COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS

 

FRAGA, Ricardo: Baluarte Universitario, Ediciones del Oeste, año 2002, 282 páginas.

          La presente obra es una recopilación orgánica de diversos trabajos y conferencias realizados —especialmente a lo largo de su conspicua carrera docente en la Universidad de Morón— por el Doctor Ricardo Fraga, distinguido magistrado, profesor universitario y conferencista, además de ser —last, but not least— miembro de nuestra Hermandad Tradicionalista Carlos VII.

 Decimos "recopilación orgánica" porque no se trata de un mero acople de piezas dispersas, sin orden ni solución de continuidad, sino de una compilación en la cual aun el lector incauto observa con nitidez un fino hilo argumental unitivo de las diversas partes: el derecho natural y cristiano acompañado de una visión histórica que podemos definir como objetiva, ajena a cualquier espíritu de partido, sin temores pero sin mezquindades. Varios de los capítulos que se nos presentan, fueron publicados oportunamente en el Boletín de la Hermandad Tradicionalista Carlos VII y en la revista "Verba Iustitiæ".

 Dada la diversidad de materias tratadas por el Dr. Fraga, nos circunscribiremos a aquellos capítulos que atañen especialmente a nuestra revista, es decir, los que tratan sobre el carlismo, el tradicionalismo y la contrarrevolución (capítulos I, II, III, IV, VI, X, XI, XIV y XV), no considerando en esta oportunidad sus ricas reflexiones sobre el derecho penal y la teología.

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 El primer capítulo se titula "Una dimensión americana del tradicionalismo carlista". En él, el autor realiza un análisis exhaustivo de los vestigios del pensamiento tradicional hispánico que se verifican en la historia americana de la primera mitad del siglo XIX. Tras una clara exposición sobre la naturaleza del Reino de Indias, su particular configuración política, su inserción en el conjunto de las Españas Universales y sus instituciones fundamentales, el Dr. Fraga se adentra en las llamadas "guerras civiles" americanas, efectuando un pormenorizado detalle de las luces y sombras de la historia americana, demostrando, con concluyente argumentación histórica, política y filosófica, cómo el carlismo ha sido la única fuerza que comprendió y comprende las causas de la desintegración española, siendo por ello, a fortiori, la fuerza política (hoy doctrinal) capaz de realizar las aportaciones para una efectiva restauración.

 De las "Constantes políticas del Carlismo" trata el segundo capítulo, y en él, el autor esboza los puntos más destacados y permanentes del pensamiento católico–monárquico español. Después de haber sentado los cimientos principales del carlismo, es decir: la legitimidad política y dinástica, la concepción universal de las Españas —con su particular visión sudamericana— y el tradicionalismo, entendido como continuidad histórica; Ricardo Fraga pasa a desarrollar las "líneas doctrinales permanentes" (pág. 50) consideradas fundamentales para la compresión del pensamiento carlista. Según el autor estas son: 1] la connaturalidad de la sociedad política; 2] la concepción de la sociedad como un cuerpo orgánico; 3] la tesis "directa" de la potestad política; 4] la primacía del Bien Común como piedra de toque de la legitimidad; 5] la monarquía representativa y hereditaria como forma de gobierno; 6] la confesionalidad del Estado; 7] la estabilidad de las instituciones; 8] la subsidiariedad como principio del obrar público; 9] la reivindicación de la vida municipal; 10] los fueros como libertades concretas de los habitantes; 11] el mandato imperativo "como vínculo entre elector y elegido" (pág. 63) y 12] la integración de los todos los pueblos hispanos. El autor deja para un tratamiento aparte la constante política más significativa y emblemática del Carlismo: la instauración del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, es decir el efectivo reinado de Dios sobre la vida pública de las naciones.

 El capítulo tercero se titula "La desintegración del Imperio Habsburgo" y en él el autor nos brinda una magnífica introducción al lento, complejo y armónico proceso de constitución del Imperio (pág. 69 ss.), la acción de las diversas dinastías, para detenerse a considerar en detalle las consecuencias políticas y sociales de la introducción de los principios liberales, nacionalistas —jacobinos y regalistas— dentro de las clases dirigentes del Imperio, cuando no de sus monarcas, como ser el caso del Emperador José II.

