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RELATO SHIPPER
T�TULO: Tras lo
negro
AUTORA: Natalia ([email protected]) DISCLAIMER: Los personajes nombrados en este relato no me pertenecen sino que son propiedad de la Fox y de Ten Thirteen, por lo que no pretendo obtener ning�n tipo de lucro al hacer este fan-fic, o que lo que es lo mismo, no intento violar el copyright al utilizar de forma desinteresada estos personajes... NOTA: Este relato es un post-episodio, concretamente un Post-Orison... un gran episodio por cierto. CONTENIDO: MRS DEDICATORIA: Bueno, he llegado a un momento en que me apetece dedicar lo que escribo a mis cyber-amigos... En primer lugar a Manex, que en parte me dio la idea de escribir algo as�, a Marta que ha esperado por este relato bastante tiempo, y en especial a Jose Luis Pereyra, que sigue llen�ndome de satisfacci�n con sus mensajes. Tambi�n un saludo para Rafael Zea. A Nathalie, una vez m�s, espero tenerte por amiga durante mucho, mucho tiempo. Y a Berberecho y compa�era (jejejeje)... que con sus halagos me dan alas para seguir escribiendo.Estaba muerta. Estaba muerta sentimentalmente. Pod�a sentir la muerte en mi cabeza como un intenso dolor, como un molesto p�lpito que corro�a con su movimiento todas mis fibras nerviosas. Ten�a serios remordimientos de conciencia sobre lo que hab�a ocurrido no hac�a mucho tiempo. Yo siempre cre� que podr�a controlar todos mis actos, pero estaba fatalmente equivocada. El apartamento de Mulder estaba tan desordenado como siempre, pero en aquellos momentos apenas repar� en ese detalle, no pod�a pensar en otra cosa que no fuese aquel cuerpo muerto, p�lido aunque te�ido de sangre, tumbado en el suelo de mi casa. La televisi�n permanec�a apagada y s�lo una peque�a luz encendida sobre el escritorio aportaba algo de claridad a mis cansados ojos, pero era suficiente, ya no quer�a ver m�s. Me sent�a relativamente c�moda, ya estaba acostumbrada a aquel sof� negro, gastado por la actividad dormida que le hab�a dado mi compa�ero. Mis pies, algo doloridos por la continuada posici�n, reposaban sobre la mesa, todo mi organismo aparentaba cierta tranquilidad, todo menos mi cabeza, que no paraba de darle vueltas al acto amoral que hab�a cometido. Me encontraba sola en aquel lugar; mi compa�ero hab�a ido a comprar algo de comer en el bar de enfrente, y aunque pueda parecer una tonter�a, sent� como la soledad entraba en m� con m�s violencia que en otras ocasiones, pod�a, incluso, o�r sus pasos letales alrededor de mi presencia a la misma vez que me llamaba est�pida y se burlaba de m� con la voz �spera de la persona que hab�a perecido a causa de mi rabia, era la voz de Donnie Pfaster. Pero yo no reaccion� ante ella, no me asust�, no me puse en guardia, s�lo dej� que me aplastara con sus amenazadores comentarios, s�lo dej� que me hundiera poco a poco en la nada. Entonces not� en mis ojos un intenso calor, un agua salada que me quemaba, eran l�grimas ardientes, que derramaba sin ninguna expresi�n. "No, no quiero llorar". Me mord� el labio y con el dorso de mi mano me limpi� las saladas gotas abrasadoras, a la misma vez que Mulder cruzaba el umbral de la puerta del sal�n. No lo hab�a o�do entrar. Volte� mi cara ante su incuestionable presencia y pos� mis ojos enrojecidos sobre sus labios. �stos se mov�an al comp�s de unas palabras pronunciadas que no fui capaz de comprender, estaba demasiado muerta para comprender... S�lo me limit� a observar sus movimientos coordinados, su anatom�a carnosa, s�lo me acat� a acariciarlos con los ojos... y de repente mi soledad se hizo m�s fuerte que yo, porque me di cuenta de que nunca los podr�a tomar sin su permiso. - Scully... espero que me est�s oyendo... pero si no... bueno, s�lo te quer�a decir que es mejor que vayamos a la cocina, all� comeremos con m�s tranquilidad -�l sab�a con profunda perfecci�n que estaba absolutamente perdida en mis pensamientos... As� que, adivinando todo lo que pasaba por mi cabeza, se resign� con un gesto marcado en su