Catedral de Santiago de Compstela

 

Un pórtico donde están todos

El pórtico tiene 200 imágenes hechas con granito gallego superpuestas, entre santos, animales, ángeles y figuras humanas, y reproducen el Juicio Final soñado por el artista Mateo en 1188, pero su preciosismo hace suponer que el rostro de cualquier viajero estará sellado en su obra. Si los colores que Miguel Angel eligió para la Capilla Sixtina interpretan el período hegemónico de la fe cristiana, el estrecho recinto de Mateo parece remitir al espíritu despojado de los primeros cristianos. De hecho, es aparentemente el propio artista arrodillado el que se ve al pie de la imponente puerta gris, debajo de la columna donde queda reflejado el árbol genealógico de Jesús.

Contradiciendo sus dichos, Juan se olvida de sus blasfemias y es el que enseña el ritual repetido por siglos en la meca gallega. "Ande, apoye la frente sobre el santo", ordena ante la sorpresa de los otros. De su gesto deviene la tregua y un interés especial por saber más acerca del reposo del apóstol. A simple vista, el gran botafumeiro sobre el altar cuelga de dos poleas, como un objeto sagrado a la espera de otro Año Santo. No falta mucho, informan, en julio próximo será el Jubileo.

Pero es la cripta del santo, en la capilla mayor, de la que se desprende el magnetismo que atrae a los fieles. La urna de Santiago fue cincelada, en 1886, por José Losada, que le impuso el estilo romano-bizantino, haciendo olvidar casi la austeridad de los primeros diseñadores. Poco importa, la imagen del apóstol en medio de sus discípulos da sentido al esfuerzo de los peregrinos por conocer esta ciudad de lluvias persistentes, un solo nombre y muchas bisagras.

Al salir, el ruido contrasta con la calma del templo, Juan y Consuelo vuelven a lo suyo y Antonio pronostica buen tiempo.

Con el atardecer se reavivan los sonidos y nadie se acuerda del chirrido del sol. Es lógico, Santiago tiene demasiada música como para revivir viejos fantasmas.

Capital de la Cultura

Designada Capital Cultural del Año 2000, añorada por gallegos de todo el mundo como La Meca de España y venerada cada siete años (cuando el 25 de julio, día del descubrimiento de los restos del apóstol, coincide con el domingo), Santiago es el punto final del Camino de Finisterre, como llaman los cristianos al último punto del continente.

Claro que la mística viajera derivó en varias rutas, en total ocho, por lo que recorrerlas representó, desde el año 813, un desafío casi de vida o muerte.

Alfonso II el Casto fue el primer peregrino de renombre y quien mandó construir la tumba en la primer basílica. El Camino de Santiago se convirtió entonces en la expresión masiva de la devoción al santo.

Las cuatro vías

El camino francés, con sus cuatro rutas principales: Vía Tolosana (desde Arles), Vía Podiense (desde Le Puy), Vía Lenovicense (desde Vezelay) y Vía Turonense (desde París) fueron las entradas más frecuentes de los primeros devotos hacia España, por Somport o Roncesvalles, donde los primeros peregrinos coincidían en su caminata.

El camino del norte, seguido por británicos y escandinavos, incorporó a la manifestación religiosa la ruta marítima a partir de la costa cantábrica.

El camino portugués y la vía de la Plata, sobre la antigua calzada romana, eran seguidos por los peregrinos residentes en territorio islámico sudoccidental, atravesando Extremadura, Salamanca y Zamora. Otros, sin embargo, forjaron sus propios caminos partiendo desde Cataluña hasta alcanzar Logroño y unirse al camino francés.

A pie, a caballo o en bicicleta, los atrevidos peregrinos que repiten la ruta de santos, nobles, discípulos y penitentes reciben al llegar a la catedral de Santiago de Compostela un documento que certifica la valentía del creyente.

Eso sí, antes deberán cruzar las cuatro plazas de la ciudad con sus cuatro fachadas: Obradoiro, Azabachería, Quintana y Platerías. Atravesar la Puerta Santa o del Perdón no hará más que redimir al creyente de sus pecados. El Pórtico de la Gloria, en cambio, lo dejará satisfecho con su belleza y justificará el esfuerzo.

Recomendaciones

Cómo llegar. Alojamiento. Gastronomía. Folklore.

Cómo llegar

A pesar de ubicarse en un extremo de la península ibérica, llegar a Compostela es muy sencillo. El trayecto por la carretera de Madrid puede cubrirse en seis horas y en ocho si se quiere hacer el recorrido en tren. Los costos del boleto, en ambos casos, oscilan entre 35 y 50 dólares. El aeropuerto internacional de Labacolla dispone de vuelos regulares con Madrid, Londres, París y también directo con Buenos Aires. El vuelo desde Madrid es de una hora y su costo no supera los 180 dólares.

Alojamiento

Los hostales de los Reyes Católicos y Peregrino, en la plaza del Obradoiro y en la Avenida Rosalía Castro, respectivamente, son los preferidos de aquellos que desean aprovechar el paisaje y la vida nocturna de Compostela. De 5 y 4 estrellas, sus costos van de 220 a 150 dólares. Sin embargo, la ciudad, dada la fuerte demanda de alumnos universitarios, cuenta con una oferta importante de hostales cuyo valor promedio es de 30 y 50 dólares la habitación doble, con desayuno incluido.

Gastronomía

Las empanadas santiaguesas -de lamprea, anguilas o berberechos-, lo mismo que las sardinas asadas y la tortilla son menús preferidos por compostelanos y viajeros. El queso fundido mezclado con nuez, igual que los chorizos gallegos a la provenzal constituyen una exquisitez para los que no son devotos de mariscos o pescados. Y si se trata de elegir postres, la leche frita, los bizcochos y la tarta santiaguesa están a la orden del día tanto en restaurantes de la ciudad nueva como en el casco antiguo.

Sin discusión, los vinos merecen un párrafo aparte. Albariños y ribeiros, del rosal o del condado, confirman por qué se dice que los vinos compostelanos tienen personalidad.

Cualquier menú que incluya mariscos oscila entre 40 y 60 dólares.

Folklore

Cada fiesta en honor del apóstol Santiago constituye un capítulo único en relación con otras festividades. En julio, por ejemplo, se bailan muñeiras sobre las viejas losas del Obradoiro y nunca faltan noches donde resuenen dulces alalás o viriles aturuxos, como se denominan los cantos típicos de Santiago. Por supuesto que las gaitas, habitualmente con un repertorio celta, inundan las calles.

Las Fiesta de San Juan y la que se celebra en Belvis, los lunes de Pascua, también son las preferidas de los amantes de romerías y danzas

Fuente La Nación, junio 1999

 

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