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OEI - Ediciones - Revista
Iberoamericana de Educación - Número 24
Síntesis: En este siglo XXI
nos enfrentamos al reto de construir una sociedad de información multicultural
que, con base en la educación, la democracia y el respeto individual y
colectivo, amplíe las oportunidades de desarrollo y justicia para todos, en un
ambiente de convivencia pacífica y de armonía con el medio que nos rodea.
El presente trabajo resalta la
importancia de los flujos electrónicos de información para este propósito y la
estructuración de políticas de información que deben insertarse
prioritariamente, a su vez, en las políticas públicas e institucionales.
Se reitera la importancia de una
educación de calidad, que requiere cambios paradigmáticos y una transformación
del proceso de enseñanza-aprendizaje centrado en el receptor del proceso.
Las tecnologías integradas de información
y comunicación son ya coadyuvantes indispensables del proceso educativo. Se
hace referencia a los nuevos papeles que desempeñan los profesionales de la
información, quienes deberán colaborar de manera interdisciplinaria en
proyectos multidisciplinarios de educación que satisfagan las demandas sociales
de una educación permanente. Se resalta la importancia de la organización de la
información y el papel de las bibliotecas digitales para la educación
presencial, a distancia y virtual.
Síntese: Neste século XXI nos
enfrentamos ao desafio de construir uma sociedade de informação multicultural
que, com base a educação, a democracia e o respeito individual e colectivo,
amplie as oportunidades de desenvolvimento e justiça para todos, num ambiente
de convivência pacífica e de harmonia com o meio que nos rodeia.
O presente
trabalho salienta a importância dos fluxos eletrônicos de informação para este
propósito e a estruturação de políticas de informação que devem inserir-se
prioritariamente, a sua vez, nas políticas públicas e institucionais.
Reitera-se
a importância de uma educação de qualidade, que requer mudanças paradigmáticas
e uma transformação do processo de ensino-aprendizagem centrado no receptor do
processo.
As
tecnologias integradas de informação e comunicação são já coadjuvantes
indispensáveis do processo educativo. Faz-se referência aos novos papéis que
desempenham os profissionais de informação, os quais deverão colaborar de
maneira interdisciplinar em projectos multidisciplinares de educação que
satisfaçam às demandas sociais de uma educação permanente. Salienta-se a
importância da organização da informação e o papel das bibliotecas digitais
para a educação presencial, à distância e virtual.
(*) Margarita Almada de Ascencio
es investigadora titular y coordinadora del seminario «Tecnologías de
La
construcción de una sociedad del conocimiento tiene como eje fundamental a la
educación. Frente a la mundialización o globalización actual, la educación es
un tema que debe abordarse en todos los países y regiones del mundo, tanto para
considerar nuevos paradigmas educativos y de comunicación de la inforión, como
para las tecnologías de la información que mejor apoyen los procesos y la
transferencia y acceso al conocimiento. Con la misma importancia deben
incluirse aquellas características locales indispensables para que la educación
sea de calidad, y con las características culturales que mantengan un sano
equilibrio entre la modernidad y la tradición, entre lo global y lo local, para
una sociedad mundial y una comunidad local, ambas de progreso para el bienestar
y la convivencia.
Dentro
de las políticas educativas propuestas por los países latinoamericanos, los
flujos electrónicos de información, su organización y distribución y las
bibliotecas digitales, deben alcanzar un papel más relevante de lo que hasta
ahora se ha manifestado. Deben tomarse como insumos prioritarios para la
educación y el conocimiento; con el soporte de las tecnologías de la
información transforman los medios y procesos a través de los cuales se accede
al conocimiento.
Se
reconoce que la comunicación, la información y el conocimiento son componentes
inseparables de los procesos educativos; sin embargo, falta identificar en esta
estrecha e inseparable vinculación a los nuevos actores que han de incluirse
también en la planeación de los programas educativos.
Los
especialistas, investigadores y profesionales de las disciplinas relacionadas
con la información y la comunicación, tales como la bibliotecología, la ciencia
de la información, la documentación, la archivología y la ciencia de la
comunicación, deben integrarse en grupos multidisciplinarios con los docentes y
pedagogos, con psicólogos, sociólogos, lingüistas, computólogos, ingenieros en
telecomunicaciones e informáticos, en el planeamiento interdisciplinario de
proyectos y programas de educación en sus diversas modalidades y niveles.
Inicio
este trabajo con algunas definiciones que, si bien pueden parecer obvias, nos
ayudan a establecer un marco de referencia para reflexionar sobre los flujos de
información en la educación, especialmente la educación a distancia y virtual,
que, cada vez más, se va incorporando como elemento de apoyo a la educación
presencial y como opción para ampliar la oferta educativa a la sociedad.
La
comunicación como fundamento de la cultura humana y, por ello, como elemento
esencial de la interacción social, se puede definir sencillamente como el
intercambio de significados entre individuos por medio de un sistema común de
símbolos. En realidad no es hasta el siglo XX que, debido a los avances
científicos y tecnológicos que dan lugar a la comunicación masiva, aparecen
definiciones explícitas y se proponen teorías de la comunicación.
La
comunicación juega un papel primordial en la modificación del comportamiento
humano. Se ha observado que la adopción de tecnologías por un sector de la sociedad
o por múltiples grupos sociales puede cambiar su forma de vida. El uso de la
red Internet y de la «World Wide Web», por ejemplo, están cambiando la manera
en que trabajamos, nos comunicamos, compramos, difundimos información,
accedemos a información, hacemos transacciones bancarias, cursamos estudios y
nos divertimos; es decir, transforman nuestro quehacer cotidiano.
Las
tecnologías de la información penetran en los sectores de mayor desarrollo
socioeconómico, modificando la manera de transmitir y distribuir mensajes, muy
especialmente a partir del uso de
Se
requiere evitar el ensanchamiento de la brecha entre una minoría privilegiada
que se beneficia de todo tipo de progreso, y la proporción considerable de la
humanidad relegada a soportar sólo los inconvenientes.
La
relación comunicación/información es tan estrecha que el conjunto integra una
interdisciplina. El desarrollo y la integración de diversas tecnologías de
telecomunicaciones e información posibilitan el transporte y la transferencia
de mayores volúmenes de información, reduciéndose considerablemente el tiempo y
facilitando la interacción entre las personas y con la información. Ello
contribuye al fortalecimiento y engrandecimiento del propio ciclo de
información, que pasa por encima de barreras políticas y nacionales. Contribuye
así al surgimiento de una nueva etapa en la evolución de la sociedad
internacional, en donde la información se convierte en el medio fundamental de
interrelación, intercambio, comercialización, educación y trabajo; lo que se ha
dado en llamar globalización o mundialización.
La
sociedad ha evolucionado de una economía basada en la manufactura de bienes
físicos a otra de servicios, en la que la sociedad que tiene acceso a ellos
utiliza la información como medio para alcanzar sus metas y maximizar así el
valor de la actualización y posesión de la misma. De tal manera, en esta etapa
se hacen evidentes nuevas estructuras de poder entre las sociedades y naciones
privilegiadas que poseen información y aquéllas desposeídas de ella.
