LIBRES
Y SALVAJES.
Llavor
d'anarquia
Barcelona enero de 2002.
En
estos últimos tiempos se ha iniciado un debate muy necesario, después de
tantos años de parálisis dogmática y de mirarnos el ombligo de los años
treinta. Los principales centros han sido, por una parte
el insurreccionalismo anarquista representado sobretodo por los compañeros
del Estado Italiano y por la otra los anarquistas primitivistas representados
especialmente por las corrientes anglosajonas de "green anarchy" tanto
en Oregón como en el Reino Unido. Estas dos corrientes se entreveran en la
corriente de "anarquía insurreccionalista verde o anticivilización".
Es
particularmente estimulante que el debate se haya desplazado desde el tedioso y
repetitivo cnt's-cgt's (sea para distinguirse la una de la otra, o para
fusionarse en quiméricas operaciones de unidad) a posiciones más frescas e
interesantes, en el fondo es un debate interrumpido por más de 100 años de
"anarquismo de estado".
El
anarquismo de estado es la corriente hegemónica (ser hegemónico ya es un mal
principio) en el anarquismo del Estado Español y por su peso histórico esta
corriente ha influido decisivamente en el anarquismo mundial y ha retrasado, de
una manera difícil de determinar, el desarrollo de prácticas y de bases de
pensamiento necesarias para acabar con el sistema. El actor mayoritario, pero no
el único ni el principal, del anarquismo de estado ha sido la organización
anarcosindical, organización definida como no anarquista, democrática y
gradualista.
La
principal característica del anarquismo de estado es su pretensión de heredar
el sistema actual para "gestionarlo bien", de ahí que su única
elaboración modernizada sea la autogestión, entendida como la gestión
directa, mediante la democracia directa, del mundo actual. Además el anarquismo
de estado preconiza una organización del presente en función del futuro, ¿¿cómo
será ese futuro, si su presente está lleno de secretarías generales,
votaciones, escisiones y expulsiones…??.
Así
pues, los municipios actuales, los barrios dormitorios, las fábricas de armas y
productos químicos, las minas, las fundiciones, las explotaciones agrícolas
industriales y transgénicas, los criaderos de vacas locas…. serán
gestionados correctamente, por comités de colectivización correctamente
elegidos, que impondrán ritmos y horarios de trabajo aprobados
autogestionariamente,
la contaminación reducida paulatinamente y lo más importante, las
tecnologías desarrolladas para y por la dominación, en sus buenas manos, se
convertirán mágicamente en instrumentos de liberación.
Al
fijarse como objetivo la gestión de un sistema centralizador, es necesario diseñar
una macroorganización de comités delegados, las clásicas Confederaciones Ibéricas
de Comunas, Confederaciones Continentales de Comunas hasta llegar a la
Confederación Mundial de Comunas. Imaginamos que todo ello con Comisiones logísticas,
estadísticas de gestión delegada, con un sistema contable común y, a ser
posible, un idioma común … siguiendo la repugnante consigna de que "la
anarquía no es el caos, sino la más alta expresión del orden".
En
el fondo nos encontramos con una incapacidad absoluta de concebir un mundo
distinto del actual, y de este modo la rebeldía, un sentimiento anarquista, se
vuelca en ver como podemos gestionar antiautoritariamente este mundo
autoritario, no en como construir un mundo sin autoridad.
Tendremos
pues delegaciones, directas, pero delegaciones, comités de colectivización,
comités de coordinación, logísticos, de estadística, técnicos especialistas
competentes (para vigilar los artefactos tecnológicos y el cumplimiento de los
acuerdos), especialistas y gestores, en suma PODER y AUTORIDAD.
Este
es un lastre que hemos mamado en la familia, consolidado en las instituciones de
aprendizaje (escuela, primer trabajo, calle, pandilla) y, por supuesto a lo
largo de toda una vida regulada por el orden del reloj y la continua sumisión,
desde al presidente del gobierno al inspector del metro.
Pero no es sólo esto: el lastre trasciende nuestras cortas vidas, arrastramos los grilletes de una domesticación de siglos (7.500, 10.000, 20.000… años). No somos capaces de ver el mundo maravilloso de plenitud y goce en el que podríamos vivir, y sólo vemos posibles los tonos grises y anodinos de las metas alcanzables, porque llevamos las anteojeras de la domesticación. Y, desdichadamente, lo que llamamos “alcanzable” no son ni siquiera migajas: las rentas básicas, los ingresos sociales, los presupuestos participativos, la cogestión …. No dejan de ser piezas de un laberinto por el que no vamos a ninguna parte, por el que permanecemos en la dominación y la explotación.
