
De regreso a Plato, Saúl invitó
a uno de sus amigos para probar las pócimas. Una era un líquido
que lo convertía en caimán y la otra, lo volvería
a la normalidad. Saúl se metió al agua y su amigo le
roció el líquido de la primera botella; Saúl
se sumergió y al pco rato salió convertido en caimán;
su amigo, espantado, dejó caer la segunda botella, con tan mala
suerte, que el líquido se derramó y sólo uns pocas
gotas cayeron en la cabeza del caimán y el resto se perdió
en el agua.
Desde ese días, Saúl
tiene la cabeza de hombre y el cuerpo de caimán.
(Mitos y Leyendas Colombianos, Fabio Silva V, 1999)