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Mario Jaramillo M.
Docente Facultad de Educación. U. de A.
Como
hecho histórico que nos circunda, la formación de la comunidad académica ha
superado barreras que en épocas pretéritas constituyeron obstáculos
infranqueables, el correo electrónico, los buscadores y las páginas en
Internet, posibilitan una comunicación más expedita y ágil entre científicos y
académicos. Sin embargo, las constantes de la formación académica siguen
vigentes, como en los tiempos de Platón: solo hay una red inteligente, con
personas inteligentes.
(Belisario Betancur C. 2001)
Hay cuatro dimensiones en Internet: Información, interacción, colaboración y
transformación.
(Howard Charney. 2001)
La
multimedia actualiza el sueño de la enseñanza multisensorial
formulado por la pedagogía clásica.
(Octavio
Henao. 1992)
Desde hace muchos años ha existido la educación a distancia. Esta ha tenido diversas
denominaciones: educación abierta, semipresencial,
educación tecnológica, educación a través de escenarios múltiples, educación
cibernética y hoy en día se conoce como educación virtual.
Al
comienzo para llevar a cabo esta modalidad educativa se recurrió a los medios
de comunicación existentes en cada época y en cada espacio geográfico como por
ejemplo, al correo escrito y mensajería, al caballo, al transporte terrestre,
marítimo o aéreo; después a la radio y al teléfono, luego a la televisión y ahora
a la red o Internet. Este proceso de desarrollo tecnológico se convierte en un
desafío tanto para las instituciones educativas como para los docentes y los
estudiantes. Por esta circunstancia el maestro, el estudiante y las
instituciones educativas tradicionales deben transformarse y renacer como
integrantes de una comunidad educativa moderna, es decir, sintonizada con el
manejo y aprovechamiento de las tecnologías de la comunicación como elementos
esenciales para su desarrollo y transformación.
Así
mismo deben transformarse las prácticas y teorías educativas, los conceptos de
maestro, estudiante, aprendizaje, aula de clase y de escuela o colegio. Por
ejemplo, el aula escolar no debe entenderse como un espacio cerrado o salón de
cuatro paredes en donde se dictan clases, sino como un espacio real y abierto
donde es posible reconstruir y construir experiencias, conocimientos y saberes,
interactuar y establecer interacciones con y como sujetos activos, dinámicos
que permanentemente se están informando y formando en lo personal, social,
afectivo, ético y cognitivo. Este deber ser de la educación y de la pedagogía
con relación a la tecnología informática nos lo señala Echeverri y Zuluaga “ En cuanto lo tecnológico el concepto de formación
ha servido de mediador entre el campo de presencia de la pedagogía y la
tecnología computacional al propiciar la creación de un ámbito de apropiación
de dicha tecnología en donde el individuo no es reducido a un dato objetivo y
donde el sentido de humanidad prevalece ante cualquier dispositivo tecnológico
que relega el cuerpo del maestro a la invisibilidad. En todo caso el acto de
enseñar como drama pasional en donde el odio y el amor comunican al infante con
la civilización y la humanidad es por ahora insustituible.”(Echeverri y Zuluaga: 37).
Los medios de comunicación no se hicieron para aprender; se hicieron como
herramientas para que la humanidad los utilice como la prolongación de su
cuerpo y su cerebro. De igual manera podríamos afirmar que la red o Internet se
construye como una prolongación del proceso enseñanza-aprendizaje y como una
ayuda para los docentes, instituciones, estudiantes y como un socio cognitivo,
para contribuir a posibles y mejores procesos de construcción de conocimientos,
de comunicación y de desarrollo humano.
En
este sentido somos los integrantes de la comunidad educativa los que le damos
sentido y significados a estos medios de comunicación, somos nosotros los que
utilizamos o abusamos de los medios tecnológicos en el mejoramiento de la
calidad de la educación, la comunicación y formación humana.“En la actualidad
la pedagogía es interpelada por los medios, la informatización del aula, la
inteligencia artificial… sin lugar a dudas, existen problematizaciones
y desafíos que vienen del interior de la pedagogía misma y de los avances que
para la enseñanza han ido construyendo otras ciencias y saberes”(Echeverri y Zuluaga 1997-1998: 13).
Hoy
en día a estos medios tecnológicos de la comunicación se le conoce como red o
Internet, y a este proceso de comunicación para la enseñanza y el aprendizaje
se le nombra como educación virtual. Y es por esta presencia real de la
educación virtual por lo que el maestro, las instituciones y los estudiantes
deben transformarse para darle paso y espacio a este nuevo paradigma educativo.
Cada
vez que se habla o se escribe sobre este tema surge la pregunta: ¿desaparecerá
el maestro? Podríamos responder ante esta, si y no. Si, porque desaparece el
concepto y la figura del maestro tradicional que se concibe como el centro del
proceso enseñanza –aprendizaje. Desaparece el maestro que cree que el
conocimiento se transmite y que la ciencia es una acumulación de datos. Y no,
porque no morirá o desaparecerá el concepto o figura del maestro que se inserta
en este nuevo paradigma comunicativo-educativo, que comprende y asume que él es
el mediador e interlocutor entre los saberes y sus estudiantes. El maestro que
considera estos medios de comunicación como ayudas didácticas y sus socios
cognitivos para la reconstrucción y construcción de experiencias, conocimientos
y saberes, y fundamentalmente para la educación y formación de nuevas
generaciones.
Entonces,
lo que debe caracterizar a este maestro, que no morirá, es precisamente su
inteligencia, su competencia comunicativa, su creatividad, su pericia y su
maestría para actuar, en la educación virtual, como mediador, creador y
recreador de experiencias, situaciones y actividades especialmente pensadas
para promover la reconstrucción y construcción de determinados saberes y formas
culturales por parte de sus estudiantes. A fin de poder comprender que la
educación virtual es real.