LA
POLÉMICA SOBRE LA TECNOLOGÍA
La polémica sobre la tecnología es fácilmente ridiculizable
(anarco-pedro-picapiedra), sobretodo con la poco afortunada etiqueta de
primitivismo; pero
no afrontarla evidencia que realmente no se quiere llegar a ninguna parte y que
sólo se busca una cierta "profundización" de la democracia: una
democracia avanzada, un industrialismo blando, un control benevolente…
Los
anarquistas defensores de la civilización tecnológica olvidan que esta es el
resultado de siglos de selección a favor de las formas de dominio y de opresión
más eficaces y que en el camino se quedaron aquellas prácticas que favorecían
la autonomía o se enfrentaban directamente al poder.
Por
ejemplo, hoy la mayoría hemos perdido las habilidades de procurarnos
directamente la comida, no sabemos ni prepararla, ni siquiera los agricultores
saben ya trabajar de un modo autónomo. Así hemos perdido una cosa (que para
muchos seria una tecnología) y
su lugar ha sido ocupado por el complejo de artefactos, productos químicos,
transmutados genéticos, maniobras financieras y opresión alimentaria que
constituyen la tecnología de la moderna agricultura industrial.
Otro
ejemplo sería el del control del cuerpo de las mujeres por nosotras mismas: la
mayoría (cada vez mayor) hemos perdido un conjunto de habilidades que nos
permitía tener el control sobre la sexualidad y la reproducción. Estas
habilidades han sido substituidas por sanitarios, sacerdotales, artefactos clínicos,
substancias químicas, el poder económico farmacéutico, la mercantilización
de la salud y cosificación del cuerpo, que constituyen la tecnología de la
medicina industrializada.
Como
vemos no es un debate vacío, no existe la tecnología nuclear mala (centralista
contaminante, policíaca… ) y la tecnología nuclear buena (descentralizada,
limpia, democráticamente vigilada). Existe simplemente la tecnología nuclear,
ideada para abastecer centralizadamente a hiper-consumidores centralizados y
cualquier cosa que se quiera construir con ella como base devendrá
inevitablemente centralizada, contaminante y con vigilancia policíaca … y por
tanto un instrumento de poder.
No
existe una ingeniería genética mala (en manos de corporaciones, para fomentar
el control, para discriminar… ) y una ingeniería genética buena (que nos
sacará del hambre y nos curará todas las enfermedades...). Existe una tecnología
ideada para controlar la naturaleza y sacar de ella el máximo provecho, para
inmiscuirse en la intimidad de las personas, para controlar a los individuos,
que precisa enormes medidas de seguridad, centralizados… Así pues, cualquier
cosa que se quiera construir con ella como base devendrá inevitablemente un
instrumento de control, de dominio sobre la sociedad y la naturaleza y por
tanto, un instrumento de poder.
SER
CAPACES DE ELEGIR
Puestos en este punto, no se trata por tanto de discutir sobre tal o cual
artefacto: ¿sois partidarios de mantener la lavadora automática?, ¿y los WC?,
¿toleráis la calefacción?, los clavos se clavan con una piedra?, ¿vendréis
andando al encuentro de Oviedo? …, sino de poder situarnos en una posición
que nos permita conocer qué es lo que exactamente pagamos por cada cosa, qué
implica cada una de ellas y elegir, siendo conscientes de lo que implica cada
elección. Si elijo comer carne en cada comida, he de saber que consumo buena
parte de los recursos vegetales que pueden servir para alimentar humanos
(dejando aparte otras consideraciones de cariz ético), si elijo usar un coche
privado, elijo un modelo energético determinado, un modelo industrial
determinado, un modelo de infraestructuras determinado y he de estar de acuerdo
en soportar la carga de la destrucción del territorio, de la naturaleza, del
clima y de la ocupación del espacio cotidiano por este artefacto.
En
todo caso hemos de ser capaces de elegir libremente, y a lo mejor como resultado
no se opta por una cosa ni por otra, sino que en condiciones nuevas se presentan
opciones nuevas mucho mejores y que nosotros, enredados en una cotidianidad
envolvente y lastrados por una domesticación de siglos, no somos capaces
siquiera de imaginar.
El
hecho es que ahora mismo no tenemos elección, solo podremos vivir de otra
manera en el momento en que nos liberemos de las ataduras y de las coerciones de
la sociedad estatal/capitalista.
¿CÓMO
QUEREMOS QUE SEA LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS?.
Se exige a menudo una definición clara y precisa de la sociedad que
queremos construir, se hacen preguntas concretas: ¿cómo se decidirán las
cosas?, ¿si uno no quiere trabajar que pasará?, ¿las minorías podrán
realizar sus proyectos?, ¿nadie asegurará los intercambios?,…Otras veces se
pide si tal o cual práctica real es lo que buscamos: ¿no son antiautoritarios
los zapatistas?, ¿en una cooperativa no son todos iguales?, ¿el ingreso social
no podría ser una buena herramienta de movilización y de pedagogía entre los
oprimidos?, ¿el Foro Social Mundial no es un organismo de debate con los pies
en tierra?,…
Hemos
de reconocer que no tenemos programa, ni programa ni receta, y además el hecho
de tener
un programa hoy sería condicionar de un modo autoritario el mañana.