rostro y se fue sin decir nada hacia la cocina. Y fue en ese momento, en el tiempo en que perd� la generosa visi�n de aquellos labios, cuando baj� del cielo de mis cavilaciones y me encamin� con cierta dificultad hasta el lugar donde estaba mi compa�ero. - Lo siento, estaba absorta... - No te preocupes. La mesa estaba ya preparada, incluso la comida estaba sobre el plato. Ten�a buena pinta, pero yo no pose�a apetito, la muerte prematura de mi mente se hab�a llevado consigo toda mi voluntad. Me sent� en la silla por no quedar mal con mi compa�ero y cog� el tenedor con lentitud. El silencio era estremecedor en aquellos momentos, pod�a, adem�s, a trav�s de �l, o�r los ligeros chasquidos que realizaba Mulder al masticar el alimento. Y sab�a que me estaba mirando, pod�a intuirlo con clara certeza. En ese momento s�lo esperaba sus palabras, pero pasaban los segundos parsimoniosamente y �l no dec�a nada. Com�a sin ganas, simplemente me met�a la comida en la boca y tragaba sin apenas masticar, sin apenas degustar lo que a mis ojos parec�a algo digno de disfrutar... Segu�a a�n sacudiendo mi mente la imagen intacta del cuerpo de mi malvado secuestrador en el suelo. No deb� haberlo hecho, no deb� permitir llenarme del demonio de la ira. Ese hombre pod�a que se mereciera la muerte, pero no ten�a que haber sido a costa de mi arma. - Gracias por la comida -no pod�a seguir fingiendo m�s, o acabar�a vomitando. - No tienes que agradecerme nada. Me levant� de la silla y con la vista perdida en el suelo fui hasta el ba�o donde me ase� un poco. Al regresar al sal�n, observ� a mi compa�ero sentado en el sof�. Estaba mir�ndome y eso me agobiaba. Me sent� a su lado recostando mi cabeza en el respaldar y cerr� los ojos: segu�a esperando sus palabras. Pero Mulder no dec�a nada. Su silencio me hac�a da�o, pero al pensar en la posible conversaci�n que romper�a aquella quietud sent�a un profundo malestar. No sab�a que quer�a, quiz�s deseaba llorar y dejarme engullir por los remordimientos. Quiz�s necesitaba eso y quiz�s necesitaba hacerlo sola, porque no permitir�a que mi compa�ero me viese as�... demacrada por la apat�a. Porque ten�a que demostrarle que me encontraba bien, que no me hab�a afectado tan profundamente, como lo hab�a hecho en realidad, todo lo que hab�a sucedido, porque no pod�a consentirlo. En un pasado lo hice, le mostr� mis sentimientos transformados en sinceras l�grimas, pero aquella vez no lo tolerar�a, deb�a hacerle saber que Donnie Pfaster no me hab�a sugestionado de la manera en que pensaba, la verdadera manera. Por una vez vi necesario mentirle. Y con la mentira que ideaba en mi mente, abr� los ojos poco a poco, suspirando calladamente, sintiendo tambi�n su respiraci�n profunda en mis o�dos. Hab�a encendido la televisi�n, quiz�s por aburrimiento, y la contemplaba con un aire despistado... algo le preocupaba. Lo present�a, aunque despu�s de siete a�os ya no present�a sus sentimientos, sino que los conoc�a. Estaba preocupado, sus ojos me lo dec�an, y en ellos tambi�n pod�a ver el motivo de su inquietud, un motivo que ten�a mi misma cara, mi mismo aspecto, mi mismo yo. "No, Mulder, no te preocupes m�s por m�". No necesitaba tanta atenci�n por su parte, porque s�lo saberlo romp�a casi todos mis esquemas de ser siempre la autosuficiente... porque estaba comprendiendo que, poco m�s o menos, no lo era; porque, como antes me hab�a dicho, en el momento en que estuviera sola, llorar�a, y me dejar�a engullir por los remordimientos que constantemente atacaban mi cabeza. Entonces no pude m�s, y quise hablar con �l a toda costa, a pesar de que corr�a el riesgo de que cayera en el mar de mis propias l�grimas. Y fue en ese momento de mentira ya casi resquebrajada cuando pronunci�... - Mulder... - Scully -mi nombre son� a la misma vez... Una casualidad no bien recibida por mi voluntad, que con lenta actuaci�n fue desapareciendo de m�. - Lo siento... - No... no importa, �qu� quer�as decirme? - Eh... c�mo ya es muy tarde, me preguntaba si quer�as