Antes del Silencio. Bordaberry.

Memorias de un presidente uruguayo.

Miguel Angel Campodónico.

Montevideo.

Librería Linardi y Risso, 2003, 190 pp.

Nada más oportuna esta obra, que condensa el pensamiento político de

Juan María Bordaberry, en momentos en que el espíritu revolucionario se extiende

como una mancha de aceite sobre América latina.

Transcurridos treinta años desde que, el 27 de junio de 1973, disolviera

el Parlamento que "había violado gravemente los principios fundamentales de

la Constitución", Bordaberry se dispuso a romper el silencio y testimoniar los

motivos que lo impulsaron a dar batalla por Dios y por la Patria.

Así fue como, mediante un ameno diálogo entablado con el destacado

escritor uruguayo Miguel Angel Campodónico, el ex-jefe de Estado fue evocando

su existencia con la perspectiva y serenidad que sólo dan los años, para

concluir refiriendo su incursión en las procelosas aguas de la política.

Fue en aquella etapa de su vida que, al igual que San Pablo, debió emprender

el camino de Damasco. De formación liberal, Bordaberry se había

iniciado en la política como representante del sector ruralista hasta que, llegado el año de 1962,

accedió a una banca legislativa por el Partido Nacional, para luego ocupar el Ministerio

de Ganadería durante la presidencia de Jorge Pacheco Areco, quien le ofreció

dicho cargo por su larga experiencia en materia agropecuaria.

Concluido el mandato presidencial de Pacheco Areco, en momentos en que

la partidocracia liberal se encontraba inmersa en una profunda crisis y la guerrilla

tupamara jaqueaba las bases del orden constitucional, Bordaberry asumió el tremendo

desafío de el 1º de marzo de 1972.

Fue a partir de aquel momento en que la figura de Bordaberry adquiere su mayor

dimensión, si recordamos el combate que debió librar contra la revolución anarcomarxista,

favorecida por el estrepitoso fracaso del orden político liberal. Aquellas

graves circunstancias lo indujeron a plantearse serios interrogantes: «¿qué es primero,

la patria o la Constitución?, ¿el bien común o la Constitución?, ¿el bien de la

sociedad o la Constitución? Si la Constitución no permite defender estos valores,

¿hay que optar por mantenerla de todos modos, aun al precio de que ellos caigan?».

Ante un Parlamento subordinado a los intereses partidarios, Bordaberry llegó

a la conclusión de que debía sustituir tan perverso sistema para aplicar los sanos

"principios del derecho cristiano". En pocas palabras, debió optar por la soberanía

del pueblo o la soberanía de Dios.

Consecuentemente, el 27 de junio de 1973 firmó aquel decreto que disolvió

el Parlamento, con la convicción —según sus propias palabras— de que «no alteró

al Estado Uruguayo sino a la institución política representativa de la democracia

liberal, el Parlamento, y con él la idea de la representación a través de los Partidos

como única manifestación posible de la voluntad popular».

Por aquellos días, Bordaberry sostenía que «el evidente y estrepitoso fracaso

del orden político liberal, así como la aparición del orden natural que

traía la paz cristiana a la sociedad uruguaya, fueron para él una revelación,

una afirmación de la primacía de Dios sobre los hombres que osadamente pretendían

ocupar su lugar».

Fue por tal razón que, persuadido de que «era tiempo de la Nación y no de

los Partidos Políticos», concibió la creación de un órgano «que no estuviera suje-

to al voto» y que, bajo la denominación de Consejo de la Nación, fuera integrado por

ex-presidentes, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia y los mandos de las Fuerzas

Armadas, «ya que no se concibe un poder sin el respaldo de la fuerza». Aquel

sistema institucional, que se nutriría en las más sanas corrientes de opinión, como bien lo

define Bordaberry en esta obra, selló el destino de su gobierno restaurador del orden

político cristiano que, víctima de los más bastardos intereses partidocráticos, sería derrocado

el 12 de junio de 1976.

Se desconocía así, una vez más, la victoria militar contra la agresión armada que se

había originado en el propio sistema político. Ese fue el destino de las llamadas despectivamente

«dictaduras latinoamericanas». Se reiteraba lo ocurrido en España con la dictadura

del General Primo de Rivera y, contemporáneamente, con el Estado del 18 de

Julio: los poderes contradictorios del orden jurídico tradicional impusieron el retorno a la

falacia democrática.

De la lectura del libro resulta natural para nosotros que el pensamiento político del

Presidente Bordaberry haya evolucionado hasta identificarse hoy con los postulados del

tradicionalismo carlista.

Indudablemente, estas Memorias de Juan María Bordaberry son el testimonio de

la evolución de su pensamiento político puesto al servicio de su patria cuando "corría el

riesgo de perder mucho más que el Parlamento".

 

B.L.A.

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