Colonia, Carmelo y Nueva Palmira, en la costa rioplatense, no cambian nunca y regalan un ramillete de excursiones

CARMELO, Uruguay.- La proximidad de la primavera, con el beneficio tarifario de la temporada baja, resulta una época propicia para encarar placenteras escapadas hasta Colonia, Carmelo, Nueva Palmira y buena parte de la costa del río Uruguay. Es válida para automovilistas, navegantes deportivos e interesados en breves y económicas excursiones programadas. Las propuestas aguardan con encumbrados o modestos pero acogedores servicios, comida casera y vestigios de una hermanada historia.

Es la ribera donde asumió el marqués de Sobremonte (el último virrey) y donde nacieron los tres primeros hermanos de José de San Martín. Por allí asesinaron a Juan Díaz de Solís y ayudaron a Santiago de Liniers a armar la Reconquista. También, en estas tierras se vio a Charles Darwin hurgar como buen naturalista y, por otra parte, es donde José Garibaldi descargó buena parte de sus pasiones épicas y románticas.

Se trata de la costa oeste, esa que baña el río Uruguay que, seguido del primer tramo del más ancho, el Río de la Plata, tiene epicentro en Colonia, que deja a la vista doradas playas, barrancos y rocosos despeñaderos. Está apenas salpicado por hoteles y campings, que se suman a la más antigua y bien conservada aldea colonial de la región.

Entre perfumes

En la época en que el otoño adorna con sus aportes ocres y está presente el perfumado colorido de la primavera que se aproxima, se consiguen las mejores tarifas turísticas. No hay que esperar mesa en los restaurantes ni comer a prisa presionados por los que aguardan de pie. Tampoco es necesario zambullirse entre la muralla de apostadores para poner una ficha en la segunda docena y hasta se encuentran mejores sonrisas en la conserjería del hotel.

A la vez, la temporada baja es tiempo de paquetes turísticos promocionales o de plegarse a la escapada que suelta amarras todos los viernes, a las 21, desde Puerto Madero. Se emprende el regreso siete horas después de una cena en Colonia y tras experimentar la suerte -o el infortunio- en el casino de la otra orilla.

Tres líneas de transbordadores cruzan el charco, y hasta hay promociones para hacerlo con el automóvil en la bodega, sin cargo para el conductor. Los automovilistas disponen entonces del paseo con el kilómetro cero en el puerto de la antigua Colonia.

Los automovilistas pueden experimentar un viaje mixto que en cambio los lleve por los puentes Zárate-Brazo Largo y Libertador General San Martín -que une Gualeguaychú con Fray Bentos-, bajar por la ruta 2 (uruguaya) hasta Mercedes, luego enhebrar playas y pueblos turísticos que proponen los desvíos de la ruta 21 hasta Colonia y retornar embarcados (o viceversa).

Los navegantes deportivos con sedes en las marinas de Puerto Madero, Núñez, Olivos y el resto de la costa norte, consiguen amarres sin dificultad en esta época del año en Colonia, Carmelo, la Barra de San Juan o en Nueva Palmira.

Escaparse de a pie

Sin el cuatro ruedas ni una embarcación para la travesía personal, los peatones pueden armar su propio recorrido o tomar paquetes por dos y tres días.

En muchos casos, los pasajes se pueden pagar con tarjeta y telefónicamente, de manera que el voucher se retira en puerto, poco antes del embarque.

Para los que conocen Colonia y quieren descubrir otra ciudad con casino, está disponible Carmelo. Y los que pretenden gozar de la paz que se le atribuye a Nueva Palmira, acceden a viajes bucólicos e interisleños -todos los días- desde el puerto de Tigre.

La costa oeste uruguaya es un vergel que merece recorrerse. Desde visitar la residencia de descanso presidencial, donde está la tumba de Aarón de Anchorena -que hizo el primer cruce en globo del Río de la Plata el 25 de diciembre de 1907- hasta un cementerio inglés en Conchillas.

