
Artieda-Sangüesa
Parcial 31 Km; Total 101 Km; A Santiago: 757 Km
El Camino Aragonés IV
Son las siete y cuarto cuando me dispongo a salir, hoy conviene salir pronto porque será una larga jornada de marcha. Voy haciendo Camino- les digo a mis compañeros peregrinos- si no nos encontramos antes, os espero almorzando en el Albergue de Ruesta. No hay desayuno que valga, a esas horas a la simpática hospitalera no le viene bien levantarse para preparar los desayunos, así que me tengo que conformar con una barrita energética para ir tirando hasta llegar a Ruesta.
Hoy el día se presenta mucho mejor, parece que el frente nuboso ha pasado y en el cielo solo se ven nubes sueltas. De todas formas habrá que tener cuidado por donde me meto porque la lluvia caída el día de ayer habrá embarrado algunos tramos del camino.
De
momento salgo del pueblo descendiendo por el asfalto hasta llegar al llano tirando
hacia la izquierda. Sigo por la carretera hasta llegar a una nave agrícola
donde las flechas dirigen por una pista de tierra en buenas condiciones que
sirve de atajo (evita ir hasta el embalse de Yesa y volver). Al poco rato conecto
de nuevo con la carretera que por la ribera izquierda del embalse me conduce
entre pinos y robles al pueblo en ruinas de Ruesta. Voy muy cómodo, la
temperatura es ideal y el paisaje alegra la vista, sobre todo las panorámicas
del embalse entre los pinos, he declinado seguir las flechas indicadoras del
Camino pues intuyo que las sendas a las que dirigen, deben estar llenas de barro
o agua y por otra parte al estar el asfalto mojado y el tráfico de vehículos
inexistente iría mucho mejor por la carretera.
Voy
pensando en lo que debieron sufrir los habitantes de los pueblos ribereños,
privados de sus tierras de labor anegadas con las aguas del río Aragón
allá por el año 1959. Después de dos horas y media de marcha
me encuentro con el desolado pueblo-fortaleza de Ruesta. Allí solo queda
un Albergue gestionado por el sindicato CGT ubicado en unas rehabilitadas mansiones
y al que se le da el doble uso juvenil y de peregrinos. Como es hora de almorzar
me dirijo al bar donde pido y me sirven un buen bocadillo de tortilla.
Mientras estoy dando cuenta del bocadillo, aparecen los demás compañeros peregrinos. Juan dice que anda algo tocado, le han salido unas molestas ampollas. Descansamos un buen rato charlando y haciendo fotos y junto a Pascual emprendo la marcha.
Aquí
se abandona al fin el asfalto, ya que la carretera conduce al pueblo medieval
de Sos del Rey Católico, muy pintoresco por cierto. Primero hay
que descender con alguna dificultad por una calle empedrada hasta llegar al
camping que está situado casi al nivel del embalse que se descubre por
un entrante del mismo. Cruzamos las escasas tiendas de campaña montadas
y pasamos junto a una Fuente y enseguida por delante de la pequeña Ermita
de Santiago. Desde este punto comienza una severa pendiente hacia poniente
que nos adentra en la frondosa Sierra de Peña Musera. Ahora debemos
salvar un desnivel de 400 metros que se nos hace eterno, a pesar que se camina
por una pista en buenas condiciones y rodeados de pinares. Al alto de la sierra
llegamos con la lengua fuera después de casi dos horas de fuerte subida,
pero la panorámica desde allí compensa el esfuerzo, allá
abajo hacia poniente divisamos la población de Undúes de Lerda
situada en un extenso valle.
Después de caminar un rato por terreno llano esquivando como podemos
los enormes charcos que inundan la pista, toca la bajada con el cambio de ritmo
y trabajo muscular nuevo que ello conlleva. Pero vamos contentos porque la mitad
de la etapa está próxima a llegar.
Un kilómetro y medio antes de llegar hay que desviarse por una senda a la izquierda de la pista hasta llegar a un arroyo que cruzamos y caminar por una calzada romana bastante bien conservada. Un último esfuerzo para vencer otro fuerte repecho y a la una y media estamos entrando en la señorial población de Undúes de Lerda, última población del Camino de Santiago a su paso por Aragón. Toca descanso y avituallamiento.
En
el único bar visible del pueblo entramos y después de despacharnos
unas frescas cañas de cerveza nos aprestamos a comer. Buena comida por
cierto. Cuando estamos con los postres aparecen Juan, Tulio, Santi y Amaya que
también se disponen a reponer calorías.
Pascual y yo nos despedimos de ellos hasta Sangüesa. Quedan aún casi 11 km para la conclusión de la etapa y ya se sabe que después de comer se hace aún mas difícil el caminar, y la temperatura en aumento seguro que no nos ayudará nada.
