Editorial

DEFINICIONES

 

Desde 1997 nuestra Hermandad Tradicionalista Carlos VII publica una Revista que, luego de los trece n�meros de su primera �poca, aparece desde junio de este a�o con la denominaci�n de �Custodia de la Tradici�n Hisp�nica�. Su finalidad es cumplir con lo proclamado por Carlos VII en 1895: �no faltar a la fe jurada, ser fieles al honor, no doblar la rodilla ante la revoluci�n triunfante�.

 Ha optado por no caer en la tentaci�n de abordar asuntos de pol�tica contingente, por estimar que ello de alguna manera supondr�a legitimar el sistema dominante.

 La sucesi�n de art�culos publicados ha procurado mantener una coherencia de principios capaz de desenmascarar y combatir doctrinariamente la asoladora agresi�n del Enemigo. El Evangelio revela y advierte: �no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo.� (San Pablo, Ep�stola a los Efesios, Cap. 6, 12).

 En Presentaci�n y Fundamento del primer n�mero de �Custodia� ya hay necesarias definiciones que se considera conveniente reiterar: �La pretensi�n liberal de datar nuestro nacimiento pol�tico en 1810 es el origen de la inmensa mayor�a de nuestros actuales males�...�No han faltado a la vez quienes, desde una posici�n opuesta al liberalismo � muchas veces m�s aparente que verdadera, aunque no totalmente desprovista de buena voluntad � han pretendido bautizar cat�licamente ese nacimiento pol�tico de 1810 y sus posteriores consecuencias, despoj�ndolos as� de sus verdaderas connotaciones mas�nicas y anticristianas, con lo que no han hecho m�s que agregar desconcierto sobre desconcierto y confusi�n sobre confusi�n entre quienes hubieran podido mantenerse fieles a la tradici�n, impidi�ndoles as� percibir correctamente el origen de los gigantescos males que nos han llevado a la an�rquica situaci�n presente�.

 Custodiar la tradici�n hisp�nica con el objetivo �ya declarado� de �no faltar a la fe jurada, ser fieles al honor, no doblar la rodilla ante la revoluci�n triunfante� y propender a la unidad hispano�americana motivan y fundan nuestros estudios y actividades.

Eso es lo que significa hoy ser carlista en el Continente que los Reyes Cat�licos evangelizaron. El carlismo no crea doctrina: cree y se sacrifica por el Dios Verdadero que predic� Santiago Ap�stol, explic� San Isidoro, y al que consagraron sus reinos Recaredo y Pelayo, originando y constituyendo la Patria seg�n la Ley divina y la ley natural.

 Es m�rito del carlismo acu�ar el lema para la defensa de la Tradici�n cat�lica espa�ola: �Dios, Patria, Fueros, Rey�. Al mismo tiempo que manifiesta as� su contradicci�n insuperable con la Revoluci�n, define la Hispanidad.

 Desde nuestras tierras y desde la era hist�rica del imperialismo de la dogm�tica democracia universal, es de evidencia que el camino de usurpaci�n de soberan�a pol�tica y social se inici� en el lustro 1810-1825 con lo que fue presentado como la independencia �de todo poder extranjero�.

 Esa declaraci�n �que se extendi� en 1898 a los restos de la presencia espa�ola fundadora� s�lo fue posible por la acci�n y con la ideolog�a de las juramentadas logias mas�nicas, surgidas de las falsas religiones, que hoy predominan en el mundo. Todo nacionalismo de ellas derivado ser�, desde luego, revolucionario. Estamos ante una decisiva cuesti�n de fe: o la Cruz del principio o el sol y la estrella de la contra-Iglesia. O el derecho p�blico natural cristiano o las constituciones republicanas.

 �Custodia� ha acudido al concepto de Patria para profundizar este an�lisis y, a la vez, poder compartirlo con todos aquellos a quienes anima el patriotismo y preocupa, hoy m�s que nunca, el inter�s general vulnerado. El amor y la honra debida a los padres �en el que el sentimiento patri�tico se basa� confiere al concepto una continuidad esencial que condena su reemplazo por contrario al orden natural y sobrenatural. La Patria tiene origen divino desde que se le concibe como una ascensi�n de antepasados hasta culminar en el Dios Padre. Atentar contra ella es, entonces, desobedecer un mandato sagrado y desconocer la misi�n que tiene de coadyuvar con la Iglesia en el fin �ltimo de la salvaci�n de las almas. A la raz�n y a la voluntad humanas est� vedado disponer de ese patrimonio espiritual que, en la Hispanidad, es cristiano desde que el Rey lo fue. Todo poder p�blico est� hist�ricamente fundado en una creencia, y en la Cristiandad lo est� en la Fe cat�lica.

