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La mayoría de estudiantes no saben estudiar. No debe extrañar esta aseveración ya que es una situación que sucede a la mayoría de estudiantes en el mundo. Y como consecuencia, se pueden desperdiciar los hombres de provecho. El retrato de una persona que no sabe estudiar podría ser mas o menos así: Alejandro termina de comer a las 7:30 p.m., se sienta al escritorio con el ánimo de estudiar, pero antes gasta un cuarto de hora en buscar por todos lados los libros, cuadernos y un lapicero que escriba. Empieza a escribir. Se le acaba el cuaderno. Saca todo para buscar otro. En la televisión están presentando una película y corre a echarle un vistazo y se queda allí por un momento. Entonces se acuerda que tiene que estudiar y regresa a su escritorio. Se concentra durante veinte minutos, pero se acuerda del disco compacto que le prestó su amigo. Lo pone en la grabadora. De esta manera queda su atención dividida entre la música y el tema de estudio. Empieza a planear lo que hará el fin de semana. Se levanta a llamar a Pedro y a Juan. Contesta al papá que le llama la atención. Busca una bebida en la nevera. Vuelve a su pequeño escritorio y se da cuenta de que ya casi van a ser las diez y que no ha hecho nada. Pasan cuarenta minutos tratando furiosamente, pero sin esperanza, de recuperar el tiempo perdido. Al día siguiente, Alejandro les dice a sus compañeros "que estudió hasta muy tarde". Y peor aún lo termina creyendo él mismo, porque sólo recuerda de lo atareado que estuvo. Pero, �y de la calidad de su estudio qué? Como es de esperarse en la clase y exámenes le va muy mal.
La primera regla de oro para aprender a estudiar es ser metódico. Es decir, hay que hacer una distribución racional de las horas de tiempo libre que se dispongan para sacarles el mayor partido posible. Para obtener lo anterior son muy importantes la planificación y la organización. La planificación te ayudará a determinar el tiempo que hay que dedicar al estudio; la materia que es preciso estudiar en un momento dado; el objetivo que persigues en una sesión de estudiar. Pero la planificación no es suficiente, también debes organizar las cosas para conseguir todo lo que planificas.
El primer paso que se debe dar para uno mismo organizarse es saber de cuánto tiempo se dispone. Obviamente la semana contiene 168 horas (7 x 24) pero no todas son aptas para el estudio. Un estudiante normal quizás utiliza un tercio de estas horas para dormir, y un par de horas más para la comida y otras cosas. La mayoría de los días debes viajar para ir a las clases (o al trabajo). Basta utilizar un poco la aritmética para deducir estas horas de las 168 horas que posee la semana y así determinar cuánto tiempo te queda disponible. Las actividades de recreación y dispersión por ningún motivo deben quedar fuera de tu planeación, ya que ellas contribuyen a tu bienestar físico y mental. Cada semana te debe permitir un día completo libre. Pongamos por caso el siguiente ejemplo: Juan gasta en dormir 56 horas (7 x 8), en comer y arreglarse 21 horas (7 x 3), en viajar 12 horas (6 x 2), en clases 24 horas (6 x 4), en recreación habitual 20 horas (dos días laborables). Es decir, Juan gasta 133 horas semanales en estas actividades quedándole 35 horas semanales. Y téngase en cuenta que Juan emplea mucho más tiempo que la mayoría de estudiantes en viajar, comer y recrearse. Hecha esta aclaración, te sugiero que empieces planificando un mínimo de 40 horas semanales de trabajo, las cuales deben incluir las clases, los seminarios, las prácticas y el resto de lo que está programado oficialmente y que debes asistir, pero también debes incluir allí tu tiempo privado de estudio. Esto significa que si tienes 24 horas de clases (6 materias de 4 horas cada una) debes dedicar por lo menos 16 horas al estudio privado. Es preciso anotar que a medida que vayas adquiriendo buenos hábitos de estudio deberías ser capaz, casi sin esfuerzo, de trabajar más de las 40 horas semanales. Por ejemplo, cuando se acercan los períodos de exámenes parciales y finales puedes llegar a tener la necesidad de trabajar 50 horas semanales, o más.