Marchamos, sin prisa pero sin pausa, por pistas agrícolas. Nos metemos por un atajo y acabamos atravesando un sembrado de cereal. Traspasamos el límite Aragón-Navarra indicado por un panel pero Sangüesa se hace se hace rogar. Nos cruzamos con varias personas que nos animan diciéndonos que nos falta poco pero Sangüesa sin aparecer. Vislumbramos un núcleo de villas dispersas que atravesamos entre cuidados bancales que emiten un agradable olor a verdura fresca. Los dos últimos kilómetros como de costumbre se nos hacen eternos, igual da que la etapa sea de 15 km como de 40 km, que los dos últimos se hacen siempre los mas pesados ¿Por qué será?.
Al fin aparecen las torres de las iglesias y de sopetón en una hondonada aparece Sangüesa. Preguntamos a unas vecinas por el Albergue y nos informan puntualmente -pero eso sí -nos dicen, -tendrán la credencial porque las monjas es lo primero que les pedirán-.
Siguiendo las indicaciones recibidas entramos en la Residencia Municipal gestionada por las Hijas de la Caridad y donde la monja recepcionista antes de que abramos la boca nos pide que le enseñemos las credenciales, tenían mucha razón las vecinas, y después de echarles un minucioso vistazo y sellarlas nos entrega la llave del Albergue que está adosado a la Residencia. En el primer piso nos encontramos con algunas camas a nuestra disposición con sábanas y mantas. No estamos solos, ya han llegado algunos peregrinos pero intuyo que vamos a dormir a gusto sin hacer uso del saco de dormir. Nos aseamos y yo hago la colada rutinaria.
Al poco rato aparecen los demás compañeros peregrinos, Juan continua bastante tocado con una ampolla ensangrentada que le preocupa y toma la prudente decisión de volver a Zaragoza, de todas formas solo pensaba llegar hasta Puente la Reina. Los demás comme ci comme ça si me permiten el uso de la expresión francesa.
Salimos
todos juntos a visitar la villa. Por la calle Mediavilla enfrente del Albergue,
nos dirigimos hacia el centro. Pasamos junto a la Iglesia de San Salvador,
construcción gótica en estado de conservación muy deplorable,
con representación del Juicio Final en su bella portada. Poco
después a la izquierda contemplamos la fachada de estilo churrigueresco
del Palacio de los Marqueses de Valle-Santoro con sus esbeltas columnas
salomónicas y un respetable alero de madera muy artístico y sobre
el dintel un gran escudo de armas; actualmente se aprovecha como Casa de Cultura.
Mas adelante, la calle enlaza con la calle Mayor.
A
la izquierda en primer lugar nos fijamos en una fachada de estilo gótico
perteneciente al Palacio de Añués un buen ejemplo de casa
palaciega, y un poco más allá a la derecha hay que descubrirse
ante la portada de la Iglesia de Sta. María la Real de estilo
románico que no tiene desperdicio, por algo le ha valido justamente la
calificación de Monumento Nacional.
La Torre cubre el crucero, sobre una planta cuadrada se alza el cuerpo de la
linterna propiamente dicho de planta octogonal y que consta de tres volúmenes
claramente diferenciados. El inferior de estilo románico de transición
solo exterioriza dos óculos orientados norte-sur; el del centro cuenta
con ventanas muy atractivas en cada cara de estilo marcadamente gótico;
el superior contrasta con el anterior por su sobriedad; y rematando la torre
se cimienta una larga aguja piramidal estandarte de la villa, dejando
un espacio transitable alrededor protegido por una balaustrada. En el interior
de la Iglesia destaca el retablo mayor de estilo plateresco presidido
por
una talla plateada gótica de la Virgen de Rocamador de gran tradición
peregrina y un capitel doble en el lado izquierdo del arco principal del ábside
central con una representación de la Huida a Egipto. También
merece la pena dedicar algo de tiempo a la contemplación del techo que
produce grata impresión.
Volvemos sobre nuestros pasos por la calle Mayor llegando a la altura del Consistorio de estilo renacentista con magnífica fachada cuya construcción data del año 1570 según reza una placa, con soportales conocidos popularmente como Las Arcadas. A través de ellas y un patio se llega al Palacio-Castillo del Príncipe de Viana en el que se ubica una Biblioteca Pública. Siendo Sangüesa de gran tradición jacobea, no podía faltar la Iglesia de Santiago de origen románico ubicada en el centro histórico de la villa.
Como va llegando la hora de tomar algo, decidimos a entrar en un pequeño restaurante de la calle Mayor donde hacemos una cena ligera. Allí Juan ratifica su intención de regresar a Zaragoza, seguramente le llevarán en coche dos chicas que están haciendo parte del recorrido jacobeo aragonés en plan turístico.
Cuando salimos del restaurante ya es de noche, es hora de volver al Albergue a descansar que mañana la etapa es también de las largas. Cuando llegamos al dormitorio ya se encuentran todos sus huéspedes peregrinos o turistas, lo que puedo asegurar es que todos disponen de una credencial.
Buenas noches y hasta mañana.