 Esto exige la Realeza Social de Nuestro Se�or que informa y preside la vida de los hombres en todas las naciones, a las que �l mand� predicar el Evangelio. En cambio, la libertad de conciencia y el ecumenismo �seg�n se conciben en el Concilio Vaticano II� as� como la ambig�edad de los �ltimos pontificados al respecto, han favorecido la laicizaci�n y descristianizaci�n que preconiza la democracia mas�nica internacional.

 La tr�gica subversi�n y anarqu�a ha conducido a cuestionar c�mo la declarada independencia nacional pudo transformarse en la actual situaci�n de dependencia insuperable �en lo financiero, en lo pol�tico y en lo cultural� de un irresponsable poder mundial. Ese mismo poder que no niega ser el autor de la ruptura con la Tradici�n y del cambio de nuestra identidad, con el fin de disolverla en la anunciada Rep�blica Universal liberada de Dios.

 Solamente desde las logias se puede hoy afirmar que 1810 signific� independencia y no el designio secreto de alterar la Patria sustituyendo gradualmente los Virreinatos por las democracias. La libertad de la Patria, que pregonan los himnos republicanos, nunca fue tal. S� lo fue la libertad jacobina que socav� desde dentro las autoridades leg�timas y el orden de las comunidades naturales.

Reiteramos: para �Custodia� queda expuesta una cuesti�n de principios y de creencias, no de discusi�n hist�rica o pol�tica. Y es desde la Am�rica Espa�ola deudora y no desde la Espa�a fundadora que debe iniciarse esta revisi�n.

 Hay que subrayar que la acci�n revolucionaria triunfante no ha destruido tradiciones que a�n permanecen vivas en el sentimiento popular m�s profundo. Es el patriotismo genuino, que sabe depurarse instintivamente de las ideas contrarias a la herencia recibida de los mayores. Que no puede morir porque hace a la Fe, a las costumbres, al idioma, a las ra�ces. Es la reserva espiritual que arma a nuestros pueblos para comprender naturalmente en qu� ha consistido su proclamada independencia o soberan�a y c�mo se les condujo a la no prevista dependencia opresiva de este momento. Sin desenga�os perturbadores, podr�n rescatar hechos y conductas admirados y queridos que, a�n correspondientes a la �poca republicana, integrar�n, sin interrupciones arbitrarias, con las gestas, santos, h�roes y reyes que hicieron la Patria desde el origen hisp�nico.

 Dios, Patria y Rey, unidad indisoluble y permanente, expulsa conceptualmente las ideas revolucionarias que procuran entregarnos al Principio del Mal.

 Estas definiciones no tienen en cuenta vicisitudes ni expectativas pol�ticas. Ni el vac�o de poder que trajo consigo la invasi�n napole�nica en 1808, ni una emancipaci�n espont�nea ajena a conjuras internacionales contradictorias justifican la separaci�n de Espa�a e Indias. Tampoco la situaci�n pol�tica de la Espa�a democr�tica de 1978,irreligiosa y desunida,es impedimento t�ctico para denunciar el origen de nuestros males y para concluir que la restauraci�n de la unidad es la soluci�n de principio que posibilita retomar el destino hist�rico propio sin discordias ni rebeliones inextinguibles.

 En tanto, el admirable Carlos VII, en su testamento pol�tico, se�al� la actitud: no transigir, resistir, �que la gran ocasi�n para el Carlismo vendr� cuando venga el d�a de la confusi�n general. �Momentos supremos en que parecer� que va a hundirse la sociedad espa�ola! � Que si tiene el carlismo un encargo providencial es el de salvarla cuando parezca no tener humano remedio�.

 Padecemos el final de un proceso originado en declaratorias artificiales de independencias, que ha culminado en un sometimiento �presentado como irreversible� a poderes opuestos y a creencias extra�as a la Fe cat�lica de la Espa�a creadora.

 �������� Es tiempo ya de claras definiciones: la independencia revolucionaria quebr� la Tradici�n, y ha sido el origen de todos nuestros males.

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