Una
sociedad del conocimiento será aquella que, a partir de alcanzar el nivel de
una sociedad educada, puede recuperar información para enriquecer su
conocimiento y tomar las decisiones pertinentes a su propio desarrollo personal
y colectivo. Si bien a finales del siglo XX aumentaron las oportunidades de
acceso a la información y al conocimiento, con millones de personas usando
estas tecnologías en todo el mundo, la mayor parte de la población mundial aún
no la puede utilizar para su beneficio.
Ante
esta realidad, la educación, la formación profesional, la formación académica y
la actualización como proceso permanente de vida, se convierten en pilares
fundamentales de las reformas sociales, económicas y políticas que deberán
enfrentar las sociedades del siglo XXI.
En
el documento de
·
Las principales tendencias y tensiones en la educación.
·
Los cuatro pilares fundamentales de la educación.
·
La educación como proceso de vida, y
·
La educación y las nuevas tecnologías de comunicación e
información.
Para ampliar las posibilidades de acceso a una
institución educativa de calidad, se requiere involucrar a nuevos actores en el
proceso educativo. Esos nuevos actores serán, sin duda, los especialistas en la
organización, manejo, acceso, recuperación y distribución de la información
desde sus diversas perspectivas disciplinarias.
Recordemos que la educación es un proceso
permanente de enriquecimiento continuo del conocimiento y del saber hacer o
«saber cómo hacer»; es también el mejor medio para la construcción privilegiada
de cada persona y de las relaciones entre individuos, grupos y naciones.
Los seres humanos nos encontramos, en la
actualidad, divididos entre la mundialización o globalización y la búsqueda de
nuestras raíces, nuestros puntos de referencia y nuestro sentido de
pertenencia.
Si aceptamos que el proceso de
enseñanza/aprendizaje debe diseñarse para que cada individuo aproveche al
máximo sus capacidades, el concepto de educación debe ampliarse en tiempo y
espacio para que realmente sea un proceso de vida, la educación a través de toda
la vida.
Sin duda estamos en la transición hacia una
sociedad cognoscitiva, es decir, dirigida por el conocimiento. Al mismo tiempo,
debemos estar conscientes de los fracasos en la aplicación del conocimiento
para un bienestar más amplio y justamente distribuido, precisamente por la
naturaleza endógena de los mecanismos de acumulación y aplicación del
conocimiento.
Tanto en países desarrollados como en desarrollo,
queda aún mucho por discutir y avanzar en cuanto a la aplicación de las TIC
(tecnologías de la información y la comunicación). Entre los temas relacionados
con la educación se mencionan: a) los que las consideran como
herramienta y soporte para mejorar la calidad del proceso educativo.
Ya no deben observarse las tecnologías integradas de información y comunicación
únicamente como soportes tecnológicos, sino como elementos integradores e
incluyentes de los procesos de acceso y recuperación de información y
transferencia de conocimiento y de enseñanza/aprendizaje; b) los cambios
profundos y aun paradigmáticos que requiere el proceso educativo, tanto por
el oferente como por el receptor, y c) los aspectos sociales y culturales,
legales, políticos y económicos de la transferencia electrónica de la
información, que deberán considerarse al planear la distribución,
organización, acceso y recuperación local, nacional o mundial.
La información es un insumo de la comunicación.
¿Pero, qué es información y qué entendemos por flujos de información? La
información, como resultado del proceso cognoscitivo, es la forma comunicable
del conocimiento. En este caso la información es «objetiva», ya que se refiere
a ella como una manifestación real de los procesos cognoscitivos y es,
entonces, una entidad física.
Un enfoque «subjetivo» asume que si la información
existe en el cerebro humano, solamente puede comprenderse en los términos en
que cambia a las personas o a las situaciones y a la forma en que repercute en
ellas. Los símbolos y señales sólo se transforman en información cuando se
fijan en una estructura cognitiva; es decir, no tienen existencia ni realidad
por sí mismos. Este punto de vista es congruente con la aseveración de que el
significado es construido por el individuo con base en su propia experiencia.
Los flujos de información se refieren al «conocimiento en movimiento».
Desde siempre la información, en tanto vehículo de
transmisión de conocimiento, ha constituido un factor esencial en el avance de
la sociedad. El actual desarrollo de todas las disciplinas se caracteriza,
entre otros factores, por una aceleración en la recopilación, almacenamiento,
procesamiento y transmisión de información, lo cual ha producido diversos
efectos como elemento estratégico para el desarrollo integral de la sociedad.
La existencia de la ciencia social se basa en la
capacidad de tratar a un grupo social como una organización y no como una
aglomeración. La comunicación es el aglutinamiento que forma las
organizaciones. Sólo la comunicación permite a un grupo pensar unido, ver unido
y actuar unido. La información juega un papel fundamental en las relaciones
internacionales, tanto como medio de comunicación entre personas, como
instrumento de entendimiento y conocimiento entre las naciones. Este papel se
torna aún más importante y crucial en las relaciones internacionales
contemporáneas, ya que los nuevos desarrollos tecnológicos otorgan a la
comunidad internacional rápidos y sofisticados medios de comunicación que
permiten la transmisión casi instantánea de información a diferentes regiones
del globo. No obstante, la distribución de la información en el mundo actual se
caracteriza por desequilibrios básicos que reflejan un desnivel general que
afecta a la comunidad internacional; ello se manifiesta en una amplia variedad
de campos, especialmente en las esferas políticas, legales, técnicas y
financieras (Deutsch, 1956).
La posesión y oportuna aplicación de la información
es factor esencial de progreso; es elemento indispensable para el uso racional
de recursos, para avances científicos, tecnológicos, sociales y culturales, y
como prerrequisito para el desarrollo; es, pues, un recurso vital para el
proceso educativo y para el avance del conocimiento. Por ello, en nuestros días
la información adquiere una connotación especial y, por lo tanto, es
indispensable considerar el estudio y la investigación en el campo como
prioritarios y como actores es importantes a considerar en la transformación
del proceso educativo (Ascencio, Gil, 1989).
La importancia de la información y su relevancia en
los procesos de enseñanza/aprendizaje es obvia; pero también lo es la necesidad
de comprender los procesos de los flujos de información y su organización. Para
que una persona se eduque necesita adquirir información que enriquezca sus
conocimientos, y, a través de ellos, adquiera nuevos conocimientos, habilidades
y actitudes que le faciliten tomar decisiones para su desarrollo personal y
colectivo. Deberá tener acceso a la información y al conocimiento registrados
que sean relevante para su aprendizaje.
La educación permanente es la construcción
continua de la persona, de su saber y de sus aptitudes, de su facultad crítica,
de sus actitudes y capacidad de actuar; debe habilitar para desarrollar una
conciencia crítica de cada individuo sobre sí mismo y fomentar su plena
participación en el trabajo y en la sociedad. De aquí la importancia de
dirigir los planes educativos hacia una «sociedad educadora y educada» para el
próximo siglo. Ello no se alcanzará si no se logra ampliar la oferta educativa de
calidad con equidad y con apoyo en las llamadas nuevas tecnologías de la
información.
El concepto de educación continua o educación a lo
largo de la vida tiene las ventajas de su flexibilidad, su diversidad y su
disponibilidad en tiempo y espacio. La educación continua, la educación a
distancia y el aprovechamiento de las tecnologías de la comunicación y la
información, deberán ofrecer mayores oportunidades para el desarrollo del
proyecto personal de cada individuo.
