| Zurich
(Suiza).- Las torres de las iglesias románicas y neogóticas se elevan
en el cielo de la ciudad pero, curiosamente, en lugar de tener iconos
religiosos, cada una alberga un reloj. Una de ellas, la de St. Peter,
ha tenido funciones administrativas desde la Edad Media. En los tiempos
en que no existían los relojes, trompetistas apostados arriba anunciaban
las horas regulando las actividades del día. Nacida
como Turicum, un puesto de aduana romano del siglo I a.C, Zurich se
transformó en la ciudad más habitada de Suiza, en uno de los centros
financieros del mundo, en un lugar donde todo funciona bien y a horario,
donde no hay mendigos y hasta los perros son admitidos en shoppings,
ómnibus o tranvías y, sin embargo, todo está impecable. Situada
al norte del lago de Zurich, ofrece todas las ventajas de una ciudad
cosmopolita y, a la vez, lindísimos paisajes de lagos y montañas. El
barrio antiguo, a ambas márgenes del río Limmat, es el mejor punto de
partida para el viajero. Las torres de las iglesias de Grossmunster,
Fraumunster y St. Peter harán imposible perderse. Las
casas de más de 600 años todavía conservan su esplendor. Muchas ostentan
curiosas inscripciones que revelan los nombres de dueños ilustres. Su
arquitectura es sencilla y discreta, pero se destacan por su colorido.
Como detalle, algunas tienen bow windows colgantes. Por dentro, se ven
recicladas. En
la margen izquierda del Limmat, entre el río y Bahnhofstrasse, exclusivas
boutiques de renombre, hoteles y joyerías se pierden en callejuelas
angostas con subidas y bajadas. Cerca de St. Peter, el parque Lindenhof,
situado donde se levantó el puesto romano y la posterior fortaleza,
ofrece una excelente vista hacia el Limmat y las montañas y, también,
tableros de ajedrez gigantes donde señores mayores se entretienen cuando
hace buen tiempo. Lugares
que revolucionan Cruzando
el río, Niederdorfstrasse, hasta hace unos años reducto de cabarets
y prostitutas, con sus pubs y restaurantes es el lugar para salir a
la noche. Plagado de jóvenes, este lado del río tiene un aire más pintoresco,
pero no menos atractivo que su contraparte; abunda en casas de antigüedades,
galerías de arte y locales de ropa underground. Cada recoveco de sus
callecitas esconde un café que tienta a quedarse. También
se destaca por sus habitantes famosos. ¿Ejemplos? Spiegelgasse -una
calle en otros tiempos poblada por inmigrantes- alojó a Lenin en sus
años de exilio. Se dice que allí preparó la Revolución Rusa. En la misma
calle y el mismo año, Zurich dio a luz al dadaísmo, un nuevo movimiento
artístico. Ejecutivos
de traje, autos carísimos, deliciosos chocolates, jóvenes yuppies, tranvías,
mujeres elegantes y más relojes -esta vez, en las vidrieras- se mezclan
en Banhofstrasse. Se
extiende desde la estación central de tren hasta el lago y alberga grandes
tiendas, vidrieras con precios de varias cifras y, sobre todo, bancos.
Elegante y discreta, hace sentir que todo lo que ofrece es de la más
alta calidad. La
estación central de tren, un edificio inaugurado en 1871, es una buena
síntesis entre tecnología y patrimonio cultural. Refaccionada para su
uso moderno respetando su estructura y fachada, cuenta con 24 andenes,
un centro comercial subterráneo y una excelente área de servicios que
incluye bancos, lockers, alquiler de bicicletas, cibercafé, duchas,
información sobre tarifas y horarios de trenes a Europa. Con
la estética de nuestro tiempo, cuelga del techo un ángel protector con
la forma de una colorida escultura moderna. Varias líneas de tranvía
parten de allí hacia diversos puntos de la ciudad. Igual que los trenes,
que siempre llegan y parten a la hora anunciada. Como
un secador de pelo Cuando
sopla el Fern, un viento que -según dicen los locales- tiene el efecto
de un secador de pelo, hace calor y la mayoría opta por comer al sol
en los restaurantes con mesas en las veredas, o comprar un sándwich
para saborear sobre los puentes del Limmat o en el bulevar que bordea
el lago. Las
cuadras de Bahnhofstrasse entre Paradplatz y el lago, son las más selectas
y caras de la ciudad. Para los amantes de los autos, la zona ofrece
un desfile constante de los convertibles y algunos de los deportivos
más codiciados. Para los golosos, los mejores chocolates. Arte
con nombre de cabaret El nombre Dadá surgió casi accidentalmente cuando Ball y Richard Heuelsenbeck buscaban un nombre para la cantante del cabaret. Pronto fue elegido para representar al nuevo grupo y poco después, el término fue usado en el primer ejemplar de la revista Cabaret Voltaire que se publicaba en tres idiomas. Aunque el cabaret cerró sólo seis meses después, la revista Dadaísta logró sobrevivir y trascender. Fuente La Nación, febrero 2000 |
| Datos
útiles El
pasaje desde Buenos Aires hasta Zurich, vía Francfort, por Lufthansa
ida y vuelta, cuesta aproximadamente 1300 dólares, con tasas e impuestos.
Alojamiento
Una
habitación en un hotel de mediana categoría cuesta entre 80 y 120
dólares. Restaurantes
En
un restaurante el precio de una comida es de alrededor de 25 dólares
por persona. Una fondue ronda los 15 por persona. En
un lugar de comidas rápidas, 7 por persona. Más
información La Oficina de Turismo, en la estación central de tren, provee información en español y reservación de hoteles. |
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