FIESTA DE LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN

 

Nuevamente con esta Santa Misa del 10 de marzo estamos honrando a todos los Mártires de la Tradición Católica, particularmente a los Mártires de las guerras civiles de la España Católica contra la Revolución, contra la nueva España liberal salida de las logias en el siglo XIX. Celebración esta que instituyera el Rey Legítimo Don Carlos VII desde el exilio, hace más de un siglo, para el día 10 de marzo de cada año.

Recordamos que este Rey legítimo —titular de nuestra Hermandad, que organiza esta celebración— la llamó Fiesta de los Mártires de la Tradición, y también según sus palabras, «fue por un inmenso agradecimiento a los vivos y a los muertos de nuestra causa, a esos centenares de valerosos soldados, que he visto caer junto a mí, segados por las balas al grito de: ¡viva la Religión, viva España, viva el Rey...!».

Nuestro fundador, don Bernardo Lozier Almazán, pidió se explicara para los más jóvenes el sentido de esta celebración, y por eso vamos a reiterar conceptos vertidos ya en los comienzos de estas conmemoraciones, que se han hecho extensivas por los sucesores del Tradicionalismo, a todos los mártires posteriores de la resistencia en España (1931-1936) y de la Última Cruzada (1936-1939); en definitiva, a todos nuestros hermanos caídos en defensa de la Causa Católica, que no otra cosa es el Carlismo, el Tradicionalismo y los ideales de los que pertenecen a estas instituciones.

La Hermandad nace del Maestrazgo, en España, y esta delegación en Argentina y Sudamérica lleva el nombre de Hermandad Tradicionalista Carlos VII.

Para sintetizar, el Tradicionalismo español (que incluye al Carlismo) más que un ideal y una mística es un sistema doctrinal perfecto, trabado en conclusiones lógicas que son la antítesis del sistema liberal constitucional que sufrimos en todo el occidente ex cristiano.

El Tradicionalismo político es cabalmente lo contrario del Liberalismo, que es la falsa mística, la libertad por la libertad, la consagración de todas las opiniones por absurdas que sean. En definitiva: la Revolución.

El Tradicionalismo político, en cambio, es una doctrina que abarca todas las actividades, desde el orden de las conciencias hasta el orden de los poderes, siempre a la luz de un solo criterio ordenador: el de Cristo, que regula el Universo entero. Es en definitiva el Reinado Universal de Jesucristo.

Unidad religiosa, unidad política, unidad social e histórica y, como fruto de estas armonías sociales, lo que San Agustín llamaba “la tranquilidad en el orden”. Don Bernardo Lozier lo explicaba diciendo que “el Carlismo perdura por sobre cuestiones dinásticas debido a que es la manifestación viva y gloriosa de las verdades tradicionales de España, los valores del Catolicismo y la razón de la Cristiandad”.

No es un partido político sujeto a las convenciones de comité o a las ambiciones momentáneas, es una comunión constituida en torno a un conjunto de principios eternos, es la misma historia con proyección universal de la lucha del Cristianismo tradicional frente a los grandes ideologismos de los siglos XIX y XX: liberalismo, marxismo y modernismo.

Además de todo eso, es la historia de heroísmos individuales y colectivos que más de una vez salvaron a España de la anarquía y, en la última Cruzada, de un Apocalipsis cruento. A todos esos héroes anónimos estamos también honrando y recordando.

A nuestras nuevas generaciones, tan desarraigadas de la historia reciente y desanimados a veces por el duro combate diario para continuar siendo católicos, vamos a reiterar algunas consignas del llamado Compromiso del militante, que los jóvenes católicos de los Tercios firmaban y trataban heroicamente de cumplir durante la guerra: es parte del texto y es muy importante.

“Yo, guerrero y apóstol por la Santa Cruzada Nacional por Dios y por España, me comprometo a cumplir las obligaciones y (en cuanto lo consienta la vida de campaña) las prácticas piadosas siguientes:

·        Viviré en gracia:  quiero recibir la bendición de Dios.

·        Estudiaré mi religión: necesito formarme.

·        No mancharé mis labios y corregiré la blasfemia.

·        Seré valiente ante el enemigo, ante Satanás y ante mis pasiones; siempre valiente.

·        Quiero vivir puro, alegre y piadoso, dando a la vida un tono heroico.

·        Comulgaré por lo menos cada semana y espiritualmente todos los días.

·        Renovaré el ofrecimiento de mi vida y de mis sufrimientos por la conquista espiritual y material de España.

·        No entraré nunca en combate sin hacer la señal de la cruz mirando al cielo, y sin rezar el acto de contrición.

·        Lucho, vencemos y acaso moriré; que lo sepan todos: por la Unidad Católica de España a la luz de Roma, para que mi Patria se vea libre de la Masonería, del marxismo destructor y del capitalismo egoísta... (y continúa).

 

Así, Dios no podía negarle la victoria...

 

Éste es el verdadero espíritu carlista y de todo combatiente católico. Éste es el espíritu que hay que recibir, tratar de imitar y transmitir... si no, quedamos en el puro recuerdo y en el puro folklore...

Hoy día el combate, siendo el mismo contra la Revolución, ha tomado otras características. Es el combate por la Resistencia Católica Tradicional y por la Restauración de la Iglesia de Cristo en la tierra. Porque seamos conscientes que sin Restauración de la Iglesia no habrá nada.

Creo que la mayoría de nosotros conocemos hacia donde se dirige el mundo...

No podemos precisar ciertamente a cuanto estamos de la Segunda Venida del Señor, ni como será precedida esta venida... Pero es nuestra obligación luchar para “resistir” a la Bestia... y trabajar en una Restauración de la Iglesia que asegure el Reinado del Corazón Inmaculado, previo a la Parusía... y anunciado en Fátima. Sólo ahí puede estar nuestra oportunidad de Restauración.

El “mundo actual” está en tinieblas, ¡nadie lo puede negar! Pero no sabemos exactamente a cuanto estamos de la aurora...

Nuestro deber es “resistir cristianamente” al Nuevo Orden Mundial, que busca hacer desaparecer hasta el recuerdo de la Civilización Cristiana...

Por eso invocamos la ayuda celestial de los Mártires de la Tradición y suplicamos a la Reina de la Hispanidad que interceda por nosotros...

 

                                                                                                AVE MARÍA PURÍSIMA

 

 

 

Sermón pronunciado por el R.P. Edgardo Albamonte, Capellán de la Hermandad Tradicionalista Carlos VII en la Capilla de la Sede del Distrito América del Sur de la «Fraternidad Sacerdotal San Pío X», el 10 de marzo de 2005, en Martínez, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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