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Scardino, Conti &
Asociados S.A.
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http://www.scya.com.ar/
El otro día
estaba viendo por un canal de aire una película, ya bastante vieja, que
contaba cada uno de los acontecimientos que culminaron con el ataque
japonés a Pearl Harbor. Si bien la película era norteamericana, se me
ocurrió que era una de las pocas en las que los japoneses no aparecían
como arquetípicamente oligofrénicos. Al margen de esto, descubrí que este
acontecimiento, además de provocado por la estupidez humana, se había
producido, fundamentalmente, como consecuencia de enormes problemas en la
comunicación. Confieso no ser una persona versada en Historia Universal,
pero, tomando como ciertos los hechos narrados en esta película, confirmé
una vez más lo complicado de la comunicación entre los seres
humanos.
Cuando se nos enseña el circuito de la comunicación,
se nos habla de un emisor, un mensaje y un receptor, parece lo más
sencillo del mundo: alguien (emisor) dice en español: "¿Cómo estás?"
(mensaje) y otro (receptor) responde en el mismo idioma: "bien" (mensaje).
A su vez, si el primero continúa hablando, se genera un circuito de ida y
vuelta (feed back). Aquí concluye un típico circuito de comunicación,
sencillo ¿no?. Pero, sin embargo, poco se enseña sobre lo que se denomina
interferencias. Esto es, los factores que dificultan la comunicación y que
pueden ser provocados por infinidad de causas: idiomáticas, físicas,
psíquicas, cognitivas, etc., las cuales no siempre se dan aisladas, sino
que pueden combinarse entre sí. Además, un mensaje puede ser enviado a
través de muchos medios: oral, escrito, icónico, lumínico, simbólico,
gestual, etc.
Por lo tanto, que las personas involucradas en
el acto de la comunicación (dos como mínimo) hablen el mismo idioma, es lo
básico, pero lejos está de ser el único requisito para que este acto
resulte exitoso.
En una comunicación posible, es decir, dando
por sentado que se habla el mismo idioma y que ninguno de los involucrados
sufre ningún tipo de alteración en sus facultades mentales o en sus
sentidos, los factores psicológico y cognitivo son definitorios para los
resultados de la misma.
El caso de la comunicación publicitaria
resulta muy interesante en este sentido.
Una empresa que quiere
lanzar su marca al mercado respaldada con excelentes productos o
servicios, está condenada al fracaso sin una comunicación adecuada. Cuando
digo adecuada, no me refiero solamente al contenido, sino a la imagen
general que dicha comunicación genera en la mente de las personas. Esto
es, en definitiva, el objetivo de este tipo de comunicación, lograr que la
idea empresa sea positiva en la mente del potencial consumidor (factor
psicológico). No es nada sencillo lograrlo.
Decíamos que los
factores psicológico y cognitivo son determinantes. Esto no es otra cosa
que intentar conocer a los consumidores potenciales en cuestión en primer
lugar, para que nos conozcan después (factor cognitivo), es decir,
intentar adentrarnos en sus mentes para tener una idea más clara de cómo
llegar a ellos.
Todo esto se complica mucho más en estos tiempos de
bombardeo comunicacional, ya que cualquier mente normal se satura con
tanta información. Cada vez nos quieren vender más cosas utilizando todos
los medios posibles. Se diría que, en este sentido, ya está todo
inventado.
¿Cómo hacer, entonces, para emerger entre semejante
océano de comunicación? Es muy difícil, pero no imposible, ya que, si bien
puede ser cierto que ya todo está inventado, las combinaciones posibles
entre los elementos existentes, es infinita, el paradigma es infinito. Si
no fuese así, ya no se escribirían libros ni se compondría música, ya que
tanto las palabras como las notas musicales son finitas, pero no lo son
las combinaciones que con ellas pueden realizarse.
Una
comunicación publicitaria exitosa no surge de combinar imágenes y/o
palabras que se vean o suenen bien. Si esto hacemos, podremos obtener como
resultado una obra de arte, pero comunicacionalmente ineficaz. Muchos
comerciales que han ganado premios Clío no han logrado resultados en las
ventas, éstos son los famosos casos en los que se recuerda muy bien el
comercial, pero no se recuerda qué producto
publicita.
Además de una gran dosis de creatividad y
habilidad en el diseño y la redacción, lo que se presenta como fundamental
para una comunicación exitosa es el respaldo de un adecuado plan de
marketing. La publicidad es una herramienta de éste. Una comunicación
publicitaria no puede estar "descolgada", requiere ser parte de un plan de
marketing surgido, a su vez, de una cuidadosa investigación del
mercado.
Es muy común que se piense en la comunicación publicitaria
como "le encargo al imprentero un lindo folleto y ya está", con lo cual,
es también común que se desvalorice el trabajo del profesional del diseño
y de la comunicación (no tengo nada en contra de quienes se dedican a las
artes gráficas, pero su trabajo es imprimir y no comunicar), sin darse
cuenta de que, de este modo, se desvaloriza la propia imagen. Hay que
saber qué decir, a quién y cómo y en qué momento decírselo, y esto surge
de un estudio exhaustivo de la empresa, su marca, sus productos y su
mercado.
Se me podría decir que, ya que es tan complicado,
mejor no comunicamos nada y listo. Y yo respondería que esto es imposible
porque todo es comunicación. El isologotipo de la empresa, la
atención al cliente, la ambientación, la papelería, los catálogos, el
uniforme del personal, los colores institucionales y, por supuesto, la
publicidad. Hasta el más cerrado de los silencios nos comunica algo
(comunicación negativa)... Absolutamente todo es
comunicación.
Por supuesto que, tratándose de seres
humanos, nada es infalible, ya que las reacciones de cada individuo no
pueden predecirse de manera absoluta, por lo que el mundo de la
comunicación no deja de sorprendernos. Pero, reitero, con una
investigación profunda de la propia empresa y su imagen en el mercado y
del mercado mismo, creatividad, buen diseño, palabras e imágenes adecuadas
y presencia constante (recurrencia), las probabilidades de éxito son
infinitamente mayores.
Se le debe dar a la comunicación la
importancia que merece, ya que, si bien no es la que provoca por sí sola
el incremento de las ventas, es una de las herramientas más preciadas del
marketing. Es la manera de hacerse conocer, formar imagen y permanecer
en la mente de habituales y potenciales consumidores.
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Notas, fuentes y recursos |
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