Misa por los mártires de la tradición

Sermón pronunciado por el R.P. Edgardo A. Albamonte,Capellán de la Hermandad Tradicionalista "Carlos VII", durante la misa por los Mártires de la Tradición que, por iniciativa de dicho monarca, se celebra anualmente el 10 de marzo.

Otro año más que nos reunimos, por gracia de Dios, a homenajear a los Mártires de la Tradición, quienes por su militancia, sus disposiciones y su misma muerte, son Mártires de Cristo Rey o Mártires de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Hoy día suena extraña esta terminología, pero hemos de recordar -—y estamos particularmente obligados a ello— qué es ese Reinado Social de Cristo por el que lucharon nuestros mártires, que es el mismo que nosotros mantenemos como ideal. No es un invento ó exageración de integristas trasnochados: es Doctrina de la Iglesia; es el reconocimiento —por las naciones y por las leyes— de los derechos y autoridad de la Iglesia, de Cristo.

Más todavía que la libertad de la Iglesia es el respeto a sus leyes —particularmente sobre matrimonio y educación— y es la profesión pública de fe de los gobernantes, como lo fue en la Monarquía Tradicional y en la Cristiandad.

Los Papas que han proclamado esta doctrina después de la revolución que liquidó la Cristiandad, hacen hincapié en la restauración de Cristo Rey como única solución a los gravísimos problemas del mundo moderno... Lamentablemente a la apostasía de las naciones se ha sumado, desde el Vaticano II, la llamada "autodemolición de la Iglesia".

Más que nunca entonces, viendo los efectos deletéreos del virus revolucionario —aún en el Cuerpo Místico— hemos de afirmar nuestra defensa del Reinado de Cristo, rechazando cualquier "democratismo" aunque tenga el sobrenombre de "cristiano".

Nuestros mártires murieron por el reinado social de Cristo, reconociendo que Él es el Único que tiene derecho sobre todas las cosas: sobre los individuos, las familias y la sociedad... Reconociendo:

Su Majestad el Rey Don Carlos VII, titular de la Hermandad que hoy nos convoca, consagró el ejército Carlista del Norte el 16 de junio del 1875, en Orduña, al Sagrado Corazón, manifestación externa de la Realeza de Cristo.

Su egregio hermano, Don Alfonso Carlos, antes aún, el 1° de junio de 1873, le consagró el Ejército Carlista de Cataluña, en Montserrat.

Más tarde —siendo ya Rey, se comprende, y con voto solemne sobre los Santos Evangelios, el 8 de junio de 1934— se compromete a establecer, según el Mensaje del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, el Reinado de Cristo en España. Y un mes antes del Alzamiento, el 19 de junio de 1936, designa el Templo Expiatorio del Tibidabo (Barcelona) como lugar donde se debe renovar anualmente la Consagración.

Quizá en esta firme manifestación de "militancia confesional" se vea en parte explicada la prodigiosa Victoria del 39...

Nosotros en Sudamérica tenemos asimismo un ejército de militancia y defensa del Reinado Social de Jesucristo en la persona de Don Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador, quién también consagró su nación al sagrado Corazón de Jesús y murió asesinado por las logias el 6 de agosto de 1875, por haber querido instaurar el Reinado Social de Jesucristo en su patria.

El grito de nuestros mártires: ¡VIVA CRISTO REY!, frase breve pero significativa, que resume la fe inquebrantable de miles de mártires —ya no solo en España sino también en el Méjico de los años 20, en la guerra de los cristeros— que cayeron defendiendo la Realeza Social de Jesucristo, Rey por derecho de nacimiento y de conquista...

Realeza Social magníficamente definida por el Vicario de Cristo en 1925, en la encíclica «Quas primas», verdadera carta magna de la Doctrina política católica, pero que existía implícita en el "instinto religioso" del pueblo, guiado por el Espíritu Santo.

Hoy, España ha sido integrada definitivamente a la Europa moderna, con lo que abandonó definitivamente la Cristiandad... La Realeza de Cristo —por la que murieron nuestros mártires— es rechazada por todos. Los catastróficos resultados los estamos viviendo: no se puede apostatar impunemente.

El Occidente cristiano, que había recibido la vida y la civilización por medio de Cristo, ha expulsado gradualmente a Cristo de los individuos, de las familias y de la sociedad.

También en Hispanoamérica se profesa lo contrario a la Doctrina de la Realeza de Cristo. ¡Como hace veintiún siglos, escuchamos hoy el grito que precedió al Deicidio!:

"¡NO QUEREMOS QUE CRISTO REINE SOBRE NOSOTROS!"

Por eso, desde el confín austral del mundo, los que estamos hoy aquí prometemos continuar, con la ayuda de Dios ...

Hoy rendimos homenaje a los Mártires de la Tradición, Mártires de Cristo Rey y seguimos proclamando y esperando la Realeza Absoluta de Nuestro Señor Jesucristo.

¡LA REINA DE LA HISPANIDAD NOS PROTEJA!

 

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