La universidad virtual, entendida como la apertura
de la universidad hacia la comunidad extramuros con el apoyo de las tecnologías
de la información para ampliar la oferta de servicios de docencia y difusión de
la cultura, así como la interacción de grupos intra y extramuros a través del
espacio cibernético, requiere revisar la infraestructura tecnológica, los
recursos humanos multidisciplinarios y la estructura y organización de los
contenidos y flujos de información necesarios para su funcionamiento.
Los antecedentes de «universidad virtual» los
encontramos en las infraestructuras de apoyo a la transferencia de información
electrónica para los sectores de educación superior e investigación, la
educación y formación a distancia y elementos de las educaciones abierta y
continua. También debemos incluir los estudios e investigaciones sobre el
comportamiento de las personas en la búsqueda y acceso a la información
oportuna, relevante y pertinente a sus intereses, y en la organización de
información y administración de servicios de información electrónicos.
Los flujos electrónicos de información son insumo
indispensable de los procesos multimodales de enseñanza/aprendizaje. Las
investigaciones sobre flujos electrónicos de información —políticas,
organización, recuperación y uso— son importantes para la proyección
interdisciplinaria de la educación continua a distancia y de la universidad a
distancia y virtual.
Más que nunca los especialistas en las diversas
disciplinas afines a la información, la comunicación y la educación —incluyendo
los aspectos editoriales, edición y publicación electrónica—, deben colaborar
de manera interdisciplinaria con todos los actores que participan
en el diseño, desarrollo y puesta en marcha de los procesos de educación a
distancia y de educación virtual. Hago énfasis en la palabra
interdisciplinaria, porque cada uno de los participantes en un proyecto
multidisciplinario tendrá que apreciar la perspectiva de los especialistas de
otras disciplinas, con objeto de tener una visión integrada del problema y de
las necesidades de académicos, alumnos y administradores en el proceso
educativo.
Al desarrollar sistemas de información para la
educación continua a distancia y virtual, debemos considerar la posibilidad de un
autor/usuario; es decir, quien accede a esta modalidad educativa puede ser, a
su vez, oferente y receptor de información. Los sistemas deben ser organizados
para el acceso coherente, amplio, oportuno y pertinente para el participante
del proceso educativo.
Los primeros desarrollos tecnológicos para la
transferencia de información electrónica prácticamente no tomaron en cuenta la
necesidad de la participación de especialistas en la organización de contenidos
de información. Sin embargo, ante la demanda de facilitar el acceso y de
mejorar la recuperación de la información, se ha requerido incorporar, cada vez
con mayor participación, a los profesionales de información expertos en la
organización, acceso o recuperación de información.
Los proyectos de universidad en línea, teleducación
o educación o universidad virtual, requieren de grupos interdisciplinarios de
desarrollo, apoyados en investigaciones interdisciplinarias, en los que
participen investigadores en educación y pedagogía, cómputo —inteligencia artificial—
y cibernética, informática y telecomunicaciones, psicología, lingüística,
bibliotecología, ciencias de la información y de la comunicación, etc. Reitero
la importancia de incluir en los equipos de trabajo a especialistas en
bibliotecología e información, con objeto de apoyar el mejor flujo y
organización de contenidos sobre soportes electrónicos para su interacción a
distancia, incluyendo los materiales para los cursos, las bibliotecas
digitalizadas y software para la interacción individual y colectiva.
Así han surgido nuevas tecnologías para apoyar la
organización del conocimiento: estructuras y relaciones en el ambiente en
línea, aplicaciones de estructuras tradicionales y no tradicionales a los
sistemas digitalizados de recuperación de información (motores de búsqueda,
bases de conocimiento distribuidas y multilingües, etc.).
Se dice que la recuperación de la información debe
ser oportuna y relevante para las necesidades del usuario de la información. El
concepto de relevancia es subjetivo; dependerá de cada individuo, de sus
conocimientos y de su juicio de selección.
¿Cómo se logra entonces consistencia en la
recuperación? Dependerá sobre todo de la organización de la información y de
los modelos matemáticos de recuperación que se apliquen a los flujos
electrónicos de datos y de información, así como de la percepción y comprensión
del tema y de su terminología.
En la actualidad, el estudio de las teorías de la
información y la recuperación se incluyen en algunos programas de postgrado en
bibliotecología y en ciencias de la información, en ingeniería —investigación
de operaciones, telecomunicaciones, electrónica—, cibernética, ciencias
administrativas y procesos de toma de decisiones, y en ciencias cognoscitivas
en algunas universidades. Sin embargo, aún queda mucho por investigar en estos
campos y mucho que revisar en los programas curriculares para entender mejor el
complejo fenómeno interdisciplinario de la transferencia de información y de
conocimiento; en éste último habría que agregar a las neurociencias y a las
ciencias del comportamiento.
Sin embargo, aunque los principios que rigen los
flujos de la información electrónica nos sugieren amplias posibilidades para la
educación a distancia y la universidad virtual, la planeación de los sistemas
en red y las ventajas o desventajas de los sistemas integrados de información
aún deben analizarse. En ocasiones, las administraciones universitarias
privilegian las tecnologías de la información sobre los recursos y servicios de
la información (Branin, J., D’Elia, G., Shaugnessy, T., Adams, C., 1997). Sin
una adecuada inversión de recursos humanos y económicos en la planeación y
organización de los flujos de información para la universidad virtual, ésta no
podrá funcionar como tal.
La biblioteca digital debe ser, para la educación a
distancia y virtual, el centro de administración del conocimiento de la
institución. Las bibliotecas que participen en la educación virtual serán
centros de conocimiento virtuales que distribuyan las colecciones digitalizadas
y una gran cantidad de recursos informativos en medios electrónicos, aprobados
por los maestros y por los bibliotecólogos, para el acceso oportuno de flujos
de información relevantes para los cursos.
Un curso de educación a distancia, de acceso a
través de un portal o sitio Web, podrá incluir:
·
Los objetivos y propósitos del curso.
·
La descripción del curso.
·
Las notas de seminario.
·
Las publicaciones, artículos y referencias bibliográficas.
·
Los formatos de examen.
·
El acceso a bibliotecas digitales.
·
Las vinculaciones a otros materiales relevantes en el Web.
·
Una sección de interés general.
·
Los chats, listas de discusión, teleconferencias y
otros medios para la comunicación colectiva o individual entre los alumnos o
con los maestros, tutores e instructores.
Desde su planeación y diseño, tanto las páginas Web
como los cursos de formación, capacitación y actualización a distancia y
virtual, requieren la coparticipación de diversos especialistas, como ya se ha
mencionado anteriormente.
Las bibliotecas digitales son esenciales para el
adecuado progreso de este tipo de cursos. Por ello, es necesario invertir más
recursos para su desarrollo y tener mejor control y seguridad en el medio
cibernético, además de alcanzar acuerdos viables en torno a la problemática de
la propiedad intelectual, que incluye los derechos de autor y de copia.