No es suficiente decir que vas a estudiar 40 horas a la semana. Para asegurarte que eso sea así debes construirte un horario. Lo puedes hacer siguiendo este procedimiento:
Calcula de cuántas horas dispones realmente. Para ello usa el procedimiento ya explicado de tomar las horas que vas a dedicar al estudio, por ejemplo 40, y luego le restas el número de horas de clases a las cuáles debes asistir (normalmente entre 15 y 30 horas).
Determina cuánto es el mínimo tiempo requerido para una sesión de estudio fructífera.. Lo mejor es que tomes como regla la duración normal de una clase, es decir de 45 a 90 minutos. De esta forma podrás aprovechar los espacios vacíos que te lleguen a quedar entre clases para dedicarlos a sesiones de estudio. Podrías llegar a pensar que 45 minutos es poco tiempo para dedicarlo a estudiar, pero eso solamente ocurre cuando se pierden 10 o más minutos pensando qué estudiar. Una vez que adquieras el hábito de planear por anticipado lo que vas a estudiar, aprenderás a sacar provecho de franjas de tiempo aún menores.Determina cómo se deben distribuir las horas calculadas.. Para ellos debes ordenar las materias en orden de importancia, o porque te sean más difíciles de aprender. También se puede considerar como criterio de ordenación el hecho de que tengas que escribir o leer mucho. Coloca las más importantes al principio de la lista. Es prudente dedicar más tiempo a las materias más difíciles, pero debes revisar cada 15 días tu clasificación ya que es probable que, a medida que avance el curso, el nivel de dificultad se traslade de una materia a otra.
Determina en qué lugar del horario semanal debes colocar tus sesiones de estudio. Una buena regla general es tratar de estudiar la materia lo más cerca posible de la clase (si es posible el mismo día). En unas ocasiones puedes hacerlo antes de la clase y en otras, después. No obstante, trata que la sesión de estudio sea antes de aquellas materias prácticas. Esto te permitirá prepararte debidamente para la clase ya que se pueden suscitar en ti inquietudes que puedes aprovechar para resolverlas durante la clase. Esto normalmente causa una buena impresión en el profesor al observar que participas de una manera más activa y positiva en la clase. Las sesiones de estudio que deberías colocar después de la clase deberían ser las de aquellas materias que contienen mucho material informativo. Esto te daría la oportunidad de completar y revisar tus apuntes cuando los datos de la materia aún se encuentran frescos en tu mente. También debes tener en cuenta, aunque se viole la sugerencia anterior, que debes dedicar la parte del día en que, según tu temperamento, te encuentres más fresco a las materias más complejas. Y para ello puede ser necesario desplazar las sesiones de estudio a días que tengan esa parte del día disponible.
Siguiendo las anteriores recomendaciones digamos que Paquita determinó planear 40 horas semanales (24 horas de clase y 16 horas de estudio privado) y que las prioridades de sus materias son: Sistemas Dinámicos 6 horas, Programación Lineal 5 horas, Ingeniería del Software 2 horas, Planeación Estratégica 1 hora, Economía 1 hora, Contabilidad General 1 hora. Entonces su horario podría ser más o menos así (las materias en verde son clases y las en gris son sesiones de estudio):

Pero supongamos que al mismo tiempo Pablo, el cual tiene un semestre de esos bien complicados, por la dificultad general de las materias, determina planear 46 horas semanales de estudio (24 horas de clase y 22 horas de estudio privado), y le da la siguiente prioridad a las materias: Control por Computador 5 horas, Compiladores 5 horas, Comunicaciones 4 horas, Investigación de Operaciones 4 horas, Bases de Datos 3 horas, Contabilidad 1 hora. Entonces su horario podría tomar la siguiente forma:

Obviamente, el horario es algo completamente personal. Por
lo tanto se podrían tener objeciones en cuanto a la colocación
de algunas sesiones de estudio. Pero lo importante es observar que quedan espacios
libres para el descanso e incluso para sesiones adicionales que sirvan de repaso,
para dedicarlos a "recapacitar" sobre algún tema que haya quedado
vago, para investigar bibliografía adicional, etc. Adicionalmente la
distribución de las sesiones de estudio no es algo inmutable, como ya
lo dijimos, sino que se puede ir adecuando a medida que las necesidades cambien
durante el curso. Para terminar, es importante decir que el horario debe permanecer
a la vista, y observarlo en las mañanas para hacerse una idea del trabajo
que le espera durante el día e irse preparando mentalmente. Tenga en
cuenta que de nada sirve crear un muy buen plan si no se tiene la voluntad y
deseos para seguirlo.