 Ricardo Fraga también destaca la particular relevancia de la monarquía danubiana a lo largo de su historia como factor de detención del avance turco islámico sobre la Cristiandad y también como contención del germen disolvente de la reforma religiosa dentro de la compleja realidad centroeuropea. Luego de analizar la incidencia de los principios germanófilos, paneslavistas y la acción deletérea de Gran Bretaña y la Francia de la masónica Tercera República con relación al Imperio Austro-Húngaro, el autor trata con sorprendente agudeza el desarrollo de la Primera Guerra Mundial y su corolario: la caída de la monarquía secular y las consecuencias de la falta de un elemento unificador en la "Mitteleuropa". A modo de cierre, nos presenta una tierna poesía en honor del Emperador Carlos I.

 "Rosas y la Constitución Histórica de la Confederación Argentina", capítulo cuarto de la obra reseñada, comienza con el análisis de las constituciones políticas de las naciones en general y de las particularidades de la constitución política hispanoamericana, para luego tratar concretamente la obra de Juan Manuel de Rosas. De este eminente argentino, el autor destaca su acendrado realismo político (lejano, en líneas generales, de cualquier utopía demagógica), su actuación en la constitución real de la Confederación Argentina como realidad política efectivizada a través de los pactos provinciales y su valiente actuación como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación, en especial en su defensa de la soberanía argentina ante la intromisión anglo-francesa en el ámbito del Plata.

 Al "México Cristero" nos lleva el capítulo sexto de la obra, en el cual el Dr. Fraga describe la génesis del proceso revolucionario en México a través de la aplicación irreflexiva de los modelos liberales europeos por parte de las clases dirigentes mexicanas (pág. 141), la acción yankee en aras de la descatolización y en consecuencia, de la protestantización del país (en consonancia con los planes masónicos esbozados a principios del siglo XX, {cf. pág. 148}), para describir a continuación las acciones heroicas del pueblo católico a partir de la exacerbación de la persecución religiosa con el dictado de la constitución de Querétaro de 1917, punto culminante de una política anticatólica que databa de varias décadas atrás (pág. 142 y ss.). Luego de la suspensión del culto el 31 de julio de 1926 como respuesta a las medidas radicales tomadas por Plutarco Elías Calles. comienza "la gran epopeya mística, noble y santa, por la que numerosas personas, a veces insignificantes se convirtieron en héroes" (R.P. Alfredo Sáenz, citado en pág. 151) y sobre ésta se explayará el autor, destacando la arraigada devoción por Cristo Rey, tan característica del pueblo cristero. Interesantes reflexiones sobre la política conciliatoria y la campaña de silencio que se generó en torno a la epopeya de los católicos mexicanos dan punto final al capítulo.

 "El Movimiento Juntista de 1810" se titula el capítulo décimo de esta obra, que se encuentra íntimamente relacionado con los capítulos primero y cuarto, en cuanto aportan reflexiones sobre la operatividad de algunas instituciones propias de la constitución política de las Españas plurales en el contexto caótico de la revolución francesa y de la imposición de su ideario con mano férrea por parte de su soldado Bonaparte. El autor considera fundamental tener a la vista el pasado común político–constitucional del Reino de las Indias y los reinos peninsulares para analizar el fenómeno juntista desencadenado a partir de la prisión del Rey Fernando VII. La legitimidad de las juntas se enraizaba en el derecho público español y en la fidelidad al rey que las diversas asambleas no dejaron de proclamar. Por ello el Dr. Fraga propone una visión tradicionalista de los primeros momentos del movimiento, no compartiendo la opinión de quienes ven en las juntas desde su inicio una voluntad de secesión. Este rumbo aparecería recién a partir de la "fórmula unificatoria" de las Cortes gaditanas, conforme a la cual "el antiguo Reyno de Indias quedaba incorporado a una (jurídicamente hablando) inexistente «Nación Española»" (pág. 218), principio real de las guerras civiles hispanoamericanas.