Los planteamientos relacionados con la educación a
distancia, desde luego interesantes y seguramente aplicables, tienen, sin
embargo, múltiples problemas y riesgos que ya han surgido y se observan en
muchos programas que se ofrecen; entre ellos cabe destacar:
·
Distanciamiento; pérdida de la misión educadora del docente
si no logra una interacción con los alumnos y entre ellos mismos. Se puede confundir
el papel de los facilitadores, instructores y supervisores, que son personal de
apoyo, con el del maestro.
·
Cerrazón en lugar de apertura para acceder a la información.
El peligro de que, en vez de ampliarse las posibilidades de acceso, como podría
pensarse al usar Internet, su carencia actual de organización de la información
podría conducir al alumno distante a acceder sólo a los materiales informativos
preparados ex profeso para el curso, sin completar la búsqueda en las
bibliotecas digitales y sin recurrir a otros recursos informativos y materiales
organizados en el medio cibernético para facilitar su acceso y recuperación.
·
Las posibilidades de acceso podrían reducirse por la
ausencia de un control bibliográfico adecuado que le impidiera fácilmente
recuperar la información pertinente a través de Internet. Al no tener éxito en
su búsqueda, el alumno recurre sólo a lo que el maestro coloque en el Web.
Así se perdería la esencia del cambio educativo, que busca que el alumno
aprenda a aprender y a buscar la información pertinente que dé respuesta a sus
dudas e inquietudes; que le apoye en la resolución de los problemas que se le
presenten buscando diversas opciones, y, por ello, diversas fuentes y recursos
de información y de conocimiento registrados electrónicamente. Sería una
educación basada en «los apuntes» del maestro o del instructor, con lo que el
alumno no aprendería a buscar, a acceder y recuperar información, a
relacionarla con su problema y a encontrar opciones para su resolución; es decir,
el alumno acumularía datos e información, pero no aprendería a resolver
problemas de la vida real.
El gran reto de la política educativa en el mundo
es lograr el doble objetivo de enseñanza de calidad con equidad Para ello es
necesario adecuar los cursos, métodos y contenidos educativos, así como contar
con las condiciones necesarias para su eficacia.
La fortaleza de las profesiones que involucran a la
cadena informativa se identifica principalmente con las habilidades de
aplicación. Sin embargo, no son meramente adjuntos que dan servicio a los
procesos de investigación y generación de nuevo conocimiento, sino que trabajan
y piensan dentro de un paradigma intelectual que promueve la observación y la
participación dentro de otros paradigmas. Las ciencias de la bibliotecología,
de la documentación y la información, las ciencias de la computación, las
ciencias cognoscitivas, la cibernética y la inteligencia artificial, tienen sus
fundamentos y estructuras teóricas que ahora se reconocen como indispensables para
participar en los modelos de universidad virtual.
El enfoque cognoscitivo de la organización del
conocimiento, es decir, el conceptual y sus relaciones interconceptuales, la
formación de categorías, el uso o desuso de clasificaciones tradicionales y no tradicionales
para la organización de la información y su representación conceptual en
sistemas basados en el conocimiento y en el análisis orientado por objetos, son
temas actuales de discusión e investigación, y los resultados serán de suma
importancia al aplicarse a la organización de los flujos de información y
conocimiento en el proceso educativo apoyado por tecnologías de la información.
Las estructuras que surgen en la llamada
organización del conocimiento deberán considerar su forma de representación en
la mente humana y en las herramientas para el manejo de información, como son
los esquemas de clasificación, los tesauros y los instrumentos de indización
para los sistemas «inteligentes», llamados así porque contienen en sí mismos el
valor agregado de experiencias y conocimientos que les permiten responder a las
preguntas. Las teorías de organización del conocimiento, la historia y la
filosofía, las actuales divisiones de las ciencias y sus paradigmas, deben
también considerarse.
El diseño de sistemas de información para la
educación virtual requiere tomar en cuenta la estructura y las relaciones entre
los lenguajes de indización y su recuperación, el diseño de los vocabularios
controlados, la construcción de terminología y las herramientas de extracción
para la recuperación (tesauros y metatesauros, tesauros multilingües), todo
ello apoyado en la normalización que considera los problemas de compatibilidad.
Se requiere tener los modelos conceptuales
necesarios que sirvan de base para el desarrollo de los flujos y contenidos
electrónicos de la información; analizar y conocer el perfil de los usuarios a
quienes va dirigido el curso de educación continua y, obviamente, el nivel del
curso; también debe haber acceso a las tecnologías de la información y la comunicación
adecuadas a las necesidades de los flujos de información, y éstos, a su vez,
a las necesidades del curso.
Si entendemos como universidad virtual la
posibilidad de continuar la misión universitaria de docencia, investigación y
extensión de la cultura, con una interacción a través del soporte de las
tecnologías de la información, diremos que en este contexto de convergencia
digital la universidad continúa viva y se fortalece dentro y fuera de su propio
campus, agregando a la interacción presencial la interacción virtual. Así
entendida, la universidad virtual incluye y amplía la temática y las
posibilidades de una universidad abierta, de la educación continua y de la
educación formal, de la educación a distancia, y, lo más importante, vincula
estas actividades de manera estrecha, casi indivisible, con la universidad
presencial y con la vida intramuros de la universidad. En mi opinión, la
universidad virtual incluye tanto a la comunidad presencial como a la comunidad
extramuros (Almada, 1997).
Considero el concepto de universidad virtual como
un complejo conjunto de sistemas tan amplio como los requerimientos de
satisfacción de necesidades cognoscitivas de la propia humanidad, y con una
coordinación de comunidad en red que va aprovechando los desarrollos propios y
los mundiales, de acuerdo con los proyectos individuales que en su conjunto van
dando las pautas de la política social.
La transformación de las universidades, incluyendo
toda la perspectiva que ofrece el uso de las tecnologías de la información para
incorporar a la sociedad extramuros, de ninguna manera debe contribuir a ser
una «universidad masificada» por la virtualidad, sino, por el contrario, ser
una «boutique universal» de adquisición de conocimientos, pudiendo inclusive
revertir la corriente hacia algunos aspectos muy positivos de la comunidad
académica integrada, y donde los viejos edificios, con sus grupos cerrados de
poder, quedan obligadamente abiertos. Si este desarrollo se hace con la
convicción de buscar reducir y no ampliar la brecha entre los ricos y los
pobres en información, esta visión podría ser la realidad que impulsara una
educación de calidad a lo largo de la vida de una sociedad del conocimiento.
La educación virtual debe ser una parte esencial de
la transformación de la estructura universitaria en este principio de siglo.
Para desarrollar la universidad virtual se requiere un extraordinario esfuerzo
por parte de todos los actores del proceso universitario: los docentes y los
investigadores, la administración académica, los cuerpos colegiados y los
especialistas ya referidos en este texto, convergiendo todos en el objetivo
primordial de participar en la transformación frente a los nuevos paradigmas
del proceso educativo formal y el continuo, con nuevos mecanismos de apoyo e infraestructura
para la investigación y la difusión de la cultura y para la administración
académica, con una sólida infraestructura que facilite la comunicación de la
información y la transferencia del conocimiento.
