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| COMUNICACIÓN INTERNA ¿PARA
QUÉ? |
Por: Ricardo
Sotillo Hidalgo Subdirector de Comunicación. Empresa pública de
Emergencias Sanitarias
Grupo
EPES
[email protected]
El Sr. Sotillo Hidalgo es Licenciado en Filosofía y
Ciencias de la Educación, ha realizado estudios de doctorado en
intervención psicosocial y postgrado en comunicación humana.
Actualmente trabaja como Subdirector de Comunicación Interna en la
Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (EPES), de la
Administración Andaluza. Entre las actividades que realiza en esta
etapa están la Gestión de contenidos de la Intranet corporativa,
Plan de Comunicación Interna y los soportes para la Gestión del
Conocimiento del Grupo EPES. Es miembro de la Sociedad Española para
el estudio del Estrés y de la Ansiedad. Investiga en el ámbito de
las relaciones humanas dentro de la
organización. |
Decir lo
que sentimos, sentir lo que decimos. Concordar las palabras con la
vida. Séneca
Información, conocimiento,
relación.
Las relaciones humanas en cualquier contexto tienen como
soporte básico la comunicación. Si facilitamos los mecanismos para que se
produzca de forma natural y, además, hacemos que esta comunicación se
desarrolle en la organización, en un clima ético y de libertad, habremos
dado el primer y más importante paso de cuantas actividades se nos
presentan en el mundo empresarial.
Desde las organizaciones ha
existido y existe una necesidad práctica de influir y motivar a sus
profesionales, entre otras razones, para alcanzar los objetivos de
producción. Para alcanzar este objetivo, tradicionalmente la comunicación
interna ha centrado sus esfuerzos en los canales convencionales y en los
emisores. A esto se le añade una mayor preocupación por la información que
baja desde la dirección hacia los empleados (comunicación descendente). Su
traducción práctica la hemos podido ver en resultados a modo de tablones
de anuncio, revistas de empresa, notas internas y reuniones. Por otro
lado, la figura del departamento de comunicación interna no ha sido
percibida como algo fundamental en muchas empresas hasta hace bien poco;
los roles de los gestores de la comunicación se han ido adaptando desde
diferentes perfiles curriculares hasta llegar a configurarse en una
disciplina propia, con una función bien definida y un mapa de
conocimientos que lo apoyan. Ahora nos encontramos inmersos en una nueva
etapa, donde la Sociedad del Conocimiento impone sus reglas y hace emerger
nuevas necesidades relacionadas con la comunicación: con una nueva
comunicación.
Desde nuestra perspectiva presentamos esta nueva
comunicación interna como una estrategia fundamental en la organización.
Ampliar el horizonte de la comunicación interna hacia la dimensión del
conocimiento compartido y de las relaciones humanas, constituye una
apertura y, sobre todo, una respuesta a la demanda y necesidades que
tienen las nuevas organizaciones y las personas que las
construyen.
La integración de elementos de comunicación interna en
la actividad laboral cotidiana, unida a una apuesta firme desde los más
altos niveles de la dirección son premisas básicas que se complementan con
un soporte tecnológico adecuado y proporcionado a nuestros objetivos,
junto a una preparación del entorno social donde se va a desarrollar. Y
toda la filosofía que enmarca esta nueva comunicación tiene su resultado
práctico en la productividad de la empresa, en la satisfacción del
cliente, en hacerla más competitiva, más inteligente y flexible; lo que
contribuye en definitiva a la propia supervivencia como organización. Es
una nueva visión desde un paradigma humanista la que reduce la diferencia
entre lo que es y lo que queremos que sea nuestra sociedad y nuestra
organización.
Sólo la teoría necesaria.
Para comenzar a
dibujar el mapa de conocimientos teóricos que dan origen a la comunicación
interna, nos remontaremos brevemente hasta la fuente original. Nos
situamos en Atenas, siglo V a C. Las decisiones de carácter político se
toman en la Asamblea, que la componen la ciudadanía libre, en la que se
interviene y debate de manera similar a la que han adoptado los
parlamentos democráticos actuales. También en los litigios y causas
judiciales la decisión es tomada por un amplísimo número de ciudadanos que
forman el jurado. En ambos escenarios, además de caracterizarse por una
práctica ausencia de políticos y jueces profesionales, la influencia
ejercida en las personas depende en gran medida de la capacidad de
convicción de los ponentes, lo que hace especialmente importante conocer y
emplear determinadas técnicas comunicativas para poder influir en tan
importantes decisiones de la vida pública cotidiana de la Grecia clásica.
Lo que en un mundo basado en la comunicación oral hizo triunfar a
la retórica y a quienes hacían de ella una forma de comunicación dentro de
un código ético, lo trasladamos a nuestra sociedad actual, a la que
añadimos otras formas de comunicación que se complementan con la palabra
escrita y se soportan en canales físicos impensables hace tan sólo unas
décadas. Ya situados en el mundo empresarial moderno podemos afirmar que
la comunicación interna es inseparable de la propia actividad productiva
de cualquier organización. Esta afirmación cobra peso específico en la
dirección de las empresas a partir de la incorporación de nuevos modelos
organizativos y de gestión. No es hasta pasada la segunda mitad del siglo
XX cuando las organizaciones comienzan a plantearse que esa transmisión de
instrucciones (comunicación descendente) no era suficiente y se comienza a
analizar un nuevo campo de trabajo, entre los que se añade la comunicación
al repertorio de habilidades directivas.
Las causas que en cierto
modo abren una nueva etapa en la comunicación interna las podemos
encontrar en el aumento de la presencia sindical, en un marco de
relaciones y legislación sociolaboral más favorable al trabajador, el
aumento de la formación académica en la sociedad, en una mayor conciencia
por parte de las organizaciones de lo que supone la inversión en formar a
su personal y, finalmente, en los nuevos valores y creencias que
evolucionan hasta un nuevo paradigma directivo.
La comunicación en
las organizaciones comprende una serie de pautas, normas y estilo, que
reflejan el modo de hacer de las personas que configuran la empresa. Tales
pautas normas y estilo tienen su reflejo en modelos que las determinan. De
este modo, desde un enfoque positivista, basado en la planificación
técnica originada desde modelos de la ingeniería industrial, la
comunicación interna estaría encaminada a controlar y predecir las
acciones de un modo planificado y dirigida de antemano. En otra dimensión
estaría el enfoque constructivista, de corte psicosocial, según el cual
nuestras experiencias previas, creencias personales, motivación y
expectativas tienen vital importancia a la hora de construir nuestro
propio conocimiento, lo que se traduce en que el conocimiento se construye
desde el interior de cada individuo. Esto es especialmente importante
cuando tratamos la relación enseñanza-aprendizaje más allá de aspectos
concretos y lo trasladamos a las actitudes.
En una organización se
generan múltiples mensajes que se repiten en la forma e incluso en los
contenidos. Estas redundancias surgen de ciertas normas implícitas que
sintetizan, en un momento determinado, el peso de las tradiciones y la
historia, el estilo de mando, el tipo de cultura, el quehacer cotidiano,
etc. Es en cierto modo una forma de aprendizaje por mimetismo, basado en
la teoría de la conversación. Todo esto configura un discurso propio y un
modo propio de hacer las cosas en cada empresa.
Por tanto, la
organización no puede existir sin comunicación, de manera que podemos
establecer también, que la comunicación no puede suceder sin la existencia
de mensajes, sean estos verbales o no. Se abre, entonces, una nueva forma
de análisis de la comunicación interna que está tomando cuerpo cada vez
más donde el mensaje se constituye en el eje central de la comunicación
organizacional.
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