acostarte... Bueno, t� dormir�as en la cama y yo en el sof�. - Claro... s�, tienes raz�n... - Y... T�, �qu� quer�as decirme? - Pues... lo... lo mismo, Mulder, ha sido un d�a muy largo... Y as�, segu�a muriendo todo en mi cabeza. Mis ojos se cerraban por momentos, mis p�rpados cansados no me dejaban permanecer lo suficientemente despierta... Estaba fatigada, profundamente agotada, pero no quer�a dormir... porque retornar�a a so�ar con todo, haciendo que una realidad no querida volviera a mi mente, deshaci�ndola toda, como una tela ya vieja y ro�da por el tiempo. Entonces desde la cama de mi compa�ero a medio hacer, pronunci� su nombre sin pensar en las consecuencias que ello me traer�a. - Mulder... - S�... - Ven... Miraba al techo en el momento en que, con un silencio asombroso, cruz� el umbral de la puerta. Se sent� al borde de la cama, en el otro extremo donde me encontraba y dijo: - Aqu� estoy... Gir� mi cabeza hacia su presencia y con la voz a punto de quebrarse en un suspiro solitario le ped� un ruego que casi son� a lamento: - T�mbate... �l me mir� y con unos ojos totalmente sinceros, casi entregados a mi dolor, accedi� a mi petici�n, depositando poco a poco su cuerpo sobre las suaves s�banas. Y en ese momento, all�, los dos mirando al techo, con los brazos a modo de almohada, los recuerdos volvieron a ahuyentar mi poco aguante... S�... todo pesaba en mi mente y casi no era capaz de soportar mis l�grimas. De repente o� un nuevo suspiro, pero proveniente de su boca y su voz, tan susurrada como el propio silencio cuando se tornaba incre�ble en mi imaginaci�n, dijo: - Scully... S� que no te lo perdonar�s nunca, y que por mucho que te haya defendido en mi informe, esa culpa... esos remordimientos... que soy capaz de percibir... no te dejar�n en paz. Pero... pero quisiera creer que no te hundir�s por eso. Donnie Pfaster era un malvado, porque mataba por placer, s�lo por un puro instinto primitivo... Pero t�... actuaste... as�... porque en cierta manera la rabia... - � Y no es la rabia un impulso primitivo? Mulder, �no soy tambi�n yo malvada? - Scully... - No... no quiero pensar que actu� en defensa propia, porque no lo hice... Yo lo mat�, porque en cierta manera quise hacerlo... T� ya lo hab�as detenido, no... no ten�a motivo para apretar el gatillo. Mulder call�. No dijo nada m�s durante varios minutos. Pero en realidad no pod�a intuir que sentimientos hab�an sellado su boca, ni que maquinaba su admirada mente. Por un instante le mir�: sus ojos segu�an clavados en la nada, y su pecho se mov�a al comp�s de una respiraci�n tranquila. Parec�a ausente, completamente ido de la realidad que est�bamos viviendo. Estaba perdido en m�... en mi inmensa culpa que se tornaba en unos colores infinitos. Y no quer�a permitir esa situaci�n, no lo quer�a arrastrar conmigo hasta el vac�o que me esperaba despu�s de las l�grimas... - No puedo concebir la comparaci�n que est�s diciendo, Scully. Jam�s conoc� a fondo a Pfaster, pero lo que s� realmente sab�a de �l es que actuaba con maldad porque era un infame, un ser enfermo que nunca debi� nacer. T� no eres as�, lo s� porque te conozco desde mucho tiempo; te conozco m�s que a m� mismo... Dijiste que no estabas segura que si fue Dios qui�n actu� por ti... Pues yo soy capaz de decirte ahora, con el convencimiento de que est�s sumida en un equivocado sentimiento, que no fue �l quien lo hizo, fue el demonio, el mismo demonio que impulsaba a Donnie a matar... Porque... porque hay fuegos, problemas que se extinguen con otros semejantes a �l... �No es as� como lo estudiaste en tu carrera como m�dico? �no se previene las enfermedades vacunando con el mismo mal? Scully... -volte� su cara hacia m� y con uno de sus dedos en mi barbilla, pronunci� estas palabras envolvi�ndome con su aliento- t� no eres �l, porque ni la rabia es placer... ni la maldad puede tener dos caras... Y no dije nada, no fui capaz de responder a sus contundentes palabras. Quiz�s porque su profunda psicolog�a y su diferente punto de vista me