El cambio paradigmático no está en la tecnología
sino en la relación entre estudiantes y profesores y entre éstos y sus
instituciones. Las escuelas virtuales, con su propósito de establecer una
relación estratégica de aprendizaje a través de la vida, acercan más, vinculan
más a los usuarios de las instituciones de educación superior, tanto en la
educación formal como en la continua, transformando radicalmente el «mercado de
la educación» (Cronin, 1997). A este comentario de Cronin agregaría, y la
relación entre alumnos.
Al diseñar programas de educación continua a
distancia debe conocerse el mercado de trabajo para anticipar sus necesidades y
buscar las tecnologías y procedimientos más adecuados, y así minimizar los
problemas que pueden surgir al aplicar las nuevas tecnologías de la información.
Es probablemente el tipo de educación que más debe regirse por la demanda, por
las necesidades manifestadas por los diferentes sectores de la sociedad, y
articulado para una educación «justo a tiempo y suficiente», más que «por si
acaso».
Como ejemplo de participación tecnológica
mencionaré un proyecto mexicano, desarrollado por el área de inteligencia
artificial en el Centro de Investigación en Computación del Instituto
Politécnico Nacional, denominado Proyecto EVA (espacios virtuales de
aprendizaje). En este proyecto ya no se considera la tecnología de la
información únicamente como soporte de la educación virtual, sino como
copartícipe del proceso mismo. Su conceptualización se basa en una educación
virtual asíncrona con cuatro espacios virtuales; los tres primeros son el de
los receptores o alumnos, el tutorial y el de laboratorio o experimental, todos
ellos alrededor de un espacio central, que es el del conocimiento y que se
refiere a la transferencia del conocimiento registrado; y como esfera cubriendo
a los cuatro espacios virtuales anteriores está la evaluación. Este proyecto
contiene la posibilidad de una total interacción virtual entre los alumnos
usando tecnologías avanzadas, como chats, usenets,
telerreuniones, etc., y entre ellos y las otras esferas virtuales del conjunto
virtual de aprendizaje.
Este interesante proyecto contempla el desarrollo
ad hoc de biblioteca digital, y ya se han incorporado publicaciones
electrónicas y administración/gestión de la información en la esfera central
llamada «del conocimiento».
Encuestas hechas a personal académico sobre el uso
de tecnologías de la información indican que, si bien ayudan a ese personal, le
hacen ocupar un tiempo importante en la búsqueda y organización de su
información, a veces con la percepción de no haber sido exhaustivo. También es
cierto que las dos características cualitativas principales para el uso de
tecnologías de la información por personal académico son: que satisfagan las necesidades
de apoyo para la tarea por desempeñar, y los patrones de hábito de uso. Muchos
de los agentes causales determinan tanto la utilización como los hábitos de uso
(Lending, 1997).
En cuanto a las políticas de información necesarias
para avanzar en el desarrollo nacional y regional de la educación a distancia y
virtual multimodal, se requiere incorporar a los sectores de
telecomunicaciones, de computación, de electrónica y de informática para apoyar
la imprescindible necesidad de nuestros países de lograr un desarrollo
educativo amplio y sostenido. Es obvio que los sectores educativo y académico
juegan el papel fundamental, pero también es esencial la participación del
gobierno, de la industria, del comercio y de organismos no gubernamentales,
para que el uso de tecnologías de información y comunicación avanzadas tengan
los resultados esperados.
A pesar de los múltiples programas de educación a
distancia y de las instituciones de nivel nacional e internacional que
advierten haber creado programas de educación virtual, instituciones virtuales,
universidad virtual, son etapas ciertamente importantes, pero aún primitivas.
Falta contar con suficientes y adecuadas fuentes de información digitalizada,
más útiles, que realmente satisfagan nuestras necesidades cognoscitivas con
diversos niveles de información.
Continuamente se presentan versiones mejores de los
diversos programas informáticas que apoyan la organización electrónica
de la información y de documentos, y la creación de instrumentos auxiliares
(tesauros, índices, etc.) para el acceso y recuperación precisos de
información, así como la integración de tecnologías de telefonía y periféricas
que facilitan aún más la interconexión y la navegación, simultáneamente con
varias tecnologías y fuentes de información.
Sin embargo, debido al volumen de información en
sitios Web, que surge como si fueran «hongos cibernéticos» porque ahora
el ciclo de publicación y actualización de sitios se reduce a horas en vez de
meses, así como por la diversificación de fuentes de información, la
organización de los sitios Web, que parecería sencilla por todas los
avances en las tecnologías, se hace más compleja y hasta frustrante.
Para enfrentar estos problemas, recientemente han
aparecido artículos sobre la «administración de contenidos» (content
management), entendida como el proceso de crear y desplegar información en
El proceso de administrar contenidos se facilita
con una base de datos sobre la publicación de conocimientos (knowledge base
publishing) que es, en realidad, un inventario de activos intelectuales
tales como catálogos, tesauros y otros materiales que ayudan a la creación y
adquisición, descripción y clasificación, integración de formatos, colaboración
y despliegue en
La universidad virtual debe facilitar la
interacción entre maestros y alumnos y su acceso a un conjunto de documentos
electrónicos para el curso, así como posibilitar búsquedas sobre el tema o
temas afines en bibliotecas digitalizadas y otras fuentes de información que
sean útiles para enriquecer el conocimiento, para resolver problemas, para ser
más competitivos. El estudiante necesita tener la autodisciplina suficiente
como para cumplir con sus proyectos sin la constante supervisión presencial del
maestro. Algunos cursos a distancia permiten que el alumno establezca el paso
al que va avanzando en su acumulación de conocimientos, análisis e
interpretación de información que inciden en su propia formación.
El maestro debe identificar los materiales
necesarios para el curso y ser creativo para propiciar la interacción y la
participación de los alumnos. Los cursos deben ofrecer la posibilidad de que
los alumnos tengan interacción vía electrónica con otros maestros y con otros
alumnos; es decir, que creen una verdadera comunidad virtual. Lo anterior
precisa un análisis retrospectivo y prospectivo del proceso de
enseñanza/aprendizaje, del papel del maestro y del tipo de materiales, métodos
y contenidos que deben fluir electrónicamente.
¿Qué elementos principales formarán parte de la
universidad del futuro? Incluirá, seguramente, la universidad extramuros, es
decir, las actividades presencial y virtual. También habrá instituciones
educativas totalmente virtuales dirigidas por instituciones educativas o
creadas como centros de capacitación de algunas empresas u otro tipo de
organismos cuya misión no es la educativa, pero que buscan capacitar o
actualizar al personal.
La universidad del siglo XXI requiere incluir una
importante participación estratégica y protagónica de la biblioteca
digitalizada como referente de estos materiales. Los acervos de las bibliotecas
actuales y los documentos digitalizados en sistemas de información que se
transfieren en el Internet y los Intranet, constituyen bibliotecas virtuales
capaces de ofrecer documentos e información integrada en paquetes específicos
para las necesidades de cada individuo.
Una universidad del futuro puede ser totalmente
virtual o una combinación de educación presencial y virtual. Lo que no habrá
será una institución educativa y académica sin programas en línea y virtuales.
Las administraciones universitarias deberán tomar esto en cuenta al elaborar
sus políticas y sus planes de desarrollo.