Junto al arroyo Las Víboras está el casco y capilla de Juan de Narbona, de mitad del siglo XVII, que lo erigió después de levantar la iglesia del Pilar, en el barrio porteño de Recoleta. Abundan desde pequeñas villas con historia, hosterías de atención al estilo centroeuropeo, comedores rurales, reliquias arquitectónicas, hasta viñas y bodegas.

Todo el año: la temporada nunca se acaba, y por la ruta 21 sorprende a los visitantes con las posadas, reliquias, bodegas y playas cercanas a Carmelo.

CARMELO.- Después de recorrer la atractiva e histórica Colonia del Sacramento -ferry desde Buenos Aires mediante-, la tentación es conocer todo lo aprovechable hacia el Norte.

Los viajeros que veranean en Atlántida, Piriápolis, Punta del Este o en La Paloma, conocen el camino a Montevideo y la carretera interbalnearia; mientras los que lo hacen por los puentes ingresan en Uruguay por la ruta 2, pero son pocos los que han incursionado entre Colonia o la llamada costa oeste.

Esta es la ribera del río Uruguay, con buenas playas de arena dorada y aguas tibias y con posadas y hotelería modesta, además de curiosos lugares para visitar.

Los que cruzan en automóvil tienen el privilegio de conocer este tramo atractivo y hacer uso del hospedaje rural, para lo cual es mejor asesorarse en la Oficina de Turismo de Colonia, en la avenida General Flores.

Quizá la mejor propuesta es hospedarse en la posada Gondwana (reservas por el (00598) 520-2155, a cinco kilómetros del Real San Carlos de Colonia, por la calle-camino Tula Suárez de Cutinella. Es el rincón suizo del matrimonio Hirt, con comidas que ofrecen distintos sabores, con descanso garantizado, no lejos de la playa ni de la bodega Caluva.

El hospedaje rural no abunda, pero resulta base ideal para recorridas que lleven a lugares de interés hasta llegar a Carmelo (a 76 kilómetros de Colonia). Allí, la opción es su hotel-casino, puerto y marina de yates, además de la playa Seré, con el parador El Refugio y el camping náutico.

La ruta 21, que trepa paralela a la costa del río Uruguay hasta Mercedes, es la clave vial para los desvíos que provocarán la curiosidad viajera por satisfacer.

Gran parte del primer tramo por recorrer fue visto desde la canastilla del globo Pampero -el 25 de diciembre de 1907-, por el bon-vivant Aarón de Anchorena y Jorge Newbery, luego de más de dos horas de vuelo desde el barrio porteño de Palermo.

Fue el primer vuelo sobre el Río de la Plata hecho por Anchorena cinco años después de su expedición patagónica, en la que quedó enamorado de la isla Victoria, en el lago Nahuel Huapi. A bordo del Pampero, quedó subyugado por el encanto que le producía la desembocadura del río San Juan, y aterrizó cerca de Conchillas.

Un año después, compró el campo en la desembocadura de San Juan, 11.000 hectáreas que en parte forestó y llenó de fauna exótica.

Tras sus pasos, lo mejor es llegar hasta Carmelo, donde los puntos más importantes son el parque Anchorena, además de Conchillas, la estancia Las Vacas o la Calera de las Huérfanas.

El casco de la estancia del parque Anchorena es la residencia veraniega del presidente uruguayo desde que fue donada al Estado, y puede ser visitada tras coordinar con la oficina de Turismo de Colonia.

Se trata de visitas de tres horas a lo largo de 1370 hectáreas donde se ven manadas de hasta 100 ciervos axis, un lago, la capatacía, el puerto y la gran torre.

Se llega en automóvil por la ruta 21, luego de una veintena de kilómetros hasta el mojón 198, donde se desvía hacia la izquierda por el camino pavimentado que lleva al centro de visitantes

Hacia Conchillas

De regreso a la ruta 21, el próximo desvío a tomar debe ser el camino de balasto -a la izquierda- hacia Conchillas, un reducido poblado que preside el viejo hotel Evans (por David E., su recordado fundador), edificio declarado hace 24 años Monumento Histórico Nacional, junto con otros hogares pioneros ingleses.

