| Dos años después de recopilar cuentos en Un relato casual, decidí recoger los poemas que había escrito en años precedentes, motivado por la favorable acogida que tuvieron al leerlos en público. Reuní las cincuenta composiciones que más me agradaron –cuidando de destruir las restantes para evitar tentaciones fastidiosas– y con la ayuda de algunos amigos las reduje a veinticinco. Como en el caso de los relatos, preparé una edición rústica para circular gratuitamente, la cual reedité tres años más tarde, en 1997. Ambas están agotadas, aunque espero poder realizar en el futuro una tercera edición, quizás ilustrada con fotografías. No he vuelto a escribir poemas. A continuación transcribo cinco de los contenidos en aquella colección. [3] Tu pelo vuela con la brisa o mejor dicho hace soplar el viento Tus ojos brillan en el sol de la tarde o mejor dicho iluminan el cielo Tus labios invitan sutiles o mejor dicho son el deseo Tus dedos recorren caminos o mejor dicho me crean Tu piel me arropa o mejor dicho se hace una con la mía [12] Mis manos corren cuesta arriba las laderas de la cordillera formada por los suaves contornos que dibujas al brindarme tu cuerpo a contraluz Ahora camino despacio por los precipicios de muerte que rodean las oscuras profundidades donde moran la sangre y el placer [14] Enloquezco con el olor de tu humedad y resbalo por tu cuerpo buscando tu boca para beber por siempre del abundante torrente Tu licor irresistible me pone de rodillas me arrastra hacia ti domina mi vida ciega mis ojos nubla mi pensar Quiero desquiciarme bebiendo insaciable hasta ahogarme y morir y en mi fría tumba oler a ti [17] Hoy lancé mis manos al aire buscando el temblor suplicante de tus montes coronados de rosas de tus valles surcados de piel Hoy pregunté al viento tu nombre para gritarlo con voces fuertes y entonarlo como se canta la canción de lo imposible Hoy pedí a la brisa que me llevara a los confines de la pradera a la orilla misma del acantilado desde donde saltar a encontrarte [19] Creo escuchar un susurro arrastrado por la brisa junto a las hojas secas Mi corazón se agita al oírte pronunciar mi nombre con la voz temblorosa de la nostalgia Desando los pasos que me alejan de ti corriendo desesperado a tu encuentro Avanzo sin descanso sin medir tiempo ni distancia por el camino de regreso Me esperas sonriente y me detengo a contemplar tu belleza serena No tengo palabras para decirte mi soledad sin ti Abres los brazos salto a tu pecho y caigo al vacío |
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