hab�a dejado muda, o a lo mejor, y lo m�s probable, porque mi voz se hab�a perdido en la soledad que a�n sent�a. Sin embargo, pod�a responder a su mirada firme y tierna, incluso compasiva, y de hecho lo hac�a: le miraba ensimismada en sus ojos verdes... Miraba incluso sus labios de vez en cuando, los notaba cerca, muy cerca... Entonces record� el momento anterior en el que el sentimiento solitario hab�a actuado con firmeza sobre mi cabeza, y me dije que aquellos labios, los que ahora sent�a m�s pr�ximos que nunca, jam�s los podr�a tomar sin su permiso. "No"... y con un movimiento inconsciente me acerqu� a su boca con rapidez, destrozando una peque�a distancia ya molesta, depositando en ella un beso peque�o, ingenuo, lleno de candor invadido por un profundo dolor y un desolador remordimiento. Cerr� los ojos y olvid�, ya por completo, la autosuficiencia, porque esa palabra ya no se pod�a materializar en mi cuerpo... Ya no lo era... Su aliento envolvi� otra vez mi boca, cuando, con un movimiento tan suave como el propio suspiro, se apart� de m�. Me mir� y yo le correspond�. No dijo nada y de mi boca tampoco surgi� palabra. S�lo un peque�o sollozo por mi parte anunci� un posible llanto, que con un espinoso aguante, se fue deshaciendo poco a poco en mis ojos. Sus dedos fueron l�nguidamente alej�ndose de mi cara y su mirada, con la misma lentitud, se perdi� en la mara�a de una nada representada en el techo. Por un instante me sent� reconfortada... pero no dur� mucho la tregua que me hab�a impuesto, pues al rato sent� como alguien me volvi� a llamar desde la profundidad de las tinieblas. No, no quer�a o�rlo, pero �ste se hac�a mucho m�s fuerte que yo. Entonces pens� en Mulder y pens� en aquella voz ronca que ten�a la presencia de Donnie Pfaster y el alma de mi soledad: - Mulder... Tienes raz�n. Quiz�s la misma crueldad actu� en mi nombre y que, aunque el reconocerlo no me alivia esta culpabilidad, puede que as� vea el camino de mi paz con m�s claridad... pero... no lo veo... �Por qu�... por qu� a�n oigo a Pfaster en mi cabeza? - Tienes que superarlo... No es la primera vez que disparas contra alguien. - S�, s� es la primera vez que disparo contra una persona que no turbaba mi seguridad en ese momento... - Pero turbaba tu mente... - Sigue sin ser motivo para matarla. - Pero fue suficiente para evitar m�s muertes... - No debi� morir en mi casa, no debi� morir a costa de mi rabia. - Scully... no sigas buscando... Y un silencio casi sepulcral, inund� la habitaci�n... Un "No sigas buscando" pronunciado por mi compa�ero, acompa�ado por la reiterada canci�n recordada despu�s de tantos a�os, retumb� en mi cabeza como un gran eco. Pero, a pesar de todo, no era yo la que buscaba, era mi soledad la que me encontraba primero. - Mulder, me siento sola. Me mir� otra vez, pod�a sentirlo, pero no fui capaz de mirarle ahora, porque, en cierta manera, me arrepent�a de haberle contado de una forma tan simple el secreto que mejor guardaba. Ahora estaba desnuda ante �l. Ya no era autosuficiente, ya no aguantar�a m�s un intento de llanto, y me sent�a, ahora no ya tan en secreto, en soledad. Su voz era insonora en ese momento, ni un fragmento de su pronunciaci�n dijo algo. Entonces mi pesadumbre gan� enteros en la carrera de mi desintegraci�n, porque reconoc� en un peque�o espacio de cordura, que de mi boca nunca debi� surgir aquellas palabras tan sinceras... Una tremenda equivocaci�n. - Lo siento... - �Por qu�?... De repente sent� su calor otra vez cerca de m�... Ante tan est�mulo le mir�, y sus ojos casi cerrados pero siempre cordiales, me correspondieron con una profunda sensaci�n a la que yo era incapaz de sentir en aquellos momentos de negatividad. Me abraz� despacio. En unos segundos de intensa duraci�n me hizo suya en un abrazo tan noble como c�lido. - No tienes motivo... En aquel instante yo, quiz�s llena de estupor, ante tal circunstancia, fui abandon�ndome a �l, a sus intenciones que jam�s sent� impuras. Tambi�n le abrac�; tan fuerte que pod�a