy pocos ataráxicos en el
país. Los que no han migrado para conseguir chamba o para evitar la cárcel
están aquí sometidos a una cura infalible contra tan agudo padecimiento: el
terror semanal a que nos tiene sujetos el quehacer diario de la gente de Los
Pinos y alrededores. Cada lunes -y a veces antes-
nos amanecemos con noticias que nos liberan de cargas inmensas de ataraxia,
noticias capaces de curar hasta a los que se encuentran en fases terminales
del padecimiento. Cuando no es el aumento de tarifas eléctricas son las
bravatas en rounds de sombra contra la impunidad, fraudes que son, y no son,
el jugoso negocio de los minipartidos, el cochambre de la alternancia, en
fin, que ni penaltis mete la Selección y no cesan los sofocones semanales
contra la ataraxia de chiquillas, chiquillos, ruquillas y ruquillos que
pueblan la nación. El primero, y quizá único logro del gobierno, será
levantar la bandera negra por haberla extirpado y para siempre del territorio
nacional, para lo cual realiza no sólo campañas, sino acciones de gran éxito
que debemos reconocer sin regateos. Es tiempo, pues, de que los mexicanos
sumemos esfuerzos al de nuestras autoridades para completar la tarea en
tiempo récord. Pongamos nuestro grano de arena, nuestra gota de sudor,
nuestro mejor pujido para que con mayor velocidad que lo que tomó arreglar la
guerra en Chiapas y menos tiempo que registrar un changarro en la banqueta de
Correo Mayor y tener un vocho; con más firmeza que la magnitud de recursos
destinados a la educación y la investigación científica, a la seguridad
pública y a la salud; con la misma eficiencia con que instalamos la nueva
hacienda pública distributiva, o explicamos las tarifas eléctricas, mantenemos
en Babia al mero, mero del Banco de México y cumplimos las promesas de
campaña, con esa misma pujanza, erradiquemos, hombro con hombro, bota con
bota, confiados en nuestro gobierno, la infamante ataraxia que aún nos
agravia. Así sean unos cuantos los portadores de la plaga. El entorno mundial nos es
propicio. El grado de corrupción de las democracias modernas, especialmente
donde del presidente Bush para abajo chapopotean pegajosamente gracias al
escándalo Enron, al tiempo que muestra al mundo la ilegalidad y el absurdo de
tener talibanes "recluidos" en Guantánamo por encima del derecho
internacional mientras fracasa durante meses en encontrar siquiera al señor
Bin Laden. No debemos dejarnos engañar por el repunte del consumo de los
estadounidenses con el cual quieren reactivar nuestra ataraxia. Por fortuna,
la economía de EU reaccionó artificialmente por el impulso a la venta de
casas y automóviles al cierre de 2000, pero nadie compra casas y autos cada
año, de manera que aunque se unan, los ataráxicos están derrotados de
antemano. Para pertrecharnos contra cualquier embate inesperado basta con
tener presente que nuestro gobierno actuará al máximo de sus capacidades,
visión y compromiso social frente a las incógnitas que presenta la
terminación del sexenio apenas a un año y fracción de haber comenzado; la
solución del problema del sector eléctrico privatizándolo conforme las
recomendaciones de la prestigiada empresa Enron; la tercera ronda de parches
a la reforma fiscal y su cauda de amparos; el reclamo salarial de los
académicos universitarios del país; el abatimiento del gasto en seguridad
pública; los renovados liderazgos partidarios; y bueno, la corrupción y el
narco. Ataráxicos del mundo, uníos. Más les vale, porque ahora sí se les
aparecerá una fuerza implacable, probadamente infalible, invencible y ni
juntos o separados tendrán chance de resollar. Nosotros, los que ya estamos
curados, gracias a y junto con nuestro gobierno, ¡venceremos! |