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Por: María del Carmen Esquivel
Desde los años 60, la comunicación ha tomado
un lugar dentro de las organizaciones; pero desde entonces no ha habido
cambios sustanciales en la percepción y en la práctica de ésta, a nivel
organizacional. Basándose en el modelo tradicional de comunicación, las empresas perciben a esta área como una estrategia más para mantener el status quo de la organización.
Fig.1 Sin embargo, este proceso es meramente de
información y no de comunicación.
Ésta última es mil veces más compleja y requiere de un
involucramiento consciente y legítimo por parte de los directores de la
empresa, para que resulte efectiva y armónica. Expresión En primer lugar deben considerar que, cuando
hablamos de comunicación, entramos de lleno en el área de la expresión, y
por ende estamos hablando de emociones, sentimientos, pensamientos,
etc. Una buena comunicación organizacional debe
incluir estos aspectos fundamentales del ser humano y darles cabida en sus
programas, en los medios formales de información, en eventos y en
capacitación. Multidireccional Los procesos de comunicación,
difícilmente se podrían
esquematizar como en el modelo tradicional de la figura 1. Nunca es
lineal, ni en un tiempo programado. Los mensajes vienen de todas direcciones, en
sincronicidad o desorden. El emisor es receptor y mensaje, aun mismo
tiempo. Por tanto, ¿qué les hace pensar a los responsables de comunicación
de una empresa, que los mensajes que ellos emiten se convierten en el
“discurso oficial” de los empleados. No basta con los medios formales para mantener
la comunicación en una empresa (revistas, folletos, pizarrones,
memorándums ,etc.), es necesario crear canales informales, o medios de
expresión. Darle el debido peso al
“radio pasillo”, constituye una buena manera de empezar por hacer
algo en este sentido. Una
cuestión cultural No debemos olvidar que los arquetipos y
símbolos presentes en la cultura, determinan los procesos de
expresión. Para crear una auténtica comunicación
organizacional, es de vital importancia identificar los símbolos presentes
en la cultura de nuestra empresa. Darles el valor que se merecen para
crear mensajes que tengan sentido para todos los integrantes del
grupo. Hasta ahora, los directores de las empresas se
han dado a la maquiavélica
tarea de implantar valores y símbolos que ellos consideran ideales, sin
tomar en cuenta la cultura del grupo al que pertenecen. Estos esfuerzos, a
la larga (o en el corto plazo) son una pérdida de tiempo, ya que al hacer
un estudio de clima, podríamos constatar que estos valores no han sido
permeados en el grupo, puesto que TODOS tenemos filtros o “coladeras” culturales, dados
por la sociedad, la familia, la educación, los medios masivos, etc. Esta breve reflexión sobre la comunicación
organizacional, es para invitar a todos los directivos, gerentes o dueños
de compañías a que tomen en serio
a la comunicación en sus empresas. Hacer esfuerzos en esta dirección, por moda
o sin estar convencido de la
trascendencia de esto resulta
contraproducente y, en lugar de ser tomado como positivo por los
empleados, se constituye como un blanco fácil de quejas
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