
Alguna vez has sentido que alguien te mira pero regresas a ver y no hay nadie. Durante algún tiempo un grupo de jóvenes estuvo planeando hacer un campamento, demoraron varios días en ponerse de acuerdo ya que cada vez que estaban apunto de acordar el día, algún compromiso se los impedía.
Luego de tanto tiempo de estar postergando el campamento, se decidieron por una fecha libre. Durante horas estuvieron buscando un lugar adecuado en el bosque para acampar, se estaba haciendo de noche y aún no encontraban un sitio; el miedo a caminar en el bosque con la noche tan cercana se acrecentaba a cada paso que daban.
Estuvieron dando vueltas durante varias horas hasta que encontraron una zona con pocos árboles de la cual se podía divisar una cabaña cercana. Instalaron sus carpas y se prendieron la fogata, estuvieron conversando durante mucho tiempo, tanto, que la noche dejo de ser joven y el sueño empezaba a adormitarlos.
Entraron a sus carpas y se durmieron, sin saber que muy pronto sus vidas correrían peligro. El silencio de la noche era de demasiado, ni siquiera los búhos se escuchaban, de pronto, un sonido ensordecedor los hizo salir alarmados, al ver que no había nada la duda y el miedo los invadió, primero pensaron que se trataba de una broma pesada de alguno del grupo, pero luego se dieron cuenta que estaban equivocados cuando las copas de los árboles se movían con violencia.
Sentían que alguien los observaba desde arriba de los árboles, el miedo se hizo mayor, estaban a punto de salir corriendo, cuando de pronto algo cayó del árbol, uno de ellos fue a ver que sucedía y de un momento a otro se encontraba atrapado en las garras de algo que parecía un perro, pero no uno común, un perro que parecía endemoniado y ansioso de sed.
Al ver esto, el resto quedo paralizado durante una fracción segundo para luego abalanzarse sobre la bestia a salvar a su amigo. Solo consiguieron ahuyentar a la bestia, más no salvar la vida de su amigo, este había recibido mordeduras tan profundas como si le hubieran clavado una espada una y otra vez.
Todos estaban a punto del colapso con lo que había pasado, por sus cabezas pasaban ideas como, ¡Vayámonos de aquí! Estaban temblando de miedo, estaba seguros que si parpadeaban encontrarían a otro muerto, solo esperaban el próximo ataque de la bestia, solo esperaban la muerte.
Cada vez que los árboles sonaban o que los arbustos se movían era una tortura para ellos, parecía que iban a romper en llanto y morir así. Sabían que el amanecer nunca llegaría para ellos, correr por el bosque en esas condiciones les daba miedo.
La desesperación fue más para uno de ellos, salió corriendo y tras el una sombra, que junto con el grito de dolor del joven hizo que los que quedaban dejaran de creer que la bestia se iría pronto, solo estaba esperando para acabar uno por uno.
En el momento menos esperado la bestia se abalanzó sobre el grupo y se abrió una lucha por vivir. Uno de ellos no lo pensó más y aprovechó el momento para salir corriendo en dirección a la cabaña, la bestia no lo notó.
Al llegar a la cabaña encontró a los guardabosques profundamente dormidos, como si no tuvieran idea de lo que estaba pasando aya afuera, parecía que estaban profundamente dormidos por que no despertaban, el joven tomo su revolver y tiró un disparo al aire, solo asó despertaron.
Fueron a ver a resto de sus compañeros y encontraron algo desastroso, parecía que aquel lugar era una carnicería, restos de cuerpos por todos lados, la muerte había arrasado con todo a su paso.
Los guardabosques explicaron al joven que por las noches rondaba un perro poseído por un espíritu cruel que solo buscaba sangre, la bestia atacaba a todo aquello que se movía o hacia ruido en el bosque, es por eso que ni los búhos se escuchan, es por eso que el silencio de la noche es tan profundo, durante semanas nosotros estamos obligados a usar somníferos para poder dormir bien.
El joven pidió a los guardabosques que los escolten hasta la ciudad, aunque ya era de día ya la bestia solo aparecía durante las noches, estos accedieron y lo acompañaron.
Al llegar a la ciudad, el joven fue directamente a su casa y nunca contó lo ocurrido a nadie, solo lo escribió en un diario, durante las noches el joven tenía pesadillas en las cuales veía como la bestia mataba a sus amigos, como saciaba su sed de sangre con ellos.
Aquel joven vivía atormentado por los sueños y los recuerdos de lo que fue una gran amistad que acabó tan solo en una noche. Hasta que no pudo más, decidió suicidarse y acabar de una vez por todas con las torturas de todas las noches.
Dicen los guardabosques que aún se escuchan los ladridos del perro y los gritos de los jóvenes pidiendo piedad por su vida. La familia del joven afirma en el cuarto del joven se escuchan los gritos de el pidiendo que no maten a sus amigos, además en las noches cuando el silencio de la noche es tan profundo que ni los búhos ni lechuzas se sienten se escucha el rozar de un lápiz contra el papel.