notar la sangre cortada en las venas de mis brazos. "Gracias, Mulder" -pens� completamente llena de franqueza... - Gracias, Mulder. Y mis "gracias" entregadas a sus o�dos con inmenso sentimiento de un querer cada segundo mayor, fueron recompensadas con un beso en mi mejilla, tan hondo como paternal y protector. Entonces not� todo mi cuerpo vibrar. El cosquilleo de los nervios bajo mi piel, hac�a que me perdiera entre una emoci�n nueva capacitada para aliviar, en corta medida, mis remordimientos... un buen comienzo para mi total recuperaci�n. Fueron unos minutos eternos los que transcurrieron mientras permanec�amos abrazados; unos minutos en los que tuve tiempo para pensar en todo... Ya no s�lo en mi fallecido secuestrador, que en ese momento se hac�a d�bil, sino que tambi�n en mi mente, Mulder ocupaba un lugar, el mayor de todos, aquel que estaba cubierto de pareceres recordados por mis afectuosas sensaciones. El silencio s�lo profanado necesariamente por nuestras respiraciones hac�a que me perdiera de forma abismal en mis pensamientos... ahora nuevos y totalmente reveladores. Pero aquel encantamiento se fue resquebrajando y pr�cticamente se rompi� cuando o� su voz: - Ahora... ser�a conveniente que durmieras un rato... Es... es bastante tarde. Y as�, su cuerpo se deshizo del m�o, dej�ndome con una expresi�n fingida en el rostro y el interior quem�ndose otra vez en la desgana de una soledad que volvi� a resurgir. Dobl� mi cuerpo en un acto reflejo, enrosc�ndome como un ni�o falto de vida, a la misma vez que ve�a como poco a poco se alejaba de la cama y sal�a por la habitaci�n. "No, no puedo m�s". Y arrugu� el gesto engullido en una mueca de dolor... pero, a pesar de lo que sent�a con tanta intensidad, no pude materializarlo en l�grimas... Mas mi voz que todav�a era entera en mi garganta hizo f�sico toda mi aflicci�n. - Mulder -le llam�, una vez m�s, en el momento que se dispon�a a cruzar el umbral de la puerta. - Qu�... - Duerme conmigo. No fui capaz de mirarle, notaba como toda mi consciencia se llenaba de verg�enza. S�lo alcanc� a mirar sus piernas que se manten�an inm�viles, todo su cuerpo permanec�a quieto... Su cara, la cual no quise observar, fue representada en mi cabeza con un gesto dubitativo, quiz�s de sorpresa. Pero esta imagen fue desapareciendo, cuando me percat� que esas piernas, que hasta ese instante estaban inanimadas, comenzaban a moverse desprendi�ndose de los zapatos. Luego experiment� de nuevo la sensaci�n de sentirle cerca de m�... Y sorprendentemente respir� aliviada, ahuyentando el temor primero. Su presencia a mi vera me tranquilizaba... Necesitaba de �l de una manera imperiosa, y esta necesidad hac�a que olvidara que pod�a caer en una fatal equivocaci�n de la que me arrepentir�a al d�a siguiente... Volv� a abandonarme a �l, esta vez con mayor intenci�n. Mulder era en ese momento el que disminu�a todos mis males y como inesperada piedra de toque en la que se hab�a convertido, fue utilizada por mi cansancio, frustraci�n, rabia y sobre todo dolor... Su mano retorn� a mi cara acarici�ndome con suavidad. Sus dedos recorr�an mi piel con majestuosa sensualidad, un sentimiento que no quise malinterpretar, dejando en su camino la piel erizada y llena de calor. Pero a�n segu�a sin mirarle, no me atrev�a, porque no quer�a que descubriera lo que en mi interior estaba surgiendo. Despu�s, s�lo unos instantes despu�s, su robusta extremidad se retir� de mi cara y se aloj� en mi cintura con un movimiento atrayente, haciendo que me pegara m�s a �l. Entonces pude sentir su respiraci�n en mi cara, la o�a con m�s claridad que la vez anterior... Est�bamos muy cerca... casi roz�ndonos el alma. - �Te sientes mejor? -su pregunta acudi� a mis o�dos cubierta de un halo de refrescante moh�n, a la cual respond� con un simple: - S�... Y de su boca escap� una ligera risa que, con una intenci�n p�cara, hizo desatar una peque�a m�a... pero poco a poco se fueron apagando, sumi�ndome yo en un momento de reflexi�n. Mis ojos se perdieron, de