REGIÓN   AMAZÓNICA
 
YRAPURU
 


Cuando llegó la bonanza de caucho a toda la selva amazónica, gentes de todas partes de Colombia buscaron un lugar para vivir y colonizar tierras.  Entre las familias que arribaron, llegó una que se acomodó ne las márgenes del río Amazonas.  Tenían un hijo que, aunque pasaba el tiempo no crecía.  Rápidamente fue reconocido por todos los indígenas de la región con el nombre de Yrapuru.  Un día la familia tuvo que volver a la cuidad, pero el espíritu de Yrapuru permaneció entre los indígenas y colonos, convertido en duende.

El duende Yrapuru era una de las pocas diversiones que tenían los habitantes de esta región, porque la mayor parte del tiempo vivían aterrorizados por Boiuna, una gran serpiente que destruía las piraguas, destechaba las malocas, espantaba a los animales y acababa con todo lo que se le cruzaba en su camino.

Una mañana, en la que los niños jugaban y reían al ritmo de la armoniosa voz de Yrapuru, el ruido de un extraño silbido se hizo presente en el lugar.  Los animales, que acostumbraban a oír atentos las melodías del duendecillo, salieron despavoridos buscando un lugar en dónde refugiarse; las mujeres cogieron a sus hijos y los metieron a sus ranchos;  los hombres se armaron de machetes y palos y esperaron impacientes.  El único que no se movió del lugar fue Yrapuru.  Al oír las canciones del duende, la gigantesca serpiente se detuvo y comenzó a hacer un ruido superior al duende.

Encolerizada Boiuna porque Yrapuru iba aumentando también el tono de su canto, se convirtió en un águila feroz, voló muy alto, miró hacia donde estaba su enemigo y se le arrojó en picada, estrellándose aparatosamente contra el suelo, donde quedó enterrada, pues no sabía que Yrapuru era sólo un duendecillo.

Los habitantes del poblado, que estaban viendo el enfrentamiento, rieron al ver el águila clavada en el suelo.  Esto puso más bravo a Boiuna, que se convirtió en armadillo y salió por otro lado, esperando sorprender a Yrapuru.  El duende dio un salto y cayó sobre el pesado caparazón del armadillo que de tanto dar vueltas por librarse de su jinete, cayó al suelo mareado.

Furioso, Boiuna se convirtió en todo lo que pudo, hasta en las figuras más monstruosas, pero como ya nadie se asustaba y el duendecillo reía a carcajadas, volvía siempre a su figura normal, de gran culebra.

- ¡Ya no nos asustas Boiuna, no tienes nada qué hacer en estas tierras!  Es mejor que te marches a otro lugar en donde no te conozcan - le gritaban Yrapuru, moviéndose de un árbol a otro.

La gran serpiente, al verse perdida, se metió lentamente al agua.  Los animales y los hombres, al ver el triunfo del duendecillo, corrieron a la orilla del río gritando:

- ¡ Adiós, adiós Boiuna, ya no nos asustas, el duendecillo te ha vencido, adiós!
 
 

(Mitos y Leyendas Colombianos, Fabio Silva V., 1999)
 



 
 

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