Mucho se ha hablado del modelo de biblioteca
convencional como del gran almacén del conocimiento impreso y de los cambios
que implica el almacenamiento y el acceso a los documentos electrónicos. La
biblioteca, entendida por sus efectos de transmisión organizada de información,
puede «construir o destruir» el edificio, pero nunca su función. La biblioteca
tradicional empezó a transformarse hace algunas décadas, y en la actualidad lo
hace con mayor rapidez; cambia su forma de trabajar y algunos paradigmas, mas
no su esencia, que se fortalece en tanto el ser humano tenga la necesidad
cognoscitiva de encontrar respuestas a sus preguntas.
El cambio estratégico de educación «por si acaso» a
aprendizaje «justo a tiempo», o una combinación de ambas, se dirige hacia una
asociación entre sociedad e institución educativa, empresa capacitadora o de
actualización u otras que garanticen el desarrollo continuo de las personas, y
a la que pueden acceder cuando lo requieran para su propio desempeño
profesional, técnico o social. Este es el sentido de la formación y
actualización a lo largo de la vida; es el camino hacia una sociedad del
conocimiento que busca un desarrollo más justo y equitativo para todos sus
integrantes.
La transformación del proceso educativo conduce
hacia una educación «multimodal», donde la educación continua jugará un papel
crucial y donde la forma de acceso virtual irá penetrando cada vez más en la
sociedad. Los flujos electrónicos de información serán el recurso de
transferencia cognoscitiva común para esa modalidad educativa.
La viabilidad de ampliar la oferta educativa de
calidad usando las nuevas tecnologías de la información, basada en un
desarrollo tecnológico adecuado a las demandas educativas, con los recursos
humanos preparados para nuevas modalidades y procesos de enseñanza y recursos
informativos de amplia opción y electrónicamente accesibles, dependerá del
desarrollo social y económico en la región; de las políticas públicas y del
sector privado, que den prioridad a las políticas educativas y a la inserción
de políticas de información e informática adecuadas para su mejor desempeño.
También dependerá de la adecuada adopción y
adaptación a las distintas modalidades que requieren las sociedades
heterogéneas de cada nación latinoamericana y del desarrollo de la ciencia y la
tecnología en el área.
La sociedad del conocimiento, o lo que anticipamos
será una sociedad de información educada y capacitada para aplicar la
información para el beneficio individual y colectivo, no podrá ser una sociedad
cultural y socialmente homogénea. Dentro de la heterogeneidad del desarrollo
mundial de las sociedades y de las naciones, considero que irá surgiendo una sociedad
multicultural del conocimiento, con respeto a las diferencias, con mayor
justicia e igualdad de oportunidades, para que nadie quede aislado de la
posibilidad de acceder a la información, al conocimiento y a la educación para
estructurar su proyecto personal y social.
Peter Drucker, en su libro sobre la sociedad
postcapitalista1, se refirió en 1993 al mundo de los próximos años, sugiriendo
que el «megaestado había llegado a un callejón sin salida». Ahora bien, el
estado-nación encuentra cuatro tensiones: la transnacional, la regional la
nacional y la subregional.
Ante el proceso globalizante, los seres humanos
enfrentamos también diversas tensiones:
·
La tensión entre lo global y lo local: las
personas se van haciendo ciudadanas del mundo pero sin perder sus raíces,
participando en la vida de su nación y de su comunidad local.
·
La tensión entre lo universal y lo singular: la cultura
se globaliza progresivamente, y no debemos ignorar ni las promesas ni los
riesgos de la globalización, incluyendo la tendencia a olvidar el carácter
único de cada persona, su vocación de elegir su propio destino y de desarrollar
todo su potencial dentro de la riqueza de las tradiciones y de su propia
cultura, que se ven amenazadas si no las cuidamos ante las evoluciones en
curso.
·
La tensión entre tradición y modernidad: ¿Cómo
adaptarse a los cambios sin darle la espalda al pasado? ¿Cómo construir nuestra
propia autonomía al lado del libre desarrollo de los demás? ¿Cómo dominar y
aprovechar mejor el progreso científico? Debemos tomar muy en cuenta todos
estos puntos al afrontar los retos de las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación (las telecomunicaciones, la informática y los flujos de
información). Esta tensión se mantiene por la prevalencia de lo efímero e
instantáneo en un mundo en el que la sobreabundancia de información y la
emoción fugaz mantienen el foco de atención en los problemas inmediatos. La
opinión pública exige respuestas rápidas y soluciones prefabricadas, cuando lo
que realmente se necesita es una estrategia de reforma cuidadosa, paciente,
concertada y negociada (UNESCO, 1995).
Aquí también cabría una reflexión sobre las
bibliotecas nacionales en el siglo XXI. ¿Cuál debe ser el papel de las
bibliotecas nacionales frente a este desafío cultural, social, económico y
tecnológico? ¿Está cerca el fin de su misión y existencia? Será importante
hacer un análisis para determinar su futuro, e incluir los resultados en
políticas de información de las políticas culturales y educativas de los
países.
Maurice Line2 nos comenta que el futuro de las
bibliotecas nacionales «no está determinado por ellas mismas, sino por los
países y sus habitantes y por eventos, fuera del control de ambos».
Hasta ahora, entre las principales
responsabilidades y acciones de las bibliotecas nacionales están: la
compilación de las colecciones de materiales publicados en cualquier medio en
el país, para su resguardo y difusión; el depósito legal; la organización y
preparación de las bibliografías nacionales; los servicios de divulgación y
difusión del patrimonio cultural, histórico y actual bajo su resguardo,
incluyendo en este rubro las bibliografías especializadas, la conservación y
restauración de materiales, los estudios historiográficos y bibliográficos;
exposiciones; seminarios, etc. Sin duda, todo ello juega un papel fundamental
dentro de las políticas culturales y educativas.
Una «sociedad del conocimiento» pretenderá reflejar
la repercusión que la llamada «revolución de la información» tendrá sobre toda
la sociedad de este nuevo siglo. Los temas de despliegue y facilidad de acceso
a la información, administración de contenidos, seguridad y calidad de la
información, comercio y empresas cibernéticas, legislación en materia de
propiedad intelectual y transferencia de información, delincuencia cibernética
y otros asuntos legales relacionados con los medios y contenidos de los flujos
de información. Reiteramos que todos estos puntos son parte de las políticas de
información e informática que deberán insertarse en las políticas nacionales
correspondientes y vinculadas a las políticas educativas. Una verdadera y
ampliamente distribuida educación de calidad para todos no puede diseñarse
aislada de las políticas nacionales de información.
¿Quién es en realidad el nuevo profesional de la
información y qué conocimientos, habilidades y características debe tener? Las
funciones que desempeñan las diversas instituciones que publican, manejan,
organizan y administran información, así como lo que requerirán esas sociedades
multiculturales de información y de conocimiento según los escenarios que nos
tracemos, requerirán profesionales con especializaciones diversas, provenientes
de diferentes disciplinas y que converjan, desde sus particulares enfoques
disciplinarios e interdisciplinarios, en el objeto de interés y de estudio que
es la información producida tanto en el país como en cualquier lugar del mundo,
y que utilicen las tecnologías integradas de la información y la comunicación
para beneficio de una sociedad de la información.