Este pueblo, de casas de muros de piedra y techos de cinc, tiene su origen en la instalación de la empresa británica C. H. Walker & Co. Ltd. que construía el Puerto Nuevo de Buenos Aires y que se abasteció de arena y piedra de Conchillas.

También fue hito histórico al servir como punto de desembarco a Santiago de Liniers, que había partido de Colonia a la Reconquista de 1806, tras derrotar a los ingleses. El poblado merece una recorrida antes de conocer la costa, el puerto y los campings, además de churrasquerías sobre el arroyo San Francisco. Pero, rumbo a la costa, conviene desviar a la derecha por un camino que, después de un puente, lleva al cementerio de tumbas británicas.

Una estancia inconfundible

Poco antes de llegar a Carmelo, otro desvío -a la derecha de la ruta 21- sugiere conocer la estancia Río de las Vacas como se llamó inicialmente y luego la Calera de las Huérfanas. En esa vaquería de los jesuitas hasta que fueron expulsados, se instaló don Juan de San Martín -casado con Gregoria Matorras- como administrador de la Junta de Temporalidades que regenteó los bienes de la comunidad defenestrada.

Allí nacieron -entre 1771 y 1774- sus hijos María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín, los tres primeros hermanos de José, el futuro Libertador que nació en Yapeyú el 25 de febrero de 1778, luego del traslado de la familia a esa ex misión jesuítica, también sobre el río Uruguay. Hoy se visitan los muros de la capilla del lugar y ruinas del caserío.

En Carmelo -fundada por José Gervasio Artigas el 12 de febrero de 1816- se puede visitar la iglesia del Carmen, frente a la plaza del fundador. Allí puede admirarse El sueño de San José, pintura de Blanes, y la Virgencita que perteneció a la capilla de la estancia de las Vacas. En el archivo y museo parroquial están las actas de nacimiento de los tres primeros hermanos de San Martín.

Con un toque de Colonia

Cruceros breves

Hay que tener en cuenta las ventajas de la baja turística. Los viernes, por ejemplo, embarcarse hasta Colonia, a las 21, para cenar en el restaurante Mercado del Túnel y estar de regreso en Puerto Madero a las 4 del sábado. Quizá se baja la planchada con la fortuna de haber ganado algunas rupias en el casino.

Hay paquetes turísticos que Ferrylíneas ofrece para dos días en Colonia con pasaje ida y vuelta, city tour y una noche de hotel con desayuno, base doble, desde 90 hasta 135 dólares, y con pensión completa en el Casino Mirador, entre 155 y 183 dólares. Buquebús ofrece un día y medio de hotel y desayuno, con traslados y city tour desde 69 hasta 99 dólares. Un día en la estancia El Terruño, con regreso el mismo día, incluye almuerzo y traslados, e ntre 55 y 67 dólares.

Hay una tumultuosa variedad de propuestas parecidas. Pero hacia Carmelo o Nueva Palmira hay que armarse el propio programa.

Travesías: hoy el miniturismo fluvial se disfruta de proa a popa, el descanso recala en cada puerto y el stress se pone en remojo.

NUEVA PALMIRA.- Hasta la Barra de San Juan (donde está el parque Anchorena), Carmelo y Nueva Palmira llegan los navegantes deportivos. Pero desde Tigre también hay servicio de lanchas. Los ómnibus locales de Agencia Central y de Berruti y Cía. hacen desde Colonia el servicio terrestre hasta esas ciudades.

Pero los automovilistas que suben desde Colonia y Carmelo por la ruta 21 pueden desviarse hacia el edificio más antiguo y en pie del oeste uruguayo: el casco y capilla de la estancia Narbona, que data de 1728. Un siglo después fue comprada (1830) por tres norteamericanos y poco después fue visitada por Darwin, que lo registró en su libro Viaje alrededor del mundo.

