Esta
leyenda tiene su origen en la Cartagena de la Colonia. Allí
vivía una mujer de la nobleza con su esposo y su hermoso hijo, en
una casa muy grande en la plaza central de Cartagena.
La mujer no atendía a su marido
por dedicar todo el tiempo a su hijo, al que adoraba. Un día,
el marido, al verse rechazado, no aguantó más y mató
a su hermosa esposa. Cuando la mujer gritó, el niño,
que estaba sentado en un pozo, perdió el equilibrio y se perdió
en la profundidad.
Desde ese día en la mayoría
de las casas coloniales que aún conservan un pozo, aparece la figura
de la mujer con una peineta de hueso en la mano, que resplandece al pasarla
por sus dorados cabellos. Los niños al verla, quedan como
hipnotizados y caminan hacia ella, que al descubrir que no se trata de
su hijo, los arroja al pozo.
(Mitos y Leyendas Colombianos, Fabio Silva V., 1999)