ADVERTENCIA A NUESTROS LECTORES
«Ladran, Sancho:
señal que
molestamos...»Parece ser que míster Lyndon LaRouche es un buen ciudadano norteamericano,
que se diferencia de otros muchos millones de igualmente buenos ciudadanos
norteamericanos en que a él le cupo el dudoso privilegio de llegar a pre-candidato
a la presidencia de los Estados Unidos, lo que demuestra una vez más lo
acertado del conocido axioma que afirma que en los Estados Unidos, democracia
electoral mediante, cualquiera puede llegar a presidente.
Míster LaRouche, como buen ciudadano norteamericano metido a político,
dispone de una para nosotros cuantiosa cantidad de dinero que, por lo que se ve,
canaliza entre otras cosas en un operativo de rejuvenecimiento y aplicación de la
vieja doctrina de míster Monroe, que según la conclusión a que arribara un conocido
escritor y jurista vernáculo —creo que Ignacio B. Anzoátegui— no sería, en última
instancia, otra cosa que:
«América para los norte–americanos...»; aunque si biense mira, la globalización parece haberles abierto el apetito, al extremo de extender
sus pretensiones a todos los rincones de nuestro planeta y sus alrededores
.Avanzando en la materialización de su proyecto sinárquico —expresión
que a él le fascina, al extremo de que la usa a troche y moche, con oportunidad o sin
ella, aunque invariablemente aplicada a sus adversarios con fines claramente
descalificadores— es así que ha resuelto emprenderla con todos aquéllos que no
comulgan con su beatífica visión del paradisíaco mundo globalizado que nos depara
el porvenir —¡siempre por... venir!—, mundo que será, a no dudarlo, piloteado por
algún otro buen ciudadano norteamericano —otras nacionalidades, abstenerse— con
absoluto rechazo de todo lo que huela a hispánico y a verdadera catolicidad.
¿Y por qué, entonces, no meterse con nosotros...? ¡Pues sí que lo ha hecho!
Si no tuviéramos un mínimo de sensatez y auto examen podríamos, en un
rapto de demencia del que nadie está a salvo, envanecernos de que nada menos que
todo un buen ciudadano norteamericano —agobiado por el peso de pasadas glorias
nacidas de la humanitaria gesta de la colonización y civilización de su suelo natal por
los hasta entonces súbditos británicos, que venían huyendo de un comedido trato en la
brumosa Albión— haya condescendido a ocuparse de nosotros, estos míseros sudacas,
pobres piojos resucitados y, para mayores lacras, descendientes de España, nación
abyecta, visceralmente monárquica y profundamente católica en aquellas épocas de
la conquista y evangelización, y carente por ello de la menor gloria... Todo esto según
sus propias palabras, y conforme a la mezquina visión que él y los integrantes de su
camarilla tienen de la colosal empresa que significó la Conquista y Evangelización de
América.
Afortunadamente la Divina Providencia se ha dignado otorgarnos un mínimo
de lucidez como para no caer en el mamarracho de enredarnos en semejantes manipulaciones
y mantenernos donde estamos, sin dar un paso atrás, firme posición que
lamentablemente no comparte la mayoría de nuestros compatriotas.
Tome debida nota el amable lector que nuestra intención está bien lejos de
procurar una polémica con estos caballeros del Executive Intelligence Review, cuyos
delirios oníricos —por titularlos de alguna manera generosa y conferirles una moderada
calificación— pueden ser consultados en el sitio de Internet : http:/
www.larouchepub.com/spanish/; esto siempre y cuando se arriesguen a soportar un
lenguaje soez, grosero y mendaz.
Las controversias, para tener sentido y ser fructíferas, exigen condiciones
mínimas que de ninguna manera están dadas en este caso, en que por parte del eventual
discrepante campea la mala fe, la ignorancia de los hechos reales —o lo que es peor
aun, la ocultación o tergiversación maliciosa de los mismos— la confusión de posturas
ideológicas heterogéneas y la inclusión indiscriminada de todos sus opositores en una
misma bolsa, sin distinción de matices ni particularidades, adjudicándonos a nosotros
como propias posiciones de amigos que, aunque muy apreciados en lo personal, se
encuentran sumamente distantes en lo doctrinario, y a la inversa, asignándoles a ellos
—muy a su pesar, desde luego— posiciones que nos son
propias y que, lamentablemente, de ninguna manera ellos comparten.
Por todo lo expuesto, quede perfectamente en claro que la única
intención de estas líneas es simplemente acusar recibo del brulote y no quedar
comprendidos en aquello de que
«el que calla, otorga», pero tampoco «darpor el pito más de lo que el pito vale»
. Tómese otro, si le parece que merece lapena perder miserablemente su tiempo, el trabajo de polemizar con estos dementes,
por más norteamericanos que sean.
Y como a la ocasión la pintan calva, aprovechamos la oportunidad que
nos brinda míster LaRouche —nobleza obliga— para agradecerle su
involuntaria pero inapreciable colaboración, la que nos ha permitido en este
caso confirmar una vez más, por el universalmente conocido método de la
demostración por el absurdo, lo correcto de nuestro rumbo y la grave claudicación
que significaría un cambio de derrotero.