repente, en sus labios ligeramente sonrosados que pudieron sentir nuevas caricias visuales, y nuevos sentimientos deseosos a ellos mismos sin motivo aparente. Luego con un parsimonioso gesto fui subiendo mi mirada hasta llegar a sus ojos, en aquel momento, profundos, oscurecidos, pero llenos de ternura, una ternura que empec� a elucidar de otro modo, quiz�s no el m�s adecuado. Baj�, una vez m�s, mi vista hasta su boca y acarici� sus labios de nuevo, pero no con la mirada, sino con mis dedos temblorosos... Eran suaves y con un contorno completamente carnoso y grueso; era un tacto demasiado agradable para ser verdad... pero lo era... - Mulder... Y abri� su boca humedeciendo con su lengua mis yemas algo sudorosas ya, pudiendo experimentar una nueva sensaci�n que cre�a perdida. La humedad de su saliva recubr�a toda la piel de mis dedos y su aliento pr�ximo a mi boca me quemaba, acompa�ando a cada ardor, un sentimiento que no supe reconocer en su momento, pero que ahora identificaba con toda claridad... As� que me lo pens� de una forma vertiginosa, rapid�sima, veloz... sin dejar tiempo a que actuara mi raciocinio. Le bes� despacio... mucho m�s despacio que en tiempo primero... y abr� la boca... lentamente... notando como sus labios tambi�n se abr�an, surgiendo algo nuevo entre nosotros, algo que quiz�s quise... que quiz�s busqu� inconscientemente, y que ahora, de una manera totalmente consciente hab�a encontrado. Nunca me hice la idea de lo que podr�a sentir en el momento en que Mulder me tomara como una mujer, nunca pens� en ello... pero ahora, que los sentimientos eran palpables y reales, pod�a decir que era esto lo que me faltaba para sentirme completa, lo que me recompensar�a despu�s de sentir tanta soledad y tanta muerte... Se estaba convirtiendo en mi ant�doto... el remedio contra la �ltima enfermedad que hac�a mella en mi alma, este desamparo, estos remordimientos, que en ese instante empezaban a desaparecer. Su mano, su mano tan fuerte y tan suave a la vez, subi� desde mi cintura hasta mi cara, acarici�ndola toda, acabando su recorrido en mi cuello y empuj�ndome contra su boca de una manera que hac�a que aquel beso tan profundo se convirtiera en el mismo infinito... Y yo tambi�n le acariciaba, mis manos se hab�an metido sin querer por debajo de su ropa. Pod�a sentir su piel bajo mis dedos: estaba caliente, ard�a en un intenso fuego que tambi�n me quemaba a m�... Nos desunimos por un momento y, acaso olvidados por todos nuestros prejuicios y ciegos ante la propia ceguera que nos hab�a cubierto con su manto negro durante siete a�os, nos miramos, mezcl�ndonos en una combinaci�n que fue impensable durante mucho tiempo... Hab�a estado muerta durante un per�odo, hab�a sido aplastada por esencia de Donnie Pfaster en un lapso corto atr�s... Pero ahora no mor�a, ni estaba demacrada por esp�ritus inexistentes; Mulder me estaba devolviendo la vida de la manera m�s inaudita, la que nunca hubiera imaginado... haci�ndome el amor...
Con la mano todav�a llena de agua, apart� el vapor que empa�aba el espejo. Hurgu� en mi neceser en busca de mi cepillo y despu�s de tanto agitar los dedos en movimientos ondulatorios, lo encontr�. Lo cog� en la mano y sin estar pensando en nada lo deslic� como pude sobre mi revuelto y mojado pelo; un secador no hubiera estado mal para aquel momento. Al rato sal� del cuarto de ba�o, me dirig� a la habitaci�n de mi compa�ero, que a�n dorm�a, y me dispuse a recoger mis ropas esparcidas en el suelo. La ma�ana era fr�a, pod�a sentirlo en todos los poros de mi piel, incluso en los poros de mi alma, que en ese instante matinal dorm�a en un gran t�mpano de hielo. Y mientras mi gesto era totalmente sin�nimo a mi estado interior (fr�o, completamente fr�o), mi mente se manten�a absorta, ida de la propia realidad. S�lo en mi cabeza hab�a un deseo, pretensi�n que inundaba todas mis acciones: lo �nico que deseaba era marcharme de all�... y olvidar... Todo estaba preparado para mi marcha, ten�a incluso en la mano la maleta