La mayoría de las dificultades del estudiante se presentan al no saber cómo afrontar una sesión de estudio. Si no lo hace de una manera metódica se produce una confusión tal de conceptos que después se refleja en la dificultad para recordar lo estudiado. Se debe recordar que el objetivo de una sesión de estudio es trabajar de manera práctica y funcional para facilitar la recordación posterior de lo estudiado.
Los psicólogos más estudiosos de la psicología del aprendizaje han sido primero Robinson, luego Staton, posteriormente Morgan y finalmente Harry Maddox. Cada uno de ellos creó un método de estudio que denominó en forma particular. No obstante todos estos métodos se basan en el mismo concepto general: el cerebro recibe la información a través de los canales sensoriales, luego la procesa estructurándola de alguna forma y, finalmente, la almacena disponiéndola de manera tal que sea fácil evocarla cuando se necesite. En este proceso es que se basa la teoría del aprendizaje. No es de extrañar que en una sesión de estudio el principal canal sensorial de captación de la información sea los ojos. De allí la importancia de una buena habilidad lectora por parte del estudiante. Es importante aclarar que el método también es adecuado para recibir clases, en cuyo caso la actividad de leer se reemplaza por el escuchar, y se hacen unas pequeñas modificaciones para que sea funcional en dicha situación.
El método que presentaremos se denomina EPL2R, el cual tiene su origen en las investigaciones ya referenciadas, y se forma con las iniciales de las actividades o fases que lo conforman: Examinar, Preguntar, Leer, Recordar y Repasar. La fase más importante es la de la recordación, porque ese es precisamente el objetivo del estudio. Si no existe facilidad en la recordación la sesión de estudio no es fructífera. Digamos con Séneca: "Se estudia para la vida, no para la escuela".
Examinar.Consiste en dar una mirada rápida a lo que se va a estudiar para poder percibir el conjunto general. Así mismo sirve para determinar cuánto material se va a estudiar bien sea en número de hojas, capítulos, secciones, etc. Recuérdese que el estudio debe ser primero global y luego analítico. El procedimiento para examinar es muy simple. Si es un libro de texto, lea los títulos y subtítulos y determine el número de páginas. Lea el resumen, si existe, y lea las primeras oraciones de cada párrafo. Si es otro material de lectura sólo debe tener en cuenta que de lo que se trata es de escudriñar rápidamente lo que se va a estudiar, y para ello es muy adecuado una especie de lectura telegráfica. Esta fase es la más corta de todas, y sólo debería tomar un 2% del tiempo total de la sesión de estudiar. Es decir aproximadamente 1 minuto por 1 hora de estudio.
Preguntar. Tiene por objeto el cuestionarse y, de esa manera, poder desarrollar cierta motivación por el tema. Recuérdese que es muy importante el determinar la naturaleza de la incertidumbre, porque ello permite leer tratando de encontrar respuestas. Y esta es la clase de lectura activa que se pretende lograr. La manera más simple de desarrollar esta fase es convirtiendo los títulos y subtítulos en preguntas, a medida que se va leyendo. Si el texto trae un cuestionario allí se encontrarán las preguntas que el autor intentará responder durante la exposición del tema. Esta fase consume aproximadamente un 3% del tiempo total. Es decir, más o menos 3 minutos por hora de estudio.