Hay que desviar a la derecha, apenas se cruza el antiguo puente y primer peaje uruguayo que entonces (1853) cobró don Jaime Castells, el catalán que también allí erigió el todavía intacto molino que aprovechó un salto del arroyo Las Víboras.

El casco de Juan Narbona, el alarife que en Buenos Aires construyó las iglesias del Pilar y Catalinas, es una verdadera reliquia.

Muy cerca está Nueva Palmira, equidistante del puente hacia Gualeguaychú (106 kilómetros) y de Colonia (96), que mira al río Uruguay antes de echarse al Río de la Plata. Lo hace en Punta Gorda, un lugar histórico cuatro kilómetros más al Sur.

Nueva Palmira tiene el segundo puerto de aguas profundas del Uruguay, pero también la dársena del Higueritas y sus codiciados amarres. Cuestan -con provisión de agua potable- entre 3,50 y 9 dólares diarios, según la eslora, y se le suma una cifra parecida si se usa energía eléctrica.

En el Higueritas, una reducida copia de la porteña Pirámide de Mayo es el hito de un paseo ribereño que pasa frente a la zona arbolada de playas donde emerge la antigua proa del encallado navío Eolo, cercano a una bahía de pescadores.

Hay cuatro hoteles y dos hospedajes, pero conviene tomar habitación en el antiguo hotel Uruguay (a 16 dólares en la temporada baja y reservas por el (00598 544-6008), el más cercano a las aguas durante un siglo y cuarto de vida y se comer en L'askina y La Palmera.

A cuatro kilómetros al sur y sobre la barranca del río Uruguay, que termina allí para llamarse Río de la Plata, está el parador con hospedaje Punta Gorda (00598 544-6073), que atiende Gipsy Mireya de De Luca y cocina un imperdible surubí a la vasca que se come con vista a la costa entrerriana.

Alista su piscina para el verano a un paso está el mojón cero del río-estuario y la llamada escalera de Darwin, que baja a la playa donde hurgó el naturalista de la Beagle en 1833. Desde la altura se avista la desembocadura del Paraná Bravo y la isla Juncal, donde el almirante Brown libró la victoriosa batalla naval sobre la escuadra brasileña (1827). También se yergue un monolito a Juan Díaz de Solís, erigido, se dice, sobre joyas enterradas allí por las damas palmirenses.

Más al Norte siguen las playas, entre ellas La Agraciada. Algunos viajan aún más al Norte para acampar en Concordia (ex puerto Aldao), con dos camping y tres bungalow municipales arrendables a 30 dólares diarios.

Hay 46 kilómetros de Nueva Plamira hasta Dolores por la ruta 21. De allí, la 96 lleva hasta Soriano, en la desembocadura del río Negro, que es la más antigua población del Uruguay. Surgió en 1527 como Puerto de Tierra Firme de San Salvador.

La ruta 24 sigue más al norte de Fray Bentos para los viajeros empecinados: son los que siguen por allí en la saga de la zona termal. No faltan paradores ruteros de buen acogimiento y parrillas con crepitantes pamplonas.

Los 33, el pintor y el estanciero

La playa La Agraciada, al norte de Nueva Palmira, sirve -más caldeada, claro- a los amantes del camping que llegan por el desvío que arranca en el kilómetro 284 de la ruta 21.

Es de fina arena y la respalda un barranco a cuyo pie reverdece alguna foresta, coronada por un obelisco costero que recuerda el desembarco de los 33 Orientales, patriótica cruzada liberadora que consiguió fama para esa soledad, a partir del 19 de abril de 1825. Comandados por Juan Antonio Lavalleja (con su hermano Manuel, dos Artigas y 11 argentinos), los revolucionarios navegaron desde San Isidro y cuatro meses después del desembarco, se reunió el Congreso y el gobierno provisional del 25 de agosto de 1825.