que hab�a tra�do el d�a anterior, s�lo me faltaba mirarlo una vez... y pensar que no deb� hacerlo. Y as� lo hice, lo observ�, me lament� y finalmente me dirig� a la puerta. Deposit� la mirada en el pomo de la puerta y en el mismo momento en que este se giraba, algo no deseado en mis o�dos interrumpi� todas mis maniobras: - Scully... �a d�nde vas? - A mi casa... -le dije sin ni siquiera darme la vuelta- supongo que la empresa de limpieza habr� acabado. - Yo... yo te llevo... - No hace falta, Mulder, de verdad... Coger� un taxi... Abr� la puerta r�pidamente, queriendo no dejarle tiempo para que me detuviera... pero inevitablemente Mulder fue m�s veloz que yo, y dando un sonoro golpe en ella la cerr�. Yo me qued� quieta y de la misma manera se quedaron todos mis sentimientos, sencillamente no reaccion�. No le mir�, al contrario de sus maneras, pues no paraba de mirarme con demasiada profundidad... - Insisto. D�jame hacerlo, por favor. No pude negarme, porque quiz�s sent�a que no deb�a estropear las cosas m�s de lo que estaban. El parabrisas del coche era golpeado violentamente por la lluvia, y casi no se pod�a ver bien la carretera. Y mientras la calle se ahogaba por el agua que sin cesar ca�a rabiosamente del suelo, yo me inundaba en el silencio que con fuerza se hab�a instalado en el interior de autom�vil. Esto hac�a que me sumiera en mis propios pensamientos, que en ese momento no hac�a m�s que azotar mi conciencia. La imagen de mi mismo ego anegado en un halo de fragilidad, por culpa de un ser ya muerto y casi perdido en la memoria, llenaba mi cabeza de sentimiento poco acertado. Sent�a verg�enza, sent�a incluso repugnancia por mi propia presencia, pues le hab�a mentido a mi compa�ero... La noche anterior hab�a transcurrido todo dentro de una mentira vil, una mentira que no fui capaz de notar y con la que me identifiqu� mientras lo amaba en mis brazos. Ten�a que olvidar... pero no sab�a c�mo, porque quiz�s, mi olvido pod�a producirme da�o... A lo mejor, la manera m�s adecuada de perder aquel recuerdo era march�ndome de su lado... pues ya nada ser�a igual. Pero eso era lo �nico que no quer�a hacer en mi vida - Mulder, he pedido un tiempo de descanso a Skinner. No te importar� �no? - �Por qu� ha de importarme? No sab�a como deb�a interpretar aquella pregunta suspendida en el aire. La verdad es que no la pronunci� en un tono de enfado, tampoco de satisfacci�n, sino que la dijo y ya est�... sin definir sus verdaderos sentimientos. Entonces lo dej� estar, quer�a evadir cualquier conversaci�n que me fuera comprometida, pues no sabr�a que decirle, aunque en realidad no sabr�a c�mo decirle que me arrepent�a de haber mostrado una imagen, que en esos instantes me resultaba ficticia. Y ahora deb�a centrarme en volver a ser como antes... como antes de que Donnie Pfaster irrumpiera en mi vida una vez m�s. Ya no me importaba tanto haberlo matado, no me interesaba ya los sentimientos que me hab�an llevado al borde del abismo; los estaba escondiendo en el ba�l de mis err�neas sensaciones, como lo llevaba haciendo desde que ten�a uso de raz�n. Estaba acostumbrada ya... Mulder insisti� en entrar conmigo en el apartamento. Sab�a con clara certeza que estaba comprobando si realmente me encontraba bien, pod�a saber tambi�n que su conciencia no le permitir�a dejarme sola despu�s de haberme visto casi muerta en la tristeza. Pero yo deseaba que se marchara, no pod�a soportar su presencia enfrente de m� pidi�ndome explicaciones por mi actitud, porque conoc�a su reacci�n cuando le contase lo que me pasaba... no se lo creer�a y acabar�a por convencerme de que todo estaba bien. No pod�a incluso ni mirarle a los ojos que se me antojaban llenos de sentimientos... y profundos, muy profundos... - Bueno, Mulder... creo que ya es hora de que te vayas, pues tengo pensado ir a ver a mi madre -le dije con un tono tan bajo que dudaba si me hab�a o�do... No me respondi�, s�lo se limit� a dar un suspiro y reanudar su vista en mi presencia. No quer�a irse, pero yo