Estamos
convencidos de que solo podemos marcarnos un camino y un objetivo, LA LIBERTAD,
y que será sorprendente, y para nosotros inimaginable, aquello que crearan las
personas en cuanto queden libres de la sujeción de la autoridad y de la
esclavitud del trabajo. No podemos imaginar un futuro exacto porque nuestra idea
del futuro es un mundo cambiante y libre, diverso y de relaciones revocables, afín
y contrario, nunca fijo ni estable. En contra de los ejemplos clásicos de
sociedad futura de la colmena y el hormiguero, ejemplos muy queridos por los
movimientos obrero y anarquista, nosotros preferimos el modelo de sociedad no
acabada, el de un ecosistema lleno de interelaciones.
Preferimos vernos como un bosque, un arrecife, una selva, lugares donde
los individuos serán libres, en una sociedad libre pero cambiante. Libres de la
autoridad, del estado y del capital, libres en el socialismo y la anarquía.
Que no queramos definir un futuro detalladamente no quiere decir que no
valoremos el ejercicio de imaginar otras posibilidades, pero evidentemente
imaginarlas, no dogmatizarlas. La capacidad de imaginar un futuro diferente es
lo que nos mantiene en la lucha.
Por
ejemplo, en un sistema de libertad, y por tanto de ausencia del privilegio, no
se puede mantener, ni extender a toda la humanidad, el modelo de consumo de
energía o el de producción de residuos de los países industrializados. Sin
embargo, el modo concreto de afrontarlo escapa a nuestras posibilidades. Podemos
imaginar sistemas alternativos, incluso podemos poner en marcha experiencias
"piloto", pero estamos delante de unos procesos en los que estarán
implicados factores que no controlamos y aún no conocemos: si hacen falta
fuentes nuevas de energía, o modalidades de consumo y distribución nuevas,
o relaciones diferentes con los recursos naturales. Por tanto es evidente
que esto lo han de solucionar aquellos que se enfrenten realmente al
problema, y en
este momento los ensayos, las experiencias, los experimentos, sólo son datos, más
o menos valiosos.
¿CÓMO
PRETENDEMOS LUCHAR PARA CONSEGUIR TODO ESTO?.
No concebimos la separación entre la lucha y los objetivos
a conseguir, de este modo los medios y las metas se confunden. Esta es una idea
clásica del anarquismo, de la que nacen las ideas, de acción directa y de
autogestión (en sus diversas interpretaciones).
Por
ejemplo, la mayor parte de las reivindicaciones vecinales de los años setenta,
en el momento en que dejaron de ser la expresión de una idea y una práctica de
cambio generalizado, se quedaron en nada: un semáforo fue una señalización,
un parque un terreno urbanizado, un Centro Cívico un marco de
institucionalización cultural. Dejaron de ser expresiones del deseo de
construir un mundo habitable, no jerárquico y más natural. La labor de separar
la lucha del objetivo fue muy rentable para los izquierdistas y para el poder
municipal.
Hay
pues, para nosotros, una diferencia notable con aquellos que se preparan para
gestionar un cambio y que centran sus actividades en los preparativos para tomar
el relevo en la gestión del sistema actual. También la hay con los
"alternativos" que se quedan en lo cotidiano y no hacen el paso entre
lo concreto y lo general. Por ejemplo, entre la alimentación en la sociedad
occidental (abundancia, despilfarro, adulteración…) y la crisis alimentaria
global que está acabando con miles de personas en la mayor parte del mundo, o
entre la abolición de la deuda externa a la abolición del capitalismo.
Nosotros además no aceptamos una jerarquización de las luchas,
en cada ámbito son iguales entre ellas, independientemente de los "grandes
objetivos" perseguidos o de la dureza de los métodos. Así, igual de
importante puede ser la lucha por un semáforo que la lucha contra las
prisiones, todo depende de cómo y con que objetivos se haga.
Nuestros
esfuerzos se dirigen hacia la consecución de espacios de libertad y autonomía,
aunque sean individuales, ensanchamiento y mantenimiento de estos espacios,
recuperar conocimientos, habilidades y prácticas perdidas a lo largo de la
domesticación, intervenir siempre para promover la no delegación y la autonomía
individual y/o colectiva en aquellos conflictos y luchas en los que
participemos. En la autogestión de las luchas, podemos encontrar
que el efecto de esta práctica es hacer ver que es posible actuar y
relacionarse (entre nosotros y con el poder) de una manera diferente, y
multiplicar de este modo las acciones directas.
Por último, es importante tener claro que cualquier actividad actual ha
de tener siempre unos objetivos concretos: la abolición del estado, del capital
y de la autoridad. Y al mismo tiempo la consecución de la anarquía como
un modo de vida donde todos estemos en igualdad de condiciones para
disfrutar, en usufructo, los recursos necesarios para vivir, conviviendo con
todos los seres del planeta, con todos los sistemas, pero eso sí,
sin modos autoritarios, SIN DOMESTICACIÓN.
Hemos de tenerlo claro y decirlo.