La arboleda contigua a la arena, aguas arriba, prodiga la sombra reparadora durante el verano, que es cuando el camping libre tiene a mano los servicios de un parador. La pesca es allí de magros resultados, pero el agua resulta bastante clara y el clima benigno.

La visita al lugar se justifica para un día, como para un asado y recomponer la memoria histórica. Si antes de llegar a la playa y cruzar el puente sobre el arroyo Gutiérrez se presta atención al cartel que, a la derecha, anuncia la proximidad de la estancia Ordoñana, hay que tomar el sendero hasta su cercano punto final.

Allí, bajo el bosque, una escala trepa el barranco y, en la altura, está la avenida de palmeras que lleva al abandonado casco que fue de Domingo Ordoñana, uno de los fundadores de la Sociedad Rural del Uruguay, y quien erigió -en 1862- el obelisco que recuerda el suceso lugareño.

Juan Manuel Blanes, su hijo preferido (Juan Luis) y un botánico se hospedaron en el casco en 1875. Con los bocetos y un año y medio de trabajo, surgió el lienzo de 20 metros cuadrados -El juramento de los 33 Orientales-, que Blanes donó a su país y engalanó el Museo Histórico Nacional de la capital uruguaya.

Datos útiles

Cómo llegar. Documentación. Oficinas de turismo. Más información.

Cómo llegar

Tres empresas que ofrecen el servicio de transporte marítimo desde Buenos Aires hasta Colonia.

Buquebús cuenta con barcos rápidos, el viaje dura entre 45 minutos y una hora; el servicio estándar demanda dos horas y media. En el barco rápido la tarifa turista es de 66 pesos; de 50,para los menores; de 52, para los jubilados, y de 82, para los mayores en primera clase. Las tarifas del barco Eladia, servicio estándar, varían también según las categorías: 40 pesos para la clase turista, 32 para los menores y jubilados. El precio de la bodega es de 45 pesos por tramo. Dirección: avenidas Córdoba y Madero; 4316-6400.

Ferrylíneas ofrece el servicio rápido, que dura entre 45 minutos y una hora. La tarifa para la clase turista es de 62 pesos; 50, para los menores; 52, para los jubilados, y 78 pesos, para los mayores en primera clase. La bodega cuesta 75 por tramo. Dirección: Maipú 866; 4311-4700.

La línea Fast Ferry emplea dos horas y media en la travesía. La tarifa para la clase turista es de 30 pesos; 20, para los menores, y 25 para los jubilados. Para sus bodegas rige la promoción de 98 pesos ida y vuelta- conductor sin cargo- reducida a 50, ida y vuelta en el día. Dirección: Pedro de Mendoza 330; 4393-1540.

Líneas Delta Argentina, llega hasta Nueva Palmira, el pasaje cuesta 29 pesos, para mayores, y 22, para menores. El viaje dura 3 horas. Dirección: Estación Fluvial Tigre local 13; 4731-1236.

Cacciola, llega hasta Carmelo, el pasaje cuesta 28 pesos, para mayores, y 27, para menores. El viaje dura 2 horas y media.

Documentación

Documento de identidad personal en buen estado.

Si se viaja con el automóvil deberá presentarse la cédula verde en caso de ser el titular del vehículo; en caso contrario, una autorización ante escribano.

Los menores de 21 deberán contar con la autorización de sus padres, (ante escribano) o de uno de ellos en caso de viajar con el otro ( libreta de matrimonio).

Los menores de 8 y 16 deberán viajar con DNI renovado.

Oficinas de turismo

En Colonia del Sacramento: avenida General Flores 499, todos los días, de 7 a 20; (00598) 52-2182

En Carmelo: 19 de Abril 250 esquina Barrios; (00598) 542-2001.

En Nueva Palmira: en el parador de Punta Gorda; (00598) 570-7070.

Más información

Embajada del Uruguay, Las Heras 1907, Capital; entre 9.30 y 16.30; 4807-3040.

Fuente La Nación, septiembre 1999

 

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