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T�TULO: El final. G�NERO: WIRED AUTOR: Jose Luis Pereyra. DOCTOR X x_x . [email protected] DEDICATORIA: Este relato est� dedicado a mi querida amiga Natalia P.Fari�a.
Morgue, 3:45 AM. Un frio sepulcral sumerge toda la habitaci�n, las manos suaves y deseosas del contacto con la muerte recorren la carne con el filoso metal, brillante, inmutable ante la presencia de la sangre que se escapa del cuerpo muerto colocado encima de la camilla de metal. Sangre. M�s sangre, recorriendo el reluciente metal, manchando delicadamente las manos que absorben su emanaci�n. Frio. Mucho frio, el lugar sigue en silencio, la muerte danzante ocultada en el silencio de la noche espera paciente el excrutinio final para partir e imponer su juicio al alma perteneciente de aquel recipiente vacio que estaba recostado en la camilla. Silencio. Demasiado, es cortado como la carne del cadaver, las manos delicadamente se apartan hasta una peque�a mesa, donde recogen nuevos instrumentos para seguir su recorrido. Una luz fosforescente ilumina la habitaci�n contemplando en silencio la profanaci�n legal de la muerte. Una muerte silenciosa y solitaria. �Por qu�?, se pregunta en silencio. Su mirada recorre a unos ojos vacios, detenidos en el tiempo, vaciados por una acci�n desmedida y maligna, la muerte sigue esperando, sabe que se encuentra dentro, bien protegida, sellada por un esp�ritu que se niega a dejarla ir, oculta en una prisi�n fr�gil y a la vista de la persona. La muerte es paciente, y aguarda en silencio, espera, es paciente, tiene tiempo, ella no se ir� le pertenece desde el momento en que ese cuerpo cay� al suelo, desde que el ox�geno dej� de fluir en su cuerpo, es suya y de nadie m�s, la muerte aguarda, es paciente, tiene tiempo. Las manos comienzan otro recorrido, abri�ndose paso con una nueva herramienta, dispersando los musculos, luego drenando la sangre restante, las manos se detienen, el trabajo se detuvo por un momento. Las manos comienzan a cortar huesos con un nuevo ayudante, fuerte, s�lido, resistente, reluciente como todos los de su familia y frio muy frio, pero no importa el no puede sentirlo. Las manos suaves, impermeables, delicadamente se abren paso hasta el centro de toda la vida, hasta su motor fr�gil como una rosa, espera en una compleja red de venas y arterias que transportan ese l�quido vital, el cual se encuentra dispersado en la camilla, en su delantal, en sus manos. Ella lo siente, su tacto la gu�a a trav�s de un camino oscuro y humedo. Ella lo sabe, sabe que se encuentra cerca, tan cerca que puede sonreir por su victoria, y la de su paciente. El simplemente observa en perpetuo silencio, aguarda la victoria, la libertad que ella le dar�, el desea escapar, tiene miedo, porque sabe que alguien aguarda por �l, en la oscuridad, en silencio, con paciencia, aguarda por su trofeo, por su alma. Las manos, lo sienten, un suave contacto con el tesoro, con la matriz de nuestra vida, ella sonrie, ahora todo estara bien, �l lo siente, ella lo logr� es libre, quiere llorar pero no puede, ese privilegio le fue negado en el mismo momento que su cuerpo cay� al suelo. �l est� feliz, ya no se lo llevaran a donde no quiere ir, ella lo sabe puede sentir su alegr�a y su tristeza. Sus manos toman el trofeo de su victoria, es peque�o y h�medo, el l�quido vital sigue fluyendo en �l, pero fluye al vac�o, en donde no sirve de nada. Las sombras observan su derrota, han perdido su preciado trofeo, su merecida victoria. Ella sonrie a las sombras, burl�ndose porque venci� a la muerte, y una l�grima cae en el vacio, el la siente por solo un segundo siente su tristeza, su dolor. Ella lo deseaba, pero ya es tarde, su cuerpo yace sin vida delante de sus ojos, su amor fluye al olvido, como la sangre al vacio. Ella esperar�, es paciente, lo fue durante siete a�os y lo seguir� siendo por lo que le resta de vida, al menos tiene su alma para hacerle compa��a. Las manos depositan suavemente su trofeo en un frasco con alcohol. Por un segundo sintio su calor, su vitalidad su deseo de no abandonar el cuerpo y a este mundo, pero es mejor as�, de esta forma estar� a salvo de eso que espera en silencio en la oscuridad. Las manos terminan el trabajo sellando el recipiente ahora por completo vacio, inerte alejado de toda sensaci�n, o sentimiento. Una l�grima cae en el vacio, �l la siente por solo un segundo siente su tristeza, su dolor. La labor ha terminado, es hora de volver al mundo real, ese donde los fantasmas no existen.
6:15 AM. Departamento de Dana Scully. El pasillo se encuentra sumido en las sombras, el silencio expandi� su reino y no deja que ningun sonido escape a su control. Eso aguarda, espera. Ella dentro se encuentra en su sill�n, llorando aguardando una respuesta, esperando que todo lo que vivi�, haya sido un sue�o una pesadilla. Ella espera en silencio. No lo dejar� ir, no dejara que se lleven su alma lejos de ella, a un lugar frio y oscuro, y sostiene con fuerzas su trofeo, el coraz�n de Mulder, ya no late m�s, pero su alma se encuentra en �l, esperando, sufriendo en silencio, igual que ella. Eso espera. Pasan. Horas. D�as. Noches. Semanas. Eso espera, es paciente, quiere recuperar su trofeo, lo que le pertenece, pero la mujer no lo dejar� ir, no se desprender� de �l nunca, es su alma, son una, ella lo amaba y todo seguir� igual. Su alma, la de �l. Juntas. Para siempre. La muerte espera, en silencio, en la oscuridad, tiene todo el tiempo del mundo, y no se ir�. Ella espera, no lo dejar� ir, tambi�n es paciente y tiene todo el tiempo de una vida. La noche se abre lentamente, y la oscuridad y el silencio lo cubren todo. FIN.
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