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Obra
reseñada:
Segovia Olmo, Felipe. (Dir.) (2003). El aula inteligente. Nuevas
perspectivas. Madrid: Espasa Calpe, 334 pp.
El sistema educativo aula inteligente es un constructo creativo, un
conjunto de saberes que se plasman en una pedagogía singular. Propugna un
cambio de modelo de educación a través de la reingeniería total del sistema
educativo; lo hace partiendo de una determinada conceptualización de lo que
sería la calidad en educación. Segovia define a ésta como “el proceso de
perfeccionamiento integral e intencional del ser humano, orientado a su
autorrealización y a su inserción activa en la naturaleza, la sociedad y la
cultura” (p. 13); entiende por calidad “ese plus diferencial que singulariza
un producto o un servicio; ese rasgo que lo hace más estimable, radicando su
esencia en la entidad misma de los fines perseguidos, en la superioridad de
los objetivos” (p. 13).
Esta obra supone la segunda parte de un primer libro, El aula
inteligente, en el que se expusieron los principios generales del
paradigma educativo propugnado. En esa primera obra se define aula
inteligente como una:
Comunidad
de aprendizaje, cuyo objetivo principal es el desarrollo de la inteligencia y
de los valores de los alumnos, que planifican, realizan y regulan su propio
trabajo, bajo la mediación de los profesores, por medio de métodos didácticos
diversificados y tareas auténticas, evaluados por alumnos y profesores, en un
espacio multiuso abierto, tecnológicamente equipado y organizado según los principios
de la calidad total en la gestión (Segovia, 1998, p. 18).
En este segundo tomo se
desarrollan algunas de las dimensiones del modelo, para ello se parte de la
colaboración de especialistas en las áreas clave con cuya interrelación se
construye el aula inteligente: aportaciones del campo de la psicología, la
práctica docente, la pedagogía, la medicina, la filosofía, la sociología, la
medicina, la arquitectura e incluso de la economía.
La dimensión más filosófica parte
de las enseñanzas de Epicuro, Nietzsche o Plutarco cuando establece que el
saber humano es un conocimiento de y para la vida humana. El aula inteligente
ayuda a cada individuo a centrarse y descubrir sus saberes y potencialidades.
Así entendida la acción educativa, las tareas a destacar serán las de
aprender a pensar críticamente, aprender a vivir creativamente para eliminar
la rutina y desafiar los modos convencionales de hacer y pensar las cosas,
aprender a elegir libre y responsablemente y, finalmente, aprender a actuar
éticamente.
En el aula inteligente la
aplicación del enfoque constructivista del aprendizaje se aborda desde el
replanteamiento de la enseñanza en una cuádruple perspectiva: contextual,
comprensiva, estratégica y funcional. El enfoque contextual abarca las claves
del contexto educativo a ser tenidas en cuenta por el profesor: las ideas
previas, las tareas, las preguntas y el trabajo cooperativo. El enfoque
comprensivo enfatiza el desarrollo de la comprensión significativa del alumno
en torno a cualquier idea. La perspectiva estratégica postula un desarrollo
necesario de las estrategias de aprendizaje. El enfoque disposicional
establece la necesidad de generar en los alumnos la voluntad de aprender,
sólo así podrán actuar eficazmente los postulados anteriores.
La cultura escolar que promueve
el aula inteligente define un marco de instrucción que se adapta a la
diversidad del alumnado. Es un diseño instruccional abierto, que permite a
cada alumno aprender según su propio ritmo y estilo cognitivo. Es un diseño
interactivo y constructivo que reformula los diferentes componentes del
aprendizaje tradicional: el papel del profesor y el del alumno, las metas y
objetivos, los procesos y tareas, la secuencia y proceso de instrucción y los
modos de evaluación. Es un diseño autorregulado porque se basa en una
metodología investigadora, que promueve el trabajo y la planificación
autónoma en función de los intereses de cada alumno.
El aula inteligente incorpora la
tecnología informática, poniéndola al servicio de la educación. Considera que
su papel es el de promover la inteligencia y los valores de los alumnos. En
este sentido, la tecnología educativa debe convertirse en una “herramienta
cognitiva” de gran poder para el aprendizaje constructivo, y su lugar debe
estar, por tanto, en el aula junto al alumno.
Este nuevo paradigma escolar se
concibe como una comunidad de aprendizaje, un proyecto común y en permanente
renovación, en el que todos los miembros se sienten comprometidos por igual.
En el aula inteligente el profesor es un inspirador que abona el germen de la
curiosidad y la solidaridad entre sus estudiantes.
Por otra parte, la arquitectura
del lugar, un aspecto tradicionalmente ignorado en la educación, es
incorporado como otro elemento más de la comunidad educativa. Del espacio van
a depender la calidad de los estímulos, la motivación e identificación que
llevarán al afecto por el lugar y, con ello, al interés del alumno por
involucrarse en el aprendizaje.
Las comunidades de aprendizaje
son idóneas para promover el desarrollo del potencial cognitivo, emocional y
social saludable de los niños. Las evidencias del desarrollo neurofisiológico
sustentan una base fundamental para diseñar el método pedagógico; las
actividades, el papel de alumno y profesor, las interacciones, la selección y
el uso de los recursos se disponen para contribuir a enseñar al cerebro a
usar más y mejores conexiones neuronales. La mejora de los procesos
cognitivos del alumno es el indicador que permite cerrar la evaluación de la
gestión de la calidad del centro educativo según la Norma ISO 9001. De acuerdo con este modelo de
gestión de la calidad, el aula inteligente es un elemento coherente y lógico,
cuya eficacia pedagógica es totalmente válida para “dar respuesta a las nuevas
habilidades y características necesarias en los individuos, como consecuencia
de las nuevas formas de organización empresarial y del trabajo” (p. 273).
Las diferentes dimensiones que
vertebran el modelo pedagógico definido son presentadas con un lenguaje
ameno, que no exige grandes conocimientos en cada una de las disciplinas que
trata, porque contiene las explicaciones necesarias para su comprensión. A
pesar de ello, no es una obra teórica, sino práctica y funcional desde una
perspectiva lógica, coherente e interdisciplinar. Se trata de un modelo
pedagógico que lleva tiempo aplicándose, con excelentes y contrastados
resultados, en la institución educativa privada “San Estanislao de Koska” (SEK) y en la Universidad Camilo José Cela (de
Madrid, España).
Aún bajo el entendimiento de que
no es su pretensión, se echa de menos una mayor crítica de las carencias
formativas del profesorado y de las necesarias demandas y cambios en la
formación de los docentes que debe empezar desde las universidades. No
podemos pensar en enseñar a aprender a nuestros alumnos si nosotros mismos no
somos profesionales reflexivos.
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