En su reflexión sobre la ética del moderno
profesional de la información, Hill (1998) destaca que los ideales del deber
cumplido con el cliente, la oferta de servicios y productos de la más alta
calidad, y el aprovechamiento de las oportunidades que se presentan para
aumentar el conocimiento en el campo de la información y su difusión entre pares,
puede apoyarse en las nuevas tecnologías de la información; pero los ideales
mismos y sus consideraciones éticas son independientes de esos soportes
tecnológicos.
Los problemas por resolver van cambiando; los
requerimientos éticos no cambian. Es indispensable que los profesionales de la
información, actuales y futuros, tomen muy en cuenta estas consideraciones,
frente a la tentación de romper con restricciones legales y morales sobre el
uso de la información, con el fin de buscar ventajas personales o institucionales,
pero con falta de ética.
Las últimas décadas del siglo XX observaron
increíbles cambios en las tecnologías de la información, que incidieron
drásticamente en las actividades, funciones y formas de trabajo de los
profesionales de la información y, por lo tanto, sobre las funciones de las
diversas unidades de información presenciales y electrónicas. ¿Qué servicios de
información debemos crear que sean adecuados para cada individuo y que estén
disponibles para la sociedad? A diario surgen servicios de todo tipo en
Internet; algunos permanecen, siempre y cuando se actualicen continuamente en
contenido y en tecnología, y otros desaparecen, ya sea por la mercadotecnia
globalizante o porque no supieron ponerse al día, o porque no supieron identificar
adecuadamente a su conjunto de usuarios.
Un centro integrador de información proporciona
apoyo técnico e informativo al personal académico y administrativo de un
departamento o dependencia académica al facilitarle la identificación de
recursos de información, el acceso y recuperación de la información y su
integración, y el procesamiento, almacenamiento, manejo, administración y
transmisión de la información. El entorno de un CII se caracteriza por ser un
ambiente informativo intenso en tecnología, que captura, integra y distribuye
la información a las dependencias académicas, independientemente del formato y
de la procedencia. Lo anterior nos da una indicación sobre algunas de las
actividades que desarrollan los modernos profesionales de la información en el
medio académico. Cabe mencionar que un CII no es un centralizador o depositario
de la información, sino que es un facilitador de información para la comunidad
de una institución.
Vale la pena reflexionar sobre la mejor forma de
aplicar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para
desarrollar los objetivos y la misión de la institución. Ello llevará a planear
y plantear los tipos de profesionales de la información que se requieren para
las sociedades multiculturales de la información y cómo deben formarse.
Si bien la sociedad en sus diversos sectores tiene
conciencia de la importancia estratégica de contar con información adecuada y
pertinente, sólo algunos sectores tienen acceso al uso de las nuevas
tecnologías y a la navegación en el llamado ciberespacio, porque la mayor parte
de la población de nuestro planeta está marginada del uso de estas tecnologías
de la información. Sin embargo, dichas tecnologías no sólo han llegado para
quedarse, sino que ya están cambiando la forma de vida de la propia sociedad.
En todo ello la información y la educación son elementos inseparables del
desarrollo de la humanidad, y debemos buscar las políticas que amplíen las
oportunidades para todos.
Mas, como indican Ramiro Lafuente y colaboradores
(1998), «las tecnologías de la información y las telecomunicaciones crean
nuevas libertades y nuevas dependencias; pero poco conocemos acerca de las
consecuencias que arrastran consigo. La conciencia global que generan no
necesariamente conlleva elementos positivos, sino que puede existir la amenaza
del debilitamiento de las identidades culturales y la consecuente uniformidad
de contenidos de los servicios de información en todo el mundo».
Las tecnologías de la información son la
infraestructura primordial para el desarrollo actual de los servicios y
productos de la información, y herramienta útil para acceder a la información y
para difundirla. De ahí que los profesionales de la información tienen la
responsabilidad de apoyar la organización y transferencia de información y
conocimiento, tanto en la punta de la pirámide de los sectores a los que las
tecnologías de la información ya les han cambiado su forma de vida, como en
aquellos otros que no tienen acceso a las tecnologías de la información y a una
educación de calidad, y que necesitan también conocer la producción intelectual
nacional e internacional.
La educación y el adiestramiento son parte
fundamental del desarrollo de la sociedad mundial del siglo XXI. Ahora más que
nunca las instituciones de educación, tanto básica, media como superior, y los
centros de investigación, buscan extender sus recursos más allá de los límites
físicos de sus campus. Las tecnologías de la información son el soporte técnico
para esta intercomunicación y esta interacción.
No podemos soslayar la educación, el adiestramiento
y la actualización de los profesionales de la información, ni tampoco el papel
de dichos profesionales en el proceso educativo presencial y a distancia de
manera directa, ni aún desde el diseño de los sistemas y programas educativos
que forzosamente deberán incluir la organización de los flujos de información y
las bibliotecas digitales.
Las bibliotecas tradicionales también tendrán un
importante papel que desempeñar en el espacio cibernético, y para ello deberán
plantearse desde ahora los programas que incluyan estas nuevas acciones y a los
profesionales con los conocimientos y habilidades que respondan a esa demanda
adicional.
Es prioritario resaltar otra vez los valores y la
importancia de las actitudes, además de la indispensable adquisición de
competencias, habilidades y conocimientos que ayuden al individuo a desarrollar
al máximo sus propios talentos para aplicarlos en la evolución positiva de las
instituciones sociales. Se precisa un enorme esfuerzo individual y colectivo de
todos los actores del proceso, que incluya los aspectos del flujo y los
procesos de la información, la comunicación y el conocimiento. Ya no podemos
clasificar el desarrollo profesional por disciplinas, sino por los efectos y
productos, es decir, por el resultado del trabajo interdisciplinario.
Con la conjunción de las tecnologías de la
computación y las telecomunicaciones y toda la evolución que conlleve; con el
desarrollo de la información digitalizada interactiva y los Intranet en
las organizaciones, que realmente permiten tener sistemas integrados de
información, se afecta la forma de ofrecer servicios y de desarrollar
productos. El propio papel de los diversos profesionales de la información y de
su sitio de trabajo irá evolucionando, porque la transformación más importante
es la del usuario, la del demandante de servicios y productos de información,
que se vuelve actor participativo en el proceso.
Actualmente, cuando hay una mayor conciencia de la
importancia de la información, estamos obligados a revisar la manera en que
están trabajando las unidades de información y su relación
costo/comportamiento/beneficio; no sólo el costo económico, sino muy
especialmente el social.
Los modernos profesionales de la información deben
actuar en un ámbito real o virtual, ya sea de manera visible o invisible al
usuario final, ya que éste se está educando y actualizando en el uso de las
tecnologías de la información y en el acceso y recuperación de la información.
Al estarse comercializando cada vez más los componentes del ciclo de la
información, aparecen vertiginosamente nuevos productos para la navegación en
las redes y el acceso y recuperación de información, o bien, nuevos productos y
servicios de información. Todo ello precisa la participación de equipos
interdisciplinarios, de profesionales de la información diversos y
diversificados. Ningún profesional actual puede tener todas las habilidades,
conocimientos y competencias necesarios para ir resolviendo los
complejos y multifacéticos problemas del mundo de hoy en cuanto a flujos de
información y conocimiento. Para resolverlos hace falta incorporar grupos
interdisciplinarios en todos los niveles de los procesos: estratégicos,
gerenciales y operativos.
