Isabel la Católica

 

(Fiesta de los Mártires de la Tradición 2003)

 

Sermón pronunciado el 10 de marzo de 2003 por el

Pbro. Edgardo Albamonte

Capellán de la Hermandad Tradicionalista Carlos VII.

Buenos Aires – Argentina

 

La misa por los Mártires de la Tradición convoca anualmente a los miembros de la Hermandad Carlos VII, de su revista Custodia de la Tradición Hispánica y a sus amigos, cumpliendo el mandato de nuestro titular y también para homenajear a los héroes y grandes figuras que hicieron la Hispanidad.

Este año 2003 comienza la celebración del Quinto Centenario de la muerte de la Gran Reina ,«Isabel la Católica», que aconteció en 1504, y por eso vamos a rendirle un homenaje particular en esta misa.

Mucho se ha escrito y bien sobre la llamada “Madre de la Hispanidad”, que ha merecido de la Santa Iglesia Romana, la candidatura a la gloria de los altares. 

Causa de Beatificación (triste es conocerlo) frenada por los enemigos de la España Católica y de Isabel, que son los enemigos de Cristo y de Su Iglesia.

Lo que asombra es la “fuerza” que esos enemigos “externos” de la Iglesia ejercen sobre las actuales autoridades de la misma. Y que un “falso ecumenismo” haya servido de excusa para detener la glorificación merecida y además, enlodar la vida de esta “Heroína de la Cristiandad”.

Dos obras bastarían, además del ejercicio de las virtudes en grado heroico (probados hasta donde sabemos por los postuladores e historiadores) para justificar su beatificación: la recuperación final de España para la Cristiandad (llamada Reconquista o última Cruzada de la Edad Media) y el Descubrimiento, Conquista, Colonización y Cristianización de América, acontecimiento tan extraordinario que puede decir Menéndez y Pelayo: “sobrenatural es la acción misma, aunque lograda en apariencia por medios puramente humanos”.

La Unidad Política, también producida milagrosamente por su ideal católico, firme seguro e inconmovible.

La Conquista y Colonización del nuevo mundo se lleva a cabo dentro del molde de una disciplina militar y católica a la vez.

Otra vez Menéndez y Pelayo afirma: “La España de aquel entonces estaba compuesta por teólogos y soldados. Sus vastos dominios eran gobernados por teólogos y defendidos por soldados que algo también tenían de teólogos.

¡El “Catecismo de la colonización” es el testamento de Isabel! Considerado como el testamento de España, con él en la mano actuaron en el Nuevo Mundo los enviados de la Reina.

Sin la acción política y religiosa de Isabel, hubiera sido imposible que la España que enviara teólogos a Trento, a discutir las verdades de la Fe y misioneros a las selvas americanas a predicar el Evangelio.

Isabel subordinó la política a la religión, mejor todavía, la religión informaba la política. Es así que con un sentido místico, España construye América, siguiendo las consignas del testimonio de la Reina. Que decía: “Nuestra principal intención fue procurar atraer a los pueblos y convertirlos a nuestra Santa Fe Católica y a sus nietos (Austrias) afirmar que el fin primordial que nos mueve a hacer descubrimientos, es la predicación y la dilatación de la Santa FE CATÓLICA.”

Esta política de cristiandad fue la política de Isabel en el nuevo mundo que Dios coloca en sus brazos para agrandar el Reino de Dios. Mientras que con una mano detenía en Europa el avance de la herejía protestante, con la otra conquistaba para Cristo un mundo en el cual sembró a manos llenas religión ciencia y sangre.

Es a nosotros, (aunque pequeños como institución) que nos corresponde limpiar la figura de tamaña heroína de la cristiandad enlodada por ‘’la leyenda negra’’. Y reclamar, aunque por ahora solo a través de la oración, la continuación de su justa causa de beatificación.

Además tenemos aquí en nuestra tierra, una razón suplementaria. Fue desde Argentina cuando aún no se había decidido iniciar la causa de la Reina, ni se habían hechos públicos los sondeos y peticiones de España, al comienzo de los años 50 (según la revista del arzobispado de Valladolid) que una joven maestra y universitaria de Salta tuvo la decisión de iniciar gestiones con el presidente de la República Argentina y el gobierno en 1956 para pedir a la Iglesia la beatificación de la Reina Isabel de Castilla. Escribió al Papa Pío XII y de Roma enviaron su carta a Valladolid, (donde murió la Reina) como “postulatoria por la Reina” y reconociendo una “original postulatoria” sin proceso abierto todavía.

El Arzobispo de la época, García Boldaraz, reconoció varias veces y públicamente que de todas las instancias que estaba recibiendo en España con este fin, fue la carta de la señorita argentina la que lo había decidido definitivamente a iniciar la causa.

Para nosotros es un honor que haya sido desde la católica Salta, en Argentina, donde se originó la postulación que motivó el inicio de la causa de nuestra venerada Reina.

Y hacemos nuestros los conceptos de aquella inspirada señorita Bilbao Richter cuando se constituyó en Salta un tribunal eclesiástico para considerar la beatificación de la Reina en 1972.

“Canonización justificada por ser la Reina Isabel la Católica una de las mujeres que tuvieron mayor gravitación en el mundo: por haber sido la forjadora del futuro de España, por haber ampliado el horizonte de la vida humana al apoyar con su Fe, con su estímulo y materialmente la empresa colombina. Por su obra a favor de la propagación del cristianismo y por haber humanizado la colonización española, protegiendo a los indígenas de los desbordes. Pienso (decía) que tanta sabiduría puesta al servicio del hombre debió emanar de un espíritu privilegiado de dones”.

Nosotros no lo dudamos, como tampoco dudamos que la señorita Bilbao Richter fue inspirada por el cielo y aunque esperando mejores tiempos para la Iglesia y para el mundo, para poder venerarla litúrgicamente en los altares, (si Dios así lo quisiere) os invito en este año en que comienza la celebración del quinto centenario a continuar trabajando por la glorificación y el desagravio de esta “Serenísima Reina de las Españas”, sin la cual ni estaríamos homenajeando a los Mártires de la Tradición, ni tampoco —por supuesto— incorporados al gran árbol de la Hispanidad, a través del cual lo estamos a Cristo.

 

¡Gloria por siempre a la gran reina, madre de América...!

¡Y a nosotros su protección!

 

Ave María Purísima

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Oración

 

“Dios, Señor y Padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la elección de tu sierva

ISABEL como instrumento de gloria en la dignificación cristiana del hombre, en la exaltación

de la fe y su extensión al Nuevo Mundo.

Te damos gracias por este don sobrenatural de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde

las cimas del gobierno de los pueblos para la redención y salvación de todos.

Te rogamos te dignes perpetuar su intercesión en el cielo para continuar su obra comenzada en

la tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y Mediador, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina y es Dios por todos los siglos”.

AMÉN.

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