 El capítulo undécimo titulado "Algunas precisiones sobre la llamada Tesis Inmediatista acerca del origen divino del poder político" nos acerca con claridad meridiana al tratamiento del origen del poder político y a las diversas interpretaciones que se han generado en los medios católicos en cuanto al modo en que éste es transmitido, dentro de un marco de debate definido por las siguientes aporías: 1] la dificultad intrínseca del tema; 2] la confusa cuestión terminológica y 3] el influjo del concepto revolucionario (pág. 224). No considerando la doctrina acerca del origen divino de la realeza, de cuño protestante, Ricardo Fraga sienta sus reflexiones dentro de un contexto real e histórico, fulminando las doctrinas de la "democracia natural" tan caras a un Jacques Maritain o a un Marc Sagnier, fundador e ideólogo del movimiento demócrata cristiano "Le Sillon", sin dejar de señalar el influjo de las ideas Francisco Suárez a partir de su negación de la distinción real entre esencia y existencia, "aspecto central de la metafísica suareciana que la aleja radicalmente del sistema tomista" (pág. 226).

 Sintetizando sus meditaciones sobre tan complejo asunto, el autor manifiesta que por mediatismo hay que entender a las doctrinas que hacen especial referencia al pacto virtual establecido por el curso ordinario de la vida social, sin posibilidad de disolución legítima (exceptuada la resistencia al poder injusto) y sin que el derecho de la autoridad a mandar dimane de aquel pacto; mientras que por inmediatismo se debe designar aquella posición que pone el acento en que los gobernantes sólo reciben de Dios inmediatamente la facultad de mandar sin intervenciones dialécticas, siendo objeto del pacto la determinación de quién es el que gobierna.

 En el capítulo decimocuarto delinea los rasgos más destacados de dos grandes pensadores del tradicionalismo español: Juan Donoso Cortés y Juan Vázquez de Mella. Del primero destaca su concepción del sentido antagónico de la historia, es decir la tensión entre el pecado y el bien, su vinculación doctrinal con el autor danés Kierkegaard y su fina percepción de los sucesos que le tocaron vivir, proyectando luces que no se han dejado de calificar como proféticas. De Vázquez de Mella, el "verbo de la Tradición", el Dr. Fraga desarrolla los puntos más destacados de su obra: 1] la noción viva de la tradición; 2] la interrelación entre la naturaleza política del hombre y su organización social; 3] su defensa del principio de subsidiariedad aplicado al orden social; 4] su "sociedalismo", es decir, la autonomía social frente a la soberanía política (pág. 261); 5] el "mandato imperativo", constante política del carlismo ya tratada por el autor y que no es más que el vínculo entre el elector y el elegido que fija "la actividad legislativa y administrativa del segundo" (pág. 262); 6] la diferencia entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio, indicando el autor que "todo poder histórico, cualquiera sea su origen, que no reuna tales condiciones (se refiere a la conformidad con el orden natural, al orden divino positivo y a la tradición) deviene ilegítimo, y viceversa, los vicios originales se remedian con la concreta promoción del bien común" (pág. 262) y 7] el principio de la "comunidad de pueblos", es decir las Españas plurales como única salida a la atrofia padecida por las naciones hispanoamericanas.

 Por último, el capítulo decimoquinto relativo a la obra del Padre Pío Lanteri, gran contrarrevolucionario, fundador de la Amistad Cristiana. El autor destaca como hitos de la vida de este apóstol del Piemonte sus esfuerzos por la vuelta a la doctrina tomista en la formación sacerdotal, la aplicación de la moral ligoriana como remedio a la peste del jansenismo y la fundación de los Oblatos de la Virgen María, única congregación fundada con el carisma específico de combatir los errores modernos, aunque este objetivo fue lamentablemente modificado luego del "aggiornamiento" del segundo concilio Vaticano.

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 En suma, se trata de una valiosa obra de divulgación del pensamiento tradicionalista tanto por su contenido, como por su estilo y su objetivo: la formación de jóvenes alumnos universitarios, esperanza de una futura y posible Hispanoamérica católica y tradicional. Una obra que prestigia al autor y al país.

 Luis De Ruschi

 

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