ansiaba quedarme sola, aunque ahora, que fui capaz de mirarle a la cara, no sab�a con que fin... pues al percibir su profunda preocupaci�n verdosa, me di cuenta de que no lo podr�a olvidar. Baj� la mirada y se dirigi� a la salida sin pronunciar palabra, quiz�s se estaba dando por vencido. Abri� la puerta, cruz� el vano y cuando estaba a punto de cerrar, volvi� a entrar lleno de fuerza. - No, Scully no te dejar�... ahora no. No dejar� que olvides lo de anoche, porque s� que as� lo deseas. Le mir� otra vez, en el mismo momento, en que apoyo sus manos en mis brazos cruzados. - No debi� ocurrir... lo siento... - Por qu�... no doy con la raz�n. Scully, anoche te sent� tan cerca... Nunca antes te hab�a visto as�, llena de miedo. Por un momento pens� que no eras t� la persona que me ped�a que durmiera con ella, pero al final, justo cuando me besaste de aquella manera, pude comprobar que la verdadera Scully era aquella... - No... no era aquella -le dije casi volviendo a hundirme en sentimientos no del todo olvidados- me dej� llevar por los remordimientos y quise escapar de ellos de la manera menos indicada. Todo fue una mentira. Lo siento, Mulder, lo siento si te estoy haciendo da�o. - �No me lo haces a m�! Te lo est�s haciendo a ti -me replic� con los ojos como lunas ba�adas de esmeralda -Me apuesto la vida a que ahora te est�s diciendo que todo cambiar�, que ya no seremos como antes... Pues bueno, yo quisiera decirte, que nuestra relaci�n no se ha transformado en algo diferente que pueda hacernos sufrir, sino que el hecho de habernos acostado, nos ha juntado m�s �no lo sientes, Scully? �no sientes como... Sus palabras se perdieron en su boca abierta... casi inexpresiva, o quiz�s llena de expresivo dolor. Baj� su mirada hasta el suelo y volvi� a suspirar, llen�ndome de malestar el alma que poco a poco iba derritiendo el hielo que la recubr�a. - �No sientes como ahora necesito mucho m�s de ti? Y sus ojos totalmente sinceros, como se hab�an mostrado la pasada noche, volvieron a martillear lentamente mi iris primero, y mi frialdad despu�s. - S� que t� eres autosuficiente, que puedes llegar a vivir sola sin pensar en m�s nadie, pero no yo... yo te necesito a ti... te necesito de la manera en como t� me necesitabas anoche. Mis ojos ya casi inundados en l�grimas, aqu�llas que no fui capaz de derramar el d�a anterior, se perd�an en los suyos llenos de inocente ruego. Y pude o�r con cara claridad sus palabras de que yo era autosuficiente, y aunque esa misma ma�ana cre� que ese sentimiento otra vez se hospedaba en la m�xima extensi�n de mis sensaciones, en aquel instante, pude asimilar, ya sin ning�n tipo de rencor, que tal impresi�n s�lo hab�a sido una simple imagen sin cuerpo en donde reflejarse... ya no lo era... no lo era desde que me entregu� a �l... �y por qu�? ; �por qu� necesitaba ahora de otra persona de una manera tan imperiosa como el mismo afirmaba? - Mulder... no... no puedo permitirlo..., porque... porque no podemos ser lo que en unos momentos fuimos. Ya nada ser� igual, y no te hagas responsable de esta situaci�n, la culpa es m�a... s�lo m�a. Entonces, al decir estas palabras, quiz�s sin una base fiable, me mir� con m�s resignaci�n que dolor, quit� sus manos de mis brazos, vacil� unos ef�meros segundos delante de m� y se march� sin ni siquiera un simple adi�s... Y yo me qued� all�, de pie, quieta, inm�vil, totalmente ensimismada en mi propio error... �Por qu� le hab�a dicho aquello... aquello que mi boca pronunci�, pero que realmente no sent�a? Yo ya no era autosuficiente, as� lo hab�a asumido con anterioridad... por qu�... por qu� no pude dec�rselo... Quiz�s por miedo call� mi voz, quiz�s porque no pude ver con claridad el origen de aquel nuevo prop�sito... Pero ahora pod�a verlo, pod�a incluso palparlo... Corr� hasta la puerta, la abr�, mir� hacia el ascensor y antes de que �ste pudiera cerrar sus puertas, entr�... Le mir�, las l�grimas resbalaron por mis mejillas, y le abrac�.
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