Los diferentes profesionales de la información tendrán
que ser competentes en áreas como recursos de información, acceso y
recuperación de información, aplicación de las adecuadas tecnologías de
información para cumplir con sus funciones, administración de recursos de
información, políticas de investigación y de información, y habilidad para usar
y aplicar estos conocimientos en su trabajo.
¿Cómo accede y recupera información el usuario
actual y qué nuevas formas de acceso y recuperación tendrá que utilizar?
Entendemos como usuario a un actor participativo, no sólo receptor, sino un
actor tanto en la transferencia de la información como en el proceso del
conocimiento. Es causa y efecto, es juez y parte; necesita del profesional de
la información, pero no siempre de manera visible. Para que exista una sociedad
de información debe haber actores participativos en todo el ciclo de la
información.
Es importante revisar los desarrollos de los
últimos años para reconocer cuáles serán las etapas de una sociedad
cognoscitiva y cuál el papel de los profesionales de la información.
Será necesario hacer una evaluación crítica de lo
hecho hasta ahora y cuán congruente es para las necesidades reales de una
sociedad en transformación, tanto nacional como global.
Los tiempos cambian, sabemos que siempre están
cambiando. Las circunstancias y las condiciones varían, y los seres humanos van
adoptando distintos hábitos hasta que modifican su forma de vida; sin embargo,
la naturaleza humana permanece.
El profesional de la información se enfrenta a una
elasticidad de funciones; por una parte, continúa sus papeles tradicionales
aunque evolucionen las técnicas y tecnologías que se aplican y, por otra,
también desempeña papeles distintos, dentro de otros grupos de trabajo en los
que debe adquirir habilidades para colaborar en esos entornos. Sin embargo,
siempre sabrá que aunque las tecnologías de la información cambien su forma de
trabajo, la esencia misma del trabajo, su participación en la transferencia de
la información, bajo muy diversas modalidades, será permanente. Aunque en ocasiones
su presencia en el nuevo milenio será transparente para el usuario final, será
mucho más visible en el desarrollo de las sociedades y de los países.
El mayor reto que afrontamos es mantener la ética
profesional y trabajar desde el entorno de cada uno para ofrecer los mejores
servicios y productos de nuestro trabajo a cada sector de la población con el
que nos toque colaborar. Usar la infraestructura que tenemos y buscar todos los
mecanismos necesarios para su evolución en beneficio del tipo de comunidad al
que servimos. Estar siempre listos y abiertos a cambios que puedan beneficiar
la calidad, la eficiencia y efectividad de nuestro trabajo, con el mayor
respeto hacia los usuarios y los colegas, y con memoria histórica para no
tropezar con las mismas piedras.
La opinión pública exige respuestas rápidas y
soluciones prefabricadas cuando, como en el caso de las políticas educativas,
se requeriría una estrategia de reforma cuidadosa, paciente, concertada y
negociada.
También es objetivo de la educación habilitar a
cada uno para desarrollar sus talentos y su potencial creativo, incluyendo la
responsabilidad personal por sus propias vidas y la realización de su proyecto
particular; lo anterior sería una contribución esencial a la búsqueda de un
mundo mejor y más justo.
Eso va más allá de aprender un oficio o de ejercer
una profesión; requiere desarrollar una capacidad para afrontar situaciones
diversas e imprevisibles, analizarlas y tomar decisiones adecuadas que
faciliten el trabajo en equipo e interdisciplinario. Para ello se necesita que
los estudiantes participen, de forma simultánea al desarrollo de sus estudios,
en actividades en el campo laboral, profesional y social; es decir, en esquemas
de alternancia escuela/trabajo.
Si aceptamos que el proceso de enseñanza/aprendizaje
debe diseñarse para que cada individuo aproveche al máximo sus capacidades, hay
que ampliar el concepto de educación en tiempo y espacio para que sea realmente
un proceso de vida, la educación a través de toda la vida.
Sin duda nos encaminamos hacia una sociedad
cognoscitiva; es decir, dirigida por el conocimiento. Al mismo tiempo, debemos
ser conscientes de los fracasos en la aplicación del conocimiento para un
bienestar más amplia y justamente distribuido, precisamente por la naturaleza
endógena de los mecanismos de acumulación y aplicación del conocimiento.
El proceso de educación permanente es la
construcción continua de la persona, de su saber y de sus aptitudes, de su
facultad crítica, de sus actitudes y su capacidad de actuar; debe habilitarnos
para desarrollar una conciencia crítica sobre nosotros mismos y para fomentar
nuestra plena participación en el trabajo y en la sociedad. De aquí la
importancia de dirigir los planes educativos hacia una «sociedad educativa y
educada» para el próximo siglo.
Más que nunca los especialistas en bibliotecología
y en información deben colaborar de manera interdisciplinaria con todos
los actores que participan y participarán en los procesos de educación a
distancia. Hago énfasis en la palabra interdisciplinaria, porque cada uno de
los participantes en un proyecto semejante tendrá que adentrarse algo en la
perspectiva de los especialistas de otras disciplinas, con objeto de tener una
visión integrada del problema y de las necesidades de investigadores, alumnos y
administradores en el proceso educativo. La biblioteca debe ser, para la
educación a distancia y la universidad virtual, el centro de administración del
conocimiento de la institución. Probablemente las bibliotecas que participen en
la educación virtual serán centros de conocimiento virtuales de su Intranet;
es decir, que distribuyan para su comunidad virtual colecciones digitalizadas y
una gran cantidad de recursos informativos aprobados por los maestros y por los
bibliotecólogos que distribuyan flujos de información oportunos y relevantes
para los cursos.
Al desarrollar sistemas de información para la
universidad virtual, debemos pensar más que nunca en el autor/usuario; es
decir, el investigador es, a la vez, oferente y receptor de información. Los
sistemas deben ser organizados para el acceso coherente, amplio, oportuno y
especialmente pertinente para participantes del proceso educativo.
La educación va cambiando sobre todo por factores
aparentemente externos al claustro universitario, pero que dan como resultado
una exigencia social que busca revertir los crecientes problemas mundiales de
pobreza, desempleo y violencia.
El cambio se halla en esta relación entre
universidad y sociedad, a la que dicha relación, mucho más larga y amplia, se
denomina «vinculación de aprendizaje estratégico a lo largo de la vida».
Es claro que si no se hacen cambios en la forma de
enseñar y aún en nuestra manera de aprender, la educación virtual sólo será una
solución tecnológica fría y confusa y no tendrá éxito. Deberán resolverse los
problemas de calidad, evaluación y certificación, transmisión de valores, etc.
La educación a distancia se está transformando de una actividad aislada y
solitaria en un aprendizaje interactivo, gracias a la integración y evolución
de tecnologías diversas y a su planeación interdisciplinaria. Requiere aún de
la transformación de los comportamientos cotidianos de maestros y de los demás
actores del proceso educativo.
Al inicio del siglo XXI cabe recordar lo expresado
en 1942 por Winston Churchill: «Este no es el fin... ni
siquiera es el principio del fin... pero, a lo mejor, es el fin del
principio...»