Leer. El objetivo es obtener la máxima comprensión. Existen personas que son muy lentas al leer pero no se debe llegar al extremo. Hay que tratar de balancear la velocidad y la comprensión. El procedimiento consiste en leer cada sección titulada e ir analizando cada párrafo para descubrir la jerarquía de las ideas. Es decir, se debe estar en capacidad de identificar las ideas principales y secundarias. Ellas son las que constituyen la hilación lógica que el autor ha querido utilizar para presentar el tema. Se debe leer todo, incluyendo los materiales no verbales tales como tablas, gráficas, fórmulas, diagramas y mapas. Se debe utilizar todo el tiempo necesario para entender, aunque, no debería sobrepasar el 35% del tiempo total. Esto corresponde a unos 21 minutos por cada hora de estudio. Es necesario destacar que la lectura comprensiva es la base de las etapas ulteriores.
Recordar. Esta es la etapa más importante de todo el proceso. Consiste en reproducir con sus propias palabras el contenido de lo que ha leído. Muchas personas creen que es suficiente reconocer la validez de las ideas cuando se observan escritas sobre el papel. Pero, se debe escribir todo lo que se recuerde porque esta es la manera en que participan una mayor cantidad de sentidos. El haber reconocido algo como cierto no asegura que usted será capaz de recordarlo y reproducirlo en un examen escrito. Si usted no organiza o codifica la información a su manera no será capaz de retener lo leído y, por ende, no quedará almacenada en su memoria de largo plazo. Allí radica la importancia de esta fase. En la fase de leer se recomendó hacerlo por secciones. Esto tiene por objeto que al final de cada sección se detenga y reconstruya lo leído. Para llevarlo a cabo se puede hacer un resumen esquemático. Pero, tenga en cuenta que en él debe quedar plasmada la respuesta(s) a la pregunta(s) planteadas(s). Se debe hacer con sus propias palabras, de memoria, y sin mirar el libro. Haga las notas en forma esquemática porque así son de más fácil recordación. Si nota que se le ha escapado algo, vuelva a mirar la sección y haga las precisiones del caso. Repita el ciclo de Preguntar, Leer y Recordar para cada sección. Si deja la fase de Recordación para el final de una lectura prolongada se corre un alto riesgo de haber olvidado un altísimo porcentaje de lo leído. Tenga presente que a esta fase, dada su importancia, se le debe dedicar al menos el 50% del tiempo total. Es decir, unos 30 minutos por cada hora de estudio.
Repasar. Consiste en un repaso de lo estudiado para fijar con precisión, y en la memoria, los conocimientos. Se debe estar en capacidad de recordar la secuencia completa de la sesión de estudio. El procedimiento ha seguir comprende tres actividades. La primera es repasar rápidamente las notas de trabajo con el fin de refrescar la memoria y poder recordar el orden lógico de las ideas. La segunda es intentar reproducir de memoria las notas de trabajo sin mirar los apuntes, verificando que se recuerden los tópicos y subtópicos del tema. La tercera es autoexaminarse tratando de responder algunas posibles preguntas que podrían aparecer en los exámenes. Esto último se logra teniendo una actitud crítica frente a lo estudiado, es decir se debe estar en capacidad de cuestionar lo leído. Al repaso inmediato se debe dedicar un 10% del tiempo total, lo cual significaría unos 6 minutos por cada hora de estudio. Obviamente, hay que planear sesiones de estudios que sólo incluyen la actividad del repaso, como preparación previa a los exámenes. Y siguen un procedimiento idéntico al ya explicado. Esta es la marca distintiva de un buen método de estudio. Es decir, mientras un estudiante, con un buen método, va acumulando y organizando paulatinamente sus conocimientos, un estudiante que no posea tal debe hacerlo de una manera apresurada, en el último minuto, lo cual genera confusión mental y un bajo desempeño en los exámenes. La primera manera de hacer las cosas genera tranquilidad porque evita las prisas y facilita la recordación a largo plazo. Esto influye positivamente en la autoconfianza y necesariamente se refleja en un mejor desempeño, produciéndose la satisfacción que proviene de hacer las cosas bien.
A manera de resumen, y como una muestra de cómo se debe trabajar en la lectura de un libro de texto, usando el método anteriormente descrito, observe el siguiente esquema que describe el proceso:
Escrito por Mario Zuluaga Tobón, Febrero del 2001